Navantia y la victoria italiana en el programa estadounidense FFG(X)

Esta semana se anunció el ganador del programa de la fragata FFG(X) de la U.S. Navy. El consorcio ganador fue el formado por la empresa italiana Fincantieri y su filial estadounidense Marinette Marine. Se trataría del tercer concurso al que la empresa pública española Navantia se presenta y pierde, después de los programas SEA 5000 Future Frigate Program en Australia, que ganó el diseño Type 26 británico, y el programa Canadian Surface Combat en Canadá, que ganó también el diseño Type 26.

Diseño modificado de la fragata FREMM para el programa FFG(X) de la U.S. Navy.

La noticia del contrato que se le escapó a Navantia ha sido recibida en España con consternación, cómo no. Pero hay quien rápidamente ha señalado que la culpa de que un diseño de Navantia perdiera el concurso se debió a la decisión del gobierno del presidente Pedro Sánchez de retirar a la fragata F-104 “Méndez Núñez” de un despliegue integrado en el grupo aeronaval del portaaviones USS Abraham Lincolm el pasado año 2019.

Algunos críticos del gobierno también han señalado que la derrota en el concurso supone la pérdida de miles de potenciales puestos de trabajo en España. En realidad, el concurso estipulaba que los buques se construirán en astilleros estadounidenses. Y es que el deseo de criticar al actual gobierno español a toda costa, como si no hubiera motivos suficientes para hacerlo, ha empujado a la gente a hablar de un tema que no conocen. La realidad es diferente y, como siempre, más compleja.

El programa FFG(X) surge por el fracaso del programa Littoral Combat Ship (LCS), un asunto del que hablé aquí en el año 2013 en “La U.S. Navy intenta entrar a trompicones en el siglo XXI”. En el mundo surgido después del 11-S, la armada de los Estados Unidos quiso dotarse de un nuevo tipo de buque multipropósito para guerras no convencionales que ocupara el mismo peldaño que las corbetas o fragatas ligeras en otras armadas de todo el mundo. El buque debía tener poco calado para acercarse a la costa y ser capaz de alcanzar una exagerada velocidad punta. Esto último suponía dotar al buque de unos motores tan potentes como caros. Acorde con una era de amenazas múltiples, el LCS debía contar con una amplia variedad de equipos modulares de quita y pon. La idea, llevada en su momento a la práctica por la armada danesa, en manos del complejo militar-industrial estadounidense se convirtió en un despropósito en el que pasados los años, se disparaba el presupuesto y no había un diseño final operativo. Para colmo se decidió no elegir a un modelo ganador, sino repartir el contrato entre las dos empresas que presentaron diseños al concurso LCS, con lo que se perderon las ventajas de la economía de escala.

El primer buque de serie de las dos clases LCS: USS Freedom (LCS 1) a la izquierda y USS Independence (LCS 2) a la derecha.(Foto de la U.S. Navy  por el teniente Jan Shultis)

El resultado final del programa LCS fue un rápido cascarón vacío carísimo con problemas de toda clase. Si se comparaba las prestaciones y el precio de los dos diseños producidos en el programa LCS y cualquier fragata producida por astilleros europeos se obtenía la impresión de que en Estados Unidos habían fabricado un juguete militar a precio de escándalo. Por el precio de un “buque de combate litoral” de 4.000 toneladas, los europeos producían fragatas bien equipadas de 6.000 toneladas. Esa idea posiblemente circulara en el Pentágono. Y en un contexto geoestratégico diferente, con los submarinos rusos patrullando de nuevo por el Atlántico Norte y la armada china en expansión, se decidió cortar por lo sano. El programa LCS se canceló y se optó, como alternativa a los buques que quedaban por construir, por una fragata tradicional, buscando minimizar los riesgos tecnológicos en un nuevo programa: el programa FFG(X).

