Qué son las Guerras Posmodernas v1.0

El libro Guerras Posmodernas salió hace ya más de cinco años y últimamente, gracias a mi perfil de Twitter y mi página de Facebook he añadido nuevos lectores al blog, cuyo promedio de visitas ha aumentado considerablemente respecto a los tiempos en los que trabajaba en el libro. En este tiempo me he encontrado con personas que me hablan de Guerras Posmodernas sin que se parezca lo que cuentan a lo que yo identifico con el término. Hasta que un día caí en la cuenta que, con el libro descatalogado y sin ningún texto de referencia en el blog, dejaba en la imaginación de los lectores qué son las Guerras Posmodernas. Si a eso añadimos que han pasado suficientes novedades en el panorama internacional desde que establecí en la segunda mitad de la década pasada los cimientos del concepto, creo que ha llegado la hora de volver a los orígenes del blog.

header
Antigua cabecera del blog elaborada por Juan José Torres.

El concepto Guerras Posmodernas lleva implícito en su nombre la idea de superación histórica de las guerras de la Era Moderna, entendida a la manera anglosajona como el período que abarca del Renacimiento a la Revolución Industrial. Hay dos procesos históricos fundamentales en el desarrollo de la Guerra Moderna como fenómeno social. El primero es la aparición del Estado en la transición de la Edad Media al Renacimiento en Europa, con su burocracia, hacienda y ejércitos permanentes. El principio de un orden internacional donde conviven Estados soberanos quedó establecido en la Paz de Westfalia (1648). Precisamente los Estados europeos tomaron la delantera tecnológica mundial a partir de la Revolución Científica del siglo XVII y se expandieron por América, África y Asia. El legado de aquellos imperios europeos en esos continentes es la figura del Estado como forma de organización política [1].

El segundo proceso histórico fundamental es la aparición con la Revolución Francesa y el Romanticismo del concepto de nación y soberanía popular. Los soldados de los diferentes Estados pasaron de ser mercenarios pagados por un monarca a ser ciudadanos reclutados en masa que luchaban por la Patria. La movilización de cantidades ingentes de ciudadanos fue posible gracias a las posibilidades de producción en masa (armas, uniformes, latas de conserva, etc.) de la sociedad industrial. Considero que el cénit de las Guerras Modernas en su modelo más genuino fue la Primera Guerra Mundial. Comenzó allí el declive de Europa, que dejó de ser el centro del mundo con la disolución de los imperios coloniales tras la Segunda Guerra Mundial y la rivalidad EE.UU.-U.R.S.S. durante la Guerra Fría. Precisamente la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría fueron una época de transición hacia la era de las Guerras Posmodernas, que arranca con el fin de la Guerra Fría [2].

3964929706_11dcf60b82_o
Fotomontaje de Hersson Piratoba.

El mundo posmoderno.
Las Guerras Posmodernas tienen lugar en una era donde los Estados-Nación no son el único actor relevante en la arena internacional. Los Estados-Nación comparten ahora protagonismo con diferentes tipos de actores. Así, tenemos a las organizaciones supracionales bajo cuya bandera se despliegan fuerzas militares. Bajo la bandera de la ONU sirven cascos azules uruguayos en la República Democrática del Congo, españoles en el Líbano o filipinos en Haití. Pero también tenemos organizaciones regionales, como la Unión Europea y la CEDAO que han organizado misiones internacionales. El resultado es que encontramos que los soldados sirven, y en ocasiones matan o mueren, en nombre de organizaciones que ya no son la Patria.

Las organizaciones regionales son el síntoma y en ocasiones la impulsora de mayores interdependencias entre países, además de las atenuadoras de conflictos. Pensemos en el caso de la Unión Europea, de cuya unión monetaria forman parte la mayor parte del puñado de países responsables de las guerras que asolaron Europa durante cien años, desde la mitad del siglo XIX a la mitad del siglo XX. O pensemos en el caso de UNASUR, de la que forman parte Argentina y Chile, que estuvieron a punto de entrar en guerra en 1978 y que hoy cuentan con una brigada binacional para misiones de paz. El resultado es que el número de conflictos interestatales ha ido disminuyendo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Los Estados-Nación no sólo comparten la arena internacional con organizaciones supraestatales, sino también con organizaciones subestatales, como son grandes empresas, organizaciones no gubernamentales y gobiernos locales. Todas ellas tienen hoy una proyección internacional, sea por su poder económico, su capacidad de introducir temas en el debate público, su poder para introducir cambios en la legislación internacional, etc. [3] No son extraños los casos en que megaurbes y megacorporaciones acumulan mayor población o riqueza que muchos países. Pero más allá de los gobiernos locales (ciudades o regiones) con una agenda internacional, la novedad es que encontramos organizaciones que no tienen nacionalidad, sino carácter transnacional. De especial relevancia para el concepto de Guerras Posmodernas es que dentro de eso actores no estatales transnacionales encontramos organizaciones armadas, terroristas, criminales, etc. Considero la mejor descripción del espíritu de los tiempos la que hizo Fernando A. Iglesias en su libro Twin Towers. El colapso de los estados nacionales a propósito del 11-S:

