Una guía muy personal para escribir artículos

Un día un amigo me pidió mi opinión sobre un artículo que estaba escribiendo y de pronto me vi a mí mismo dándole una chapa tremenda en la que volqué un montón de lecciones acumuladas tras años de colaboraciones en medios y publicaciones académicas. Mi principal lección fue “no cometas todos los errores que yo he cometido”. Y caí en la cuenta que estaba tratando de redimir mis pecados al intentar que al menos alguien pudiera sacar provecho de todas mis meteduras de pata acumuladas a lo largo de este tiempo.

Mi primera lección, aprovechando estos días que estoy leyendo y escribiendo sobre el introductor del concepto de arte operacional en Israel, es que te tienes que plantear tu dedicación a escribir como una campaña militar en la que se van sucediendo batallas que conducen a un objetivo final. Esto quiere decir que no te obsesiones con escribir el artículo que va a aclarar un asunto en todos sus aspectos de una vez por todas y para siempre. Piensa en cambio que vas a iniciar un proyecto personal en el que vas a encadenar una serie de artículos sobre un tema. Ya habrá tiempo de abordar sus distintos aspectos.

Es muy habitual que cuando uno estudia en la universidad o se interesa por un tema arranca con ganas de cuestionar el conocimiento canónico, darle un enfoque original a un tema muy manido o rescatar un asunto olvidado. Yo fui uno de esos jovencitos ambiciosos que quería responder a las Grandes Preguntas. Y me enfadaba cuando los profesores decían que querían trabajos cortos de pocas páginas o me pedían que acotara muchísimo el tema. Por ejemplo, yo me propuse averiguar en primero de carrera por qué entró en crisis el modelo keynesiano tras el crack de 1973 y cómo se impuso el modelo neoliberal. Ahí es nada. Volqué tanta energía y tiempo en aquel trabajo que me quedaron cuatro asignaturas para septiembre.

Ahora entiendo que esa obsesión por escribir el artículo definitivo suele conducir a que se convierta en una quimera que persigues durante años y nunca culminas. Porque la diferencia con la universidad es que cuando escribes por tu cuenta no tienes a un profesor exigiéndote un plazo de entrega. Así que el consejo es que, si la idea que tienes en mente es escribir un artículo sobre la Guerra Híbrida o cuestionar la visión de la historiografía anglosajona sobre la guerra relámpago alemana en la Segunda Guerra Mundial, deberías replantearte si realmente tiene sentido escribir un único artículo genial sobre ello. Posiblemente lo que tienes en mente es una tarea digna de convertirse en un proyecto personal.

Todo esto además tiene implicaciones prácticas que afectan al tiempo y al espacio. Porque esos proyectos de escribir el artículo definitivo que pretende acabar con todos los artículos sobre el tema de una vez para siempre se convierten en obras faraónicas que llevan toda una vida. Y si bien en el caso de artículos sobre historia militar el factor tiempo no es tan relevante en su impacto, el valor de tu artículo “la próxima crisis de” o “la nueva amenaza de” cambia por completo si lo publicas antes o después de que el asunto se haya puesto de máxima actualidad. En el segundo caso, tu voz se va a perder en una cacofonía de expertos y oportunistas hablando del tema de moda. Y si tú tienes muy claro que es inminente una crisis en una cierta región o que cierta amenaza va a convertirse en muy relevante próximamente, escríbelo ya y publícalo ya. Yo lo quiero leer ahora, no cuando todo estalle. No pierdas tiempo. Porque si tu propósito era contarme que eso iba a pasar, cuando suceda tendrás que tirar el artículo a la basura porque los factores, actores y circunstancias relevantes en la realidad siempre suelen ser diferentes a cómo tú pensabas que iba a escalar la crisis. Y tendrás entonces que empezar tu nuevo artículo casi de cero.

Muchas veces el retraso de ese proyecto de artículo ambicioso que se prolonga eternamente se excusa en un malentendido perfeccionismo. Nos sucede a todos en nuestros comienzos que ante la perspectiva de mandar artículos a publicaciones especializadas nos surge un terrible temor de ser juzgados por los expertos en la materia, así que para evitarnos disgustos decidimos que sólo mandaremos artículos pluscuamperfectos. Y de pronto, nos encontramos disfrutando del rédito social de haber tenido una idea tan original o ambiciosa. Así surge la tentación de prolongar esa situación y mantener el disfrute de la admiración recibida de nuestros pares antes de que decepcionarles con una obra real y tangible. A mí me pasó con mi primer y único libro hasta la fecha. Me di cuenta un día que la admiración o respeto que me ganaba como escritor en ciernes al contar el proyecto de libro que tenía en mi cabeza se iba a esfumar tan pronto el libro fuera real, porque ese libro no iba a estar nunca a la altura de lo que yo había imaginado y contado.

