Presidente Trump

De un tiempo a esta parte mantengo una rutina con una amiga que vive en Estados Unidos. Ella me pregunta mi opinión sobre cierto artículo de análisis internacional de algún autor español publicado en El País y yo le contesto por enésima vez que no leo los artículos de opinión de la prensa española. Entonces busco el artículo al que ella se refiere y pasamos a destriparlo. La situación habitual es que al autor de turno se le escapa las claves del asunto que toda la prensa en Estados Unidos maneja. A estas alturas no sé si es un síntoma de la decadencia periodística de El País o un síntoma de que en el siglo XXI  para un ciudadano español con Internet la prensa nacional resulta superflua para seguir la actualidad del mundo.

El último artículo al que mi amiga hizo referencias se refería al éxito de Donald Trump en las primarias republicanas. Salió justo en un momento en que los medios estadounidenses están volcados en analizar la campaña de Trump, burlarse de Trump o advertir del peligro que supone Trump. Y me parece insuficiente y torpe quedarse en el análisis de que Trump triunfa porque apela a los más bajos instintos del electorado con un discurso xenófobo. Sería igual de irrelevante que un análisis de un periodista extranjero que contara en su medio que un sector del electorado español se ha vuelto loco votando a un partido liderado por un comunista a sueldo de Caracas y Teherán que ha defendido, entre otras muchas cosas, acabar con la división de poderes, prohibir los medios de comunicación privados y salirse del euro para imprimir dinero a lo loco e imponer controles cambiarios.

Trump es un fenómeno singular porque ha subido en las encuestras diciendo cosas que hubieran hundido la carrera de otros candidatos en otros ciclos electorales, como decir que John McCain no es un verdadero héroe de guerra porque fue derribado sobre Vietnam o que la actitud de Megan Kelly hacia él durante el debate en FOX News se debió a que la periodista estaba con la regla. Las encuestas y estudios reflejan que el público valora que Trump “habla claro” y “dice lo que piensa”, aunque sea tan difícil su posición en torno a tantos temas en los que se ha contradecido. Bill Maher señaló que una característica importante de Trump es que no pide perdón. Y en un país con el discurso público atenazado por lo políticamente correcto (que a pesar de la degeneración del término en España, es un concepto de la izquierdas posmoderna) el discurso de Trump genera apoyo en la masa que no se siente identificada con las élites educadas y sofisticadas de ambas costas que copan Hollywood y los medios (veáse lo que escribí en “Los muchos Estados Unidos”). Por contrastar, es interesante ver cómo Dana Carvey imitó a Barack Obama y comparó su manera elaborada y algo pomposa de hablar con las de Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush. El resultado es que paradójicamente Trump ha encontrado el apoyo electoral en la clase obrera estadounidense.

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La clave que he echado en falta en los análisis españoles y que se ha convertido en la palabra fetiche en Estados Unidos es que Donald Trump es percibido como un candidato anti-establishment, exactamente como Bernie Sanders. William S. Lind, autor del concepto de “Guerras de Cuarta Generación”, escribía hace poco que “la línea de fractura en la política estadounidense no es republicano vs. demócrata sino establishment vs. antiestablishment”. Trump no es un “político profesional” y con su fortuna personal no necesita para su campaña el apoyo económico de grupos de interés y lobbies. Así, Bill O’Reilly decía que Trump y Sanders son lo mismo. Trump entró en las primarias como una figura rompedora que logró que su figura y su discurso se convirtiera en el centro del debate. Scott Adams, autor de las tiras de Dilbert, ha escrito una larga lista de artículos analizando la estrategia de comunicación exitosa detrás del personaje delirante y bufonesco que es Trump.

La avalancha de análisis de estas últimas semanas son resultado del Partido Republicano entrando en pánico y la desesperada necesidad de comprender la fórmula del éxito de Trump. La lista de candidatos republicanos se ha reducido pero quedan en liza dos candidatos con entidad como Ted Cruz y Marco Rubio que están logrando que el voto del elector republicano “tradicional” se divida, facilitando las victorias de Trump. Una posible victoria de Donald Trump y Hillary Clinton en las primarias obligaría a muchos republicanos a aceptar a la segunda como el mal menor, tal como ya ha asumido Max Boot. Es difícil imaginar que gane las elecciones presidenciales frente a Hillary Clinton, pero sería entre divertido y terrorífico imaginar el mundo con el presidente Trump.

