“Showdown in Western Sahara” de Tom Cooper & Albert Grandolini

La editorial Helion Books abrió brecha en el terreno de la historia militar con su colección Africa@War, que ya suma más de 30 títulos y luego se extendió a colecciones con temas de Europa, Iberoamérica, Oriente Medio y Asia. Me resulta de agradecer que una editorial asumiera el riesgo de publicar libros de historia militar sobre las Guerras Africanas, más allá del boom bibliográfico de los últimos años sobre las contrainsurgencias sudafricana y rodesiana. Sobre esta última, por cierto publiqué en la revista Ejército el artículo El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana (descargable aquí).

A mí personalmente llegó un momento en la vida que la obsesión por la historia militar de la Segunda Guerra Mundial y un puñado de temas más, de la que muchos aficionados no han salido, me resultó aburrida. Considero la historia militar un repositorio de experiencias al que acudir en busca de referencias y lecciones para el presente. Y considerando la que creo debe ser una seria preocupación estratégica de España por África, que está ahí lado, me parece sumamente relevante entender las guerras africanas. Véase así, previamente, en este blog ““¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015), Guerras Africanas (20/05/2019) y “Siguiendo con las guerras africanas” (09/08/2019).

Showdown in Western Sahara Volume 1. Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975 es un título que ofrece más de lo que promete. No sé si porque los autores cuando idearon el título pensaban en que tendrían suficiente material sobre el papel histórico de la aviación militar en la historia del Sáhara Occidental entre 1945 y 1975 y luego encontraron que no. O bien porque una vez iniciaron el proyecto se encontraron con muchísimas cosas que les resultaron interesante y decidieron desbordar el título. La cuestión es que este libro trata en realidad de la aviación militar en Marruecos, Argelia, Mauritania y el Sáhara desde comienzos del siglo XX al año 1975. Esto significa que nos encontramos una historia de la aviación militar francesa y española en Marruecos desde sus inicios y su papel en la Guerra del Rif (1911-1927), para luego dar un salto a su papel en la Guerra de Ifni (1957-1958) y terminar con la aviación militar española en los últimos años de presencia española en el Sáhara Occidental. Pero también tenemos una historia del nacimiento de la aviación militar de Marruecos, Argelia y Mauritania, con su papel en hitos históricos como la Guerra de las Arenas (1963), el fallido golpe de estado en Marruecos de 1971 y el fallido magnicidio contra Hassan II en 1972, cuando viajaba a bordo de un Boeing 727. En medio, encontramos asuntos como la presencia del Strategic Air Command en Marruecos y las posteriores relaciones de ese país con la Unión Soviética, cuando jugó durante un tiempo a formar parte del bando antioccidental y se dotó de sistemas como el MiG-17 y el T-54.

Como todos los libros de las colecciones @War, este tiene 64 páginas y se presenta en tamaño DIN A4, formato que lo acerca en su apariencia a una revista. Pero a pesar de la profusión de fotos, mapas, tablas y las páginas centrales de perfiles de aviones se trata de un libro denso. Uno de los valores del libro es que los autores non son españoles y vemos aquí un relato desapasionado de la Guerra del Rif, con el uso de la aviación militar contra poblaciones civiles. O vemos las limitaciones de las fuerzas armadas españolas en la Guerra de Ifni, que no fueron meramente materiales sino también doctrinales en materias como el apoyo aéreo cercano. Pero lo verdaderamente interesante y novedoso para mí, obviamente, fue el relato del nacimiento de las fuerzas aéreas de Marruecos, Argelia y Mauritania. En el caso marroquí, los fallidos intentos de golpe de estado y magnicidio explicarían la desconfianza del trono hacia las fuerzas armadas del país, algo de lo que siempre leí pero nunca vi explicado.Y me pareció también bastante interesante el relato de ese período de tiempo en el que un Marruecos independiente fue cercano al bloque soviético y fue cliente de su industria de armamento.