Si te dedicas a contarle a todos tus amigos frikis que estás preparando un artículo que contradice y desmiente a toda la historiografía española sobre una batalla concreta de la Guerra Civil va a llegar un día que te dé el vértigo de descubrir que quizás tu artículo no logre su propósito. Y entonces te sientas más cómodo contando tu brillante idea a tus amigos en una barra de bar que trabajando en tu artículo y comprobando que tu hipótesis es al menos discutible.

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Además, el perfeccionismo que lleva a nunca terminar de escribir el artículo tiene también un componente de esa clase de egocentrismo de director de cine que se niega a rodar si el productor no pone a su disposición una cantidad desmedida de recursos para una escena de pocos segundos. En ese caso, termina sucediendo que el artículo está acabado a más del 80%, pero el autor se retrasa indefinidamente porque no está satisfecho con un epígrafe que no necesariamente es fundamental en el texto o que podría dar pie a un nuevo artículo.

Tiempo atrás yo respetaba a esa clase de gente perfeccionista: los que alargaban la elaboración de sus artículos hasta el fin de los tiempos porque no estaban dispuestos a comprometer la calidad de sus artículos. Ahora sé que están full of shit. Su artículo es su bebé y lo quieren proteger del cruel mundo real donde la gente tiene opiniones y criterios que a lo mejor son contrarios al suyo. Quieren vivir eternamente en la ilusión de estar elaborando el artículo definitivo que marcará un antes y después sobre el conocimiento del tema, antes de descubrir que en el mundo real la gente no tiene ningún interés en conocer el papel de los Ju-87 Stuka en la Legión Cóndor o las ambiciones militares de la India en el espacio.

Así que tras esa primera lección de que transformes tu interés por un tema o asunto en un proyecto personal de una serie de artículos, la segunda es que aprendas a convivir con la imperfección. Tu artículo en papel nunca será tan bueno como tú lo habías imaginado. Al final, encontrarás que no existe tanta información pública como pensabas sobre el tema. Además, no te dará tiempo de leerte todos los libros y artículos que habías reunido como bibliografía. Y habrá aspectos que no te dará tiempo de abordar. Pero no tienes que preocuparte. Lo importante es que termines el maldito artículo y lo mandes. Y todas esas cosas que tienes en la cabeza las guardes para otro artículo. O para una futura versión mejorada y ampliada.

Con este llegamos a otra cuestión fundamental. Si la primera era el tiempo, la segunda es el espacio. Hay revistas que te marcan una longitud en palabras. Por ejemplo, la Revista General de Marina de la Armada Española y la sección Focus de la revista Ejércitos marcan un límite de 3.000 palabras (unas 10 páginas de Times New Roman 12 con interlineado doble). Lo que en principio parece una cortapisa porque todo el mundo cree que tiene mucho que contar de su tema, es una bendición porque te obliga a acotar y te marca un límite.

Si tienes que escribir un texto para una revista, un congreso o un medio on-line y no te dan orientaciones precisas pregúntalas. Y si te dicen el siempre socorrido “escribe lo que tú quieras” o te ponen un límite holgado al que sabes que no vas a llegar, ponte un límite razonable tú mismo. Porque los límites son necesarios para tener un plan de trabajo. No es lo mismo decirte a ti mismo “voy a escribir un artículo sobre terrorismo marítimo, que veo que hay poco sobre el tema en español”, que decir “voy a escribir 3.000 palabras sobre terrorismo marítimo”. Lo primero supone que vas a iniciar un camino que no se sabe a dónde te va a llevar. Lo segundo supone que ya sabes que vas a tener que sintetizar o dejar fuera cosas.

Saber la cantidad de palabras de tu texto es fundamental. Nunca deberías empezar un artículo sin saber cuánto vas a escribir porque nunca tendrá fin. El número de palabras del artículo te va a ayudar a trazar un plan de trabajo y va a permitirte marcarte hitos asequibles como veremos más tarde.

