El papel del régimen sirio en el auge del Estado Islámico

Foto: AFP / Joseph Eid
Foto: AFP / Joseph Eid

Resulta curioso leer a los fans de al-Assad en España defender su como baluarte ante el horror del Estado Islámico, cuando la actuación del régimen sirio ha sido muy ambigua. De hecho, hizo la vista gorda cuando el país se convirtió en la ruta fundamental de paso de todos los chiflados que querían luchar en la yihad contra la ocupación de Estados Unidos en Iraq (2003-2011). Luego, ante el estallido de las protestas en el país decretó una amnistía general que benefició exclusivamente a los islamistas radicales, que nutrieron las filas de los rebeldes. Así trató de presentar la represión como una lucha contra el yihadismo. Por último, el Estado Islámico y el régimen sirio no mantuvieron excesivas hostilidades mientras el primero dirigía su esfuerzo a arrebatarle territorios a los grupos que luchaban contra el régimen. Al-Assad ha jugado en su país al papel de bombero pirómano. Lo cuento en la revista El Medio en “Del Irak de Sadam y la Siria de Asad al Estado Islámico (y 2).

La nueva era de los cohetes reutilizables

ORBCOMM 2El pasado lunes 21 de diciembre la empresa privada SpaceX lanzó la misión espacial ORBCOMM-2 desde Cabo Cañaveral. Un cohete Falcon 9 colocó en una órbita baja terrestre 11 satélites de comunicación OG2. Space X es una empresa propiedad de Elon Musk, el fundador de Paypal y el fabricante de coches eléctricos Tesla Motors. La particularidad de esta misión es que la segunda etapa realizó varias pruebas de reencendido de los motores mientras la primera etapa regresó a la superficie de la Tierra y aterrizó verticalmente. Es la tercera vez que un cohete Falcon 9 lo intentaba. Queda por saber el estado real en el que queda el cohete para ver en qué grado es reutilizable, lo que dictaminará el ahorro. Ahora mismo un lanzamiento de cohete Falcon 9 oscila, en su modalidad más barata, entre los 60 y 70 millones de dólares, mientras que las modalidades más potentes y complejas colocan el precio de un lanzamiento mucho más allá de los 100 millones de dólares. El empleo de cohetes reutilizables podría poner el precio entre los 6 y 8 millones de dólares. Elon Musk ha ido más allá, diciendo que el coste podría llegar a ser 100 veces menos si consideramos que el oxígeno y el combustible cuestan 200.000 dólares. Pero en tal caso el cohete debería ser reutilizable al 100%. En cualquier caso, es sin duda un paso hacia el abaratamiento de las misiones espaciales en un futuro. Elon Musk dijo en una rueda de prensa posterior que todavía estamos a varios años del empleo de cohetes totalmente reutilizables.

El hito de Space X vino con cierta polémica. El pasado 23 de noviembre, Blue Origin, la empresa espacial de Jeff Bezos, fundador de Amazon, había lanzado un cohete monoetapa Shepard a poco más de 100km, el límite donde comienza el espacio. Una cápsula se separó y aterrizó mediante paracaídas, mientras el cohete regresaba a la tierra y aterrizaba verticalmente. Bezos trató de quitarle mérito al hito de SpaceX. En realidad la altura alcanzada por ambos cohetes son totalmente diferentes. El Falcon 9 se puede considerar un verdadero cohete espacial. De hecho, el Shepard de Blue Origin no es el primer artefacto humano en alcanzar los 100km. de altura  y regresar a la tierra. Antes lo hicieron el X-15 en 1963 y el SpaceShipOne en 2004. Mientras que el propósito de SpaceX es colocar satélites en órbita, el propósito de Blue Origin es comercializar vuelos suborbitales en lo que los pasajeros disfruten cuatro minutos de viaje por los límites del espacio.

Los distintos hitos de las empresas estadounidenses marcan una nueva carrera espacial privada que colocan a ese país en la vanguardia de la industria aeroespacial. Si se confirma el abaratamiento del coste de lanzamiento, SpaceX podría romper un mercado en el que ya ha obtenido clientes como la agencia aeroespacial de Turkmenistán o las fuerzas armadas de Alemania. Las implicaciones para el sector de las telecomunicaciones son tremendas. Habrá que estar atentos a este y otros sectores como el de las energías renovables para comprobar lo prematuro de las noticias sobre la decadencia estadounidense.

 

 

 

Occidente y el imperialismo del que puede

El asunto resurgió otro año más con la celebración del 12 de octubre. Y me lo volví a encontrar en un tuit en español, que ahora no localizo, de alguien que afirmaba ser armenio. Decía que no había civilización más genocida que Occidente. Me llamó la atención esa persona porque en otro momento defendía que el cristianismo ortodoxo y el socialismo debían ser aliados. Se trata, por tanto, de alguien que percibe el mundo en términos en la Nueva Guerra Fría. Pero a eso volveremos luego.