la espeluznante incapacidad del estado nacional más poderoso del planeta para cumplir con la más elemental de sus funciones- la protección de la vida de sus ciudadanos- y al inmenso poder destructivo que frente a éste posee una pequeña red que se organiza desanclada y desterritorializadamente en un mundo global determinado por la tecnología punta

El auge de los actores no estatales transnacionales es el resultado de la globalización y de la sociedad de la información, con la intensificación de la conectividad [4] y la democratización de la tecnología. Organizaciones, movimientos y empresas pueden coordinar la acción de gran cantidad de personas ubicadas en lugares lejanos y dispersos [5]. Y hoy en día un senderista o un cazador cuenta con tanta tecnología como un soldado de operaciones especiales de hace 25 años. Sin ir más lejos, es posible comprar en Amazon.es teléfonos por satélite Thuraya, visores nocturnos y navegadores GPS.

Como dijimos, la expansión colonial europea por América, África, Asia y Oceanía dejó un legado de Estados a imitación de la metrópoli. La disolución imperios europeos dejaron atrás Estados-Nación con sus banderas, himnos nacionales y fuerzas armadas. Pero el Estado-Nación nació en Europa como el resultado de un proceso histórico (económico, político y social) singular, que no siempre es reproducible con éxito. Tan pronto muchos Estados africanos dejaron de tener relevancia geopolítica con el fin de la Guerra Fría y cesó la transferencia de recursos de Washington o Moscú, sufrieron guerras civiles que provocaron su colapso [6]. La invasión de Iraq primero y las guerras civiles que sucedieron a la Primavera Árabe podrían concluir con la voladura de las fronteras trazadas en su momento por las potencias europeas en el mundo árabe.

Estados frágiles
Índice de estados frágiles en 2015. Vía El Orden Internacional.

Economía política de las guerras posmodernas.
Mientras ha descendido el número de conflictos interestatales desde el fin de la Guerra Fría, la forma más común de conflicto armado ha sido el conflicto interno con guerrillas, milicias y toda clase de grupos insurgentes. Durante la Guerra Fría esos grupos buscaron apoyos en EE.UU., la U.R.S.S., Cuba, Libia o China. El hecho es que tan pronto acabó la Guerra Fría se produjo el agotamiento de las guerras civiles en Centroamérica y África austral. Desde entonces, los grupos armados han contado con pocos apoyos externos y han debido buscar la autosuficiencia económica. Así, las FARC en Colombia y Sendero Luminoso en Perú sobrevivieron al fin de la Guerra Fría como fósiles políticos que sostenían una guerra supuestamente revolucionaria obteniendo fondos con el narcotráfico, mientras que la guerra civil de Angola se reavivó en los años 90 alimentada por los fondos provenientes de la explotación del petróleo y las minas de diamantes.

Vemos, por tanto, una convergencia entre los conflictos armado, los tráficos ilícitos y el crimen organizado, incluso cuando hay un elevado componente ideológico. Tal es el caso del contrabando en el Sahel, la producción de hachís en los bastiones libaneses de Hezbolá o el Estado Islámico y sus múltiples negocios, desde el contrabando de petróleo al de piezas arqueológicas.

Que los grupos armados  busquen la autosuficiencia económica ha generado en la práctica un mecanismo perverso de autoperpetuación de los conflictos con líderes insurgentes convertidos en señores de la guerra [7] que asientan su poder en el contexto de una economía de guerra de explotación de recursos naturales, tráficos ilícitos y control de la ayuda humanitaria que recibe la población. Mientras que la debilidad de los estados sumidos en un guerra crea precisamente oportunidades para el crimen, con el secuestros de periodistas y cooperantes, flujos de tráficos ilícitos por las fronteras porosas y tráfico de armas a países vecinos. Cuando la guerra genera oportunidades de negocio, existen menos incentivos para sentarse en una mesa de negociación.