En mi opinión, todo artículo debería dividirse en los siguientes apartados.

  • Introducción
  • Contexto histórico/geopolítico
  • Meollo
  • Conclusiones

La introducción es el elevator pitch de tu artículo. Es el tráiler de la película que atrapa al lector para que lea el artículo hasta el final. La introducción debería explicar por tanto al lector de qué va el artículo y por qué es tan importante el tema del que has escrito. Si has escrito un humilde artículo sobre la evolución histórica del diseño de los botones del uniforme de diario de los oficiales de la Armada Española, di que puedes trazar un recorrido por los distintos regímenes políticos que ha tenido España y conocer la evolución de su economía sólo prestando atención al cambio en los escudos heráldicos que aparecen en los botones y en la calidad con la que fueron fabricados. Cuéntame que hay importantes lecciones que aprender o interesantes paralelismos históricos que trazar en la campaña militar que explicas en tu artículo. Busca la importancia de las lecciones históricas para el presente o la relevancia del concepto para tu país. ¡Véndeme la moto!

La introducción es una parte importante del artículo. No es un relleno. Y por eso es lo último que se escribe. Sólo cuando hayas terminado tu artículo, que nunca va a ser exactamente como lo habías pensado, podrás transmitir cuál es el objetivo que has alcanzado. Pero escribir la introducción del artículo al final no sólo es conveniente porque sólo entonces vas a ser capaz de explicar su esencia, sino que ayuda a evitar esa introducción que son pura paja llenas de frases vacías del tipo “desde el comienzo de los tiempos, la guerra ha sido un fenómeno en constante transformación”, “los innumerables avances de las nuevas tecnologías de la información imponen a los ejércitos la necesidad de prepararse para un panorama cambiante”, “sólo aquellos ejércitos que se adapten estarán preparados para afrontar el desafío de un mundo lleno de amenazas emergentes”, “vivimos en un mundo globalizado de amenazas impredecibiles”, etc. Por favor. Parad con esa mierda. No más introducciones de artículos explicando que “la guerra está en constante cambio” o que una región en conflicto es “de una elevada importancia estratégica”.  Parad con las citas de Sun Zi o Von Clausewitz sobre la naturaleza de la guerra. En serio. Que ya una vez leí a un oficial de las fuerzas armadas españolas citar a Von Clausewitz y su obra On War, que supongo la escribió después de luchar como ayudante de campo de George Washington en Yorktown.

Así que pasamos al siguiente epígrafe: el contexto, bien geopolítico o histórico. Si la introducción se escribe al final, este epígrafe ¿debería ser el primero que abordemos? Pues no necesariamente. Si comenzar con la introducción, cuando no tenemos claro el resultado final, puede hacer que nos atasquemos con el síndrome de página en blanco y reunamos unos cuantos clichés, entonces abordar el contexto histórico del tema del artículo puede llegar a convertirse en una trampa de arena mortal. El problema es que de cualquier asunto podemos trazar antecedentes históricos hasta la Prehistoria. Empiezas un artículo sobre un conflicto de un país africano y para entender el contexto te remontas a las sucesivas crisis del país desde el fin de la Guerra Fría, su papel en las tensiones geopolíticas de la Guerra Fría, la defectuosa descolonización y así terminar hablando del arbitrario trazado de fronteras en el Congreso de Berlín de 1878. El resultado es que el artículo que ibas a escribir de un conflicto en marcha se retrasa a perpetuidad después de que te hayas quedado sepultado por una montaña de bibliografía histórica y, lo que es peor, posiblemente hayas perdido el entusiasmo inicial con el que empezaste a trabajar.

Si la introducción es lo último que se escribe y el contexto histórico o geopolítico, si procede en el artículo, no necesariamente se escribe a continuación, no hay que tener ningún reparo en empezar a escribir directamente el meollo del artículo. Si quieres escribir un artículo sobre el empleo de drones en la guerra de Siria, escribe sobre el uso de drones en la guerra de Siria. Y ya luego, cuando hayas contado lo que tenías que decir, escribes el epígrafe donde explicas el contexto del conflicto. Si quieres escribir sobre la piratería en el Cuerno de África, escribe sobre la piratería en el Cuerno de África. Y luego, escribe el epígrafe donde explicas cómo Somalia se convirtió en un estado fallido. Este consejo es un poco drástico y a lo mejor te vas a ver un poco perdido escribiendo el cuerpo del artículo sin tener claro qué cosas mencionas y qué cosas dejas fuera del contexto histórico. Es una opción radical que se puede descartar si trazas un plan de trabajo claro, como ahora veremos.