Al nuevo concurso se presentaron seis candidatos. Tres eran diseños europeos: la fragata alemana MEKO 200, una versión italiana de la fragata franco-italiana FREMM y un derivado de la fragata española F100. Los tres diseños estaban basados en buques ya probados. En todos los casos, las empresas europeas que se presentaron al concurso iban de la mano con un socio local. Y es que los buques se iban a construir obligatoriamente en astilleros estadounidenses. Así que los socios europeos de los consorcios creados temporalmente para este concurso sólo iban a aportar los planos y asesoramiento en materia de ingeniería naval. No había por tanto puestos de trabajo de cortar chapa en juego en Europa.

Los otros tres diseños concursantes eran totalmente estadounidenses. Dos eran modificaciones de los diseños del programa LCS y el tercero una modificación de un patrullero oceánico de la U.S. Coast Guard. Dado el fiasco del programa LCS, los dos diseños derivados nunca generaron mucho entusiasmo. Mientras que los patrulleros oceánicos de la U.S. Coast Guard parece que también tuvieron problemas de diseño y construcción. Todo apuntaba a que la U.S. Navy iba a jugar seguro optando por un diseño europeo probado y maduro.

Diseños de Iron Bath Works: Destructor DDG-1000, destructor Arleigh Burke y variante de la F100 de Navantia para el programa FFG(X).

¿Por qué ganó el diseño italiano?

Marcus Weisberger cuenta en DefenseOne.com que las autoridades estadounidenses informaron de que se había optado por el diseño ganador porque aportaba el “best value”. Esto se puede entender como la mejor relación calidad-precio, pero también simplemente como la mejor oferta. El propio Weisberger señala que la frase en realidad no aporta ninguna explicación razonada. Es decir, no tenemos ninguna explicación oficial de la victoria del diseño italiano.

Los críticos con el gobierno de Pedro Sánchez lo responsabilizan directamente por la derrota sufrida por Navantia en el programa FFG(X). Y argumentan que la decisión de la U.S Navy se hizo exclusivamente en clave de política internacional. No tenemos suficiente información al respecto, pero se acumulan indicios de que había otros muchos factores en juego en la decisión final sobre este programa.

1. El diseño italiano se ajustaba más a lo que la U.S. Navy estaba buscando.

El programa LCS nació para sustituir a las fragatas de la clase Oliver Hazard Perry, un diseño simple y relativamente barato de fragata antisubmarina que se fabricó masivamente durante la Guerra Fría pensando en la amenaza soviética en el Atlántico Norte. Al cambiar los restantes buques del programa LCS por fragatas del programa FFG(X) la U.S. Navy estaría buscando su nueva fragata antisubmarina. En esto, la versión italiana de la fragata FREMM tiene una ventaja sobre el diseño español F100 de Navantia en materia de guerra antisubmarina. Su sistema de propulsión CODLAG (combinado diésel-eléctrico y gas) es más silencioso que el CODOG (combinado diésel y gas) de las F100 españolas. Es posible que otros detalles técnicos en materia de guerra antisubmarina dieran ventaja al diseño italiano.

En su artículo, Marcus Weisberger cita un comunicado oficial que dice que el comité que seleccionó el ganador puso “an intense focus on cost, acquisition and technical rigor”. Por su parte, el periodista español Esteban Villarejo en el diario madrileño ABC recoge la información de que el consorcio en el que participaba Fincantieri presentó un “precio agresivo”. Si tenemos en cuenta que el programa FFG(X) nació como una alternativa a un carísimo programa que resultó un fracaso tecnológico, es posible que se buscara una oferta sólida en lo tecnológico pero se valorara especialmente el precio.

2. Razones de política estadounidense.

En los grandes programas de defensa entran en juego otros factores que los meramente tecnológicos o de coste. Cualquiera que conozca los entresijos de la política estadounidense sabe que se opta por uno u otro candidato a un programa en función de la actuación de lobbies, las intrigas políticas en el Capitolio y maniobras electoralistas.

La victoria en el programa FFG(X) suponía llevar una importante carga de trabajo, 20 buques, a uno u otro astillero dentro de Estados Unidos. En caso de haber ganado el diseño de Navantia, las fragatas se habrían construido en los astilleros Bath Iron Works en Maine, propiedad de General Dynamics. En cambio, serán construidos por Marinette Marine en Winsconsin. Es posible que Marinette Marine hiciera mejor trabajo que Bath Iron Works por los pasillos de Washington D.C. Es posible que los representantes en el Senado y la Cámara de los Representantes de Winsconsin hicieran mejor trabajo que los de Maine.

