Banderas imperiales

Uno de los pecados de la izquierda española llegada la democracia fue regalarle la idea de España en bandeja a la derecha. Somos así un país que ha fracasado en construir un ideal común de convivencia. Y de aquellos polvos vinieron estos lodos.

Hace pocas semanas José María Aznar volvía a hacer una de esas declaraciones suyas que son una viva muestra de su calado intelectual. La recepción fue entre la indignación y la burla (léase a Ian Gibson, Manuel Rico o Javier Ortiz). Pero me quedó la sensación, como otras tantas veces, que muchos piensan que Aznar dice esas tonterías no por sus limitaciones sino porque son sintomáticas del nacionalismo español. Aún así, resulta evidente que son características propias de una particularísima visión de España y de la que ha de ser su proyección en el mundo.

Vivimos en una sociedad de memoria pez, pero hubo un tiempo en que la visión del papel internacional de España encajaron con la cosmovisión neocon imperante en EE.UU. Más de uno pudo salir del armario como imperialista (¿neoimperialista?). Hoy resulta ridículo leerlo pero las frases que a continuación copio salieron de la pluma del subdirector de un diario de tirada nacional:

[El apoyo a Bush era] una vía para recuperar parcialmente el papel que tuvo nuestro país cuando aún era potencia colonial y borrar de un plumazo las frustraciones del 98, [rompiendo] con una trayectoria de cien años en política exterior. Desde la pérdida de las colonias, España se había mantenido al margen de los conflictos internacionales

Para los interesados decir que he sacado esas dos frases de 11-M La Venganza cuyo autor es Casimiro García Abadillo (páginas 155 y 162. Esfera de Los Libros, 2004) Quizás podamos disculpar a Aznar ante la duda de que si ha llegado a creerse sus palabras es por la caterva de pelotas ignorantes que le jalearon. Recuerdo la consigna de aquellos tiempos: “¡Ahora somos un país que cuenta!”. ¿Contar para qué o quién? El interrumpido blog “La Carrera Diplomática Española” lo explicó de una manera sui generis:

[H]abía unos militares españoles que compadreaban con Rumsfeld y Wolfowitz. Eran aquellos maravillosos años del Embajador Rupérez. La Embajada de España en Washington vivía borracha de poder y de gloria, ebria de muerte y guerra. Los agregados militares no salían del Pentágono y los americanos les daban palmaditas en la espalda haciéndoles creer que su opinión importaba algo. Estos, en su particular delirum tremens, se lo creían y machacaban a quien insinuara una opinión disidente: “Cállate pacifista de mierda, cobarde, que ahora nos tratan como nunca. Estamos entre los grandes”, decían con el brillo de la locura en sus ojos, viéndose dirigir los designios de la Historia con americanos y británicos.

No cuesta imaginar lo ridículo que debía resultar Aznar en EE.UU. Sus delirios de neocon cañí respecto a Iraq fueron respaldadas a la hora de las tortas por absolutamente… nada. Al menos Polonia o Australia tuvieron la decencia de mandar unidades de fuerzas especiales que en la invasión de Iraq cumplieron un papel testimonial pero políticamente valioso para Washington. Las tropas españolas llegaron cuando todo había acabado, mientras en Moncloa se insistía en llamar al buque de asalto anfibio Galicia “buque hospital”. Y qué decir, ¿alguien lo recuerda?, de aquellos beneficios que iba a obtener España por apoyar la guerra. Lo adelantó Jeb Bush, el mismo que llamó a Aznar “presidente de la república española”.

Lo peor de todo esto es que las tonterías de Aznar producen complacencia en la izquierda. Con sus patadas a la historia y su uso de palabros vacíos (como “islamofascismo”) alguno creerá que está todo resuelto. La verdad es que seguimos sin enteder el mundo.

3 thoughts on “Banderas imperiales

  1. Recomiendo a mis lectores los comentarios a la entrada del blog de Francisco Polo arriba enlazada.

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