Dije antes que era importantísimo tener clara la longitud del artículo porque eso nos iba a permitir trazar un plan de trabajo. Y es que sólo es cuestión de hacer un pequeño cálculo. Imaginemos entonces que queremos escribir sobre los planes navales de Vietnam y sus alianzas geostratégicas en el contexto de las ambiciones chinas en el Mar de la China Meridional. Lo vamos a mandar el artículo a la Revista General de Marina. Así que nuestro límite serán 3.000 palabras. El artículo estará formado por los siguientes epígrafes: introducción, contexto, meollo y conclusiones. Como lo relevante del artículo es el meollo, ese epígrafe debería tener el doble o triple de extensión que el resto. Así que vamos a repartir 3.000 palabras entre cuatro epígrafes donde uno es el triple de largo que el resto. En términos matemáticos lo podemos representar: 3.000 = x + x + 3x + x. Simplificado: 3.000  = 6x. Despejamos y nos queda que x = 500. Así que las 3.000 palabras del artículo se distribuirán así:

  • Introducción (500 palabras)
  • Contexto geopolítico (500 palabras)
  • Meollo (1.500 palabras)
  • Conclusiones (500 palabras)

Antes dije que si teníamos este esquema claro podríamos ir directamente al contexto geopolítico o histórico. Porque si tenemos claro que vamos a escribir 500 palabras y sólo 500 palabras se acabó el remontarse a las viajes de Zheng He para hablar de las actuales ambiciones marítimas chinas. En esas 500 palabras contaremos como cada uno de los países ribereños del Mar de la China Meridional reclama una ZEE que entra en conflicto con los países vecinos y cómo ello afecta a Vietnam. Y punto. Entonces, en el meollo del artículo, analizaremos el reciente libro blanco de la defensa de Vietnam, contaremos las compras de armamento a Rusia e Israel y terminaremos con los acuerdos diplomáticos e industriales con Estados Unidos y Japón.

Por último llegamos a las conclusiones. Todo artículo debería terminar siempre con un apartado de conclusiones porque todo artículo debería tener un propósito, no ser una colección de batallitas. Aquí contaremos que hemos aprendido elaborando este artículo, cómo se vinculan los diferentes elementos del meollo y podemos introducir nuestra valoración. ¿Has escrito un artículo histórico? Pues dinos qué lecciones podemos sacar para el presente o el futuro. O qué cosas nuevas has encontrado en tu investigación sobre el tema comparando  con lo que se había publicado hasta ahora. ¿Hablas de un sistema de armas que acaba de salir al mercado? Pues haz una valoración de si ofrece realmente algo nuevo y cómo encaja en los planes militares actuales.

Tener claro que vamos a escribir una cantidad determinada de palabras y tener claro el guión del artículo, con el contenido de cada epígrafe, nos permite trazar un plan de trabajo. Podemos establecer una fase de acopio de fuentes y otra de lectura. Y ya luego empezar la fase de elaboración con un ritmo de trabajo donde nos pongamos de objetivo una cantidad fija de palabras a a producir por día o semana. Así podemos calcular cuánto tiempo nos va a llevar un artículo y de esta forma nuestro artículo no va a ser un proyecto etéreo. Va a ser un proyecto que nos va a llevar x semanas. Y esto es importante. Porque si no estableces límites a las fases de obtención y lectura vas a estar hasta el final de tus días buscando documentos en Internet y leyendo libros. Que ya nos conocemos.

Deberías ponerte siempre un límite de tiempo para elaborar tus artículos. Vas a darte cuenta que producirás entre el 50% y el 75% del artículo con relativa rapidez para quedarte atascado en una parte pequeña, cuya elaboración requiere profundizar en muchas lecturas o encontrar datos que son más difíciles de obtener. Corres el riesgo entonces de alargar indefinidamente la elaboración del artículo y perder la motivación por el camino. Así que tienes que perder el miedo a que tu artículo sea redondo y perfecto. A lo mejor tendrás que escribir otro para contar lo que dejaste fuera.

