Después de Boston

En mis “Apuntes sobre los atentados de Boston” especulé sobre la autoría advirtiendo sobre la falta de información. Me decanté por la ultraderecha estadounidense advirtiendo que no tenía más argumento que una impresión personal. Siendo un atentado terrorista, había un elemento nihilista en él. Charles Cameron hacía un repaso en el blog Zenpundit de los vídeos musicales a los que Tamerlán Tsarnéyev había dado un “Me Gusta” en Facebook, señalando su contenido milenarista y conspiranoico.

El terrorismo es una forma de violencia política que busca obligar a los gobiernos a tomar decisiones presionados por la opinión pública. Pero en esto caso no hubo mensaje de reivindicación que le diera sentido político al atentado. Al parecer los hermanos Tamerlán y Džojar Tsarnéyev pretendían atentar en Nueva York, así que puede que pensaran emitir algún comunicado posteriormente. Según recoge La Vanguardia, Džojar Tsarnáyev ha declarado que no tenían vínculos con grupos terroristas y que actuaron por “motivos religiosos”, algo que concuerda con la deriva yihadista del nacionalismo checheno. Aunque la mención de las guerras de Afganistán e Iraq como motivación resulta entre anacrónico y rídculo, rozando la excusa improvisada.

Desde un punto de vista meramente técnico, el atentado de Boston fue un atentado limitado y algo chapucero. Los hermanos Tsarnéyev no parece que estuvieran familiarizados con los tiempos habituales en la maratón e hicieron detonar las bombas cuando ya el grueso de participantes había llegado a la meta. Con tan pocas víctimas mortales, tres, es relevante reflexionar sobre cómo el impacto de los atentados no lo genera su magnitud, sino la histeria generada por los medios y las autoridades. John Cassidy lanza en The New Yorker una interesante provocación: ¿Se imaginan que los hermanos Tsarnéyev hubieran empleado armas de fuego para disparar a la multitud en Boston? La cifra de víctimas mortales hubiera sido mucho mayor, pero ¿hubiera sido el debate público igual? ¿Hablaría la prensa conservadora estadounidense de terrorismo o del caso aislado de dos lunáticos?

Capítulo aparte merecen las teorías conspiranoicas sobre los atentados. La presencia de miembros de un Civilian Support Team de la Guardia Nacional de Massachusetts, especialistas en emergencias NBQR con ropa civil sirvió, para que alguna de las mentes preclaras de Meneáme preguntara “¿Qué hacían los mercenarios de BlackWater en el atentado de Boston?”. La explicación del asunto era, como siempre, sencilla y sin misterio (gracias a Loopster por el enlace). Pero J. M. Berger se pregunta, con razón, en Intelwire qué está pasando para que las teorías conspirativas estén teniendo tanta resonancia. Supuestamente en esta era de tanta información de libre alcance y capacidad de conectar a un número ilimtado personas deberíamos ver emerger la inteligencia colectiva, pero no es el caso.

El viernes 19 de abril hablé con Helen Aguirre en el programa Zona Política de Univisión Radio (enlace al archivo de audio aquí). Uno de los temas que surgió en la conversación fue el proceso de radicalización. Hablé de cómo en las segundas generaciones de inmigrantes surge un problema de identidad al no sentirse plenamente parte del pais de acogida ni del país de origen. Evidentemente hay personas que se intengran sin problemas. Pero este parece ser uno de esos casos en que jóvenes adoptan una identidad antagónica contra el país de acogida. Es un problema serio en Europa, donde existe muchísima menos movilidad y donde las identidades nacionales no son incluyentes. El profesor Miguel Ángel Cano Paños trata el asunto en su libro Generación Yihad: La radicalización islamista de los jóvenes musulmanes en Europa. Pero es algo que transciende el terrorismo e implica cuestiones como la delincuencia juvenil y el gamberrismo, como ha sido estudiado por Tom Ritchey para el caso de Suecia o como vimos en los disturbios en Inglaterra en 2011.

Apuntes sobre los atentados de Boston

No han pasado más de 24 horas de los atentados ayer durante la maratón de Boston. La experiencia enseña a ser prudentes durante las primeras horas. Por ejemplo, las noticias sobre doce víctimas (heridos) se transformaron para el New York Post en doce fallecidos cuando el balance hasta el momento es de tres víctimas mortales. Hoy el diario menciona que esa primera cifra fue el balance apresurado tras la visión de varios miembros apuntados traumáticamente. Un día después también se ha confirmado que sólo fueron dos los artefactos que estallaron, así que las primeras noticias de varios artefactos que fueron encontrados sin estallar resultaron equivocadas y no hay vínculo con el incendio en una biblioteca.

El cerrojazo informativo en EE.UU. es significativo. Nada que ver con la experiencia española de un ministro insistiendo en una autoría mientras la policía trabaja en pistas que apuntaban a otra. Sólo ha trascendido la noticia del interrogatorio y registro del apartamento de un ciudadano saudí de 20 años. Un testigo lo vio abandonar el lugar de una de las explosiones con un comportamiento “sospechoso” y le hizo un placaje. Permanece bajo custodia policial en un hospital.

Hay varios detalles significativos. Los dos artefactos eran poco potentes, de pólvora, pero causaron estragos por contener bastante metralla. Yo diría que eso apunta a un autor en solitario o un grupo pequeño con medios poco sofisticados. Es una modalidad de terrorismo practicada por dos grupos diferentes: Yihadistas tras el declive de Al Qaeda y la ultraderecha cristiana estadounidense. El modelo de terrorismo atomizado es una adaptación en un contexto de debilidad estratégica. El concepto “Leaderless Resistance” fue obra de Louis Beam en Estados Unidos y su influencia llega hasta el terrorista noruego Anders Behring Breivik. En el caso de Al Qaeda, es claramente una reacción ante el declive de la yihad global. El paso del terrorismo de células clandestinas y jerarquizadas a grupos pequeños aislados fue teorizado por uno de los pensadores más originales de Al Qaeda: El español Mustafá Nasar Setmarian.

Analizar el atentado ahora mismo es entrar en el terreno de la especulación. A mí personalmente me recuerda al atentado durante los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996, que reúne las características de atentado indiscriminado en una concentración de público con artefacto poco complejo y sin reivindicación. Ayer en Boston era festivo. Se celebraba Patriot’s Day, la conmemoración de las primeras batallas de la Guerra de Independencia estadounidense. En aquellas batallas del comienzo de la guerra participaron milicias con las que se identifica la ultraderecha estadounidense y que forman parte de su imaginario. Además para la derecha estadounidense en general, Boston es un nido de progres. Quizás la maratón de Boston fue escogida como objetivo por la aglomeración de gente en la calle y la coincidencia de fechas sea por tanto pura casualidad. Seguiremos esperando noticias.