Jornada en Casa África

El pasado viernes 5 de junio hice un viaje relámpago a Gran Canaria para asistir como público a la jornada #ÁfricaEsNoticia: Conflictos en África. Presencia española y nuevos retos para la seguridad del continente que coorganizaban Casa África y el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). Hablé ya aquí del evento porque es un reflejo que a día de hoy está totalmente asumida la relevancia de África para España.

Intervención de general de brigada Ballesteros, director del IEEE.
Intervención de general de brigada Ballesteros, director del IEEE. A la izquierda, Arianne Fernández, secretaria general de Casa África.

Arrancó la mañana con el general de brigada Ballesteros, director del IEEE, que habló de Canarias desde un visto de vista geopolítico en una línea muy parecida a la charla que impartió aquí en Tenerife en 2013 y que en su momento me sorprendió favorablemente por emplear un punto de vista geoeconómico. Lejos de mensajes alarmistas ante la situación en África Occidental, según el general Ballesteros, la posición de Canarias proporciona más oportunidades que amenazas.

Los contenidos de aquella charla quedaron reflejados en un artículo publicado por el IEEE. En la segunda parte abordó las amenazas para España y el conjunto Magreb/Sahel. Cerró con una idea que evidentemente me hizo sonreír. Según el general Ballesteros, la “frontera de seguridad” de España ya no es el Magreb sino el Sahel. Es decir, la idea del Flanco Sur Profundo ha sido plenamente asumida.

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Joan Tusell, Ignacio Cembrero, el teniente coronel Jesús Díez Alcalde y Óscar Mateos.

A continuación tuvo lugar una mesa presentada por Joan Tusell, jefe de prensa de Casa África. Arrancó el profesor Óscar Mateos hablando sobre la naturaleza de los conflictos armados en África. Se refirió a la importancia de los actores no estatales, el carácter transnacional de los conflictos y cómo se insertan en la dinámica de la globalización. Es decir, habló de la esencia Guerras Posmodernas. Hizo, cómo no, una crítica al modelo de “paz liberal”, que es una constante de los africanistas españoles. Y terminó repasando las limitaciones de la Arquitectura de Paz y Seguridad Africana, base de las famosas “soluciones africanas para los problemas africanos”. Por el camino, habló de la emergencia en África tras la Primavera Árabe de una nueva generación de activistas políticos formados por jóvenes urbanos que identificó con los “nuevos movimientos sociales en red” de Manuel Castells. La suya fue una intervención muy densa en contenido y cada tema hubiera dado por una charla en sí misma. Es un autor al que seguirle la pista.

El siguiente en intervenir fue el periodista Ignacio Cembrero, que fue corresponsal del El País en Marruecos y luego trabajó para El Mundo. Es el autor de Vecinos Alejados, una de los pocas crónicas periodísticas de la realidad marroquí que conozco y que en su momento alcanzó notoriedad por desvelar el papel de Francia en la crisis del islote de Perejil. Con ese bagaje, su intervención se centró en el Magreb. Hizo un recorrido desde la fallida “primavera argelina” de 1992, que identifica como el origen de los actuales problemas de la región, al actual caos en Libia. Segun Ignacio Cembrero, a lo que estamos asistiendo es a una fase de inestabilidad en la región que durará décadas.

Por último, en esta mesa habló el teniente coronel Jesús Díez Alcalde, investigador del IEEE. Habló del papel de las fuerzas armadas españolas en África, aportando datos como que actualmente  más de la mitad de las misiones exteriores españoles se ubican en África y que España ha estado presente en todas las misiones europeas en África. Allí hay hoy más de 800 militares españoles, lo que convierte al país en el segundo contribuyente de misiones europeas de la actualidad. El teniente coronel Díez Alcalde remarcó que esta reciente vocación africanista no es temporal. “España está en África para quedarse”, dijo. Y que allí se juega la seguridad española.

Joan Tusell presenta a Pepe Naranjo y a Jesús Núñez Villaverde
Joan Tusell presenta a Pepe Naranjo y a Jesús Núñez Villaverde

La segunda mesa abordó la cuestión de Boko Haram en Nigeria. Habló primero el profesor Jesús Núñez Villaverde, que acaba de sacar libro sobre el tema: Boko Haram. El delirio del califato en África occidental. Presentó la idea de que la aparición del grupo es la respuesta a una serie de problemas estructurales del país (subdesarrollo, corrupción y desigualdad interregional, etc.) de los que se nutre el yihadismo en el noreste del país. Contó además cómo el grupo logró apoyos populares en su comienzo en la espiral de acción-reacción que la respuesta de violencia indiscriminada de las fuerzas de seguridad. El profesor Núñez no dejó a un lado la necesidad de medidas de fuerza contra Boko Haram, pero señaló que la solución definitiva no será militar.

