Los mitos del Estado Islámico

Después de años leyendo a conspiranoicos y últimamente discutiendo con putinbots en las redes sociales hay un tema que me llama mucho la atención: la insistencia en que Estados Unidos creó, apoyó, armó y financió el Estado Islámico. Resulta que la guerra en Iraq fue el primer conflicto armado sobre el que centré mi atención cuando empecé a bloguear sobre actualidad internacional y política a finales de 2004. Antes de eso recuerdo cosas como el primer gran atentado en 2003 en Bagdad de la organización conocida entonces como Monoteísmo y Yihad, en el que murió un oficial de la Armada Española. Es decir, no soy un milennial que se enteró de todo aquello antes de ayer leyendo un hilo de Twitter. Así que recuerdo perfectamente la conversión de Monoteísmo y Yihad (Tawhid wal-Yihad, donde Tawhid puede traducirse como “unicidad de Dios”) en la Organización de Al Qaeda para la Tierra de los Dos Ríos, que luego formó un alianza con otros grupos insurgentes y finalmente se fusionó con ellos en el año 2006 para formar el Estado Islámico de Iraq. Sin embargo, la prensa siguió hablando de Al Qaeda en Iraq y le pilló por sorpresa la irrupción del Estado Islámico en junio de 2014.

El Estado Islámico de Iraq usó Siria como retaguardia y pasarela obligada para los yihadistas que querían entrar en Iraq. En 2008 la Special Activities Division de la CIA (su brazo paramilitar) y la Delta Force lanzaron un raid en la localidad siria de Abu Kamal. El gobierno sirio protestó por la violación de su soberanía y recuerdo que en Washington se excusaron diciendo que habían recibido permiso de Damasco. Las dos opciones posibles son ambas interesantes. O fue una operación clandestina a espaldas del gobierno sirio porque era cómplice, al menos por dejar hacer al Estado Islámico, o fue una operación autorizada por el gobierno sirio, que ya por aquel entonces había perdido el control de su región fronteriza con Iraq. Al año siguiente, en 2009, el primer ministro iraquí Al Maliki se quejó de que el 90% de los yihadistas extranjeros que combatían en Iraq habían entrado vía Siria.

El Estado Islámico de Iraq fue puesto contra las cuerdas tras un cambio de estrategia estadounidense, un aumento de tropas (“surge“) y un cambio de alianzas de las tribus del “triángulo sunní”. Abu Musab Al Zarqawi, fundador de Monoteísmo y Yihad y primer líder de Al Qaeda en Iraq, fue localizado y muerto en 2006. Su sucesor, fue localizado y muerto en 2010 junto al número 2 de la organización. Al año siguiente, las  fuerzas militares estadounidenses se retiraron de Iraq. Pero en eso año empezó la guerra en Siria y el derrotado Estado Islámico de Iraq encontró espacio de maniobra en el naciente caos sirio.

Curiosamente, desde que Estados Unidos, Rusia e Irán empezaron a tener intereses geopolíticos en Siria, “alguien” puso en circulación la teoría de que el Estado Islámico es una creación estadounidense, una idea que a cualquiera le  hubiera parecido disparatada mientras morían cientos de soldados en Iraq. El salto mental de presentar una rama de Al Qaeda que cobró vida propia y desestabilizó el país en el que Estados Unidos gastó tantos recursos y vidas en estabilizar era auténticamente acrobático. Las explicaciones varían desde la tan socorrida “geopolítica del caos” (cuanto peor en Oriente Medio, mejor para Estados Unidos) a que el Estado Islámico fue un instrumento dentro de la estrategia de derribo del régimen de Bashar Al Asad. La idea es un disparate pero encaja en la estrategia de deslegitimar a Estados Unidos en Oriente Medio. Cómo no, es promovida desde los medios públicos rusos e iraníes. Y así uno puede encontrar un océano de noticias en Russia Today o HispanTV al respecto. Por ejemplo, en 2015 traté aquí una noticia publicada en ambos medios sobre cómo helicópteros Apache estadounidenses escoltaban un convoy del Estado Islámico. El origen del bulo era un vídeo donde no aparecía Apaches sino Mi-24 y el convoy a saber de quién era. El caso es que ese es el nivel habitual del material de la factoría ruso-iraní de bulos.