No tenemos datos respecto al trabajo desarrollado por unos y otros vendiendo las bondades de su proyecto. Sí sabemos que los astilleros de Bath Iron Works tienen carga de trabajo fabricando varios destructores de la clase Arleigh Burke: los destructores USS Daniel Inouye, USS Carl M. Levin, USS John Basilone, USS Harvey C. Barnum Jr. y USS Louis H. Wilson Jr.. Marinette Marine en cambio vivía hasta obtener el contrato de las fragatas FFG(X) una situación delicada.

Craig Hooper en forbes.com escribió sobre el concurso FFG(X) poco antes de saberse el ganador y apuntaba al diseño italiano como uno de los dos ganadores más probables. El principal argumento para la victoria de Marinette Marine es que Winsconsin será un estado clave en las elecciones de noviembre de 2020. Según Hooper, el actual secretario de Defensa, Mark Esper, es un animal político al que no se le pasaría por alto esta oportunidad de maniobrar para que Trump vuelva a ganar la selecciones.

Hooper, por cierto, anticipaba tres razones para la que el diseño de Navantia no resultara ganador. Las dos primeras están relacionadas con los astilleros Bath Iron Works. Una sería que el astillero tiene un buen número de pedidos en cartera y la otra es que los sindicatos estarían a punto de iniciar un conflicto duro con la empresa. La tercera sí tiene que ver con Navantia. Y no tiene que ver con la retirada española del despliegue con el portaaviones estadounidense. Sino el accidente de la fragata noruega F313 Helge Ingstad. En realidad, que un buque de guerra chocara contra un enorme buque de carga en tiempos de paz cerca de la costa fue el resultado de una monumental incompetencia de la tripulación noruega, agravada con una pésima gestión de la vía de agua. Pero para Hooper el accidente supuso un duro golpe en la reputación de Navantia. Que la cortina de humo lanzada por la armada noruega fue aprovechada por los rivales comerciales en una campaña de desinformación es algo que insistí en su momento en redes sociales. Y ahora sólo lo veo confirmado.

Puede que algún día conozcamos los criterios empleados por el comité encargado de seleccionar el diseño ganador del programa FFG(X). De momento sólo podemos especular. Pero me ha llamado la atención el contraste entre las explicaciones que han circulado fuera de España y las que se han repetido dentro de España.

5 comentarios sobre “Navantia y la victoria italiana en el programa estadounidense FFG(X)

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  1. Ya se vio cuando sucedió el accidente de la fragata noruega que se le dio mucha relevancia mediática. Esa relevancia venía impulsada por la competencia, está claro.

  2. Muy bueno el post, aunque no creo que lo de Noruega haya tenido importancia en la elección del diseño de Fincantieri, ha sido un tema político de reparto de cargas de trabajo. Se te ha olvidado comentar que el primer LCS-1 se construyó en los astilleros Marinette Marine y ya en diciembre del año pasado, se miraba con preocupación en el Congreso lo de las cargas de trabajo si uno o ambos de estos astilleros no participan en la construcción de FFG(X)s, al final se van a construir 10 en Marinette y 10 en Austal, como aquí la segunda serie de los BAM-II (bueno, en nuestro caso no eran 10, era 1 y 1).

    Ver: https://www.everycrsreport.com/reports/RL33741.html

  3. Genial el post. He llegado por casualidad a tu blog porque el otro día estuve buscando info sobre esta notícia. Claramente es tendencioso el modo en el que se ha informado en España. Incluso Elpais.com que barajaba varias hipótesis no pudo evitar caer en la mención de las tensiones EEUU – ESPAÑA. Sin embargo, el artículo de Forbes era meridianamente claro. Personalmente me inclino por pensar en la idea de Wisconsin como estado clave en la reelección de Trump como decantador del proyecto – sin desdeñar el peso de otras variables.
    Un buen ejercicio de análisis. Enhorabuena

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