Mencioné al principio que había que pensar en tus ideas de artículos como una campaña militar en la que aplicar el arte operacional. Cada batalla individual debería llevar a otra en un recorrido hacia un objetivo determinado. Eso tiene además otra utilidad y es evitar la manía que tenemos todos de correr detrás de varios temas diferentes que no tienen nada que ver los unos con los otros. Los frikis somos como niños en una juguetería. Vemos algo que nos gusta y lo soltamos porque vemos otra cosa que nos llama más la atención para correr detrás de ella. Así en mi currículum aparecen publicaciones sobre el Sahel, maras centroamericanas, la guerra civil de Rhodesia y el Air-Sea Battle Concept. Un batiburrillo sin pies ni cabeza. Mi consejo a todos es que no sean como yo. Buscad una línea de trabajo, pensad en cómo conectan los varios temas que os gustan y trazad un plan de publicaciones que les dé coherencia y os convierta en expertos de un tema, región o periodo histórico. Ya sé que a todos nos gusta saber de todo y todos queremos escribir de todo, pero crecer significa aprender a renunciar y ponernos límites.

Por último, un consejo final sobre el estilo. Buscad la sencillez del lenguaje. Resulta evidente cuando alguien imposta su voz. Hay quienes confunden transmitir una imagen de persona culta e intelectual con usar un lenguaje rebuscado. También pasa que hay personas que por falta de experiencia creen que eso es lo que se espera de un texto académico o intelectual. Y no. Las ideas son las que tienen que ser profundas y densas. El lenguaje tiene que ser sencillo. Un consejo de amigo. Si leéis algo varias veces y no entendéis un carajo, no penséis que sois tontos. Posiblemente el texto sea una puta mierda. Véase el affair Sokal.

Y tened cuidado de abusar con el uso de las subordinadas. Es el error de principiante el querer meter en cada párrafo todo el conocimiento que habéis adquirido del tema para terminar construyendo frases inacabables. “El general Smirnoff, que había recibido su formación militar en varias academias militares de Europa Occidental y por lo tanto era el más cualificado de entro los generales del IV Cuerpo de Ejército, ordenó avanzar sus reservas formadas por la 32ª y 79ª brigadas, que habían sido fogueadas en la reciente ofensiva de primavera pero ya estaban recuperadas tras la llegada de reemplazos de la última leva y habían recibido los nuevos fusiles del Mod. 16, una mejora sustancial frente al empleado por las unidades enemigas, que se tenían que conformar con…” Si has escrito una frase que ocupa varias líneas del procesador de texto posiblemente ahí hagan falta unos cuantos puntos y seguido. Lee en voz alta tus párrafos y comprueba que no te falta el aire al terminar de leerlos.

Si os da miedo escribir ya un artículo de varios miles de palabras empezad con un blog personal donde hagáis comentarios sobre la actualidad, noticias o artículos en 500 palabras. Marcaros la disciplina de  recopilar noticias y comentar un tema que os atraiga. Cuando hayan pasado los meses tendréis tal conocimiento y tal perspectiva sobre su evolución en el tiempo que el artículo saldrá solo.

Escribir artículos tendría que ser una aplicación del arte operacional ruso: una batalla profunda. Buscad aquellos huecos en los temas y enfoques que el establishment ha dejado descubiertos para avanzar y avanzar hacia el corazón del enemigo. No perdáis tiempo en terminar de conquistar cada centímetro de las bolsas que vais dejando atrás en vuestro avance. Ya habrá tiempo para ello. Y sobre todo, no os detengáis por el camino a coger prisioneros.

2 comentarios sobre “Una guía muy personal para escribir artículos

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  1. Qué buenos consejos, qué buena idea plantearse un guion y una planificación para escribir un artículo, ¡hasta usando álgebra para la distribución del número de palabras!

  2. tronco, he comenzado a leer tu articulo y siento como si me estuvieras diciendo mis fallos….yo escribo articulos por hobby desde hace mucho, normalmente para aclarar algun punto de geopolitica o historia, y termino haciendo articulos de 20 paginas e invirtiendo semanas…..pero muchos de ellos simplemente se quedan en planes, porque no puedo invertir tanto en tantos…..asi que terminare de ller tu articulo con calma, incluso lo imprimire y lo subrayaré (que me perdone el arbol perjudicado)

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