El odio selectivo por banderas y ejércitos

155mm. de monopolio de la violencia legítima del Estado en la exposición del DIFAS 2018 en Santa Cruz.

El pasado sábado 26 de mayo se celebró en España el Día de las Fuerzas Armadas. Y como siempre, salió alguien a lanzar un mensaje contrarian pretendidamente profundo, sensible y solidiario. Esta vez fue la cuenta en Twitter de la sectorial de Oficios Varios del sindicato anarquista CGT del sur de Madrid. He hecho una captura de pantalla del tuit, al que enlacé antes, en caso de que desaparezca.

Podría deterneme en el irónico término “parásitos sociales”, porque si hay algún lugar del espectro ideológico desde el que se ha defendido el parasitismo social[*] es desde el anarquismo al que pertenece el sindicato CGT. Pero vayamos por partes. Primero, tenemos eso de “sin ejércitos no habría guerras”. Lo que es otra prueba palpable que en España, por muchos chistes que se hagan sobre la inteligencia militar, el nivel de pacifistas y antimilitaristas es lamentable. Recordemos la delirante entrevista al profesor José Luis Gordillo del Centre Delàs de Investigación por la Paz. Y es que la idea de que la violencia organizada sólo es posible mediante la existencia de ejércitos regulares demuestra escasos conocimientos de antropología e historia. Por no decir que demuestra un profundo solipsismo ante los acontecimientos vividos desde el fin de la vieja Guerra Fría, por no decir desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y que me impulsaron a crear un blog llamado Guerras Posmodernas sobre la transformación de la guerra. Supongo que nos debe dar risa que un sindicato anarquista, que en teoría aspira a la desaparición del Estado, ignore que existe la violencia organizada fuera del Estado (guerillas, milicias, bandas, tribus, etc).

Guerrilla anarquista en Rojava. Foto vía RupturaColectiva.com

En cuanto a la afirmación “ningún ejército defiende la paz” demuestra no haber abierto en la vida un libro de relaciones internacionales, geopolítica y defensa. Por no decir de mostrar un nulo conocimiento de teoría de juegos. La primera y fundamental función de unas fuerzas armadas es generar disuasión mediante su adecuada dotación de sistemas de armas, formación, doctrina y personal. La idea no es ni siquiera ser capaces de vencer en todos los escenarios de guerra posible, sino de ser capaces de obligar al potencial enemigo a asumir un coste tan elevado para ganar la guerra que termine por hacerle olvidar el uso de la fuerza. Pensemos en episodios históricos como la larga guerra Irán-Iraq, que comenzó porque el régimen de Bagdad pensó que la debilidad de las fuerzas armadas iraníes permitiría una rápida victoria.

Por último, la frase “un patriota, un idiota” es un clásico con la que más de una persona educada y culta estará de acuerdo, añadiendo además esa otra frase de “el patriotismo es el último refugio de un canalla“. Pero la frase hay que leerla en clave española, porque no se refiere a cualquier nacionalismo. Se refiere exclusivamente al nacionalismo español. El término nunca se usa para un nacionalista vasco o catalán y mucho menos para un saharaui, palestino o venezolano. Por supuesto, detrás de todo esto hay una profunda y elaborada justificación para apoyar los intereses de cierta burguesía catalana o de la boliburguesía venezolana desde el anarquismo, el socialismo, el internacionalismo y lo que ustedes quieran. Es más, las frases anteriores sobre los ejércitos se aplica igualmente. Busquen en esos medios que llevan en su nombre las palabras izquierda o república y que en su presentación aparecen las palabras alternativo o contrainformación. Verán noticias con titulares como “El ejército bolivariano se prepara para rechazar cualquiera agresión imperialista” y “Rusia prueba con éxito el misil Topol-M”. Al final concluirán que no les molesta el patriotismo y los ejércitos. Les molesta el patriotismo español y las fuerza armadas españolas.

[*] Me refiero a asuntos como ocupar viviendas o vivir cobrando ayudas sociales para desempleados de algún ayuntamiento británcico mientras se reside en España, práctica posible gracias a los vuelos low-cost.