La Crisis Posmoderna

Posmoderno es un concepto polisémico y siempre temí que puesto a explicar mi marco de análisis de la transformación de los conflictos armados chocara con alguien que se manejara en las discusiones bizantinas sobre el posmodernismo. Como sociólogo me manejo en los márgenes restringidos de la Posmodernidad entendida como las transformaciones sociales de la sociedad industrial. Llámese “La Tercera Ola”, sociedad post-industrial o era de la información.

Escogí el término “Guerras Posmodernas” porque encontré que era más fácil definir aquello que históricamente quedaba atrás que darle nombre a lo que estaba por venir. Sin proponérmelo una idea principal fue surgiendo como columna vertebral del marco de análisis de Guerras Posmodernas: La crisis del Estado, la institución política esencial de la Modernidad, como actor fundamental del panorama internacional. Una crisis provocada por la aparición de entidades supraestatales y la emergencia de actores subestatales, así como por la debilidad de los estados producto de la descolonización de los imperios de Europa Occidental y soviético.

Pero en un marco amplio a lo que asistimos en definitiva es a la crisis de las instituciones de la sociedad industrial: La familia nuclear, las grandes burocracias empresariales, la prensa escrita, los sindicatos y partidos políticos de clase… Todas ellas aparecieron con la vida urbana de las sociedades industriales europeas del siglo XIX y ahora asistimos a su transformación o declive. En ese contexto es donde surgen las redes. Las redes de activistas de movimientos sociales donde antes habían organizaciones de izquierda con estructuras piramidales. Surgen los Smartmobs que organizan algaradas callejeras en Francia, Moldavia o Grecia mediante Internet. Donde antes había sindicatos y periódicos obreros encontramos que en el vacío ideológico el descontento es canalizado a través de movimientos de ultraderecha sin jerarquías. El yihadismo global, difuso, tranasnacional y antioccidental, ocupa el vacío dejado por el socialismo árabe.

La netwar es la forma propia de la guerra, el conflicto y el activismo de la sociedad red en un mundo donde la instituciones legado de la era industrial entraron en crisis.

6 thoughts on “La Crisis Posmoderna

  1. Es una buena forma de explicar de qué tratará tu segundo libro y de qué manera se enlaza con el anterior 🙂

    Saludos!!

  2. El socialismo panárabe es curiso que siendo furibundamente antioccidental, fuera percibido por los fundamentalistas islámicos como un “invento” occidental. Es sorprendente como esos regímenes han querido hacer el gambito de presentarse ante occidente como la barrera ante la marea islamista. Pero si tan malos son unos como otros.

  3. Buenos dias….

    Aqui te dejo un pequeño descubrimiento que a lo mejor te interesa de cara a tu nuevo proyecto

  4. Me gustaría apuntar sobre las constantes guerras lejanas del primer mundo que a pesar de todas las innovaciones técnicas, estratégicas y tácticas, hay, en lo esencial, muchos más elementos de continuidad que de crisis o cambio, a saber:

    – Desde las primeras ciudades-estado del neolítico hasta el día de hoy, los gobernantes siempre han explotado el poder unificador y reforzador del “statu quo” derivado de la fabricación del Enemigo; Trajano en la Romania, las guerras mundiales como hábil freno de movimientos revolucionarios por toda Europa, o aún más cerca de nuestra realidad, la guerra permanente como instrumento de control social en el 1984 orwelliano.

    – La decisiva, poderosa e invisible influencia del Complejo militar-industrial; tal como predijo Chomsky, las democracias occidentales son una ficción dramática desde que los patrimonios de las empresas transnacionales son superiores a los presupuestos de la mayoría de los estados desarrollados. Cuanto no más así en el caso de las empresas del denominado complejo industrial-militar, que desde su posición dominante, forjaron y forzaron, desde la guerra de Vietnam, una intrincada y permanente alianza con los servicios secretos y la cúpula militar de la nación más poderosa de la tierra. Este complejo, al igual que todos los ejércitos de los imperios grandes y pequeños, siempre necesitará un gran enemigo, un mercado de conflictos de pequeña intensidad, un banco de pruebas, investigación y entrenamiento, en suma, para su propia supervivencia crearán y mantendrán las condiciones para la guerra permanente. Muy probablemente casi todos los “casus belli” que se presentan ante el público han sido siempre amañados desde la guerra hispano-norteamearicana. Por mucho que las busquen, las armas de destrucción masiva sólo pertenecen a las potencias nucleares.

    – Control de recursos, geo-estrategia, recambio de gobiernos no sumisos, desmembramiento o desestabilización de los estados no controlables, servicios o pagos de deudas a los aliados, ejemplarización, demostración de poder, terror…; las verdaderas razones de una guerra rara vez llegan a los medios de comunicación, y nunca tienen nada que ver con las dos o tres frases con las que un pueblo es engañado y un soldado convencido para arriesgar su vida y destruir la de muchos otros.

    – A enemigo muerto, enemigo puesto, o el eterno “horror vacui” de los espías y los militares se refleja en el hecho de que una vez terminada la Guerra Fría, los yihadistas internacionales y los talibanes, que apoyados por la CIA habían derrotado a los rusos en Afganistán, se convierten en el principal enemigo de Occidente. Pero la historia reciente ha demostrado que el mayor enemigo de nuestra especie, después del hambre y las enfermedades relacionadas con ella, no es el terrorismo, sino el terror y el caos geo-político que producen los ejércitos de algunos estados. El terrorismo del siglo XXI ha conseguido algunos resultados espectaculares, pero sus cifras de víctimas son ridículas y anecdóticas en comparación con los cientos de miles de víctimas, en su mayoría civiles, ocasionados por la ocupación a manos de las potencias occidentales de Iraq y Afganistán. Los resultados funestos de la ocupación, o su fin, se prolongan en el futuro; Iraq sigue enzarzado en una guerra civil con víctimas diarias que ya ni siquiera aparecen en los noticieros, los Talibanes aumentan sus areas de influencia y el apoyo popular, incluso en el vecino Pakistán-potencia nuclear. Toda la región está desestabilizada,y la reconstrucción ha sido un fracaso completo. Para completar el cuadro del caos, Irán está en el punto de mira, y su empeño nuclear ya suministra una causa justa para cuando una nueva intervención en la región se considere conveniente.

    -Netwars, guerras post-modernas, milicias populares durmientes preparadas para el autogolpe de un nuevo Mao, guerras asimétricas o de cuarta generación… Yo sólo veo campañas militares de faraones pintadas como propaganda para el vulgo, perros guardianes que le ladran a enemigos inventados para justificar su función y existencia, y en los confines de un imperio, un hombre armado programado con mitos, dispuesto a morir por una banderita o un slogan.(Ésto siempre funciona gracias a una herencia del pensamiento mágico primitivo, nuestro antiquísimo gusto y “devotio” por el Totem colectivo.)

    Por todo lo anterior pregunto: -¿Qué hay de nuevo, moderno, o post-moderno en las nuevas guerras?

    Afectuosa y tolstoianamente,

    Daniel Macías

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