La segunda intervención en la mesa fue la de Pepe Naranjo, periodista canario radicado en África Occidental que actualmente ejerce de corresponsal para El País. Vivió la Operación Serval en Mali y antes de eso fue un pionero en el periodismo canario cubriendo la llegada de inmigrantes a nuestras costas. La suya fue una mirada a ras de suelo, tras haber visitado el noreste de Nigeria. Encontró un enorme contraste entre el norte y el sur del país, donde se ubica la riqueza petrolífera. Y que la falta de servicios del Estado empuja a los residentes en las zona fronterizas del norte a buscar asistencia sanitaria en la vecina y paupérrima Níger. Describió los horrores sufridos por la población a manos de Boko Haram, tras haber recabado testimonios.

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Joan Tusell, Gemma Parellada y Lola Huete Machado

La última mesa del día fue dedicada al periodismo y la información sobre África. Arrancó con Gema Parellada, que esta vez nos contó su experiencia en la guerra civil de Costa de Marfil. El suyo fue un testimonio cargado de emoción tras haber vivido allí experiencias bastante intensas con muertes muy cercanas. Quizás para dejar buen sabor de boca, la siguiente y última intervención del día tuvo un registro totalmente diferente.

Lola Huete Machado habló de la presencia de África en los medios y los problemas que se encuetran los periodistas para colocar sus reportajes en redacciones donde sólo interesa África si hay algo tremebundo. Así nació “África no es un país” en El País, para mostrar esas noticias que no tienen cabida normalmente en las páginas del periódico. Contó el esfuerzo para incluir más voces africanas en el periodismo sobre África. Y también nos habló de “Planeta Futuro”, que se dedica, dentro de El País también, a hablar de derechos humanos, medio ambiente, desarrollo, etc. y todas las iniciativas innovadoras y emprendedoras en países no desarrollados que pasan desapercibidas para la prensa general.

El balance para mí fue positivo. Vi caras conocidas, se acercó un lector del blog, tuve tiempo de hablar con algunos de los ponentes y me lo pasé estupendamente. Recuerdo cuando me quejaba que en Casa África no se tratasen esos temas. Supongo que el Jesús Manuel que fui en 2005 alucinaría al escuchar al director del IEEE hablar del Flanco Sur Profundo con otras palabras. Diez años ha tardado desde aquellas dos entradas de blog (en marzo de 2005 y en noviembre de 2005) donde acuñé y expliqué el concepto respectivamente. Fue en 2007 cuando hablé del Sahel, palabra en boca de todo el mundo hoy, rematando con un “el que avisa no es traidor”. Y en 2009 llamé la atención acerca de cómo en un número monográfico de la revista Atenea sobre África no había una sola mención a la importancia de África Occidental para España, quedándose en AFRICOM y la presencia española en el Congo. Así que lo que en aquel entonces era locura, hoy es sentido común.


Lola Huete Machado ha hecho también una crónica de las jornadas: La seguridad de África es la nuestra”.

Observatorio de la Nueva Guerra Fría #5

En Semana Santa me tomé unas vacaciones blogueras y luego con tanto lío me dio pereza retomar el blog. Así que la última entrega del Observatorio de la Nueva Guerra Fría la publiqué el 30 de marzo. En este tiempo han pasado un montón de cosas y sería imposible ponerme al día en una sola entrega. Es más, esta entrega tenía que haber salido en el fin de semana del 30 y 31 de mayo. Durante este tiempo han pasado bastantes cosas interesantes Algunas las trataré en entradas del blog por separado

Me quedó pendiente reseña el primer libro que apareció sobre la Nueva Guerra Fría: The New Cold War. Revolutions, Rigged Elections, and Pipeline Politics in the Former Soviet Union de Mark MacKinnon, reportero canadiense que cubrió in situ la Revolución Naranja ucraniana. Fue publicado en 2007. El libro me parece la crónica definitiva de las Revoluciones de Colores que de pronto eché en falta cuando leí De la Ley Sinde a la #spanishrevolution de Arnau Fuentes.

