Rusia ha vuelto

El guión de las guerras posmodernas habla de un panorama internacional crecientemente post-estatal donde juegan su papel organismos multinacionales, onegés, cadenas de televisión globales, estrellas del rock solidarias y redes transnacionales de terroristas, traficantes y activistas. En ese esquema las guerras entre países soberanos han sido cada vez más extrañas tras la caída del Muro de Berlín. Pero la teoría tropieza con varias piedras estadísticas.

Una son las intervenciones exteriores de EE.UU., en solitario o con aliados: Panamá (1989), Kuwait (1991), Haití (1994), Bosnia (1996) Kosovo (1999), Afganistán (2001), Iraq (2003)… Es lo que tiene ser una potencia global. El resto, irónica o trágicamente, son un puñado de guerras por unos pocos kilómetros de frontera sin definir y sin valor material: Lugares como la Sierra del Cóndor en el Alto Cenepa o la Línea de Control (LOC) en el glaciar de Kargil. Son los lugares del mundo donde los mapas siguen en construcción con una lógica del siglo XIX, la que vio nacer a muchos estados europeos. La misma que mueve las ondas de choque que aún se hacen sentir por la fractura de los dos grandes estados comunistas multinacionales: La U.R.S.S. y Yugoslavia.

Los conflictos entre naciones por un puñado de kilómetros de frontera nos resultan ajenos a los tiempos que vivimos porque en el siglo XXI el Lebensraum de un país próspero no está en las llanuras de trigales ni en los yacimientos de carbón, sino en la capacidad de I+D de sus empresas y en la facilidad con la que mercancías, capitales, personas e ideas circulan. Singapur y Estonia prosperan. La República Democrática del Congo no.

Pero hay una última cuestión en el modelo de un mundo incipientemente desterritorializado donde no podemos olvidar los mapas: La geopolítica de los hidrocarburos petróleo y las relaciones de poder y dependencia que se generan. Ucrania lo descubrió a finales de 2005. Georgia en enero de 2006. Alemania parece que aprendió entonces la lección y desde entonces parece que ha ligado su futuro a Rusia, el principal proveedor de gas natural de Europa.

Osetia del Sur es sólo una parte ínfima del tablero. Y su población, “setenta mil rusos recalificados por el Kremlin y que caben en el Estadio Bernabeu” (sic) en palabras de Hermann Tertsch, no es la causa del reciente conflicto. Es un movimiento de piezas en una partida mucho más grande y compleja, que nos toca de cerca.

La importancia de lo sucedido en Osetia del Sur no es que se haya tratado de una conflicto abierto sino las novedades apreciadas en los movimientos rusos. Vía Jorge Aspizua llegamos al repaso que hacen en “Kings of War” de la lluvia de ideas apuntadas por Adam Elkus. Los chicos del King’s College empezaron en su momento, destacando como aquí hemos hecho, la anomalía que supone un conflicto entre estados pero destacan que lo que hemos visto es una combinación de fuerzas convencionales e irregulares en el terreno (tropas chechenas incluidas), con ataques en la red (lo que merece capítulo aparte) y un discurso sólido frentre a los medios.

Como decíamos ayer, es destacable la rapidez que Rusia ha aprendido el lenguaje de las cancillerías occidentales: Sus tropas estacionadas en Georgia son peackeepers”, la intervención en Osetia del Sur se hizo para prevenir una “limpieza étnica” y cuando las tropas rusas se internaron en Georgia lo hicieron en una “operación preventiva”. Rusia ha entendido nuestro juego y sus reglas. ¿Entendemos nosotros el suyo?

Recomiendo leer el reportaje de Robert D. Kaplan sobre Georgia con la perspectiva que dan ocho años. Y por curiosidad el “repaso” que el profesor Francisco Veiga hace de los puntos de vistas vertidos por Hermannn Tertsch en ABC.

En cuanto a los ataques vía Internet sospecho que más que una estrategia del Kremlin se trate, como en el caso de Estonia en 2007, de una smartmob de script kiddies lanzando ataques DoS.

7 thoughts on “Rusia ha vuelto

  1. ¿te parece razonable el análisis del profesor Veiga? El periodista Herman Tertsch es ha columpiado. Pero este otro. Resumen. Todo es culpa de USA que ha armado a Georgia y bla bla bla. Pero si ni si quiera sabe que armas tiene Georgia. Como de costumbre en la intelectualidad izquierdista, que unos meros detalles no te rompan el discurso antiusa.