Mientras los grupos armados se implican en tráficos ilícitos y el crimen organizado, las organizaciones criminales han alcanzado su forma más desarrollada en México y Centroamérica. La violencia relacionada con el crimen organizado en México y Centroamérica alcanza cotas propias de una guerra civil [8] pero el objetivo de los carteles de la droga mexicanos no es izar su bandera en la Plaza del Zócalo o en el Palacio Nacional. Los carteles de la droga mexicanos pretenden horadar el Estado sin sustituirlo, para tener mayor libertad de acción. En otros lugares las organizaciones criminales sí se convierten en una alternativa al Estado allí donde este es débil y no proporciona servicios a sus ciudadanos. En tal caso, los líderes criminales buscan legitimidad social gastando recursos en servicios a la comunidad y presentándose como “defensores del pueblo” o “campeones de los pobres” haciéndose eco de agravios reales o imaginarios contra el Estado [9].

image03030
Lanzagranadas RPG y fusiles Barrett de calibre 12,7mm. incautados en México a miembros de un cartel del narcotráfico.

Campos de batalla inmateriales.
Las Guerras Posmodernas son la forma de conflicto propia de la sociedad de la información en un mundo globalizado, donde los medios de comunicación e Internet ocupan un lugar importante. Así que la construcción narrativa del conflicto puede llegar a ser el elemento fundamental del conflicto. Esto es, para uno o varios bandos enfrentados la clave de su victoria puede estar no en el uso de la fuerza en el campo de batalla sino cómo su causa es presentada ante la opinión pública internacional para provocar una respuesta que lleve a actuar a gobiernos, organizaciones e individuos. En tal caso no es relevante lo que pasa sobre el terreno o lo sólida de la causa, sino cómo se construye la narrativa en los medios [10].

Uno de los casos pioneros en los comienzos de la popularización de Internet fue el del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cuya irrupción pública el 1 de enero de 1994 en el estado mexicano de Chiapas fue sucedida por una serie de derrotas militares que le provocaron grandes bajas mientras se generaba una corriente internacional de apoyo y simpatía a su causa [11]. El fenómeno se ha acelerado porque Internet provoca una desintermediación, saltándose el filtro de los medios de comunicación tradicionales. Para que el vídeo con la prueba de vida de un occidental secuestrado sea visto por millones de personas no hace ya falta enviarlo a la CNN o Al Yazira. Como efecto negativo, la vida de los reporteros de guerra ha perdido valor. Los grupos armados no necesitan de sus servicios para que su mensaje llegue al público. Es más, dedicados a negocios turbios y la proliferación de violaciones de derechos humanos, muchos grupos armados prefieren no tener testigos.

La capacidad de los medios de comunicación de generar simpatía hacia una causa en la opinión pública hasta que esta reaccione puede ser usada de forma negativa para generar el efecto inverso. Se puede construir una narrativa que desaliente la acción. Los medios rusos e iraníes han tenido bastante éxito en lograr que su discurso sobre la guerra en Ucrania y Siria sean reproducido en Occidente, obteniendo así mucho más margen de maniobra. El Servicio de Acción Exterior ha creado en respuesta una task force para lidiar con la desinformación rusa que publica un boletín bisemanal. Conceptos como Operaciones de Información (InfoOps) y Comunicación Estratégica (StratCom) no son muy distintos del viejo concepto de propaganda empleado en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Pero nuevamente Internet aporta novedad y complejidad al fenómeno.

Si la conectividad mediante Internet es una necesidad fundamental, desde las comunicaciones internas a la difusión externa de información,  interferir en ella se convierte en un objetivo. Así nace la ciberguerra como una dimensión inédita, por más que la propaganda y la guerra electrónica aparecieron como antecedentes de la “guerra de la información”. Hasta hace poco las acciones agresivas más habituales en Internet era la alteración de páginas webs y la saturación de servidores web mediante los ataques distribuidos de denegación de servicio (DDOS). Pero el caso de la ciberarma Stuxnet, diseñada específicamente para atacar las centrifugadoras del programa nuclear iraní, demuestra que la ciberguerra puede afectar al mundo material.

wargames
Juegos de Guerra, película de 1983.