Haré una reseña pronto, pero cabe destacar que el libro fecha el comienzo de la Nueva Guerra Fría en 2006. En mayo de ese año Dick Cheney participó en un encuentro en Vilna, la capital de Lituania. Su discurso crítico de Rusia fue tildado por la prensa rusa como equivalente al que dio Wiston Churchill en Fulton (Missouri) empleando por primera vez el término Telón de Acero. En el relato de los acontecimientos hecho por el libro tiene un papel relevante George Soros, que advirtió recientemente que el mundo está en “el umbral de una III Guerra Mundial”. Curiosamente al buscar la noticia no la encuentro más que en medios como InfoWars.com, ZeroHedge.com, la edición inglesa de Pravda y la edición inglesa de Sputnik. Por su parte, el pasado mes de abril se publicaba una entrevista a Noam Chosmky con el titular: “Noam Chomsky: We’re facing a new Cold War”. Lo interesante es que mientras en Occidente pocos hablan de la Nueva Guerra Fría y unos cuantos critican la “demonización de Putin” o “las tensiones con Rusia creadas artificialmente”, medios y autores rusos o críticos con Occidente asumen plenamente la naturaleza de las cosas.

Guerra en Ucrania.

En la mesa redonda sobre Ucrania organizada por Passim.eu anticipé que o bien Rusia aplicaría una política de hechos consumado para no devolver el territorio conquistado o bien Minsk II sólo era una “pausa estratégica”. La semana pasado volvieron los combates a Ucrania oriental. Durante los últimos meses se sucedieron las noticias de la llegada a la zona de convoyes rusos y material militar. La vuelta a la actualidad del conflicto ucraniano ha servido para conocer que desde el alto el fuego las fuerzas rusas han ocupado poco a poco nuevas localidades ucranianas en lo que podríamos llamar “estrategia del salami”.

Bellingcat, el grupo de analistas de Inteligencia de Fuentes Abiertas (OSINT) coordinado por Eliot Higgins, ha publicado un montón de artículos identificando material de guerra y soldados ruso en Ucrania oriental. Bellingcat se ha convertido en un referente sobre el tema, congregando alrededor suyo a expertos y voluntarios que se suman a sus esfuerzos. Véase como ejemplo, entre otros muchos, una investigación hecha en Rusia usando redes sociales sobre la historia de un soldado ruso “muerto por la Patria” y que desvela finalmente la historia de tres soldados rusos de una unidad Spetnaz, identificados con nombres y apellidos, que murieron en mayo de 2015 en Ucrania.

El Atlantic Council ha publicado un informe sobre la participación rusa en la guerra de Ucrania titulado “Hiding in Plain Sight: Putin’s War in Ukraine”.

Mar Báltico

El próximo 13 de junio dos bombarderos B-52 participarán en un ejercicio militar en las costas suecas donde se simularán un intento de desembarco por parte de una fuerza hostil.

Las tres repúblicas bálticas pedirán a la OTAN el despliegue permanente de tropas en su suelo como disuasión ante Rusia. Un deseo que ya expresó Polonia anteriormente.

El martes 28 de abril la armada finlandesa disparó cargas de profundidad contra un contacto submarino no identificado cerca de Helsinki.

Afinidades ideológicas en la Nueva Guerra Fría

Conté aquí cómo el viernes 29 de mayo el PCE dio difusión y estuvo representado por su ex-secretario general en un acto de apoyo a Bashar Al Assad. Mientras que el sábado 30 de mayo Izquierda Unida organizaba unas jornadas sobre la defensa nacional española con una perspectiva crítica del eje euro-atlántico. Ambos asuntos tienen evidente relación. El rechazo a la OTAN no es el resultado de una postura ética, por mucho que se aluda a la defensa de la soberanía nacional española. Es por un posicionamiento ideológico en el contexto de la Nueva Guerra Fría. Piensen en la hipocresía de quienes justifican la invasión rusa de Ucrania y protestan por la existencia de una fuerza de contingencia de los marines en Morón.

Si visitamos la página web de los organizadores del acto de apoyo a Assad, la Plataforma Global Contra las Guerras, encontramos (¡vaya sorpresa!) un artículo de opinión de Rostislav Ishchenko. Sostiene que lo que está en juego en Ucrania oriental no es la ambición imperialista de Putin sino “el futuro del planeta”.

El asunto anterior trajo en Twitter de cabeza a más de uno al que no le cabía en la cabeza que personas de izquierda apoyaran a un dictador como Bashar Al Assad. Pero como ya he explicado aquí varias veces en el terreno de la Nueva Guerra Fría hay que dejar de trazar perfiles ideológicos en función del eje izquierda-derecha para hacerlo en función del posicionamiento de amigo o enemigo de Occidente y la democracia liberal.