  2. A ver… Que lo recomiendo no quiere decir que esté de acuerdo con todo lo que cuente. El profesor Veiga patina hablando del súper-moderno ejército georgiano armado hasta los dientes por Francia y EE.UU.

    Primero lee a Robert D. Kaplan y verás que ese rollo de la “centenaria nación de Georgia de la que los malvados rusos quieren desgajar Osetia del Sur” que decían en el foro de las FAS es otra historieta. Aquello es la suma de reinos de taifas donde lo que cuenta es quién se lleva cuánta tajada. Busca “Geomadera” en Google.

    El presi georgiano, creo, calculó, mal sus apoyos. Y ver lanzacohetes de artillería RM-70 lanzando pepinos de 122mm. sobre la capital de Osetia del Sur era una invitación a la fiesta con envío certificado para Moscú.

  3. ¡aaaaaaaaaaaaah! Eso ya es otra cosa. Si te referias a la invalidez de las referencias históricas tienes razón. En esa zona ningún país puede presumir de milenarias fronteras naturales. Ninguno. Ni Georgia, ni Ruisa, ni Armenia, ni Azerbayán, ni los chechenos ni nadie. Porque aún partiendo de la historicidad de las diferentes naciones, estás nunca constituyeron naciones en el sentido moderno (S. XIX) sino reinos siempre multiétnicos en el que una etnia dominaba bajo la soberanía de un rey una zona más o menos extensa dependiendo del poder militar del momento y de los intereses de las más poderosas naciones y/o impericos cercanos. Y eso desde los tiempos de Alejandro Magno por no irnos más atrás.

    Desde luego la jugada de los georgianos, en el sentido militar era un suicidio. Pero quizás en el político no tanto. Eso se verá con el tiempo.

    Pero lo que si que en mi opinión son delirios es echar la culpa a USA por haber instigado a los georgianos. ¡Vamos hombre! Si ahora están ya muy ocupados en Iraq y Afganistán como para buscar nuevos conflictos. Además de que me extrañaría que Bush supiera situar en el mapa Georgia antes de empezar el lio.

    Los conspiranoicos (tanto de izquierdas como de derechas) tienden a ver los paises como meros peones mecanicamente obedientes a los desinginos de sus “patrocinadores”. Pero las cosas no son así. A vote pronto Vietnam del Norte llevó la guerra muchas veces “contra” las recomendaciones de URSS y China. Y Cuba tambien realizó más de una acción en África sin consultarla con URSS. Por no hablar de la independencia de actuación de Israel, peón de USA…………….

    Es en este segundo sentido en el que no me ha “convencido” el análisis del profesor que recomendabas.

  4. Hola Canario. No hace falta leer tanto para saber que en esa parte del mundo no hay fronteras milenarias. Porque históricamente siempre han sido variables y permeables.

    Basta con leer cualquier enciclopedia y ver el resumen histórico. Allí siempre ha habido etnias que en determinados momentos históricos han dominado más o menos territorio y a más o menos etnias; bajo la soberania de tal o cual rey con el apoyo de tal o cual imperio.

    Eso ha sido así desde los tiempos de Alejandro Magno por lo menos.

    Lo que allí nunca ha habido ha sido estados-nación. Siempre han sido estados multiétnicos en los que dominaba una etnia y las demás eran ciudadanos de segunda.

    Además los imperios que han ejercido su influencia sobre la zona siempre han sido partidarios del divide e impera.

    Los que han sabido sacar mejor tajada han sido los armenios al ponerse bajo el paraguas ruso. Ganaron su guerra de fronteras y su “amo” está lo bastante cerca para ayudar y lo batante lejos para no agobiar. Claro que a cambio han pagado un fuerte peaje, quedar fuera de toda posibilidad de unirse a la UE o a la OTAN.

    Azerbayán jugó la carta iraní y la turca y ahora están entre volver a la madrecita Rusia o la alianza occidental.

    Georgia ha apostado por occidente y así le van las cosas.

  5. El mundo necesita una Rusia con un poder Ejecutivo fuerte, y todavía no se ha inventado nada que conceda mayor fortaleza política que el uso (o la amenaza de uso) de la fuerza armada.

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