Mención aparte merecen las tesis del libro que me resultaron novedosas: que desde España se apoyó el nacionalismo marroquí en el territorio del protectorado francés y que el Ejército de Liberación que provocó la Guerra de Ifni no tuvo el apoyo de recién nacido estado marroquí. En el primer caso no queda claro qué ganaba España con ello, más allá de malmeter contra Francia. Son la clase de hitos que se suman a la tolerancia a la actividad del OAS en España y que según algunos explicaría la posterior pasividad francesa contra ETA. Cierto o no, la cuestión es que este tipo de libros aportan tesis y puntos de vista que amplían la visión de las cosas.

Como conté hace poco, pregunté a uno de los coautores por la segunda parte. Abordará nuevamente sólo los aspectos de la aviación militar pero del período 1975-1991, centrándose en la Guerra del Sáhara. Esto es, el enfrentamiento de Marruecos y el Frente Polisario del que todavía está pendiente un buen relato desde la historia militar. Este par de libros además podría tener un spin-off con un libro específico sobre el Sáhara español en el período 1970-1976 y del que sería autor un servidor de ustedes. Pero desde luego ahora mismo no sé si tengo el tiempo y el ánimo para escribir esas 40.000 palabras en inglés.

Siguiendo con las guerras africanas

Hace tiempo vi que la editorial británica Helion Books iba a publicar un libro sobre el Sáhara Occidental en su colección Africa@War, de la que ya he hablado en este blog antes. Véase mi reseña de Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter, por ejemplo. En este caso me llamó la atención el título: Showdown in Western Sahara Volume 1. Air Warfare Over The Last African Colony, 1945-1975Contacté con uno de los coautores, Tom Cooper, para preguntarle por el Volumen 2. Si el primero trataba la guerra aérea, quería saber si el segundo trataría el componente terrestre de la Guerra de Ifni (1957-1958) y la salida española del Sáhara. Me contestó que no, que le segundo trataría nuevamente del componente aéreo pero de la Guerra del Sáhara Occidental (1975-1991). Intercambiamos varios mensajes. Me mostró su interés por encontrar autores que publicaran en inglés sobre historia militar española. Por ejemplo, la Guerra del Rif. Yo en cambio le conté que me parecía más interesante estudiar la acumulación de fuerzas, la modernización y el despliegue de las fuerzas armadas españolas en el Sáhara Occidental en el período 1970-1976, durante el cual apareció el Frente Polisario en 1973, tuvieron lugar fallidas infiltraciones militares marroquíes como la de Mahbes y finalmente los acontecimientos posteriores a la Marcha Verde marroquí llevaron a la definitiva salida española del Sáhara Occidental en 1976.  Su conclusión fue que dado mi nivel de inglés y mi interés por el tema, ¿por qué no escribía yo ese libro? Me dejé liar y terminé haciendo un organigrama del libro, que iba a tener unas 40.000 palabras. Pasó el tiempo y me vi abrumado por la tarea, porque suponía convertirme en experto de un tema en muy poco tiempo.

Dejé olvidado el proyecto y me volví a cruzar con el asunto leyendo y reflexionando sobre las “guerras africanas”, tema al que llevo dándole vuelta hace años. Véase “¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015) y “Guerras Africanas” (20/05/2016). No sé dónde ni en qué momento me encontré un artículo donde el autor planteaba el despliegue de los futuros vehículos 8×8 del Ejército de Tierra español en el Sahel. Y me imaginé que el siguiente paso a tal idea en España sería proponer, ante la novedad, una doctrina de empleo ex novo. Mucho me temía que alguien trataría de inventar algo que reflexionó, experimentó y puso en práctica hace mucho tiempo en otra parte.

Resulta que los ecosistemas se presentan en ambos hemisferios como un espejo. Así encontramos zonas gélidas en ambos polos y zonas áridas en torno a ambos trópicos. Y de la misma manera que en el Sahel es una sabana de transición entre la franja de selva tropical y el desierto del Sáhara, encontramos en el África meridional otra sabana entre la selva tropical y el desierto que se extiende por Namibia, Bostwana y el sur de Zimbabue.

Biomas terrestres clasificados según vegetación. Fuente: Wikipedia.