Conclusiones.
La idea de que las guerras están cambiando lleva en circulación décadas mientras que una persona cultivada podría encontrar antecedentes históricos de cualquier fenómeno actual, desde los piratas a los mercenarios, para sentenciar que no hay nada nuevo bajo el sol. Ante el debate si las guerras por venir serían convencionales o irregulares, Frank Hoffman trató de zanjar la discusión afirmando que no volveríamos a ver guerras que encajaran en un modelo puro. Dijo que las guerras futuras tendrían elementos convencionales e irregulares. Las llamó “Guerras Híbridas”. Y aún así se multiplicaron los escépticos diciendo que siempre habían sido así.

Se requiere una perspectiva histórica amplia para entender la transformación del panorama internacional, aunque las estadísticas sean claras. Han disminuido las guerras convencionales entre países y la mayoría de los conflictos armados se dan en Estados débiles con la presencia de actores como fuerzas de paz multinacionales y ONGs. Pero podríamos decir que el mundo avanza a velocidades distintas. África y América han entrado en la era de las Guerras Posmodernas mientras que Asia-Pacífico vive una carrera de armamento y de alianzas siguiendo una lógica no muy distinta de la vivida en Europa en las décadas previas a la Primera Guerra Mundial. A medio camino, la Nueva Guerra Fría no se parece a la vieja precisamente por la globalización e Internet.

El libro Guerras Posmodernas salió en 2010 y pronto tuve la sensación de que las ideas expuestas allí requerían una exposición más extensa, pulida y ampliada. Más que un modelo cerrado, quedó como un modelo en construcción. Mi idea es volver en un futuro a esta explicación para pulirla y quién sabe si algún día elaborar una nueva edición del libro completamente reelaborada.

Notas.

[1] La obra más famosa sobre el tema es La Revolución Militar: Innovación militar y apogeo en Occidente, 1500-1800 de Geoffrey Parker. Sin embargo el tema ha dado para perspectivas opuestas sobre si las nuevas formas de hacer la guerra dieron lugar al Estado Moderno o al revés. Francisco Andújar Castillo hace un repaso al debate en el primer capítulo de su libro Ejércitos y militares en la Europa Moderna.

[2] Recae en Martin Van Creveld el mérito de ser el autor que primero anunció una nueva era de conflictos armados en 1991 con su libro The Transformation of War.

[3] Moisés Naim dedicó su último libro El fin del poder a la transformación del poder, dedicando un capítulo a la guerra y otro a la geopolítica.

[4] Parag Khanna en su reciente libro Connectography: Mapping the Future of Global Civilization recoge, entre otros temas, el auge de las grandes ciudades y empresas como actores globales en un mundo conectado. Mientras que Mark Leonard ha coordinado el libro Connectivity Wars, que presenta 23 ensayos de diferentes autores sobre cómo la interdependencia económica y energética, junta otras medidas no bélicas, pueden ser usadas como armas.

[5] John Arquilla y David Ronfeldt acuñaron el concepto “netwar” para las formas de conflicto en que grupos de personas actúan como redes distribuidas. Ambos publicaron The Advent of Netwar en 1996. Más tarde, editaron el libro colectivo Networks and Netwars The Future of Terror, Crime, and Militancy, que alcanzó notoriedad por ir camino de la imprenta poco antes del 11-S.

[6] Véase Los Estados inviables de Oswaldo Rivero. Para el caso africano, véase África después de la Guerra Fría de Mark Huband. El artículo “The Coming Anarchy” de Robert D. Kaplan (publicado originalmente en febrero de 1994) fue el texto que encaminó mis pasos hacia los temas de las Guerras Posmodernas cuando lo leí en la primavera de 2001.

[7] Véase, por ejemplo, el libro colectivo Warlords Inc. Black Markets, Broken States and the Rise of the Warlord Entrepreneur editado por Noah Raford y Andrew Trabulsi.

[8] John Sullivan emplea el término “insurgencia criminal”.

[9] Tras su monumental El Narco, Ioan Grillo ha publicado  Gangster Warlords: Drug Dollars, Killing Fields, and the New Politics of Latin America.

[10] El término “narrativa” aparece en el manual FM 3-24 de contrainsurgencia desarrollado de forma conjunta por el ejército y la infantería de marina estadounidenses. José María Lizundia estudió la construcción del discurso pro saharaui en España en su libro El Sáhara como metarrelato.