Aquí una manifestación de la ultraderecha en Francia hace pocos años. De izquierda a derecha: Draža Mihajlović, Aleksandr Lukashenko, Vladimir Putin, Bashar Al Assad y Hugo Chávez. Lo mejor de cada casa.

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Varias personas me llamaron la atención sobre la entrevista hecha al profesor Francisco Veiga en Jotdown. Veiga es conocido por sus libros de historia de los Balcanes y Turquía, además de ser el impulsor del grupo Eurasian Hub. Más de una vez le he visto decir bastantes tonterías al meterse en terrenos que no son los suyos. Véase las tonterías dichas sobre las fuerzas especiales francesas en Libia o el disparate de su relato sobre la Guerra del Líbano de 2006. Mantiene una visión del panorama internacional que raya lo conspiranoico junto con un línea opuesta siempre a Estados Unidos, la Unión Europea e Israel. En la entrevista niega que estemos en una Nueva Guerra Fría y sostienen que la crisis ucraniana está provocada por Estados Unidos para abrir una brecha entre la Unión Europea y Rusia. Un acercamiento que él considera ideal: “E imagínate si el acercamiento incluye a China. La UE se convertiría en un cohete, impulsado por materias primas baratas, un gigantesco mercado…” Como vemos una vez más, alguien que critica a Estados Unidos resulta ser otro simpatizante de una alianza con Rusia para crear la Europa de Lisboa a Vladivostok. Una propuesta ideológicamente nada neutra.

Propaganda rusa.

La agencia de noticias Sputnik publicó el 27 de mayo un artículo titulado “Estado Islámico: la criatura diabólica de turno de los globalizadores” que firma la periodista peruana Vicky Peláez. Es interesante el lenguaje. Los malos en esta Nueva Guerra Fría para el otro bando son los “globalizadores”. Pero más interesante es averiguar quién es Vicky Peláez. Detenida en Estados Unidos junto con su marido ruso por espiar para Rusia. Fue canjeada en un intercambio de espías.

The Telegraph entrevistó recientemente a una ciudadana rusa que trabajó en una “factoría de trolls”. No es la primera entrevista o artículo sobre el tema.

Paso a paso hacia las fuerzas desarmadas

CASA C-212 de Blackwater en Afganistán

El diario El País publicó hoy un artículo sobre la industria de defensa española. El artículo arranca con el reciente accidente de un avión de transporte A-400M en Sevilla durante un vuelo de prueba antes de su entrega a la fuerza aérea turca. El asunto es que España tenía una respetable empresa aeronáutica, CASA, que construía principalmente aviones de transporte tácticos. Sus aviones los usan fuerzas aéreas y fuerzas de seguridad de Estados Unidos a Corea del Sur. Y fueron empleados por Blackwater. Pero tras el fin de la Guerra Fría la industria de defensa y la industria aeronáutica vivieron una era de concentraciones empresariales. CASA corría el riesgo de quedarse sola siendo demasiado pequeña y terminó integrada en la rama militar del consorcio europeo Airbus. Conservó un tiempo su nombre como EADS-CASA para luego ser Airbus Military hasta finalmente diluirse en enero de 2014 dentro de Airbus Defence and Space.

Todo este tiempo he escuchado temores sobre que las intenciones de los directivos europeos era absorber el know-how tecnológico de CASA para tarde o temprano cerrar factorías en España. El baile de acusaciones sobre la responsabilidad del accidente irían en ese sentido. La factoría de CASA en Sevilla, donde han salido aviones fiables que vuelan en el Ártico o en los desiertos del África meridional, de pronto se habría convertido en el epítome de la chapuza española.

El dilema de perecer en solitario o ser fagocitado por un grupo empresarial dirigido desde Alemania o Francia se le plantea al resto de la industria de defensa española. No sólo se trata de tener músculo financiero para proyectos de I+D cada vez más complejos, sino de músculo diplomático para cerrar contratos. De ahí que las denostadas relaciones del rey Juan Carlos I con las monarquías árabes puede que hayan tenido que ver con que el CASA CN-235 esté en uso en las fuerzas aéreas de Jordania, Arabia Saudita, Omán y Emiratos Árabes Unidos.

