El Flanco Sur ya no es lo que era

Estoy leyendo Ghost Wars de Steve Coll, el relato periodístico del nacimiento y expasión del movimiento yihadista desde sus orígenes en la yihad afgana. Es un libro muy detallista y denso. Todo sea dicho que en 588 páginas (notas, bibliografía e índice análitico aparte) Bin Laden aparece faltando pocas páginas para alcanzar la número 200. Estoy leyendo el libro como documentación para un proyecto del que pronto les hablaré. Hay tantas cosas que comentar que la yihad afgana se ha ganado mi atención para próximas entradas de este blog.

Llevo días de lectura ensimismada de los buenos viejos tiempos de la Guerra Fría, en que todo era tan sencillo como una película de George Lucas. Cerrar el libro provoca un sorprendente fundido en negro al presente. En la web de Foreign Policy me encuentro un lista elaborada por Daniel Widome sobre las bases militares estadounidenses en el exterior más relevantes. Widome incluye la base aérea de Bezmer en Bulgaria. Adiós Alemania. ¡Hola Bulgaria!

Pero no acaban ahí los sustos que se llevaría alguien que aterrizara en 2006 proveniente del mundo de la Guerra Fría. El Mundo cuenta cómo EE.UU. “retira a Libia de la lista de países terroristas y restablecerá relaciones diplomáticas completas”. Libia ya no es el enemigo. ¿Quién lo es? Como decía la última vez: ¿Dónde debe estar la primera línea de la defensa nacional de España?.

¿A quién vigilará ahora nuestras fuerzas armadas? A los cayucos de los inmigrantes. No entraré hoy en lo oportuno de la medida o la existencia de un efecto llamada. Ya hablé del “efecto expulsión”. Parece que nadie se ha molestado en averiguar qué ha pasado y pasa en los países de origen. ¿Soy el único que ve lo conectado que está todo?

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