El futuro eléctrico

El otro día en las jornadas Tenerife Isla Colaborativa coincidí en la mesa redonda con alguien que cree en el pico del petróleo. Habló de que hace pocos años se cruzó ese punto en el que el petróleo que queda por extraer del subsuelo es inferior al que la Humanidad ya ha consumido. La solución pasaba por renunciar a seguir creciendo económico, lo que se conoce como Decrecionismo. Uno de sus comentarios me llamó la atención. Dijo que era ingenuo confiar en que la tecnología mágicamente nos salvaría del destino catastrófico que nos aguarda. Y me llamó la atención porque la tecnología ya nos ha abierto el camino hacia una menor dependencia del petróleo. Es una revolución incipiente cuyos primeros síntomas son ya evidentes.

La primera pista de la revolución energética la ofrece el coche eléctrico. Evidentemente hablamos de la irrupción en el mercado del Tesla S, un coche eléctrico que aúna prestaciones y diseño. Recordemos que ya en los años 90 se lanzó el General Electric EV-1. Hay un documental, Who Killed the Electric Car?, sobre su fracaso. El EV-1 tenía una autonomía de 120km. La versión de más autonomía del Tesla S alcanza 426km. Y su aceleración se ha hecho famosa.

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Tesla S en Noruega

Los coche eléctricos han dejado de ser juguetes caros o engendros, para ofrecer una experiencia de conducción superior que en un coche de motor de combustión. La tecnología seguirá evolucionando y llegará el momento en que el coche eléctrico ofrezca más prestaciones costando menos que un coche de motor de combustión, que será una reliquia del pasado como las locomotoras de vapor. El Tesla S es una berlina premium pero el siguiente coche de Tesla será más económico. El primer surtidor eléctrico de Tesla ya funciona en la provincia de Gerona. El camino está marcado.

La siguiente cuestión es la producción de energía. Pensar en el coche eléctrico como un vehículo ecológico es completamente erróneo si no tenemos en cuenta de dónde procede la energía eléctrica que lo alimenta. Pensemos en un coche eléctrico que recarga sus baterías enchufado a una red que se alimenta de una central nuclear o de ciclo combinado (donde se quema gas natural). La revolución vendrá cuando se generalice el uso de coches eléctricos que recarguen sus baterías con energías renovables.

Ahora mismo la energía fotovoltaica ha alcanzado tal desarrollo que es competitiva sin necesidad de primas o subvenciones. En noviembre de 2013, Sara Acosta escribía en el periódico Cinco Días: “Los avances de la tecnología solar fotovoltaica han reducido los costes hasta un 80% en los últimos cinco años”.  Pocas semanas después se conectaba a la red en la provincia de Sevilla la “la primera planta solar de España sin primas”.

En España los problemas de la energía fotovoltaica tienen que ver con la normativa y las primas. El resultado es que según Nuri Palmada, la responsable de proyectos de la cooperativa Som Energia, a pesar de que España disfruta de 65% más de irradiación solar que Alemania, en esta última se produce un 600% más de energía fotovoltaica que España. Lo afirmó durante la presentación del proyecto de una nueva planta fotoeléctrica en la provincia de Sevilla, que se llevará a cabo sin primas y afrontando el nuevo impuesto de 7% a la producción fotoeléctrica.

Así que es obvio imaginar que el desarrollo tecnológico de las energías fotoeléctrica, eólica, maremotriz, etc. seguirá su curso y en un futuro serán más competitivas que otras fuentes. Pero se enfrenta a un problema. La producción de energía fotoeléctrica o eólica no es continua. Es el gran obstáculo que siempre se cita entre los escépticos. Pero nos encontramos que el desarrollo del coche eléctrico ofrece la solución. Las baterías de Tesla Motors han alcanzado tal desarrollo que ha lanzado un modelo de bajo costo para ser instalados en los hogares, la Tesla PowerWall. El propósito es almacenar la energía eléctrica generada por fuentes renovables.

En 2013, del total de productos petrolíferos consumidos en España, un 65% era destinado en transporte. Así que la introducción del coche eléctrico tendría un impacto enorme. Ahora imaginemos un mundo donde todos los hogares tuvieran electricidad procedente de plantas o fuentes de energía renovable y tuvieran baterías para almacenarlas. Y todos los coches eléctricos fueran eléctricos. Es previsible que el actual desarrollo tecnológico nos lleve a ese mundo. El consumo de hidrocarburos decaerá y por tanto el horizonte de uso de las reservas de hidrocarburos se alejará más en el tiempo. El precio del petróleo bajará irremediablemente. Imaginen las consecuencias de ello para Rusia, Irán y Venezuela.