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Alexander Zaldostanov (alias “El Cirujano”) líder de los “Lobos de la Noche”, una banda de moteros pro Putin. Vía Principia Marsupia.

Decía Samuel P. Hungtinton en El Choque de Civilizaciones que Occidente había llegado a dominar el mundo mediante el uso implacable de la violencia y que eso era un detalle que mientras en Occidente se pasaba por alto en el resto del mundo no. Inmediatamente a la mente vienen esos exploradores que desembarcaron en América, África, Asia y Oceanía, para someter violentamente a las poblaciones locales. La lista de imperios, reinos, civilizaciones y culturas que fueron cayendo y desapareciendo ante el avance por varios continentes de las avanzadillas de los imperios europeos debe ser bastante larga. Pero puestos a buscar la singularidad de Occidente, un debate viejo, dudo que esté en una maldad intrínseca. Por qué Occidente se impuso al resto de civilizaciones es una pregunta que Jared Diamond trató de responder en su libro Armas, gérmenes y acero. Diamond es un determinista geográfico que pone énfasis en la orografía y el clima. Según él, en Europa se produce la confluencia de un clima que permite el cultivo de cereales y la cría de ciertos animales (el caballo, la vaca, el cerdo, la cabra y la oveja). Esto permitió el desarrollo de la agricultura y la ganadería, así como la acumulación de excedentes que derivan en la especialización del trabajo y en una mayor complejidad política. A partir de ahí, Diamond añade que la geografía de Europa permitió la aparición de numerosos reinos independientes cuya competencia generó el incentivo para una carrera tecnológica y militar. Sería interesante debatir por qué en Europa se produjo la revolución científica de la Modernidad (de la publicación de la teoría heliocéntrica de Copérnico en 1543 a la publicación de los Principia de Newtown en 1687).

Carga del 21º de Lanceros en Ombdurmán. Entre ellos el teniente Winston Churchill.
Carga del 21º de Lanceros en Ombdurmán, del que formaba parte el teniente Winston Churchill. Cuadro de Edward Matthew Hale.

El desarrollo científico-tecnológico colocó a Europa por delante del resto del mundo hasta alcanzar la disparidad vista en momentos como la Batalla de Omdurmán (1898), donde el ejército anglo-egipcio sufrió menos de cien baja mortales frente a la cerca de decena de miles de muertos entre las filas mahdistas. El impulso de expandir sus dominios estuvo presente en innumerables imperios de los cuatro continentes. Del imperio asirio al mexica, pasando por los mongoles. Y no se puede decir que fuera de Occidente las expansiones territoriales estuvieran exentas de masacres, genocidios y destrucción de culturas, por no hablar del trato a los prisioneros de guerra. Uno de los episodios traumáticos de la historia árabe es la caída de Bagdad a manos de los mongoles en 1258. La pérdida de vidas humanas fue tan colosal como la destrucción de bibliotecas. Bagdad jamás volvió a ser un centro político relevante en el mundo árabe-musulmán. La expansión rusa hacia Sibiera incluye episodios clasificables como genocidio. Y décadas antes de ser sometido por el imperio británico, el reino zulú de Shaka en el África meridional se expandió a mediados del siglo XIX violentamente, devastando otros pueblos. El gobierno brutal y despótico del militarista Shaka llevó al magnicidio por parte de miembros de su propia familia.

20 años sin la Unión Soviética borraron de la imaginación colectiva la idea de una súper potencia que no fuera Estados Unidos, convertida en “hiperpotencia” al vivir desde la desaparición de un par competidor su “momento unipolar”. Estados Unidos encarnó el mal absoluto para varias generaciones de adolescentes que llegaron a la política en el mundo posterior a la Guerra Fría. Ni siquiera el 11-S motivó algo de simpatía en ciertos sectores de la población occidental. Así, tras el 11-S, Jean-François Revel escribiera L’obsession anti-américaine (2002) y Fernando Iglesias le dedicara al tema un capítulo titulado “El antiamericanismo, etapa superior del antimodernismo” en Twin Towers: El colapso de los estados nacionalesDe ahí que llegáramos a las teorías conspiranoicas del “trabajo interno” para seguir odiando a EE.UU. La ironía es que uno de las tesis de los argumentos conspiranoicos es que el gobierno Bush organizó el 11-S para tener una excusa con la que intervenir en Asia Central y Oriente Medio, cuando precisamente Bush había llegado al poder con una agenda más aislacionista que pretendía ser un golpe de péndulo al “intervencionismo humanitario” de Clinton. Luego, llegó Obama y su simple declaración de intenciones de dejar atrás la doctrina Bush le valió el más ridículo de los Premios Nobel de la Paz jamás concedido. La intervención en Libia en 2011 a regañadientes, arrastrado por Reino Unido y Francia, junto con las dudas en 2013 sobre intervenir o no en Siria, marcan los vientos de cambio en Washington. Los problemas del Gran Oriente Medio ya no podían resolverse de forma unilateral y por la fuerza. Por eso coincido con Juan Cole en fechar el cénit del imperio estadounidense en 2011.