Namibia era una antigua colonia africana de Alemania que, en el momento de la disolución del Imperio Alemán, al término de la Primera Guerra Mundial, fue entregada a Sudáfrica en una figura jurídica peculiar de fideicomiso. Sudáfrica debía administrar la llamada entonces África del Sudoeste hasta que se dieran las condiciones para alcanzar la plena soberanía. A la Sudáfrica del apartheid le pareció que aquellas circunstancias no se iban a dar nunca y terminó por anexionarse el territorio de facto. En el contexto de la ola descolonizadora en África que dio lugar a un buen número de conflictos, apareció en la actual Namibia la South West Africa People’s Organization (SWAPO), formada principalmente por miembros del grupo étnico ovambo.

Sudáfrica y sus aliados locales, formados por miembros de otros grupos étnicos como los bosquimanos, se enfrentaron a la insurgencia del SWAPO en un terreno extenso, semiárido, cálido, de baja densidad de población y cubierto de matorral. Las fuerzas sudafricanas perseguían a los insurgentes en largas cabalgadas por el matorral namibio en “columnas volantes” de vehículos de ruedas. La respuesta de la insurgencia namibia fue emplear minas anticarro de origen soviético en incursiones lanzadas desde sus bases angoleñas, lo que llevó a Sudáfrica a implicarse más y más en la guerra civil de ese país. Véase, por ejemplo, mi reseña de The Battle of Cuito Cuanavale de Leopold Schultz.

Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás

Para las fuerzas sudafricanas la guerra móvil sobre vehículos de rueda no era más que una actualización de las tácticas boer de guerra de maniobra a caballo que habían empleado en el teatro del África meridional durante la Primera Guerra Mundial y luego con vehículos a motor en la Campaña de África Oriental (1939-1940) durante la Segunda Guerra Mundial. Para ello, desarrollaron un vehículo 6×6 duro y austero, adaptado a la sabana namibia: el Ratel. Además, la industria sudafricana desarrolló vehículos a pruebas de minas anticarro, con un centro de gravedad alto y un casco con forma de “V”. El directo antecesor de lo que hoy conocemos como MRAP.

A la doctrina autóctona de guerra móvil, actualizada con el uso del vehículo a motor, se suma el desarrollo de una doctrina de contrainsurgencia en el que confluyeron varias experiencias: la experiencia británica durante la Emergencia Malaya y la Revuelta Mau-Mau, la experiencia portuguesa en Angola y la experiencia rodesiana. Sobre esta última escribí: “El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana”.

Biblioteca mínima en la que falta el libro de Barlow sobre “Composite Warfare”, que lo tengo en Tenerife, y un libro sobre la Campaña de África Oriental (1940-1991), pendiente de comprar.

La cuestión es que ha habido una auténtica explosión bibliográfica de autores sudafricanos sobre todo estos temas. Un día calculé que los libros básicos que había identificado sumaban 2.500 páginas. Desde entonces la lista ha crecido. Sólo el libro sobre la unidad pionera en emplear el vehículo Ratel tiene 1.072 páginas aproximadamente. Así que se desmadró por completo mi propósito inicial de hacer un artículo para que nadie en España tuviera la ocurrencia de querer inventar una doctrina de guerra móvil motorizada en un terreno cálido y semiárido poco poblado para enfrentar a una fuerza de insurgencia que emplea minas anticarro (o en su defecto IED). Aprendamos de la experiencia sudafricana en Namibia antes de lanzarnos a Mali, era mi idea.

Llegó el día de darme cuenta que no tenía sentido leer tanto para un artículo de 3.000 palabras. Y más considerando el ritmo al que estoy leyendo con mi actual disponibilidad de tiempo libre. Así que pasé al otro extremo. Decidí hacer un artículo resumen hablando del concepto de “Guerras Africanas”: guerra móvil y guerra nómada. Iba a ser un tótum revolútum de sudafricanos en Namibia, polisarios cabalgando sus Land Rover Santana cientos de kilómetros hasta la capital mauritana, chadianos lanzando sus Toyota Wars contra Libia y Francia aplicando la “Maniobra Aeroterrestre en Profundidad” en Mali en 2013. Calculé cuánto espacio iba a tener para explicar cada cosa y resultaba ridículo. Así que llegué a un compromiso conmigo mismo. Escribiría un artículo sobre la experiencia sudafricana, sí. Pero sin esperar a leerlo todo. Dividir las 3.000 palabras en explicar la historia, el entorno físico, los medios y la doctrina, a lo que se sumaría introducción y conclusiones, suponía un nivel de profundidad acorde con mis conocimientos generales actuales. Se trataría de dejar reflejado en papel todo esto, en vez de acumular ideas dispersas en el blog.

