La Nueva Guerra Fría segun Mary Kaldor

En la primavera de 2001 estaba estudiando el segundo año de Sociología y ya estaba aburrido de la carrera, así que me dio por empezar a sacar de la biblioteca libros que tenían poco que ver con las asignaturas que cursaba. El primer libro que leí en aquella etapa de hastío universitario fue La anarquía que viene del periodista estadounidense Robert D. Kaplan. El capítulo homónimo con el que arranca el libro, un artículo publicado en The Atlantic en  1994, decidió mi vocación. Como sociólogo me dedicaría a estudiar la transformación de los conflictos armados. Meses después, en octubre de 2001, me encontré con Las nuevas guerras: la violencia organizada en la era global, edición española de New and Old Wars: Organised Violence in a Global Era de la académica británica Mary Kaldor. Tuve una sensación de shock. El libro se adelantaba a todo mi trabajo. De hecho, se convirtió en el canon de los estudios sobre transformación de los conflictos armados. Así que imaginen la ironía de encontrar ayer domingo “La segunda guerra fría” de Kaldor en el diario madrileño El País. Esta vez la que llega tarde es ella.

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La cuestión es que el artículo me ha parecido francamente decepcionante. Como suele suceder con los popes académicos, a lo que ha venido Mary Kaldor es a hablar de su libro. Pero a eso llegaremos más tarde. Para empezar, su análisis se enmarca en la corriente posmoderna de la Geopolítica Crítica, que se centra en los discursos y no en la realidad. Así, Mary Kaldor afirma que la Guerra Fría (1945-1989) fue un discurso artificial de ambas superpotencias para consolidar su hegemonía dentro de su esfera de influencia en Europa. Estaría bien preguntarle a las víctimas de la guerra y la represión argentinas, congoleñas o vietnamitas si percibieron el enfrentamiento de bloques como una entelequia discursiva. Estoy con Noam Chosmky (véase El miedo a la democracia, versión española de Deterring Democracy) en que el elemento definitorio de la Guerra Fría fue la pugna entre las súper potencias por el Tercer Mundo. Y como he insistido en más de una vez, hablar de Nueva Guerra Fría no supone predecir una guerra abierta y directa entre ambos bandos, sino una infinidad de guerras por delegación (proxy wars) en un contexto de propaganda y agitación.

Con estas premisas, Mary Kaldor establece que “la segunda guerra fría es una repetición imaginaria de la primera”, es decir, un nuevo artificio discursivo que sirve tanto al Kremlin para obtener cohesión interna y a la OTAN para justificar su existencia, la subida de los presupuestos de defensa y financiar proyectos de armamento faraónicos.  El reproche de Kaldor es que un esfuerzo de la OTAN por dejar atrás las guerras irregulares de década pasada para volver a centrarse en la amenaza convencional de Rusia no ayudaría a enfrentarse al desafío de las nuevas guerras, o lo que es lo mismo, las Guerras Posmodermas.  Pero creo que Mary Kaldor pasa por alto que precisamente el hartazgo de las opiniones públicas occidentales a las intervenciones militares en la era posterior al 11-S las ha predispuesto al uso de la fuerza, mientras que los recursos consumidos en aquellas guerras junto con la crisis económica ha disminuido la capacidad disuasiva convencional. Es decir, los vacíos dejados por Estados Unidos en Ucrania y Siria que aprovechó Rusia fueron provocados por las experiencia de Afganistán, Iraq y Libia. Pero de eso habrá que hablar, repasando el artículo “The Obama Doctrine” de Jeffrey Goldberg en The Atlantic.

Análisis de Redes Sociales en la Guerra del Rif

El último volumen de la revista REDES se abre con un artículo de Julián Antonio Paniagua titulado “La intuición del análisis de redes de los militares españoles durante la guerra del Rif como método de lucha contra el contrabando de armas”.

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Legionarios en Melilla en 1921. Foto: José Zegri vía ABC

Resulta que años antes de que se desarrollara dentro de las Ciencias Sociales la teoría de Análisis de Redes Sociales, un informe militar español fechado en Tetuán en 1925 incluía un mapa de redes que representaba el comercio entre las ciudades, zocos y poblados amigos y enemigos. El propósito era establecer controles en el comercio de mercancías para cortar el abastecimiento de las cabilas rebeldes.