“The Attacks of 26/11”

TheAttacksof_2611El 26 de noviembre de 2008 un comando terrorista perteneciente al grupo yihadista Lashkar-e-Taiba (con conexiones en España)y procedente de Pakistán desembarcó en la bahía de Mumbai. Sus miembros se repartieron en parejas por la ciudad. Algunos dejaron artefactos explosivos con temporizador en al menos dos taxis para que explotaran mientras lanzaban sus ataques y así aumentar la confusión. Los terroristas abrieron fuego en un bar, una estación  de tren, un hospital, dos hoteles y la sede local de la organización judía hasídica Chabad Lubavitch. 166 personas murieron y cientos resultaron heridas. Aquellos acontecimientos los vivieron varios políticos españoles, entre ellos Esperanza Aguirre. También estuvo allí Gonzalo Martín, que ha sido firma invitada en  este blog y que contó la experiencia en gonzalomartin.tv.

Los ataques de Mumbai causaron un impacto tremendo en la India por prolongarse durante horas, con la policía superada por ataques simultáneos en varios puntos de la ciudad mientras los medios y las redes sociales daban una cobertura masiva. Los policías, con viejos fusiles de cerrojo Lee-Enfield, se vieron totalmente superados por la potencia de fuego de los terroristas, que mantuvieron contacto con alguien en Pakistán que les iba proporcionando información que recogía en los medios e Internet. Aquel ataque sirvió a John Sullivan y Adam Elkus para teorizar sobre un nuevo tipo de ataque terrorista que bautizaron “urban siege” (asedio urbano) y que me parece personalmente el marco más interesante para interpretar la última ola de ataques terroristas, desde el centro comercial Westgate de  Nairobi en 2013 a los ataques de París el 13 de noviembre de 2015. Será un tema al que volveré.

En mis lecturas sobre aquellos ataques llegué a la película india “The Attacks of 26/11” de 2013. La película trata de mostrar los hechos reales y usa como hilo conductor la comparecencia ante una comisión no identificada de Rakesh Maria, el comisario de policía al mando de la sala de control durante los ataques. Sin embargo, la película no cuenta cada uno de los ataques, sino que se centra principalmente en aquellos en los que participó Ajmal Kasab, el único terrorista que fue capturado con vida y cuya imagen se convirtió en una de las más asociadas a los ataques, al difundirse un fotograma de unas grabaciones de una cámara de seguridad de la histórica estación de tren Chhatrapati Shivaji Terminus. Los dos personajes terminarán por cruzarse. El clímax final de la película se produce cuando durante los interrogatorios a Ajmal Kasab, Rakesh Maria tiene la idea de llevarlo a la morgue para que vea los cadáveres de sus compañeros de comando terrorista. Esa escena final está basada en un hecho real. Ajmal Kasab se derrumbó después de ver las caras desfiguradas de los muertos, cuando él creía que los encontraría con una mueca congelada de felicidad al vislumbrar el paraíso antes de morir.

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Al contrario de lo que uno pueda esperar del cine indio, se trata de una película que intenta mantenerse en el género del docudrama. Aunque los intentos de realismo se convierten en un lastre en las escenas rodadas con steadicam en el barco pesquero que lleva a los terroristas a Mumbai. Entre los vaivenes del barco y un uso poco depurado de la técnica, nos encontramos un resultado algo chapucero. Por su parte, las escenas de los ametrallamientos a sangre fría de las víctimas están cargadas de un dramatismo subido de tono, pero dada la carga emocional de los acontecimientos es comprensible. Para el que quiera conocer aquellos ataques recomiendo encarecidamente el visionado del documental “Terror in Mumbai”, producido por la cadena estadounidense HBO y narrado por Fareed Zakaria. Descubrirán que la realidad bien contada supera cualquier ficción.