Ilustración en la revista Defensa (nº39 mayo 1981) para un artículo de Arturo Pérez-Reverte.

Para colmo, tras tantos años de trazar planes en el aire alguien se me adelantó en la revista Ejército con sendos artículos sobre el concepto “Toyota Wars”. En realidad, ninguno explicaba detalladamente el contexto y la fase final de la guerra del Chad a finales de los años 80. Así que quedaba margen para que yo abordara el tema. Pero había algo que me daba vueltas la cabeza. ¿Cómo es que hablamos de las “Toyota Wars”, la adaptación chadiana de las tácticas de guerra nómada sahariana a la guerra motorizada, como fenómeno novedoso cuando los saharauis del Frente Polisario habían sido los pioneros diez años antes? Quizás la respuesta es que tengamos una montaña de libros escritos sobre el Sáhara Occidental desde la más amplias de las perspectivas: histórica, periodística, activista, sentimental, literaria, etc. Pero no contamos con referencias que aborden con detalle la parte estrictamente militar del conflicto. Poco a poco la idea de un artículo sobre la guerra nómada y las “Toyota Wars” empezó a convertirse en mi cabeza en una aproximación al tema de la Guerra del Sáhara Occidental. La conexión me la había proporcionado Tom Cooper hace muchos años, poniéndome en la pistas del concepto “rezzou” (razzia). Quizás no encontrara obras de referencia sobre las formas saharauis tradicionales de hacer la guerra, pero sí referencias en el mundo francófono al respecto de Chad y otras colonias africanas. Así que la preparación de ese artículo sobre las “Toyota Wars” en el Chad de la segunda mitad de los año 80 se convirtió en una trabajo preliminar que me ayudaría a entender el conflicto del Sáhara. ¿Escribiré ese libro? No lo sé. Pero ahora mismo lo que me importa es ir haciendo el camino sin preocuparme del destino.

Anteriormente:

“De la guerra nómada en los océanos de arena del Sahel a la guerra en red” (23/09/2018)

“De las guerras nómadas a las Guerras Toyota” (13/02/2018)

¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?” (01/06/2015)

Guerras Africanas” (20/05/2016).

“Swarming en el desierto” (03/01/2011)

“Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979” de Tom Cooper

La británica Helion & Company y la sudafricana 30º South Publishers tienen una colección de historia militar dedicada a conflictos en África después de la Segunda Guerra Mundial, Africa @War, que alcanza ya los veinte libros. Aquí reseñé títulos como Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003 de Tom Cooper o Biafra: The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter en busca de fuentes sobre las guerras posmodernas en África y sus precursoras.

Wings over OgadenMi última adquisición es Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979 de Tom Cooper, autor especializado en aviación militar y fuente importante para mí sobre conflictos contemporáneos. Se trata de una guerra prácticamente convencional y me interesé por él leyendo sobre historia de Yemen, ya que la República Democrática Popular de Yemen o Yemen del Sur tuvo su pequeño papel. El desencadenante de la guerra fueron las aspiraciones de Somalia sobre la región etíope de Ogadén, de población somalí. El régimen somalí aprovechó la inestabilidad producida en Etiopía tras un golpe de estado que degeneró en el Terror Rojo y llevó al poder a la junta militar conocida como el Derg (Comité). Etiopía había sido hasta ese entonces aliada de Occidente, mientras que Somalia era aliada de la Unión Soviética. De hecho, la columna vertebral de la fuerza aérea etíope eran los F-5E Tiger II y F-5A Freedom Fighter de origen estadounidense. Sus pilotos habían recibido también formación en Estados Unidos. Sin embargo, tras el cambio político, Etiopía se acercó a la Unión Soviética. Por su parte, previamente a la guerra, el régimen somalí vio frustrados sus planes de rearme por la negativa occidental de proporcionar armas en el contexto de una animosidad regional contra otro aliado. Así que el régimen somalí se volvió hacia Moscú para dotarse de las armas que Occidente le había negado. De esta manera, en el momento del estallido de la guerra, la Unión Soviética se encontró en la difícil posición de estar en medio de una guerra entre dos aliados.

