El desastre del 1 de octubre

En la segunda mitad de septiembre alguien me contó que estaba todo bajo control. Las urnas y las papeletas del 1-O estaban ubicadas y que no iba a haber referéndum. Era la clase de información que no debía contar a nadie porque iba a tener lugar una operación policial sonada. El jueves 28 la Guardia Civil requisó papeletas y sobres. Y eso fue todo. Al día siguiente, el viernes 29 de septiembre, se presentaron las urnas Made in China para el referéndum. Vi chistes y comentarios jocosos en las redes sociales por el origen y la forma de las urnas. También vi que se cuestionó la limpieza del referéndum por usar urnas translúcidas, cuando la realidad es que en Alemania las urnas son cajas opacas y en Holanda se ha llegado a emplear contenedores plástico de basura. El jolgorio de los nacionalistas españoles pasaba por alto que el aparato logístico del referéndum no había sido penetrado por el CNI o lo servicios de información del Cuerpo Nacional de Policía y Guardia Civil.

Que la logística del referéndum iba a ser frenada parace que fue una de esas informaciones que circulan como cadena por Whatsapp y que dicen siempre provenir de alguien bien conectado. Un artículo sin firma en El Confidencial Digital cuenta que el C.N.I. y los servicios de información policiales se echan la culpa del fiasco del referéndum. Dice que para el servicio de inteligencia se trató de una “chapuza policial”. Mientras que cita a policías anónimos que dicen que el C.N.I. no compartió información y que “rencillas personales” entre mandos de inteligencia y policiales afectaron al operativo.

Fantasías adolescentes.

El viernes por la tarde circuló el llamamiento a ocupar a partir de las seis de la tarde los centros escolares que iban a servir de colegios electorales el domingo 1 de octubre. Se programaron actividades lúdicas y deportivas con la excusa de ser “fiestas de comienzo de curso”, convertidas en jornadas de puertas abiertas para invitar a que los vecinos participaran. La ocupación de los colegios electorales con familias, vecinos y menores realizando actividades tenía un claro objetivo de frenar cualquier acción policial. De ahí la polémica sobre los “escudos humanos”. Los Comités de Barrios convocaron a su vez asambleas y entraron en acción los Comités de Defensa del Referéndum que se habían creado a lo largo de la semana. La elección del nombre no creo que fuera casual. Las siglas CDR coinciden con el nombre de los Comités de Defensa de la Revolución, el grupo de chivatos que en cada grupo de viviendas en Cuba vigila a los vecinos y organiza turbas para acosar a los disidentes. La información circuló ese fin de semana por Twitter y Telegram. Véase el caso del CDR de Gràcia: Twitter y Telegram. No hubo una respuesta masiva al llamamiento  a acudir a los colegios pero el sábado por la tarde se pidió acudir desde la madrugada del domingo 1 de octubre. Cuando por la mañana llegaron las unidades del Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil se encontraron aglomeraciones de gente.

Iconografía gueracivilista del CDR de Gòtic-Raval.

La idea original era que policías y guardia civiles se personaran en cada colegio electoral mientras los mossos entraban para llevarse urnas y papeletas. El viernes 29, Rebeca Carranco contaba en el diario madrileño El País: “Trapero ordena desalojar sin violencia y cerrar los colegios el domingo a las seis de la mañana”. Pero el domingo la policía autonómica catalana se limitó a mandar una pareja a cada colegio electoral, insuficiente para cualquier tipo de intervención. Entonces, se dio la orden a Guardia Civil y Cuerpo Nacional de Policía de entrar por la fuerza.

La estrategia de los organizadores del referéndum era evidente. Era una estrategia viejísima de Resistencia Pacífica No Violenta que podemos remontar a la Marcha de la Sal de Ghandi en la India en 1930 y luego al movimiento de los Derechos Civiles en Estados Unidos en los años 60. (Sobre este último recomiendo la lectura del libro 1968: el año que conmocionó al mundo de Mark Kurlansky). Se trata de provocar a la policía a actuar de forma violenta para adoptar el papel de víctima desde una posición de superioridad moral y generar simpatía. Policías y guardia civiles cumplieron su guión a rajatable ofreciendo las escenas que los independentistas querían que se vieran en todo el mundo. Algo que se logró gracias a la fuerte presencia de medios internacionales ese día y la redes sociales. Cuando se vio el impacto en los medios de comunicación, se dio la orden de parar las intervenciones policiales. Manuel Marlasca recoge en su blog el testimonio de varios policías que cuentan que se recibió la orden de parar de intervenir en los colegios electorales para dar tiempo a estudiar la repercusión mediática: “¿Pero de verdad no eran conscientes de que al primer golpe con la defensa las imágenes iban a hacerse virales y tienen que valorar si continuar o no?”. (Los testimonios parecen tomados de una carta de policías nacionales que también publicó El Periódico).

