En el corazón de las tinieblas

La guerra como todo fenómeno social ha experimentado a lo largo de la historia transformaciones que han ido parejas a los cambios sociales. El fin de la Guerra Fría, la globalización, la revolución de las tecnologías de la información… trajeron en la década de los 90 una avalancha editorial de títulos en relaciones internacionales, economía política y sociología a la que fue difícil seguir. En EE.UU. esa necesidad de reflexionar y repensar ante el nuevo mundo que se abría alcanzó también los estudios militares en lo que ha venido en llamarse la “Revolución e los Asuntos Militares”. Esos debates sobre guerras asimétricas, un posible “Pearl Harbour” electrónico, terrorismo con armas de destrucción masiva… apenas han salido en España de los círculos especializados, mientras allí ha sido del interés de personajes como Alvin Toffler, Manuel de Landa o C. H. Gray. Ese vacío me resulta todo un campo abierto. Pero de eso hablaremos otro día.

Y sin embargo mientras se escribía y debatía sobre la naturaleza futura e hipotética de la guerra nada más caer el comunismo arrancaban conflictos en la periferia del mundo (con algunas excepciones como los Balcanes) que presentaban aparentemente una serie de características novedosas que llevaron a ser llamados “nuevas guerras”.

* Hablamos de conflictos que han tenido lugar principalmente dentro de las fronteras de un solo Estado. Esto no quita que los conflictos tengan una importante dimensión internacional por el papel de otros países como sostenedores de una de las partes, la intermediación de organismos internacionales, la intervención sobre el terreno de ONGs, y las remesas de dinero o la labor de lobbying de la diáspora.

* Los bandos contendientes se identifican en función de la etnia, la religión o ambos a la vez (conflictos identitarios). No se lucha meramente por tomar las riendas del aparato estatal, sino que se aspira a convertir en homogéneo el Estado o crear uno nuevo con esas características.

*De lo anterior se desprende que no sólo se aspira a derrotar al enemigo en el campo de batalla, sino que el objetivo principal del conflicto es hacer desaparecer a una comunidad de un territorio mediante su expulsión o exterminio (genocidio, limpieza étnica). Se producen violaciones sistemáticas y masivas de los derechos humanos, que provocan masivos éxodos de población, y no se respetan las leyes de la guerra.

*Los conflictos cuando se prolongan en el tiempo dan lugar a la aparición de “señores de la guerra” que hacen del conflicto su modo de vida y fuente de riqueza. Lo mismo sucede con los combatientes, que hacen de la guerra su fuente de ingresos y status. La guerra termina convertida es un fin en sí mismo.

*Además vuelven a reaparecer en el panorama internacional fuerzas mercenarias, reconvertidas en respetables empresas de asesoría militar, y que cobran sus servicios en derechos de explotación de los recursos del país o sirven en muchos casos de tapadera a las potencias (que “externalizan” así su apoyo directo a una de las partes).

*Desaparecida la U.R.S.S. como fuente de financiación de movimientos de liberación y fuerzas insurgentes los contendientes han de buscar nueves fuentes de financiación como son el robo, el pillaje (muchas veces de la ayuda internacional), el secuestro, y el comercio de armas, drogas, diamantes, maderas de especies protegidas etc.

*En la mayoría de estos conflictos los contendientes carecen de recursos para el empleo de armamento pesado y de alta tecnología. Se usan armas ligeras de las que hay mucho menos control internacional.

Me interesé por el tema en el segundo año de carrera, cuando un profesor dedicó todo un tema al asunto. Empecé a leer por mi cuenta. Y me llamó la atención que los autores que abordan el tema lo hacen siempre de una forma descriptiva, constatando los cambios producidos en los conflictos, pero sin aportar un marco de análisis más allá de un revival identitario: La identificación con la etnia o los demás fieles de la religión es una reacción a la globalización o un producto del vacío ideológico tras el fin de la Guerra Fría. Se ha pasado de la confrontación ideológica al choque de civilizaciones. A mí aquello me parecía más un reflejo del cambio de paradigma en el mundo académico que de un cambio en la realidad. Porque cuando leía sobre cada conflicto en particular encontraba siempre una maraña de intereses políticos y económicos tejidos por líderes que no dudaban en lanzar a los suyos contra el vecino de al lado a toque de degüello.

Alguien tenía que abrir el enfoque y hacer una revisión caso a caso poniendo a prueba los modelos (¿realmente han cambiado tanto las cosas desde los tiempos de las guerras de Biafra o el Líbano?) y a su vez buscando explicaciones globales más allá del determinismo cultural. ¿Adivina quién se ha presentado voluntario? En eso estoy. Y tengo que tenerlo listo para junio.

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