Ogadén

Según Tom Cooper, la profesionalidad de la fuerza aérea etíope era elevada con estándares de profesionalidad alta. Esa profesionalidad y la superioridad en capacidades de los F-5 etíopes frente a los MiG-21 y MiG-17 somalíes les permitió alcanzar la superioridad aérea durante la guerra y poner en jaque las líneas logísticas somalíes, muy extensas en la gran extensión de territorio etíope conquistado. La guerra alcanzó una especie de impasse ante el agotamiento de ambas partes, momento en que ambos gobiernos negociaron con Moscú la reposición de suministros y la compra de más armamento. La Unión Soviética quiso una negociación entre ambas partes que le hubiera permitido consolidar un triángulo de aliados en torno al estrecho de Bab El-Mandeb (Etiopía, Somalia y R.D.P. del Yemen), pero el régimen somalí se negó a renunciar a sus ganancias territoriales dentro de Etiopía. Finalmente, Moscú se decantó por Etiopía, que recibió así materiales, instructores y asesores soviéticos y cubanos junto con cierta ayuda material de R.D.P. del Yemen. Toda ese apoyo permitió a Etiopía lanzar varias ofensivas que hicieron retroceder la invasión somalí hasta alcanzar las fronteras iniciales. La elección soviética de Etiopía como aliado preferente en la zona llevó al régimen somalí a cortar relaciones con Moscú y alinearse con Occidente.

El libro, dado su título, se centra en la dimensión aérea de la guerra y dedica una extensión importante al nacimiento, evolución y consolidación de la fuerza aérea etíope. El autor se nutre para ello del testimonio de varios pilotos etíopes que contrasta repetidamente con las fuentes escritas disponibles sobre el tema. Hay que destacar que en un relato previo de la guerra, Cooper achacaba la excelencia de la fuerza aérea etíope a la presencia de personal israelí que en este libro se desmiente. Otro aspecto interesante de la guerra al que el libro pretende aportar luz es al papel de los asesores cubanos y soviéticos, además de la toma de decisiones del estado mayor conjunto dirigido, en teoría, del general soviético Petrov. Según Cooper, los etiopíes  terminaron por tratar de mantener al margen a Petrov y trabajaron más estrechamente con los cubanos. Aunque se le menciona brevemente, destaca el papel del general Ochoa, que llegaría a ser el jefe de la misión militar cubana en Angola y víctima de una purga castrista en 1989 (Véase al respecto Dulces guerreros cubanos de Norberto Fuentes).

Crescent of Crisis

El contexto histórico de esta guerra son los momentos previos a la llamada Segunda Guerra Fría, la fase de creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la primera mitad de los años 80. La invasión soviética de Afganistán, la Revolución Iraní, el asalto a la Gran Mezquita de la Meca y el cambio de alineamiento de Etiopía convirtieron al área que lo engloba en una única región en el imaginario geopolítico de Estados Unidos. Así, en marzo de 1980, el gobierno de Carter creó la Rapid Deployment Joint Task Force (RDJTF) para actuar en la zona. Sería el germen para el nacimiento en 1983 del mando regional central (CENTCOM), que abarcaba originalmente desde Kenia a Afganistán, aproximadamente la región definida por Zbigniew Brzezinski como el “arco de crisis” y que reaparecería en su libro El Gran Tablero Mundial de 1997 como la “zona mundial de filtración de la violencia”. La lección aquí para el presente contexto es que los avances de Moscú, que aparentemente le colocan en posiciones de ventaja geoestratégica, no llevan necesariamente a victorias en el largo plazo. Y como en el caso de Estados Unidos en 1980, habrá que estar muy atentos al cambio de gobierno que sin duda traerá cambios en la política exterior.

