Imperios e imperialismo

El domingo fue 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional en España y Columbus Day en Estados Unidos, donde el día festivo se pasó al lunes. Así que en Facebook y en Twitter vi toda clase de comentarios y memes sobre la nefasta naturaleza de la efeméride, destacando la crueldad y racismo de Colón. Cómo no, todos esos mensajes provenían en su mayoría de gente blanca occidental bienpensante. Por ejemplo, “9 reasons Christopher Columbus was a murderer, tyrant, and scoundrel” por Dylan Mathews en vox.com Aquí tienen al bueno de Dylan:

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A estas alturas no vamos a discutir el impacto en las poblaciones locales que tuvo el “Descubrimiento de América”. Pero me llamó la atención cómo entran a saco en el tema autores anglosajones para los que el imperio español fue sinónimo de fanatismo cristiano, crueldad racista y codicia, cuando la realidad es que los exploradores de cualquier otro país europeo a finales del siglo XVI hubieran compartido los mismos valores y se hubieran comportado ante pueblos indígenas de la misma manera. Ya tuve ocasión de reseñar aquí la doble vara de medir de Robert D. Kaplan en su libro Monzón a la hora de relatar la expansión por el Océano Índico del imperio portugués primero y el británico después. Cualquiera diría siempre, que en los relatos de autores anglosajones los imperios británicos y estadounidenses se expandieron por el bien de la Humanidad entera. En definitiva, puro etnocentrismo.

El tema del imperialismo tiene lecturas a más niveles. Juzgamos de forma anacrónica el comportamiento de imperios de hace siglos con estándares del presente. Podemos estar seguros que Hernán Cortés y los suyos no mostraron piedad con los aztecas, ni sensibilidad con la cuestión del género, ni comprensión con las minorías sexuales, ni respeto con el medio ambiente… Simplemente se guiaron por los implacables esquemas morales de la época. Ingleses, franceses y holandeses no habrían establecido crisoles multiculturales en América a principios del siglo XVI, ni lo hicieron siglos más tarde en América, Africa y Asia.

Sobra decir además, que la Triple Alianza que formaba lo que conocemos como Imperio azteca desapareció al ser contactada por un imperio naciente que contaba con un desarrollo tecnológico y recursos superiores. No hubiero sido de esperar mucha más benevolencia de haber desembarcado los belicosos y crueles aztecas en las costas de la Península Ibérica. De hecho, la clave del éxito militar de Cortés con muy escasa tropa fue la disposición de los pueblos vecinos a luchar contra la tiranía azteca. Así por ejemplo, Hernán Cortés da cuenta en su tercera carta que Pedro Alvarado tomó parte en el asedio de Tenochtitlán desde Tlacopan con “30 caballos, 18 ballesteros y escopeteros, 150 peones de espada y rodela, 25.000 tlaxcaltecas.

Mi perspectiva es que no podemos clasificar desde una perspectiva moral a los países en malvados imperialistas y bondadosos pacifistas. Sino que existen países que han tener medios materiales para crear un imperio y otros que no. Si repasamos la Historia de Europa desde Alejandro Magno hasta la Segunda Guerra Mundial veremos que es rara la unidad política europea de Noruega a Grecia y de Portugal a Lituania que en algún momento no viviera una agresiva expansión para terminar siglos más tarde sin imperio y abanderando la multilateralidad, la concordia y el diálogo. Creo que la razón para crear un imperio sometiendo a otros pueblos no tienen que ver con la inmoralidad, sino con la misma razón que dio Bill Clinton: “Porque pude”.

Esta reflexión me hace recordar una entrevista hecha a Rafael Poch-de-Feliu, actual corresponsal del diario barcelonés La Vanguardia en Berlín. La entrevista fue reproducida por el propio entrevistado en La Vanguardia. Creo que vi circular el enlace por Twitter o Menéame, además de que algún lector la enlazó y me recomendó su lectura en un comentario. La tesis de Poch-de-Feliu es que Estados Unidos es un imperio malvado y torpe que acosa a las pacíficas China y Rusia. Abordaré sus tesis aquí próximamente.