[11] John Arquilla y David Ronfeldt con Graham Fuller y Melissa Fuller escribieron sobre el caso del EZLN en The Zapatista “Social Netwar” in Mexico. Bertrand De La Grange y Maite Rico aseguran en Marcos, la genial impostura que el subcomandante Marcos ordenó ataques condenados al fracaso con objetivos propagandísticos.

[12] Thomas Rid sostiene en Cyberwar will not take place que todas las actividades que asociamos con la ciberguerra si las trasladamos al mundo físico se corresponden con actividades no bélicas que identificaríamos como espionaje, gamberrismo, sabotaje, etc.

La Nueva Guerra Fría segun Mary Kaldor

En la primavera de 2001 estaba estudiando el segundo año de Sociología y ya estaba aburrido de la carrera, así que me dio por empezar a sacar de la biblioteca libros que tenían poco que ver con las asignaturas que cursaba. El primer libro que leí en aquella etapa de hastío universitario fue La anarquía que viene del periodista estadounidense Robert D. Kaplan. El capítulo homónimo con el que arranca el libro, un artículo publicado en The Atlantic en  1994, decidió mi vocación. Como sociólogo me dedicaría a estudiar la transformación de los conflictos armados. Meses después, en octubre de 2001, me encontré con Las nuevas guerras: la violencia organizada en la era global, edición española de New and Old Wars: Organised Violence in a Global Era de la académica británica Mary Kaldor. Tuve una sensación de shock. El libro se adelantaba a todo mi trabajo. De hecho, se convirtió en el canon de los estudios sobre transformación de los conflictos armados. Así que imaginen la ironía de encontrar ayer domingo “La segunda guerra fría” de Kaldor en el diario madrileño El País. Esta vez la que llega tarde es ella.

 0DpMohiJ

La cuestión es que el artículo me ha parecido francamente decepcionante. Como suele suceder con los popes académicos, a lo que ha venido Mary Kaldor es a hablar de su libro. Pero a eso llegaremos más tarde. Para empezar, su análisis se enmarca en la corriente posmoderna de la Geopolítica Crítica, que se centra en los discursos y no en la realidad. Así, Mary Kaldor afirma que la Guerra Fría (1945-1989) fue un discurso artificial de ambas superpotencias para consolidar su hegemonía dentro de su esfera de influencia en Europa. Estaría bien preguntarle a las víctimas de la guerra y la represión argentinas, congoleñas o vietnamitas si percibieron el enfrentamiento de bloques como una entelequia discursiva. Estoy con Noam Chosmky (véase El miedo a la democracia, versión española de Deterring Democracy) en que el elemento definitorio de la Guerra Fría fue la pugna entre las súper potencias por el Tercer Mundo. Y como he insistido en más de una vez, hablar de Nueva Guerra Fría no supone predecir una guerra abierta y directa entre ambos bandos, sino una infinidad de guerras por delegación (proxy wars) en un contexto de propaganda y agitación.

Con estas premisas, Mary Kaldor establece que “la segunda guerra fría es una repetición imaginaria de la primera”, es decir, un nuevo artificio discursivo que sirve tanto al Kremlin para obtener cohesión interna y a la OTAN para justificar su existencia, la subida de los presupuestos de defensa y financiar proyectos de armamento faraónicos.  El reproche de Kaldor es que un esfuerzo de la OTAN por dejar atrás las guerras irregulares de década pasada para volver a centrarse en la amenaza convencional de Rusia no ayudaría a enfrentarse al desafío de las nuevas guerras, o lo que es lo mismo, las Guerras Posmodermas.  Pero creo que Mary Kaldor pasa por alto que precisamente el hartazgo de las opiniones públicas occidentales a las intervenciones militares en la era posterior al 11-S las ha predispuesto al uso de la fuerza, mientras que los recursos consumidos en aquellas guerras junto con la crisis económica ha disminuido la capacidad disuasiva convencional. Es decir, los vacíos dejados por Estados Unidos en Ucrania y Siria que aprovechó Rusia fueron provocados por las experiencia de Afganistán, Iraq y Libia. Pero de eso habrá que hablar, repasando el artículo “The Obama Doctrine” de Jeffrey Goldberg en The Atlantic.

“Diario de la Guerra del Congo” de Vicente Talón

Vicente Talón fue reportero del diario El Correo Español-El Pueblo Vasco de Bilbao primero y luego del diario madrileño Pueblo. Mi generación le conoce como cofundador y director de la histórica revista Defensa. Diario de la Guerra del Congo es una reedición de 2013 de un libro publicado originalmente en 1976. El libro aborda la Crisis del Congo (1960-1965), que cubrió sobre el terreno, dedicando su segunda parte a la participación en el conflicto de mercenarios españoles.