De la película merece la pena rescatar un fragmento que he subido a Youtube tras ponerle subtítulos en español. Muestra el caos y confusión en la sala de control de la policía de Mumbai mientras se suceden ataques en varios puntos de la ciudad. La saturación no la producen solo la avalancha de informaciones sobre los ataques, sino los rumores. informaciones contradictorias y múltiples versiones sobre cada uno de ellos. Contiene una de las escenas más visualmente logradas de la película, con Rakesh Maria aturdido por la infoxicación en medio del caos e incapaz de responder a los requerimientos de sus subordinados. A continuación, el personaje de Rakesh Maria reflexiona lo que supone para la policía enfrentarse a un comando terrorista dispuesto a morir en una situación totalmente novedosa. Unas reflexiones que resultarán familiares a los policías francesas que intervinieron el 13 de noviembre de 2015 en París.

La Nueva Geopolítica del Mediterráneo Oriental

2016_01El número de enero/febrero de 2016 de la Revista General de Marina, que publica la Armada Española, incluye mi artículo “La Nueva Geopolítica del Mediterráneo Oriental” (PDF) en el que explico la reaparición de Rusia como actor relevante en esa región. Repaso las relaciones de Rusia con Grecia, la república greco-chipriota y Siria. Lo escribí en el verano de 2015, antes de la intervención militar rusa en Siria. Así que no refleja las últimas novedades, pero por otro lado aporta un contexto que sigue siendo relevante y tiene el mérito de haber señalado en la dirección correcta antes del desarrollo de los acontecimientos. El asunto de fondo, para mí, es la Nueva Guerra Fría, pero no encontrarán una sola referencia al término en el artículo. He optado por trabajar en darle sustancia a mis argumentos y dejar la batalla semántica para más adelante.

“The Russian Civil War 1918-1922” de David Bullock

The Russian Civil War 1918-1922The Russian Civil War 1918-1922 de David Bullock es un libro de la colección Essential Histories de Osprey Publishing, editorial de sobra conocida por los aficionados a la historia militar. Con sus 134 páginas de texto y numerosas ilustraciones es una obra introductoria. Llegué a este libro por mi interés en remontarme a los orígenes de la doctrina militar soviética. Pero me he encontrado que es un libro que cuenta principalmente la perspectiva de los rusos blancos. El autor no esconde, en mi opinión, sus simpatías por ellos y se detiene a contar anécdotas espeluznantes del Terror Rojo que no sé si forman parte del folklore soviético o resulta que la realidad supera cualquier ficción. Además, en un par de ocasiones se refiere a hechos de armas protagonizadas por los rusos blancos como “una de las mayores hazañas militares de todos los tiempos”.  Considerando la disparidad de las fuerzas enfrentadas y el tamaño de los escenarios de la guerra, posiblemente no sea una hipérbole del autor. Al fin y al cabo, hablamos de una guerra poco conocida.

Leyendo el libro uno no puede dejar de pensar en los “¿y si…?”. Al hurtar al lector hasta el capítulo final ciertas claves de la guerra desde la perspectiva del bando rojo uno llega a vislumbrar varias veces una victoria de los blancos, a pesar de saber el resultado histórico de la guerra. La cuestión es que los rusos blancos operaron en frentes alejados los unos de los otros sin poder enviarse suministros o refuerzos a conveniencia. Nunca tuvieron una cadena de mando única e incuestionado. Defendían además diferentes modelos para el futuro de Rusia sin sentir simpatía por los movimientos independentistas de Finlandia y las Repúblicas Bálticas, que podrían haber sido aliados. Por último, recibieron apoyo de EE.UU., Reino Francia, Japón, etc. Pero tras la Primera Guerra Mundial ninguno de aquellos países estaba dispuesto a mantener por más tiempo un esfuerzo de guerra y sostener fuerzas movilizadas. En el bando opuesto, encontramos una cadena de mando única, clara y brutal, con la retaguardia asegurada por la Cheka. El territorio controlado por el bando rojo era continuo, con lo que pudieron desplazar dentro de él tropas y suministros a conveniencia. Además formaba el núcleo industrial y habitado del país. De tal forma, contaron con una base demográfica importante en la que reclutar tropa y peones para obras, junto con la capacidad de dotar a esas mesas con armas y suministros. Por último, no hay que olvidar el componente ideológico de entusiasmo revolucionario entre trabajadores y campesinos. Luego vendrían las hambrunas y las purgas. Pero eso es otra historia.