Pero la cuestión que me llamó la atención del artículo es la mención de los problemas presupuestarios del Ministerio de Defensa. Creo que el español medio no tiene ni la más remota idea de los recortes brutales a los que han sido sometidas las Fuerzas Armadas en España. Sólo la Armada, ha perdido su único portaaviones, el 25% de los cazabombarderos Harrier y más de la mitad de submarinos. Si un día de estos la mierda golpeara el ventilador mejor no pensar lo que podría pasar.

En el artículo se menciona a Bernardo Navazo, «experto de la Fundación Alternativas, vinculada al PSOE», del que se dice «cree que las Fuerzas Armadas van camino de convertirse pronto en un “ejército bonsái”, con un enorme arsenal de tanques, helicópteros o fragatas inútiles». El centro de la crítica son los famosos “Programas Especiales de Armamento”. Se trata de programas estrellas del Ministerio de Defensa por caros y/o avanzados cuya financiación se ha tratado de mantener contra viento y marea, junto con triquiñuelas burocráticas para esconder las partidas.

Ejército de Tierra: Carro de combate Leopard 2E, 2ª fase del Vehículo de Combate de Infantería “Pizarro”, cañón de artillería remolcado de 155mm., misil anticarro “Spike”, helicóptero de ataque “Tigre” y helicóptero de transporte NH-90.

Ejército del Aire: Cazabombardero Eurofighter, avión de transporte estratégico Airbus A-400M, helicóptero NH-90, misil aire-aire IRIS-T y misil de crucero Taurus.

Armada: 1 fragata de la clase F100, el buque de proyección estratégica “Juan Carlos I”, buque de aprovisionamiento “Patiño”, 4 Buques de Acción Marítima y 4 submarinos de la clase S-80.

Unidad Militar de Emergencias: 4 helicópteros Cougar, 2 aviones CL-415 y red de comunicaciones.

Como ven, descontando los materiales de la UME, son todos sistemas de armas convencionales que confieren las capacidades mínimas que uno espera de unas fuerzas armadas. Es cierto que una auditoría de los programas de los helicópteros Tigre y NH-90 hubieran concluido en un país normal con varios fusilamientos. Así que da bastante risa leer una cita de Bernardo Navazo «Está instalada la retórica de que en su seno [del Ministerio de Defensa] la corrupción no existe». Debe ser que con sus estudios en Columbia y su doctorado en el King’s College lleva tiempo sin pisar España ni hablar con nadie que se mueva en este mundillo. Jamás he escuchado a alguien defender tal cosa. Navazo se queda en un diplomático «Defensa es la institución más opaca del país». Pero llegamos al meollo de la cuestión. Porque nuestro experto no ahonda en el funcionamiento del Ministerio como origen del despilfarro, sino señala la naturaleza de los 19 “Programas Especiales de Armamento”.

Como prueba del despilfarro pone como ejemplo compras de armas innecesarias, “como un carro de combate de 63 toneladas que no puedes transportar en un avión porque el límite de carga es de 44 toneladas. Tenemos unas 300 unidades de ese modelo que nos sirven… ¡para defendernos de un ataque de Portugal y Francia!”, ironiza.

Suponiendo que España contara con un avión de transporte capaz de trasladar un carro de combate Leopard 2E me encantaría saber cómo se las apañaría para aterrizar en el Helipuerto de Ceuta. Para eso existen los regimientos de caballería acorazada “Montesa” y “Alcántara” en Ceuta y Melilla respectivamente. Y para las ocasiones en que la cosa se pone fea, precisamente uno de los dichosos PEA es el buque L-61 “Juan Carlos I”.

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Leopard 2A4 embarcando en una lancha de desembarco LCM-1E

Sospecho que en el fondo ha arraigado la idea de que, dado que las fuerzas armadas se dedican a mantener el orden en República Centroafricana o luchar contra la piratería en el Océano Índico, todo lo que en época de recortes no sirva para ese tipo de misiones sobra. Fragatas, fuera. Carros de combate, fuera. Cazabombarderos, fuera. Pero la realidad es que han sido tan profundos los recortes, que lo que muchos entienden por excesos y despilfarro en cualquier país se consideraría capacidades mínimas. Alguno dirá que le extraña que yo, que escribo sobre Guerras Posmodernas, defiende programas de armamento pensados para guerras convencionales. Pero es que por este camino las fuerzas armadas españolas van camino de traspasar un umbral mínimo de capacidades, quedando muy mermada su capacidad disuasiva. Y una vez instalada la percepción de debilidad, puede pasar cualquier cosa.