1491594_557149781030323_1750228082_nDiario de la Guerra del Congo se nutre de las crónicas firmadas y los apuntes tomados por Vicente Talón en aquel entonces, la primera mitad de la década de los años 60.  El paso del tiempo es apreciable en el lenguaje y por observaciones sobre las poblaciones locales que escandalizarían a los actuales africanistas españoles, posmodernos la mayoría de ellos. En el prólogo a esta edición Vicente Talón hace referencia a las “matanzas en masa y asesinatos horripilantes” que ocurrieron en el Congo y que décadas después se repetirían en los Balcanes. Esa apreciación coincide precisamente con mi motivación para leer el libro.

Después de leer Biafra. The Nigerian Civil War, 1967-1970, obra de Peter Baxter,  empecé a preguntarme si no deberíamos replantearnos la novedad en África de las llamadas “Nuevas Guerras”, en los términos de Mary Kaldor, cuando contrastamos la Crisis del Congo y la Guerra de Biafra con la Segunda Guerra del Congo, que Tom Cooper abordó en un libro que reseñé aquí. Me refiero al patrón común de conflictos intraestatales altamente internacionalizados donde se cometen violaciones de los derechos humanos de forma sistemática, los bandos se alinean según afiliaciones étnicas y aparecen señores de la guerra y mercenarios.

Al igual que en ¡Sálvese quien pueda! de Javier Nart, nos encontramos las divisiones étnicas y tribales sobre el terreno de un conflicto africano que según la lógica de la Guerra Fría ordenaba los bandos por definiciones ideológicas. De hecho, por el Congo pasaron desde pilotos cubanos exiliados al servicio de la CIA al Che Guevara. Vicente Talón recoge el testimonio de un europeo que identifica a líderes y bandos por afiliaciones tribales, tal como encontraríamos luego en las luchas anticoloniales de Angola o Rhodesia.

Si el retrato de la población local quizás escandalizaría a los anclados en el concepto del buen salvaje, Vicente Talón hace un retrato demoledor del orden colonial belga y de la población blanca que lo sustentó. También desmitifica acciones militares como la Operación “Dragon Rouge”, que tuvo una ejecución torpe y pudo haber salvado más vidas. Evidentemente ambas cuestiones, la realidad social del antiguo Congo Belga y el carácter poco brillante de la Operación “Dragon Rouge” es algo que no encontrarán en la bibliografía al uso. Tampoco los mercenarios de Jean Schramme y Mad Mike Hoare salen bien parados. Esa es la gran novedad que aporta esta libro, una mirada neutra que levanta acta de lo que allí pasó sin adornar el fanatismo, la cobardía y la barbarie desplegadas por quienes en otros relatos de los hechos son heroicos luchadores anticoloniales o intrépidos aventureros occidentales.

La segunda parte del libro aborda la experiencia del 2º Choc del 6º Commando, encuadrado por españoles desplegados en el Alto Uele. A diferencia de otros mercenarios europeos y sudafricanos, los españoles del 2º Choc trataron de mantener una disciplina militar y procuraron tratar al personal nativo de una forma correcta. Las acciones de asistencia a la población civil llevadas a cabo las encuadraríamos hoy en día en la Cooperación Cívico Militar. El resultado fue, cómo no, muy diferente al alcanzado por otras unidades. Pero el personal fue siempre escaso para una área de operaciones tan grande y al final, el 2º Choc fue engullido por la dinámica de golpes y revueltas del país. Su líder y dos oficiales más terminaron fusilados por el nuevo régimen de Mobutu Sese Seko.

Un último apunte. Por el libro desfilan tangencialmente nombres que luego serían conocidos, como el de Laurent Kabila. Cerca del final del libro Vicente Talón cuenta su encuentro con un veterano del 2º Choc que participó en 1967 en un fallido intento de crear un segundo frente durante el motín de los mercenarios liderados por Jean Schramme. El interlocutor de Vicente Talón le echa la culpa al organizador de la expedición, el mismísimo Bob Denard, del que sospecha que en realidad actuaba en connivencia con el régimen de Mobutu Sese Seko. Treinta años más tarde, los hombres de Bob Denard trataron de organizar sin éxito la defensa del régimen de Mobutu frente al avance de las tropas de Kabila.