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Paracaidista de la 173ª Brigada Aerotransportada en el norte de Iraq durante la invasión del país (2003).

La reciente reaparición en la arena global de países como Rusia y China nos permite ya vislumbrar cómo será un mundo “post uni-polar”. Más potencias en la arena no llevará necesariamente a un mundo más en paz gracias a los equilibrios y contrapesos. Cada cual usará la fuerza según sus capacidades y la impunidad que disfrute. El compartimento de China en Tíbet o de Rusia en Chechenia nos dan una pista de cómo se comportan los gobiernos de otras culturas. No esperen un comportamiento benévolo de unas potencias, que vuelven a asumir una naturaleza imperial, simplemente porque se trata de países ajenos a la “malvada” cultura occidental. Y los movimientos de Putin en Europa y Oriente Medio no son el resultado de una ruptura en la política exterior rusa o un enloquecimiento súbito del líder ruso. Rusia actúa porque por fin puede.

The Force Awakens

El domingo por la noche desaparecí para ir al cine solo a ver en versión original The Force Awakens. No lo hice a propósito para huir de la “fiesta de la democracia” y el baile de escaños en el que todos dicen que ganan. Lo hice para evitar que algún hijo de puta me reventara la película. Soy fan desde siempre pero la verdad es que estaba harto del machaque promocional, tan habitual en el imperio Disney. (¿¡Naranjas, manzanas y uvas promocionando la película!?). Me llamó la atención que la película fuera el acontecimiento mediático del momento y pareciera que todo el mundo esperaba la película, cuando allá por los 80 y 90 los fans de La Guerras de las Galaxias éramos cuatro gatos. Soy de los que jugué al juego de rol de West End Games y en mi 286 incluso llegué a jugar a una adaptación del juego de recreativa original de 1983. Y no lo digo con el esnobismo de los que se dedican a repartir carnets de “verdadero fan”, sino recordando que en mi clase de 8º E.G.B. habíamos sólo tres frikis de treinta y tantos estudiantes. En aquel entonces, ser aficionado a los cómics te convertía en objeto de las burlas. Viví incluso alguna experiencia desagradable de acoso escolar. Hoy, sin embargo, el estreno de las películas de súper héores de Marvel y D.C. son el gran acontecimiento, con estrenos programados hasta 2020.

La película. Según han ido pasando los días se ha ido asentando las ideas en mi cabeza. Y la sensación que tengo es que J. J. Abrams et. al. decidieron ir a por lo seguro, limitándose a tomar los momentos climáticos de la versión original para componer una versión actualizada, con efectos especiales avanzados y un elenco políticamente correcto. Esta vez, tenemos a una chica, a un negro estadounidense y un hispano entre los actores protagonistas. La película se me hizo larga (dos horas y cuarto, dura) y hubo momentos en el primer tercio en los que sentí estar ante una película de aventuras/acción convencional con los protagonistas corre que te corre perseguidos por los malos entre explosiones. La cuestión es que me divertí. Tiene sus momentos de humor y está lleno de guiños a la masa de fans. Cuando salí del cine incluso consideré que volvería a verla. Pero como dije, fueron pasando los días y seguí dándole vueltas a la cabeza.

Recuerdo, ya antes de terminar el colegio, discutir sobre los rumores en torno a una nueva trilogía. Pasados los años, el asunto se tomó mítico. Y ahora, tras ver la nueva película me quedé pensando que es una película deseada pero ¿necesaria? Se trata de revisitar el espacio de la fantasía e ilusión que vivimos de niños. Y evidentemente los medios técnicos permiten ahora cosas que ni George Lucas pudo soñar entonces. Pero tengo la sensación que se perdieron cosas por el camino.  Las limitaciones técnicas de aquel entonces le dieron una estética particular a la serie que Abrams trata de mantener pero que se pierde cuando se abusa de los efectos visuales hechos por ordenador. Por hacer un paralelismo, es como si alguien quisiera hacer la continuación de un spaghetti western de finales de los 70 en pleno 2015. El resultado sería una cosa muy diferente. Y hay algo que recordar. La película original de 1977 bebe estéticamente del western, de las películas británicas sobre la Segunda Guerra Mundial, del cine japonés de samurais, etc. Mientras que su argumento, lo hace de los mitos universales. Echo en falta esa épica, sustituida por la maquinaria de Hollywood de fabricar blockbusters.