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Según recoge el autor del artículo:

[E]l coronel Orgaz no presentó al Alto Comisario un mapa del territorio, con puntos concretos y sus correspondientes caminos que los conectaban entre sí, sino un modelo teórico de nodos identificados por sus atributos (hay cuatro tipos de nodos representados con diferentes formas geométricas en el dibujo), unidos por vínculos, cuyas propiedades son el transporte de mercancías o personas.

Por lo visto, el sistema de controles y permisos para ejercer el comercio no resultó efectivo por la falta de personal en un terreno demasiado grande y la falta de colaboración de la población local. Pero lo aquí relevante es encontrar ejemplos de iniciativa e inventiva en las fuerzas armadas españolas durante una campaña de guerra irregular. Y es que si uno le dedica la suficiente atención a la historia militar encontrará lecciones aprendidas de sobra que aplicar a los desafíos del presente, como le gustaba recordar con ejemplos a Jorge Aspizua.

El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana

recorteEl número de este mes de la revista Ejército que publica el Ejército de Tierra español incluye un artículo mío titulado “El legado africano de la contrainsurgencia rodesiana” (págs. 30-38). Las tácticas desarrolladas por el ejército de la antigua Rhodesia sintetizaron las lecciones aprendidas por los británicos durante la revuelta Mau Mau en Kenia y los portugueses en Angola, además de incorporar innovaciones propias. Nacieron allí los vehículos a prueba de mina, por ejemplo. Pero en lo que destacaron los rodesianos fue en las operaciones aerotransportadas (“Fire Force”) y en las infiltraciones de patrullas disfrazadas de insurgentes detrás de las líneas enemigas (“Pseudoperaciones”).

Recuerdo leer al respecto en la mítica enciclopedia por fascículos Comando. Y de un tiempo a esta parte, la experiencia rodesiana ha sido objeto de un renovado interés en el ámbito anglosajón, aunque sus lecciones sean más tácticas que estratégicas en el ámbito de la lucha contra-insurgencia. Mi artículo presenta el contexto de la guerra, repasa las fuerzas desplegadas por el bando gubernamental rhodesiano y explica los conceptos de “Fire Force” y “Pseudoperaciones”. Este es mi segundo artículo en la revista. El primero fue también de un tema africano: “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra”. Espero ir poco a poco elaborando más artículos sobre las guerras africanas.

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Tropa rhodesiana en operaciones con su característico aspecto desaliñado.
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Miembros de la Rhodesian Light Infantry antes de embarcar en un C-47, llamados localmente “Paradak”
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Tropa nativa del Rhodesian African Rifles antes de embarcar en Alouette III artillados con ametralladoras, llamados localmente G-Car.
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Vehículo “Rhino” a prueba de minas de diseño local.

Presidente Trump

De un tiempo a esta parte mantengo una rutina con una amiga que vive en Estados Unidos. Ella me pregunta mi opinión sobre cierto artículo de análisis internacional de algún autor español publicado en El País y yo le contesto por enésima vez que no leo los artículos de opinión de la prensa española. Entonces busco el artículo al que ella se refiere y pasamos a destriparlo. La situación habitual es que al autor de turno se le escapa las claves del asunto que toda la prensa en Estados Unidos maneja. A estas alturas no sé si es un síntoma de la decadencia periodística de El País o un síntoma de que en el siglo XXI  para un ciudadano español con Internet la prensa nacional resulta superflua para seguir la actualidad del mundo.

El último artículo al que mi amiga hizo referencias se refería al éxito de Donald Trump en las primarias republicanas. Salió justo en un momento en que los medios estadounidenses están volcados en analizar la campaña de Trump, burlarse de Trump o advertir del peligro que supone Trump. Y me parece insuficiente y torpe quedarse en el análisis de que Trump triunfa porque apela a los más bajos instintos del electorado con un discurso xenófobo. Sería igual de irrelevante que un análisis de un periodista extranjero que contara en su medio que un sector del electorado español se ha vuelto loco votando a un partido liderado por un comunista a sueldo de Caracas y Teherán que ha defendido, entre otras muchas cosas, acabar con la división de poderes, prohibir los medios de comunicación privados y salirse del euro para imprimir dinero a lo loco e imponer controles cambiarios.

