Mongoles en Bagdad (I)

En 1255 Mongë, el cuarto Gran Jan del imperio mongol, mandó a su hermano Hülegü al oeste al frente de un expedición con intención de conquistar buena parte de lo que es Oriente Medio. Hülagü era hijo y esposo de cristianas nestorianas. Algunos encuentran en ello el origen de su animadversión hacia los musulmanes y la crueldad que mostró con ellos, algo impropio de los por lo general tolerantes mongoles.

El mayor ejército mongol jamás reunido avanzó precedido por su reputación. La secta de los Asesinos rindió la mítica fortaleza de Alamut sin combatir. En noviembre de 1257 el ejército de Hülegü se plantó en las afueras de Bagdad. Tras varias batallas siguió un asedio que concluyó con el saqueo y destrucción de la ciudad. La ciudad fue arrasada y sus habitantes masacrados. Fue el fin del califato abbasí.

El avance del ejército de Hülegü hacia el oeste fue detenido por los mamelucos en la batalla de Ain Jalut en 1260. Las disputas por la sucesión a la muerte de Mongë distrajeron a Hülegu que no pudo cumplir su objetivo de alcanzar Egipto. Finalmente Kublai, hermano de Mongë y Hülegü, subió al trono (le llegaría a visitar Marco Polo) pero el imperio mongol quedó divido en cuatro tras el conflicto dinástico. Hülegü estableció su propio janato fundando una dinastía propia.

Quedará para siempre poder especular qué hubiera sido de la civilización

Hülegü y la destrucción de Bagdad quedaron por siempre marcados en el imaginario colectivo árabe. En noviembre de 2002 Bin Laden comparó en un discurso a Dick Cheney y Colin Powell con Hülegü. Al año siguiente José Luis Sampedro publicaba “Los mongoles en Bagdad”.

Casi 750 años después los mongoles han vuelto a Bagdad. Y ahí es donde llegamos al lado “posmoderno” de la cosa.

Mongoles en Bagdad