El fotochop no se nota.

Una buena garantía de que no hay un plan secreto de Estados Unidos de apoyar al Estado Islámico es que el plan secreto para reclutar a rebeldes sirios para luchar contra el Estado Islámico ha sido expuesto por los medios de comunicación, demostrando que la administración Obama no tenía una buena estrategia para Siria y que había bastante gente dispuesta a contar cosas a los medios porque estaba mosqueada o desencantada con lo que allí se cocía. Véase “Meet The Obscure Company Behind America’s Syria Fiasco” (septiembre 2015), “The Pentagon’s Shopping List Of Weapons To Fight ISIS” (febrero 2016) y “The Death Of A US Contractor Has Exposed America’s Failures In Syria” (marzo 2017) en Buzzfeed pero sobre todo “US Special Forces sabotage White House policy gone disastrously wrong with covert ops in Syria” (septiembre 2016) por Jack Murphy en SOFREP. Una de las razones para que la estrategia de Estados Unidos para Siria fue a medio gas es que el gobierno Obama negociaba el acuerdo nuclear iraní. Supongo que poco a poco irán saliendo las memorias y trabajos de investigación que den más luz a aquel período.

Ayer un tal “Navar” decía en Twitter que había “declaraciones de congresistas, generales, informes de las fuerzas armadas, documentos desclasificados, informes descarados de think than[k]s, etc, etc.” respaldando la teoría de que el Estado Islámico es un invento estadounidense. Le pedí que me los facilitase para poder leerlos. Mientras espero su respuesta, voy a tratar una tema que tenía pendiente desde hace mucho: ¿es verdad que Hillary Clinton afirmó en una entrevista que el Estado Islámico lo creó Estados Unidos? Se supone que hay una entrevista en Youtube donde lo confiesa. Lo mencionan mucho los putinbots porque no importa otra cosa que haya dicho Hillary Clinton sobre el tema, sino esa entrevista. Así que ya va siendo hora de que la busque y la comente.

 

Siria (3): Recapitulando sobre el ataque

Dediqué la primera parte al ataque con armas químicas en Duma y la segunda parte a la respuesta conjunta de Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Quedaba hacer una valoración personal sobre lo sucedido. Pero creo que ya está casi todo dicho a estas alturas. Es más, creo que de todo el asunto del ataque del régimen y la respuesta occidental lo relevante es ahora mismo la movilización de hordas de tontos útiles al servicio del Kremlin y Bashar Al Assad. Pero eso es ya un tema de fondo en la Nueva Guerra Fría.

La impresión general es que el ataque sobre las instalaciones vinculadas con el programa de armas químicas sirio ha sido bastante paripé. Andrea Rizzi afirma en El País que “el fin de los aliados occidentales parece principalmente estético”. Se trató según él de un ataque de cara a la galería para mostrar que la Casa Blanca está dispuesta a cumplir su palabra de castigar el empleo de armas de destrucción masiva. Y esa es la impresión que nos queda. Que fue un ataque descafeinado en un contexto demasiado complicado para que la Casa Blanca quisiera o pudiera implicarse a fondo. En este caso, el presidente Trump simplemente trató de demostrar su voluntad de castigar cualquier usuario de armas químicas. Lo cual, en un mundo crecientemente multipolar, coloca a Estados Unidos en una situación complicada. ¿Realmente cumplirá esa amenaza en todo lugar y circunstancia? ¿Aunque eso le haga chocar con Rusia hoy pero con China mañana? Pensemos en las noticias de que se usaron armas químicas en la provincia sudanesa de Darfur en 2016.

El carácter descafeinado del ataque tuvo que ver también con que fue algo bastante anticipado. El presidente Trump terminó haciendo precisamente algo de lo que acusó al presidente Obama: de telegrafiar sus golpes. En el momento en que cayeron los misiles sobre el centro de investigación en Barzeh, al norte de Damasco, el personal especializado y los discos duros seguro estaban a buen recaudo. Tobias Schneider apuntaba además en Twitter que el centro de investigación atacado no estaba relacionado con el desarrollo de armas químicas basadas en cloro, como las usadas en el reciente ataque en Duma. Así que su elección fue más bien simbólica.