Repensar las Guerras Posmodernas

Hubo una época en que este blog me servía de cuaderno de apuntes para ir construyendo el modelo de las Guerras Posmodernas. En el verano de 2009 entregué mi libro y en 2010 fue publicado. Hoy ya no está disponible en librerías y he perdido la cuenta de la gente que me ha preguntado dónde conseguirlo. Durante un tiempo pensé en que debería trabajar en una segunda versión bastante corregida y bastante ampliada. Hoy las partes en la que hablo de ciberguerra y empresas militares privadas me dan bastante vergüenza, por ejemplo. Necesita más que un lavado de cara.

Por el camino se cruzaron dos proyectos. Uno fue el de guerra en red, que en un principio iba a ser mi segundo libro y que vendría a complementar al primero. Pero según me acerqué a la realidad, fui encontrando pocas redes realmente distribuidas. Por ejemplo, el discurso de Jason Burke sobre Al Qaeda resultó ser minoritario. La verdad es que la auténtica naturaleza del grupo no se sabrá a ciencia cierta hasta que los archivos relevantes incautados en Abottabad estén desclasificados. Pero todo apunto en que Al Qaeda había mucha más jerarquía y burocracia de la que creemos. El asunto de la guerra en red requirió volver a darle un par de vueltas y a eso me dediqué una temporada.

Además, en “Swarming en la selva” (8 marzo 2015) hice una reseña de un libro sobre la campaña birmana durante la Segunda Guerra Mundial. De paso habría que recordar “Swarming en el desierto” (3 enero 2011).

Sobre la guerra en red me queda escribir lo que he sacado en claro de Jean Baudrillard y Félix Guattari en Mil Mesetas por un lado y por otro lado de Antonio Negri y Michael Hardt en Multitud. Hay mucho de farfolla en la obra de los primeros, algo que ya sabíamos desde Imposturas Intelectuales. Mientras que los segundos sorprendentemente tienen unas cuantas cosas que aportar a la perspectiva de las Guerras Posmodernas. Por último tendré que hacer un comentario sobre el artículo “Los ejércitos como redes. El dilema entre jerarquía y descentralización” que un lector me ha señalado apareció en el número de mayo de 2015 de la revista Ejército. Como ven, el asunto está ahí fuera.

El segundo proyecto que me planteé fue sobre la Nueva Guerra Fría y me atasqué con el conflicto de Ucrania, que esta semana parece que eleva su temperatura. La cuestión es que hay ahora mismo está surgiendo tal avalancha de información sobre el aparato de propaganda y la implicación rusas que el esquema de trabajo pide a gritos una reorganización. Creo que ahora mismo la parte geopolítica del asunto es menos relevante que la ideológica y propagandística.

La guerra en Ucrania es una cuestión después de la cual no es posible seguir hablando de Guerras Posmodernas de la misma manera. En el libro quise insistir en la idea principal del fin del Estado como actor fundamental en los conflictos actuales aunque tuviera en cuenta la perspectiva de crecientes rivalidades en Asia Pacífico dentro de la lógica de las “guerras modernas”. Incluso me impuse la condición no mencionar ni una sola vez el 11-S para no tentar al lector de simplificar las Guerras Posmodernas y quedarse con la retórica de la Global War On Terror.

La invasión rusa de Ucrania nos lleva a plantear las formas no tradicionales en la que los Estados participan en conflictos armados. El empleo de tropas sin identificar, milicias, contratistas etc. ha puesto de moda el término Guerras Híbridas, que en la década pasada planteó Frank G. Hoffman e introdujo en España el desaparecido Jorge Aspizua. No es el único término empleado para describir las acciones encubiertas rusas. John R. Schindler propone el término “guerra especial” y sus ideas nos llevan a repasar lo planteado por Robert D. Kaplan en 1998 en “Special Intelligence”. Oportunamente el año pasado el general Valery Gerasimov puso en circulación el término “guerra no lineal”. Y el abuso hecho en Venezuela con términos y conceptos referidos a nuevas formas de conflicto no debería hacernos olvidar que sí hubo un intento serio de reconsiderar el concepto de Guerras de Cuarta Generación (4GW) para plantear dónde podría llevarnos el siguiente paso. Me refiero al libro The Handbook of Fifth-Generation Warfare (5GW) editado por Daniel H. Abbott (tdxap) y en el que entre otros participaron Mark Safranski (Zenpundit) y David Axe (War is Boring)

Es decir, tenemos debate y reflexión para rato. Porque aunque la atención se haya puesto en Rusia, tenemos que pensar que Estados Unidos lleva tiempo empleando la triada drones/ciberguerra/fuerzas especiales en guerras no declaradas contra Irán y en las zonas tribales de Pakistán. En estos caso la tentación es despreciar cualquier intento de implantar un neologismo por considerarlo una forma de esnobismo intelectual o bien caer en el adanismo de creer que cada uno de estos fenómenos por separado es absolutamente novedosos. En cualquier caso habrá que acotar términos, ver qué aportan y estudiar qué nuevas formas tienen los Estados de recurrir a la violencia o implicarse en conflictos.

