Negociar con ETA (V): La palabra rota

Según pasan los día desde el atentado de ETA en Madrid hablar de lo que debió y pudo ser la negociación con la banda terrorista tiene menos sentido. Me apete hablar de otras cosas. Pero el ruido sigue. Y por encima de ese cruce de acusasiones entre los dos principales partidos políticos del país que se resume en “¡y tú más!” y “¡y tú también!” hablar de la negociación con ETA es hablar de dilemas morales. Dilemas que son un ejercicio intelectual que pueden ser debatidos con negociación o sin negociación. Estos días encontré por fin una de las últimas piezas del puzzle.

En el verano de 2005 defendí la idea de que ETA iba camino de declarar una “tregua” y que el gobierno debería negociar. Mirando hacia atrás mis argumentos para defender la negociación entre el gobierno y ETA me resultan endebles. En aquel entonces hablaba más desde la intuición que desde la reflexión. Curiosamente han sido las lecturas sobre la ocupación de Iraq y el arte más que ciencia de la contrainsurgencia (el FM 3-24 convenientemente impreso reposa ahora mi biblioteca) lo que me ha llevado hasta mi actual postura. En absoluto quiero decir que Iraq y lo que pasa en la comunidad autónoma vasca sea equiparables. Es simplemente una cierta manera de mirar la realidad que es lo que hace a la contrainsurgencia un arte y no una ciencia.

Pedro en El Tirador Solitario nos llamaba la atención hace unas semanas sobre un blog de temática militar que había recibido un premio. Su autor contrastaba la invasión etíope de Somalia con la ocupación de Iraq. Y extraía la peculiar conclusión de que EE.UU. estaba fracasando en Iraq porque a sus soldados no se les daba la posibilidad de combatir la insurgencia a sangre y fuego libre de la molesta presencia de los medios de comunicación. Esa justificación de que la represión a la larga no logra su objetivo porque no se aplica a gran escala y con saña es la idea que esconde las reflexiones de la derecha española. Daniel en un comentarios hablaba de la “falta de valor”. Lo que comúnmente se conoce como “falta de huevos”. Adam Selene dice que es una falacia afirmar que la vía policial es insuficiente para acabar con el terrorismo cuando éste recibe un apoyo social importante. Señala como ejemplo la lucha contra el terrorismo del… régimen de Pinochet. Exacto. No hay huevos. La política antiterrorista de cierta derecha es la política antiterrorista del Capitán Trueno.

Creía ya en el 2005 que no es posible acabar con el terrorismo de ETA mientras exista en el País Vasco una cantera suficiente de descerebrados . Tenía dos razones. Una era acabar con ETA antes de que mutara. La idea la había tomado de David que lo ha explicado muy bien estos días. Y la otra era concluir con la Transición española, integrando a la izquierda abertzale en el sistema democrático. En aquel momento no lo supe explicar bien. Ahora ha quedado patente que el fin de ETA pasa por una solución para sus miembros encarcelados y su rama política ilegalizada. Es posible un fin de ETA sin costes políticos. Esto es, sin que el Estado otorgue nada a la izquierda abertzale que no gane legítimamente en unas elecciones. De ahí la necesidad de crear dos “mesas”, para que lo político quede reducido al ámbito político. Queda solo un precio, si se quiere llamar, “judicial” que implica una carga moral. ¿Sería lícito conceder, por ejemplo, reducciones de pena a ciertos terroristas?

La cuestión es que ese dilema lo enfrentó una vez hace ya mucho tiempo la sociedad española. A toda una serie de siniestros personajes que robaron, torturaron y asesinaron no se les pidió cuentas en aras de la reconciliación y una vida en paz y democracia. Sobre sus víctimas y su recuerdo se dice “que es mejor dejar los muertos descansar en paz”. ¿Podríamos hacer eso una segunda vez? ¿No? ¿En absoluto? Pues entonces tomemos una decisión. O negociamos con ETA o reconsideramos el pasar página a lo que sucedió en este país entre 1939 y 1975.

P.S.: Nos vemos el sábado.

One thought on “Negociar con ETA (V): La palabra rota

  1. Cómo y en qué condiciones negociar hubieran sido capítulos adicionales a esta serie que he decidido cortar.

    Una multiciplicidad de interlocutores podría ser síntoma precisamente de la descomposición de ETA en varias cosas diferentes. Recomendable el análisis de David de Ugarte.

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