Podemos especular también sobre el resultado limitado del ataque a los supuestos almacenes de armas de destrucción masiva del régimen sirio, que es fácil imaginar fueron retiradas de sus almacenes, dispersadas y escondidas. David E. Sanger y Ben Hubbard recogieron en el New York Times el escepticismo del propio Pentágono sobre la limitada efectividad del ataque. Si el propósito del ataque era disuadir al régimen sirio de usar armas químicas, sospecho que no ha quedado muy escarmentado.

La clave fundamental y evidente para entender por qué el gobierno de los Estados Unidos limitó sus objetivos y la contundencia de su ataque es la presencia de tropas rusas en Siria. Claramente se trató de evitar bajas entre el personal militar ruso presente en Siria. Vimos hace poco que el Kremlin prestó poca importancia, aparentemente, a la muerte del personal de la empresa militar privada rusa Wagner en Siria. Pero hubiera sido muy diferente su reacción de haber muerto personal militar ruso en servicio. La cuestión es saber si hubo comunicación vía el “teléfono rojo” entre Moscú y Washington. Reuters informó, citando una fuente anónima siria, que incluso había llegado un aviso ruso para que se evacuaran bases. Eso podría explicar, en parte, que las defensas antiaéreas rusas no intervinieran la noche del ataque y sólo se menciona a las defensas sirias. ¿Hubo acuerdo entre las partes?

Por último, he visto que alguno ha insistido en la ilegalidad del ataque por la ausencia de aprobación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde Rusia ejerce su derecho de veto para proteger al régimen sirio. Creo que este es un buen ejemplo del mundo multipolar que nos espera y que tantos anhelaban tras el 11-S por lo que consideraban entonces una peligrosa hegemonía de la “hiperpotencia solitaria”.  Un mundo multipolar no significa un mundo más democrático porque más potencias tienen voz. Significa un mundo donde los gobiernos amigos de Moscú y Pekín pueden cometer atrocidades que quedarán impunes.

Como dije el principio, casi lo más interesante de todo esto es ver cómo la maquinaria de propaganda se ha puesto en marcha y las redes sociales se han llenado de mensajes repitiendo los argumentarios creados en Moscú y Damasco que con tanto entusiasmo se repiten en España.

Un análisis de urgencia sobre la prohibición de entrada a Estados Unidos para ciudadanos de siete países musulmanes

El pasado viernes día 27 de enero el presidente Donald J. Trump firmó una Orden Ejecutiva que prohíbe con carácter inmediato la entrada en Estados Unidos de ciudadanos de siete países musulmanes: Libia, Irán, Iraq, Siria, Yemen, Sudán y Somalia. La justificación de la medida es impedir la entrada en Estados Unidos de potenciales “terroristas musulmanes radicales”. Su aplicación no sólo es inmediata, sino que afecta aquellas personas que ya tuvieran asilo concedido o permiso de residencia en el país y se encontraban fuera de él en el momento de la entrada en efecto de la prohibición.

Tan pronto ha entrado en vigor la prohibición, han empezado a circular ejemplos de casos de personas normales y corrientes cuyas vidas han quedado afectadas. Véase por ejemplo el caso de la experta en genética Samira Asgari, ciudadana iraní, que tras pasar por la École Polytechnique Fédérale de Lausanne se iba a incorporar a la universidad de Harvard como investigadora post-doc. Otra iraní, Nazanín Zinouri, ya trabajaba en Estados Unidos. Un día, dejó su perro en casa, aparcó el coche en el aeropuerto y se fue de vacaciones a Irán. Ahora no puede volver a su casa. La medida afecta también a las personas con doble nacionalidad. Por ejemplo hay 35.000 ciudadanos canadienses que poseen adicionalmente la nacionalidad de algunos de esos siete países y en teoría no podrán entrar en Estados Unidos.

En los próximos días seguro que iremos conociendo casos iguales de absurdos. Google ha informado que 187 de su trabajadores proceden de los siete países incluidos en la Orden Ejecutiva y que 14 nuevos empleados contratados con pasporte de esos países estaban a punto de viajar al país.  Los casos más trágicos son los de traductores que trabajaron para las fuerzas armadas estadounidenses en Iraq o miembros de la minoría yazidí, víctima del Estado Islámico, que solicitaron asilo en Estados Unidos. En el caso de los traductores no puede decirse que su tratamiento en el pasado fuera ejemplar, como explicó John Oliver en su programa en 2014.