Finalmente, como otros libros de la colección, en este encontramos muchas fotografías pero de poca calidad,algo que se perdona dado los oscuro del tema. Algo que además he notado es que, como los últimos libros de la colección, el papel ya no es satinado. Ese descenso de la calidad del papel lo achaco a problemas de la editorial, que no ha parado de retrasar una y otra vez el lanzamiento de libros sobre tan interesantes como los dedicados a Executive Outcomes, las Toyota Wars en Chad y la perspectiva de Eeben Barlow sobre la guerra en África, que tenían que haber salido en el verano de 2015.

“Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003” de Tom Cooper

Tom Cooper está detrás del Air Combat Information Group, uno de los secretos mejor guardados de Internet, además de ser autor de varios libros sobre aviación militar. Hace años cité aquí un artículo suyo para escribir sobre el impacto de las comunicaciones por satélite en las nuevas “Toyota Wars” africanas. Esa faceta suya como experto en conflictos africanos está saliendo a la luz gracias a la colección Africa@War que coeditan la británica Helion & Company y la sudafrican 30º South Publishers.

CBJ8466-2Great Lakes Conflagration trata sobre la Segunda Guerra del Congo (1998-2003), uno de los conflictos más mortíferos, complejos y desconocidos de los últimos 25 años. Un conflicto conocido como la Primera Guerra Mundial Africana o la Primera Gran Guerra Africana. Para que se hagan una idea, hablamos de una cifra de varios millones de muertos. El punto de partida es la caída del régimen de Mobutu Sese Seko en el entonces llamado Zaire en 1997 y la llegada al poder del “revolucionario” Laurent-Désiré Kabila. El control que ejercía el nuevo gobierno sobre el país era débil. Hay que tener en cuenta la enorme extensión del país (2,4 millones de kilómetros cuadrados) y la multiplicidad de grupos políticos contrarios dispuestos a enfrentarse al nuevo poder. Así, se creó una coalición de países dispuestos a lanzar una guerra por el poder enmascarándose detrás de los grupos insurgentes. Hablamos de una guerra por delegación (“proxy war”) en la que Uganda, Ruanda y Burundi apoyaron a grupos insurgentes congoleños tratando además de incentivar la revuelta de simpatizantes del antiguo régimen.  En el bando contrario, el gobierno de Kabila recibió el apoyo de Zimbabwe, Angola. Namibia y Chad, quienes a su vez apoyaron a grupos insurgentes ugandeses y ruandeses contra sus respectivos gobiernos a la vez que apoyaron a grupos congoleños contra el poder de facto ruandés en las provincias orientales del país. Me ahorro hacerles la lista de los grupos implicados. La lectura del libro requiere repetidas consultas de los capítulos introductorios donde se detallan los componentes de cada bando.

La Segunda Guerra del Congo tuvo todos los elementos que uno asocia al concepto de “nuevas guerras” acuñado por Mary Kaldor: grupos armados con poca cohesión y disciplina, matanzas de civiles, violaciones y saqueos, encuadramiento de niños soldados, etc. Pero lo que diferencia a esta guerra de cualquier guerra premoderna, evidentemente, es el contexto de la globalización. El objetivo inmediato de la intervención de Ruanda, Burundi y Uganda en el Congo fue la explotación de sus recursos naturales (oro, diamantes, coltán, etc.), creándose por vía aérea un flujo de ida de armas procedentes principalmente de Europa del Este y un flujo de vuelta de recursos naturales valiosos. Hay que destacar el papel del traficante de armas ruso Victor Bout, mercenarios occidentales y varias empresas israelíes en el suministro del bando anti-Kabila. Con las enormes distancias del país, la logística tuvo un papel crucial en la guerra, siendo importantísimo el papel de los puentes aéreos establecidos por cada bando mediante una pintoresca colección de viejos glorias de la aviación. Así, el frente se movió como un péndulo en función de lo lejos que cada bando estaba de sus bases de partida y lo rápido que se agotaba su esfuerzo.