Trump es un fenómeno singular porque ha subido en las encuestras diciendo cosas que hubieran hundido la carrera de otros candidatos en otros ciclos electorales, como decir que John McCain no es un verdadero héroe de guerra porque fue derribado sobre Vietnam o que la actitud de Megan Kelly hacia él durante el debate en FOX News se debió a que la periodista estaba con la regla. Las encuestas y estudios reflejan que el público valora que Trump “habla claro” y “dice lo que piensa”, aunque sea tan difícil su posición en torno a tantos temas en los que se ha contradecido. Bill Maher señaló que una característica importante de Trump es que no pide perdón. Y en un país con el discurso público atenazado por lo políticamente correcto (que a pesar de la degeneración del término en España, es un concepto de la izquierdas posmoderna) el discurso de Trump genera apoyo en la masa que no se siente identificada con las élites educadas y sofisticadas de ambas costas que copan Hollywood y los medios (veáse lo que escribí en “Los muchos Estados Unidos”). Por contrastar, es interesante ver cómo Dana Carvey imitó a Barack Obama y comparó su manera elaborada y algo pomposa de hablar con las de Ronald Reagan, Bill Clinton y George W. Bush. El resultado es que paradójicamente Trump ha encontrado el apoyo electoral en la clase obrera estadounidense.

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La clave que he echado en falta en los análisis españoles y que se ha convertido en la palabra fetiche en Estados Unidos es que Donald Trump es percibido como un candidato anti-establishment, exactamente como Bernie Sanders. William S. Lind, autor del concepto de “Guerras de Cuarta Generación”, escribía hace poco que “la línea de fractura en la política estadounidense no es republicano vs. demócrata sino establishment vs. antiestablishment”. Trump no es un “político profesional” y con su fortuna personal no necesita para su campaña el apoyo económico de grupos de interés y lobbies. Así, Bill O’Reilly decía que Trump y Sanders son lo mismo. Trump entró en las primarias como una figura rompedora que logró que su figura y su discurso se convirtiera en el centro del debate. Scott Adams, autor de las tiras de Dilbert, ha escrito una larga lista de artículos analizando la estrategia de comunicación exitosa detrás del personaje delirante y bufonesco que es Trump.

La avalancha de análisis de estas últimas semanas son resultado del Partido Republicano entrando en pánico y la desesperada necesidad de comprender la fórmula del éxito de Trump. La lista de candidatos republicanos se ha reducido pero quedan en liza dos candidatos con entidad como Ted Cruz y Marco Rubio que están logrando que el voto del elector republicano “tradicional” se divida, facilitando las victorias de Trump. Una posible victoria de Donald Trump y Hillary Clinton en las primarias obligaría a muchos republicanos a aceptar a la segunda como el mal menor, tal como ya ha asumido Max Boot. Es difícil imaginar que gane las elecciones presidenciales frente a Hillary Clinton, pero sería entre divertido y terrorífico imaginar el mundo con el presidente Trump.

“The Attacks of 26/11”

TheAttacksof_2611El 26 de noviembre de 2008 un comando terrorista perteneciente al grupo yihadista Lashkar-e-Taiba (con conexiones en España)y procedente de Pakistán desembarcó en la bahía de Mumbai. Sus miembros se repartieron en parejas por la ciudad. Algunos dejaron artefactos explosivos con temporizador en al menos dos taxis para que explotaran mientras lanzaban sus ataques y así aumentar la confusión. Los terroristas abrieron fuego en un bar, una estación  de tren, un hospital, dos hoteles y la sede local de la organización judía hasídica Chabad Lubavitch. 166 personas murieron y cientos resultaron heridas. Aquellos acontecimientos los vivieron varios políticos españoles, entre ellos Esperanza Aguirre. También estuvo allí Gonzalo Martín, que ha sido firma invitada en  este blog y que contó la experiencia en gonzalomartin.tv.