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Estatua en Kajovka (Ucrania) representando una “tachanka“, carro de caballos con ametralladora Maxim, de la Guerra Civil Rusa.

La guerra civil rusa fue una guerra de transición histórica. En ella encontramos uniformes decimonónicos, cargas de caballería, trenes blindados, carros de combate de primera generación, aviación etc. Uno de los elementos fundamentales fue las largas distancias recorridas en las campañas y el uso preferente dado a la caballería. El autor no lo menciona, pero de esas experiencias personales personajes como Mijaíl Tujachevski desarrollarían la teoría de las operaciones en profundidad. Otro elemento que me parece importante, que el autor destaca, es la existencia del “bando verde”, bandoleros armados que actuaron de forma oportunista en la retaguardia de los rusos blancos junto a partisanos rojos. Encontramos aquí otro antecedente ruso, junto al de los partisanos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, de la tan de moda “guerra híbrida”. Así que seguiré indagando. Mi próximo lectura al respecto será sobre los enfrentamientos soviético-japoneses.

La Nueva Guerra Fría ha venido y nadie sabe cómo ha sido

Entre los pasados dínc7EkAeS6AvbTGP2LeKA6gaTTpMqWnc9as 12 y 14 de febrero tuvo lugar la edición de este año de la Munich Security Conference. Se trata de un evento anual que, en distintos formatos, ha venido celebrándose desde hace casi ya 50 años. En los últimos tiempos se ha convertido en un gran evento que reúne a jefes de estado y altas personalidades. Este año estuvieron allí, entre otros, John Kerry, el rey Abdulá II y Dmitri Medvédev. Este último dio una conferencia el día 13 de febrero en su primera aparición en una edición de las conferencias. Anteriormente, Vladimir Putin había participado en 2007. En aquella ocasión, Putin denunció el proyecto de sistema de defensa antimisiles que EE.UU. estaba negociando instalar en la República Checa y Polonia para contrarrestar los misiles balísticos iraníes como una amenaza a Rusia.

Según la transcripción ofrecida por el propio gobierno ruso, Medvédev afirmó:

Speaking bluntly, we are rapidly rolling into a period of a new cold war. Russia has been presented as well-nigh the biggest threat to NATO, or to Europe, America and other countries (and Mr Stoltenberg has just demonstrated that). They show frightening films about Russians starting a nuclear war. I am sometimes confused: is this 2016 or 1962?

Después de su discurso en Munich, Dmitri Medvédev concedió una entrevista a la revista Time. En ella reapareció la cuestión de la Nueva Guerra Fría.

I never said that a new Cold War has begun, but I said that NATO decisions bring a new Cold War nearer. I said this and I will say it again. Because before me, my former counterpart Mr Stoltenberg – he is now the NATO secretary general – spoke, but what did he say? He said Russia should be contained; [military] contingents should be beefed up and defences mounted along the borders in all areas. If this isn’t preparing for another Cold War, what is it for then? For a Hot War? Such is the reality.