Tontos útiles al servicio de dictadores

El pasado sábado 30 de mayo tuvo lugar en Madrid las jornadas “Repensar la defensa”, organizadas por Izquierda Unida y su grupo en el Parlamento Europeo. No pudo asistir pero en el vídeo promocional queda claro que el punto de partida del debate es que la defensa nacional española está sometida a los intereses de Estados Unidos y las multinacionales de la industria militar. Tesis muy parecidas a las planteadas por Juan Torres López en “¿Para qué sirve el Ejército español?” y que critiqué aquí en “El virus populista”. Fue una lástima no poder haber estado allí, porque la alternativa lógica sería plantear una neutralidad a la Suiza con una potente industria militar nacional. Quizás encuentre una reseñe o un vídeo del acto.

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Hoy me encontré con esta otra convocatoria. Era del día 29 de mayo, un día antes de las jornadas sobre la defensa nacional española. “Acto en solidaridad con el pueblo sirio y su gobierno” organizado por la Plataforma Global Contra las Guerras y en el que participaba un ex secretario General del Partido Comunista de España y una profesora de la Universidad Complutense. Véase aquí el anuncio en la página web de la agrupación madrileña del PCE.

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No creo que sorprenda a los que hayan seguido mi disección ideológica de la Nueva Guerra Fría, pero queda claro a estas alturas que las críticas con cierta retórica a Estados Unidos es una declaración de simpatía hacia dictadores de cierta calaña.

Y hay un detalle vergonzante en ese cartel. La ilustración está basada en una foto de la Primavera Árabe en Egipto. Una imagen tan icónica que la guardé en mi disco duro y la reconocí al instante. No hace falta recordar que la guerra civil siria arrancó cuando el régimen reprimió duramente a la gente que salió a la calle a manifestarse.

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Manifestación de apoyo a Bashar Al Assad y jornada de debate sobre la defensa nacional española con una perspectiva crítica de la pertenencia de España a la OTAN. Podrían parecer dos actos separados de temáticas diferentes. Pero en tiempos de la Nueva Guerra Fría forman parte de la misma agenda.

 

¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?

Jack Murphy es un veterano de guerra que sirvió en los Rangers y las fuezas especiales de Estados Unidos. Tras su servicio se diplomó en Ciencia Política en Columbia, ha escrito varias novelas y actualmente es editor jefe de SOFREP.com. Después de que saltara la noticia de que había contratistas sudafricanos en Nigeria, Jack logró una exclusiva mundial entrevistando para SOFREP.com. al director de la empresa, el mismísmo Eeben Barlow.

Conservo en mi biblioteca el número 10 de la revista Soldiers, publicado en de julio de 1996, donde apareció un artículo de Jim Hooper sobre la presencia en Sierra Leona de la primera empresa que fundó Eeben Barlow, Executive Outcomes. En enero de 1999 me volvería a encontrar con un artículo de la revista Soldier of Fortune con las actividades de esa empresa pero esta vez en Angola.

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Miembros de Executive Outcomes

El asunto me impactó tanto que, diez años después de haber conocido el tema por primera vez, cuando presenté mi primera comunicación en un congreso académico lo hice sobre el papel de Executive Outcomes en la guerra civil de Sierra Leona. El texto, por cierto, terminó apareciendo como capítulo en el libro Los desafíos de las Fuerzas Armadas en el Siglo XXI coordinador por Carlos de Cueto.

Más tarde encontré el libro War Dog. Fighting Other People’s War. The Modern Mercenary in Combat de A. J. Venter, el autor del artículo que descubrí en Soldier of Fortune. Resultó que es una referencia mundial en torno a las guerras del África Meridional del último medio siglo. Aquel artículo abrió una pequeña ventana a un mundo que había dejado de ser secreto. Leí por último las memorias escritas por Eeben Barlow, Against all Odds, donde aportaba su punto de vista sobre el origen y trayectoria de la empresa. Pronto la colección Africa@War sacará un monográfico sobre Executive Outcomes. El tema ya forma parte de los libros de historia.