La medida, cómo no, ha generado rechazo en todo el espectro político estadounidense. Por ejemplo, el ex-vicepresidente Dick Cheney (sí, ese que en Internet llamaban malvado y siniestro) ha dicho que la medida “goes against everything we stand for and believe in”. Que además fuera firmada el día en el que todo el mundo se recuerda el Holocausto lo hace aún más significativo, como se han encargado de recordar muchos judíos que descendienden de quienes pudieron huir de Europa y no corrieron la suerte de los 900 pasajeros del Saint Louis, que fueron rechazados por Estados Unidos, Cuba y Canadá para finalmente perecer en los campos de exterminio de vuelta a Europa.

El aspecto que me llama la atención no es si la Orden Ejecutiva es inmoral o es, como dicen muchos contraria a los principios estadounidenses, sino preguntarse su eficacia. Mucho se ha escrito sobre los países de los que más voluntarios han partido para engrosar las filas del Estado Islámico en términos absolutos y en términos relativos a su población. Veamos estos datos de la Heritage Foundation.

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Vemos que países musulmanes que son origen de más de mil voluntarios al Estado Islámico, como Túnez, Arabia Saudita, Jordania, Turquía y Marruecos, no aparecen en la lista. Curiosamente son todos, con la duda de Turquía, aliados geopolíticos de Estados Unidos.

Tenemos esta otra gráfica de The Week  con datos del International Centre for the Study of Radicalisation que muestra los países desde los que más voluntarios han acudido a luchar en proporción a su población.

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Vemos que los países musulmanes con mayor “masa crítica” de voluntarios que se han unido al Estado Islámico son Túnez, Jordania y Líbano. Ninguno de esos países aparece entre los siete países musulmanes cuyos habitantes tiene prohíbido entrar en Estados Unidos. En cuarto lugar, tenemos a Libia, que sí está en la lista.  El resto de países musulmanes que aparece en la lista tampoco se ve afectado por la Orden Ejecutiva del gobierno Trump.

Hay una anécdota histórica de la que alguien llamó la atención en Internet: la nacionalidad de los terroristas del 11-S. He hecho un corta y pega de la página de la Wikipedia.

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Tenemos un egipcio (Mohammed Atta, el líder del grupo), tres emiratíes, un libanés y quince saudíes. Ninguno de esos países se ha visto afectado por la Orden Ejecutiva del gobierno Trump. Supongo que la característica principal de mayoría de los países de la lista es que viven una guerra civil: Libia, Siria, Iraq y Yemen. Y el razonamiento de la medida es que los ciudadanos de países en guerra son intrínsicamente más peligrosos que los países que no están en guerra, aunque sea de baja intensidad como Turquía o Túnez.

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Foto: Carlos Barria / Reuters vía Buzzfeed.

Hay otro último detalle que ha indignado e inquetado a muchos. Se trata de la esceneficación de la firma de la Orden Ejecutiva. La sala elegida es la Hall of Heroes del Pentágono, una estancia dedicada a los ganadores de la Medalla de Honor. Firmar la medida allí me parece un intento barato de darle respetabilidad como una medida valiente en la lucha contra el terrorismo, evocando el sacrificio y la heroicidad de quienes ganaron la condecoración. Pero lo que me parece preocupante es la presencia del secretario Mattis, al que considero una persona sensata. Ryan Evans, editor de War On the Rocks, se cuestiona si Mattis debe aceptar el aportar su prestigio e imagen a medidas como esta, que afectará, por ejemplo, a traductores iraquíes que trabajaron para los militares a sus órdenes de Mattis. Evans plantea que por mucho bien que pueda aportar con su experiencia a un gobierno que ha llegado al poder como un elefante en una cacharrería, Mattis tendrá que decidir si formar parte de cosa´s así.

Los canales de propaganda del Estado Islámico no han parado de comentar la medida, presentándola como una prueba de la guerra de Estados Unidos contra el Islam en general. Y el gobierno de Iraq ha anunciado que tomará represalias, prohibiendo la entrada en el país de ciudadanos estadounidenses. Basta pensar la cantidad de personal civil que tiene que estar implicado en el esfuerzo de guerra contra el Estado Islámico para imaginar los efectos perversos últimos.

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