La perspectiva rusa es que hemos llegado a la actual situación por la injusta demonización de Rusia y una agresiva política de expansión la OTAN/UE hacia el este, como si fuera el paso previo a una nueva Operación Barbarroja. Es curioso pasarse por Twitter y ver el nuevo uso que se le da a la palabra “rusófobo” (spoiler alert, aparezco yo mencionado). Rusia se parece a ese matón de patio de colegio que atemoriza al resto de compañeros de clase y luego se queja, perplejo, de que nadie quiere ser su amigo. En la narrativa rusa nunca veremos consideración alguna de lo alarmante que resultó la invasión y anexión de territorio soberano de Ucrania o las misiones de sus bombarderos hasta las costas de California o Portugal. Estamos repitiendo los pasos históricos de la vieja Guerra Fría que disolvieron la alianza de la Segunda Guerra Mundial: Las respuestas de cada bando retroalimentan las decisiones del otro. Es un clásico Dilema de Seguridad. Por tanto, la Nueva Guerra Fría es contingente y evitable. Pero haría falta que Rusia abandonara su discurso de víctima de la perfidia occidental. Y la cuestión es si quiere, puede o le interesa.

“Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979” de Tom Cooper

La británica Helion & Company y la sudafricana 30º South Publishers tienen una colección de historia militar dedicada a conflictos en África después de la Segunda Guerra Mundial, Africa @War, que alcanza ya los veinte libros. Aquí reseñé títulos como Great Lakes Conflagration: The Second Congo War, 1998-2003 de Tom Cooper o Biafra: The Nigerian Civil War, 1967-1970 de Peter Baxter en busca de fuentes sobre las guerras posmodernas en África y sus precursoras.

Wings over OgadenMi última adquisición es Wings over Ogaden: The Ethiopian-Somali War 1978-1979 de Tom Cooper, autor especializado en aviación militar y fuente importante para mí sobre conflictos contemporáneos. Se trata de una guerra prácticamente convencional y me interesé por él leyendo sobre historia de Yemen, ya que la República Democrática Popular de Yemen o Yemen del Sur tuvo su pequeño papel. El desencadenante de la guerra fueron las aspiraciones de Somalia sobre la región etíope de Ogadén, de población somalí. El régimen somalí aprovechó la inestabilidad producida en Etiopía tras un golpe de estado que degeneró en el Terror Rojo y llevó al poder a la junta militar conocida como el Derg (Comité). Etiopía había sido hasta ese entonces aliada de Occidente, mientras que Somalia era aliada de la Unión Soviética. De hecho, la columna vertebral de la fuerza aérea etíope eran los F-5E Tiger II y F-5A Freedom Fighter de origen estadounidense. Sus pilotos habían recibido también formación en Estados Unidos. Sin embargo, tras el cambio político, Etiopía se acercó a la Unión Soviética. Por su parte, previamente a la guerra, el régimen somalí vio frustrados sus planes de rearme por la negativa occidental de proporcionar armas en el contexto de una animosidad regional contra otro aliado. Así que el régimen somalí se volvió hacia Moscú para dotarse de las armas que Occidente le había negado. De esta manera, en el momento del estallido de la guerra, la Unión Soviética se encontró en la difícil posición de estar en medio de una guerra entre dos aliados.

Ogadén

Según Tom Cooper, la profesionalidad de la fuerza aérea etíope era elevada con estándares de profesionalidad alta. Esa profesionalidad y la superioridad en capacidades de los F-5 etíopes frente a los MiG-21 y MiG-17 somalíes les permitió alcanzar la superioridad aérea durante la guerra y poner en jaque las líneas logísticas somalíes, muy extensas en la gran extensión de territorio etíope conquistado. La guerra alcanzó una especie de impasse ante el agotamiento de ambas partes, momento en que ambos gobiernos negociaron con Moscú la reposición de suministros y la compra de más armamento. La Unión Soviética quiso una negociación entre ambas partes que le hubiera permitido consolidar un triángulo de aliados en torno al estrecho de Bab El-Mandeb (Etiopía, Somalia y R.D.P. del Yemen), pero el régimen somalí se negó a renunciar a sus ganancias territoriales dentro de Etiopía. Finalmente, Moscú se decantó por Etiopía, que recibió así materiales, instructores y asesores soviéticos y cubanos junto con cierta ayuda material de R.D.P. del Yemen. Toda ese apoyo permitió a Etiopía lanzar varias ofensivas que hicieron retroceder la invasión somalí hasta alcanzar las fronteras iniciales. La elección soviética de Etiopía como aliado preferente en la zona llevó al régimen somalí a cortar relaciones con Moscú y alinearse con Occidente.