Los ataques de Mumbai causaron un impacto tremendo en la India por prolongarse durante horas, con la policía superada por ataques simultáneos en varios puntos de la ciudad mientras los medios y las redes sociales daban una cobertura masiva. Los policías, con viejos fusiles de cerrojo Lee-Enfield, se vieron totalmente superados por la potencia de fuego de los terroristas, que mantuvieron contacto con alguien en Pakistán que les iba proporcionando información que recogía en los medios e Internet. Aquel ataque sirvió a John Sullivan y Adam Elkus para teorizar sobre un nuevo tipo de ataque terrorista que bautizaron “urban siege” (asedio urbano) y que me parece personalmente el marco más interesante para interpretar la última ola de ataques terroristas, desde el centro comercial Westgate de  Nairobi en 2013 a los ataques de París el 13 de noviembre de 2015. Será un tema al que volveré.

En mis lecturas sobre aquellos ataques llegué a la película india “The Attacks of 26/11” de 2013. La película trata de mostrar los hechos reales y usa como hilo conductor la comparecencia ante una comisión no identificada de Rakesh Maria, el comisario de policía al mando de la sala de control durante los ataques. Sin embargo, la película no cuenta cada uno de los ataques, sino que se centra principalmente en aquellos en los que participó Ajmal Kasab, el único terrorista que fue capturado con vida y cuya imagen se convirtió en una de las más asociadas a los ataques, al difundirse un fotograma de unas grabaciones de una cámara de seguridad de la histórica estación de tren Chhatrapati Shivaji Terminus. Los dos personajes terminarán por cruzarse. El clímax final de la película se produce cuando durante los interrogatorios a Ajmal Kasab, Rakesh Maria tiene la idea de llevarlo a la morgue para que vea los cadáveres de sus compañeros de comando terrorista. Esa escena final está basada en un hecho real. Ajmal Kasab se derrumbó después de ver las caras desfiguradas de los muertos, cuando él creía que los encontraría con una mueca congelada de felicidad al vislumbrar el paraíso antes de morir.

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Al contrario de lo que uno pueda esperar del cine indio, se trata de una película que intenta mantenerse en el género del docudrama. Aunque los intentos de realismo se convierten en un lastre en las escenas rodadas con steadicam en el barco pesquero que lleva a los terroristas a Mumbai. Entre los vaivenes del barco y un uso poco depurado de la técnica, nos encontramos un resultado algo chapucero. Por su parte, las escenas de los ametrallamientos a sangre fría de las víctimas están cargadas de un dramatismo subido de tono, pero dada la carga emocional de los acontecimientos es comprensible. Para el que quiera conocer aquellos ataques recomiendo encarecidamente el visionado del documental “Terror in Mumbai”, producido por la cadena estadounidense HBO y narrado por Fareed Zakaria. Descubrirán que la realidad bien contada supera cualquier ficción.

De la película merece la pena rescatar un fragmento que he subido a Youtube tras ponerle subtítulos en español. Muestra el caos y confusión en la sala de control de la policía de Mumbai mientras se suceden ataques en varios puntos de la ciudad. La saturación no la producen solo la avalancha de informaciones sobre los ataques, sino los rumores. informaciones contradictorias y múltiples versiones sobre cada uno de ellos. Contiene una de las escenas más visualmente logradas de la película, con Rakesh Maria aturdido por la infoxicación en medio del caos e incapaz de responder a los requerimientos de sus subordinados. A continuación, el personaje de Rakesh Maria reflexiona lo que supone para la policía enfrentarse a un comando terrorista dispuesto a morir en una situación totalmente novedosa. Unas reflexiones que resultarán familiares a los policías francesas que intervinieron el 13 de noviembre de 2015 en París.

La Nueva Geopolítica del Mediterráneo Oriental

2016_01El número de enero/febrero de 2016 de la Revista General de Marina, que publica la Armada Española, incluye mi artículo “La Nueva Geopolítica del Mediterráneo Oriental” (PDF) en el que explico la reaparición de Rusia como actor relevante en esa región. Repaso las relaciones de Rusia con Grecia, la república greco-chipriota y Siria. Lo escribí en el verano de 2015, antes de la intervención militar rusa en Siria. Así que no refleja las últimas novedades, pero por otro lado aporta un contexto que sigue siendo relevante y tiene el mérito de haber señalado en la dirección correcta antes del desarrollo de los acontecimientos. El asunto de fondo, para mí, es la Nueva Guerra Fría, pero no encontrarán una sola referencia al término en el artículo. He optado por trabajar en darle sustancia a mis argumentos y dejar la batalla semántica para más adelante.