Viñeta de Ferran Martín. Vía Tabarnia.

Marlasca también recoge en su blog el testimonio de un inspector que afirma “[H]a habido incompetencia, desidia y falta de conocimientos de seguridad y de la situación social en Cataluña. Por su parte, Patricia Ortega Dolz y Óscar López-Fonseca citan en El País a policías que cuentan: “[E]l secreto del plan es que no había plan y, peor aún, sigue sin haberlo”. “Nadie sabía lo que íbamos a hacer, no había un plan definido, confiaron en que los Mossos d’Esquadra cumplirían con su obligación y no fue así”.  En su artículo cuentan que con los efectivos disponibles se decidió intervenir en 500 colegios electorales de un total de 2.315, pero aún así no se completó el número previsto. También cuentan que se valoró intervenir el viernes, el sábado e incluso en la madrugada del domingo. Pero dudo que la medida hubiera sido efectiva. Las urnas y las papeletas no aparecieron en la mañana del domingo y de no disponer los centros educativos como colegio electoral rápidamente se habrían buscado alternativas. De hecho, pudo verse como una iglesia durante la misa se convirtió en improvisada sala de recuento de votos.

El 1-O resume todo el conflicto catalán ahora mismo. Por un lado tenemos a los nacionalistas españoles que dicen que el Procés se reduce a un problema de incumplimiento de la Constitución y las leyes. Su narrativa justifica el uso de la fuerza para defendese de un “Golpe de Estado” y proteger los derechos de los catalanes que quieren seguir siendo españoles. Su visión de que todo se reduce a aplicar la ley al pie de la letra es legítima en un Estado de Derecho pero sin más consideraciones sólo producirá una escalada en el conflicto.  Los nacionalistas españoles se comportan como si el separatismo no tuviera arraigo en Cataluña. Siguiendo las noticias por los medios de comunicación de Madrid no se enteraron de lo tensas que estuvieron las cosas en Cataluña los días 1, 2 y 3 de octubre.  Están convencidos de poder vencer y nunca se han preocupado de convencer. Por otro lado tenemos a los separatistas catalanes que, especialmente tras el 1 de octubre, desconectaron mentalmente de España. Hablan como si fueran una fuerza social mayoritaria y creen vivir una lucha épica contra la España neofranquista que debería recibir la simpatía del resto del país. Los separatistas catalanes viven en una cámara de eco de la que sólo salen para escoger los testimonios de políticos idiotas, periodistas carcas o trolls fachas para señalar lo mucho que les odian en el resto de España. Están absolutamente alejados de la realidad, convencidos que el camino por el que avanzan les permitirá soltar el lastre de mantener a una España cutre e indolente para liberar por fin todas las potencialidades de Cataluña cuando en realidad avanzan hacia el abismo de quedarse en una entidad virtual aislada internacionalmente. Europa cambió tras la invasión rusa de Ucrania en 2014. Los países de la Nueva Europa que nacieron de la fragmentación de la Unión Soviética y Yugoslavia seguro que veían con simpatía la causa secionista años atrás. Al fin y al cabo, fue el reconocimiento internacional lo que salvó a Eslovenia, Croacia y las Repúblicas Bálticas. Pero hoy, tolerar la fragmentación de los países es abrir una puerta trasera a la aparición de “hombrecillos verdes” y la creación de “repúblicas populares”. Es España la que aporta cazas F-18 y carros de combate Leopard 2E para la salvaguarda de la soberanía báltica, no Cataluña.

Hace poco escribí en El Blog de Tiro Táctico un repaso a lo sucedido el 1 de octubre en Cataluña a la luz de las ideas del padre del concepto de Guerras de Cuarta Generación: “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación”.