Entrevista en Mírame TV

Recientemente David Cuesta me entrevistó en en canal regional canario Mírame TV para hablar de Siria y el Estado Islámico. Tenía su gracia que tras los atentados del viernes 13 en París había sido entrevistado por radios y televisiones de EE.UU., Francia, Colombia y Ecuador pero no por una cadena española. Al final, he sido profeta en mi tierra: Tenerife.

Jesús M. Pérez CAD 03.12.15 from Mírame TV on Vimeo.

“El nuevo Leviatán: Una historia política de la red” de Enrique Alonso

Kr01 Internet se ha convertido en un servicio etéreo y ubicuo que damos por supuesto. Pero creo que pocos conocen lo que hay en sus entrañas. Enrique Alonso, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, nos cuenta cómo se organiza y quién manda en Internet. No son cuestiones triviales y sin embargo resulta un asunto completamente oscuro para la mayoría. El libro hace un recorrido histórico desde los inicios del proyecto ARPANET. Enrique Alonso destaca cómo en el principio un grupo reducido tuvo libertad de actuación y se impuso su visión. Uno de los asuntos que me llevó a comprar el libro fue a conocer más sobre el famoso mito, que yo mismo he repetido, de que la organización distribuida de la red responde al objetivo de ser capaz de sobrevivir a un ataque nuclear. Pero Enrique Alonso da una versión alternativa. Según él, de ser verdaderamente un proyecto militar, ARPANET hubiera tenido capas y capas de seguridad. Según cuenta, simplemente se diseñó tan abierto y modular para ser capaz de conectar ordenadores muy diferentes en un proyecto que tuvo una enorme rotación de desarrolladores. Ya desde el comienzo tuvo un peso enorme las decisiones y acciones de un número limitado de personajes (Vint CerfRobert KahnJon Postel, etc.), a los que Enrique Alonso llama “gurús en la sociedad de la información” y que ejercieron una especie de liderazgo carismático.

La cuestión crucial es el crecimiento exponencial de Internet en los años 90 y cómo las instituciones que controlaban Internet crecieron a la par. Hoy la infraestructura física que constituye Internet la componen un puñado de empresas, las operadoras de nivel Tier 1 (AT&T, Sprint, Verizon, Deutsche Telekom…) y en las organizaciones que controlan Internet tienen un importante peso instituciones y empresas estadounidenses. Por no hablar, de lo que Enrique Alonso llama “agentes sistémicos”, esos proveedores de servicios en Internet como Google y Facebook, que acaparan una gran porcentaje del tráfico. Todo esto constituye una asimetría de poder en un espacio que resulta tan básico como Internet. El final del libro queda abierto, por supuesto. Lo interesante es que cualquier debate sobre el futuro de Internet pasa por conocer cómo funciona y qué implicaciones tienen los cambios, pero no parece que el funcionamiento de Internet sea un tema muy conocido. El libro es desde luego, un punto de partida. Yo por mi parte, seguiré leyendo e indagando en los orígenes de Internet y la sociedad red.

Tiempo de cambio de alineación en Sudamérica

Dos elecciones en Sudamérica podrían cambiar el terreno geopolítico allí. Primero, las elecciones presidenciales en Argentina. Luego, las parlamentarias en Venezuela. La lectura desde España es que regresa la pérfida derecha neoliberal. Pero lo que tenemos es que han ganado coaliciones transversales que aglutinan a buena parte de la oposición en los dos países con la peor situación macroeconómica del subcontinente. La gente ha votado en contra del partido gobernante por descontento, no por un nuevo alineamiento ideológico. Advierte Jorge Galindo en Politikon, que el voto en Venezuela no es una enmienda a la Revolución Bolivariana. Tanto en Argentina como en Venezuela se escuchaba eso de “el bueno era Chávez/Néstor, pero luego llego Maduro/Cristina…”.

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Es pronto para saber el alcance del cambio político. En Argentina, el nuevo presidente se encontrará un poder legislativo hostil y en Venezuela los nuevos parlamentarios se encontrarán un poder ejecutivo hostil. Sabemos que el nuevo presidente argentino pidió derogar el memorando de entendimiento con Irán y pidió sanciones para Venezuela. Habrá que estar atento al cambio de alineación de Argentina y la evolución de Venezuela.

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