“The Russian Civil War 1918-1922” de David Bullock

The Russian Civil War 1918-1922The Russian Civil War 1918-1922 de David Bullock es un libro de la colección Essential Histories de Osprey Publishing, editorial de sobra conocida por los aficionados a la historia militar. Con sus 134 páginas de texto y numerosas ilustraciones es una obra introductoria. Llegué a este libro por mi interés en remontarme a los orígenes de la doctrina militar soviética. Pero me he encontrado que es un libro que cuenta principalmente la perspectiva de los rusos blancos. El autor no esconde, en mi opinión, sus simpatías por ellos y se detiene a contar anécdotas espeluznantes del Terror Rojo que no sé si forman parte del folklore soviético o resulta que la realidad supera cualquier ficción. Además, en un par de ocasiones se refiere a hechos de armas protagonizadas por los rusos blancos como “una de las mayores hazañas militares de todos los tiempos”.  Considerando la disparidad de las fuerzas enfrentadas y el tamaño de los escenarios de la guerra, posiblemente no sea una hipérbole del autor. Al fin y al cabo, hablamos de una guerra poco conocida.

Leyendo el libro uno no puede dejar de pensar en los “¿y si…?”. Al hurtar al lector hasta el capítulo final ciertas claves de la guerra desde la perspectiva del bando rojo uno llega a vislumbrar varias veces una victoria de los blancos, a pesar de saber el resultado histórico de la guerra. La cuestión es que los rusos blancos operaron en frentes alejados los unos de los otros sin poder enviarse suministros o refuerzos a conveniencia. Nunca tuvieron una cadena de mando única e incuestionado. Defendían además diferentes modelos para el futuro de Rusia sin sentir simpatía por los movimientos independentistas de Finlandia y las Repúblicas Bálticas, que podrían haber sido aliados. Por último, recibieron apoyo de EE.UU., Reino Francia, Japón, etc. Pero tras la Primera Guerra Mundial ninguno de aquellos países estaba dispuesto a mantener por más tiempo un esfuerzo de guerra y sostener fuerzas movilizadas. En el bando opuesto, encontramos una cadena de mando única, clara y brutal, con la retaguardia asegurada por la Cheka. El territorio controlado por el bando rojo era continuo, con lo que pudieron desplazar dentro de él tropas y suministros a conveniencia. Además formaba el núcleo industrial y habitado del país. De tal forma, contaron con una base demográfica importante en la que reclutar tropa y peones para obras, junto con la capacidad de dotar a esas mesas con armas y suministros. Por último, no hay que olvidar el componente ideológico de entusiasmo revolucionario entre trabajadores y campesinos. Luego vendrían las hambrunas y las purgas. Pero eso es otra historia.

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Estatua en Kajovka (Ucrania) representando una “tachanka“, carro de caballos con ametralladora Maxim, de la Guerra Civil Rusa.

La guerra civil rusa fue una guerra de transición histórica. En ella encontramos uniformes decimonónicos, cargas de caballería, trenes blindados, carros de combate de primera generación, aviación etc. Uno de los elementos fundamentales fue las largas distancias recorridas en las campañas y el uso preferente dado a la caballería. El autor no lo menciona, pero de esas experiencias personales personajes como Mijaíl Tujachevski desarrollarían la teoría de las operaciones en profundidad. Otro elemento que me parece importante, que el autor destaca, es la existencia del “bando verde”, bandoleros armados que actuaron de forma oportunista en la retaguardia de los rusos blancos junto a partisanos rojos. Encontramos aquí otro antecedente ruso, junto al de los partisanos soviéticos de la Segunda Guerra Mundial, de la tan de moda “guerra híbrida”. Así que seguiré indagando. Mi próximo lectura al respecto será sobre los enfrentamientos soviético-japoneses.