El libro, dado su título, se centra en la dimensión aérea de la guerra y dedica una extensión importante al nacimiento, evolución y consolidación de la fuerza aérea etíope. El autor se nutre para ello del testimonio de varios pilotos etíopes que contrasta repetidamente con las fuentes escritas disponibles sobre el tema. Hay que destacar que en un relato previo de la guerra, Cooper achacaba la excelencia de la fuerza aérea etíope a la presencia de personal israelí que en este libro se desmiente. Otro aspecto interesante de la guerra al que el libro pretende aportar luz es al papel de los asesores cubanos y soviéticos, además de la toma de decisiones del estado mayor conjunto dirigido, en teoría, del general soviético Petrov. Según Cooper, los etiopíes  terminaron por tratar de mantener al margen a Petrov y trabajaron más estrechamente con los cubanos. Aunque se le menciona brevemente, destaca el papel del general Ochoa, que llegaría a ser el jefe de la misión militar cubana en Angola y víctima de una purga castrista en 1989 (Véase al respecto Dulces guerreros cubanos de Norberto Fuentes).

Crescent of Crisis

El contexto histórico de esta guerra son los momentos previos a la llamada Segunda Guerra Fría, la fase de creciente tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la primera mitad de los años 80. La invasión soviética de Afganistán, la Revolución Iraní, el asalto a la Gran Mezquita de la Meca y el cambio de alineamiento de Etiopía convirtieron al área que lo engloba en una única región en el imaginario geopolítico de Estados Unidos. Así, en marzo de 1980, el gobierno de Carter creó la Rapid Deployment Joint Task Force (RDJTF) para actuar en la zona. Sería el germen para el nacimiento en 1983 del mando regional central (CENTCOM), que abarcaba originalmente desde Kenia a Afganistán, aproximadamente la región definida por Zbigniew Brzezinski como el “arco de crisis” y que reaparecería en su libro El Gran Tablero Mundial de 1997 como la “zona mundial de filtración de la violencia”. La lección aquí para el presente contexto es que los avances de Moscú, que aparentemente le colocan en posiciones de ventaja geoestratégica, no llevan necesariamente a victorias en el largo plazo. Y como en el caso de Estados Unidos en 1980, habrá que estar muy atentos al cambio de gobierno que sin duda traerá cambios en la política exterior.

Finalmente, como otros libros de la colección, en este encontramos muchas fotografías pero de poca calidad,algo que se perdona dado los oscuro del tema. Algo que además he notado es que, como los últimos libros de la colección, el papel ya no es satinado. Ese descenso de la calidad del papel lo achaco a problemas de la editorial, que no ha parado de retrasar una y otra vez el lanzamiento de libros sobre tan interesantes como los dedicados a Executive Outcomes, las Toyota Wars en Chad y la perspectiva de Eeben Barlow sobre la guerra en África, que tenían que haber salido en el verano de 2015.

El papel del régimen sirio en el auge del Estado Islámico

Foto: AFP / Joseph Eid
Foto: AFP / Joseph Eid

Resulta curioso leer a los fans de al-Assad en España defender su como baluarte ante el horror del Estado Islámico, cuando la actuación del régimen sirio ha sido muy ambigua. De hecho, hizo la vista gorda cuando el país se convirtió en la ruta fundamental de paso de todos los chiflados que querían luchar en la yihad contra la ocupación de Estados Unidos en Iraq (2003-2011). Luego, ante el estallido de las protestas en el país decretó una amnistía general que benefició exclusivamente a los islamistas radicales, que nutrieron las filas de los rebeldes. Así trató de presentar la represión como una lucha contra el yihadismo. Por último, el Estado Islámico y el régimen sirio no mantuvieron excesivas hostilidades mientras el primero dirigía su esfuerzo a arrebatarle territorios a los grupos que luchaban contra el régimen. Al-Assad ha jugado en su país al papel de bombero pirómano. Lo cuento en la revista El Medio en “Del Irak de Sadam y la Siria de Asad al Estado Islámico (y 2).