An-12 de Air Cess, empresa de Victor Bout registrada en Emiratos Árabes Unidos e implicada en el esfuerzo bélico ruandés.
An-12 de Air Cess, una de las empresas de aviación de Victor Bout registrada en Emiratos Árabes Unidos e implicada en el esfuerzo bélico ruandés.
DC-8 de Trans Air Cargo, otra empresa implicada en el esfuerzo logístico de la Segunda Guerra del Congo
DC-8 de Trans Air Cargo, empresa congoleña implicada en el esfuerzo logístico de las fuerzas del presidente Kabila.

En la alianza pro-gobierno de Kabila hay que destacar el papel jugado por las fuerzas armadas de Zimbabwe. La idea que transmite Tom Cooper es que las fuerzas armadas del país heredaron bastante de la profesionalidad y doctrina de las antiguas fuerzas armadas rhodesianas, un referente histórico en las guerras africanas durante la Guerra Fría. De hecho, la colección Africa@War ha dedicado unos cuantos títulos al tema (desde el más general Bush War Rhodesia 1966-1980 a los más específicos sobre los Selous Scout y las tácticas de Fire Force), por no mencionar los diversos libros de historia militar y memorias personales que Helion & Company ha dedicado a la Guerra de Rhodesia. La acción de la aviación y las fuerzas especiales de Zimbabwe resultaron una y otra vez fundamentales para salvar la situación in extremis. A pesar de su escaso número en el total de fuerzas implicadas en la guerra, su impacto fue alto por el decisivo efecto que sus unidades bien entrenadas y bien cohesionadas tenían ante fuerzas numerosas pero compuestas por niños-soldados y rebeldes con escaso entrenamiento. Así destaca el papel en la guerra de los entrenadores Bae Hawk Mk.60 realizando misiones de ataque ligero o  el empleo de los CASA C212 Aviocar de origen español como bombarderos de fortuna, guiados hasta el objetivo mediante un GPS de mano y lanzando bombas por la rampa.

Bae Hawk Mk.60
Bae Hawk Mk.60 de la fuerza aérea de Zimbabwe, antes de su entrega en 1982. Foto de Kev Slade
C212 Aviocar del 3º Escuadrón de la fuerza aérea de Zimbabwe en 2012
C212 Aviocar del 3º Escuadrón de la fuerza aérea de Zimbabwe en 2012

El libro tiene 64 páginas en formato DIN A4. Pero no debería llevar a engaño. Como ya comprobé en Libyan Air Wars Part 1973-1985, Tom Cooper dota de una enorme densidad a sus libros gracias a su conocimiento de los entresijos profundos del tema que maneja, destacando especialmente el manejo de fuentes directas. Queda al criterio del lector darle validez a las informaciones tan detalladas que Cooper maneja sobre temas tan desconocidos. A mí me parece una obra altamente recomendable sobre un conflicto que pasará ahora a mi canon de las Guerras Posmodernas.

Una última reflexión. Es habitual escuchar cierta narrativa sobre la pobre África saqueada por culpa de la rapacidad de las malvadas empresas occidentales y sus conflictos armados alimentados por la insaciables empresas de los complejos militares industriales occidentales. Aquí tienen un trágico ejemplo de un país africano atormentado por la avaricia de dos políticos africanos. Hablamos de Paul Kagame de Ruanda y  Yoweri Museveni de Uganda, este último presentado como ejemplo del Renacimiento Africano durante los tiempos del presidente Bill Clinton. En cuanto a las armas, la realidad es que el grueso de los grandes contratos multimillonarios son entre países democráticos sin que alimenten ningún conflicto, por ejemplo aviones F-18E y P-8A estadounidenses para Australia. El grueso de las muertos en las “guerras olvidadas” en las dos últimas décadas fueron víctimas de armas y municiones procedentes de países como Bielorrusia, Ucrania, Serbia, Irán y Corea del Norte. Así que no oirán a nadie en España escarbar sobre la Odessa Network porque, ya saben, hablar mal de Putin o Yanukovich es estos tiempos hacerle el juego a la OTAN.