Columna de vehículos REVA de la 72 Mobile Strike Force nigeriana en operaciones contra Boko Haram
Columna de vehículos REVA de la 72 Mobile Strike Force nigeriana en operaciones contra Boko Haram

Barlow tiene un blog donde cuenta su visión de la conducción de la guerra y en un meses saldrá su libro Composite Warfare: The Conduct of Successful Ground Forces Operations in Africa. La entrevista que le hizo Jack Murphy apareció en varias partes. Barlow contó que trabajaba ahora para STTEP International y que había sido contratado para organizar una unidad con la intención específica de combatir a Boko Haram. Barlow no la nombra pero se supone que es la 72 Mobile Strike Force.

En la tercera parte de la entrevista se aborda las tácticas empleadas contra Boko Haram. Barlow habla de “persecución incansable”.  Ahí se me encendió la bombilla. ¿Persecución de los insurgentes en vehículos a pruebas de mina, combinadas con operaciones helitransportadas y empleando rastreadores? Estábamos sin duda ante la enésima evolución de las tácticas contra insurgencia aplicadas por Sudáfrica en la antigua África del Sudoeste (la actual Namibia).

Fui a la estantería y rescaté el primer tomo de la enciclopedia Comando y el fascículo nº47 “Guerra en el chaparral” de la enciclopedia Armas de Guerra, obras editoriales de finales de los ochenta y principios de los noventa. Y ahí leí de nuevo sobre las operaciones aerotransportadas “Fire Force” antes de saltar a Internet para buscar sobre la Rhodesian Light Infantry, los Selous Scouts, las pseudo operaciones, etc.

Soldados rodesianos antes de embarcar en un Dakota
Soldados rodesianos antes de embarcar en un Dakota

Así quedaba enlazada la cadena histórica. Rodesia fue el crisol donde se aplicaron las experiencias de Malasia, Kenia y Angola para crear algo nuevo. Ese conocimiento pasó a Sudáfrica y fue aplicada entonces en la actual Namibia. Tras el fin de la Guerra Fría, el personal sudafricano terminó en guerras como la de Sierra Leona y ahora en Nigeria.

Tras un tiempo de lecturas, de pronto, la semana pasada me entró el furor de escribí y en tres noches elaboré un artículo: “El legado africano de la contra insurgencia rodesiana”. Lo mandé esta madrugada a la revista Ejército, que este mes sacará (si no pasa nada) un artículo mío sobre la Operación Serval.

El asunto podía haber quedado aquí cuando José Alcántara me preguntó si se trataba del  primer capítulo de un libro. Bastantes proyectos de libro tengo aparcados a la espera de ser reorganizados como para complicarme más la vida. Pero una serie de artículos, ¿por qué no? Tras comentarme un colega en privado que las “columnas volantes” sudafricanas en Namibia habían sido estudiadas en un trabajo de investigación de los marines indagué un poco y empecé a buscar referencias. Al fin y al cabo hablar de los raids de las columnas de vehículos Ratel, Buffel, Casspir y Wolf Turbo tiene sentido considerando el viejo debate de las brigadas medias.

Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás
Ratel 90 en primer plano y Ratel 20 a la derecha

Así que tras escribir sobre la Operación Serval y la contra insurgencia en Rodesia, creo que merecería la pena escribir sobre la contrainsurgencia sudafricana en la actual Namibia durante los años 70 y 80. Mientras en inglés hay montañas de libros y decenas de páginas webs de asociaciones de veteranos, en español apenas se ha escrito sobre las guerras del África meridional. A excepción, claro del punto de vista cubano de la guerra de Angola. Pero allí hubo batallas bastante convencionales y quedan fuera de mi perspectiva.

¿Y que decir de otras guerras típicamente africanas, las “Toyota Wars” en Chad y Sudán? Abordé el asunto en “Swarming en el desierto”. Con el Sahel de moda, creo que el asunto también merecería un artículo. Así que tenemos dos casos de contra insurgencia en las sabanas del África meridional (en las actuales Zimbabue y Namibia) y dos modelos de operaciones móviles en el desierto (las “Toyota Wars” y la Operación Serval). No sé si encontraré tiempo y bibliografía suficiente para abordar los dos artículos que faltan. Ni siquiera sé si a la revista Ejército le interesará mi artículo hablando de la contra insurgencia rodesiana. Pero ha sido divertido tirar del hilo a partir de una entrevista hasta escribir un artículo. Y quien sabe. A lo mejor algún día encuentro a alguien interesado en publicar un libro sobre las guerras africanas.