Lecciones sobre guerra y tecnología (souvenir de Eslovenia)

La Primera Guerra Mundial nunca me pareció una guerra que mereciera la pena estudiar. La primera idea que me ha venido siempre a la mente son esas imágenes en blanco y negro de campos arrasados llenos de enfangandos cráteres de proyectil y trincheras. Generales educados en las más rancias tradiciones del siglo XIX mandaron masas de soldados avanzando en campo abierto para ser segados por las ametralladoras. Sólo el primer día de la batalla del Somme, el 1 de julio de 1916, murieron 20.000 soldados británicos y más de 40.000 fueron heridos o capturados. Cuando la ofensiva aliada se estancó en noviembre las bajas se elevaban a 420.000 por parte británica y 195.000 por parte francesa. En la 3º batalla de Ypres, en el verano de 1917, se perdieron 325.000 soldados aliados para ganar menos de 10 kilómetros. A pesar de que el balance de víctimas de la Gran Guerra es inferior al de la Segunda Guerra Mundial aquella quedará siempre asociada a carnicerías enormes y absurdas. No es casualidad que haya tan pocas películas que la tengan por escenario y la única realmente grande sea “Senderos de Gloria”.

La cuestión es que todos los avances de la Segunda Revolución Industrial habían hecho posible la movilización de grandes masas de soldados a grandes distancias, la producción en masa de municiones y el aumento de la letalidad del armamento. Los precedentes de las Guerras Balcánicas, la del Sudán o la Ruso-Japonesa habían mostrado que la letalidad de las armas del momento convertían en suicidas las viejas tácticas de oleadas de infantería avanzando al descubierto. Pero las enseñanzas de esas guerras periféricas no fueron tenidas en cuenta por los líderes militares. El frente occidental se convirtió en una picadora de carne en la que ningún bando consiguió imponerse al otro. Cuando el frente occidental se estabilizó las trincheras llegaban desde el Mar del Norte a Suiza, lejos de los tiempos napoleónicos en los que una sola batalla tipo Waterloo resolvía una guerra. Al igual que las grandes corporaciones industriales de la época, la maquinaria militar se convirtió en un mastodóntico aparato burocrático y centralizado. Las ofensivas se hacían estableciendo horarios precisos para el martilleo de la artillería y luego el posterior avance de la infantería. La iniciativa propia que se saliera del guión sólo podía conducir al desastre.

Ese era el gris panorama bajo el que siempre había considerado a la Gran Guerra. Pero de camino a Eslovenia, entre el avión a Venezia y el tren hasta Ljubljana, fui leyendo “The Sling and the Stone” de Thomas X. Hammes. Hammes trata la evolución de la guerra a partir del modelo de las generaciones (de la 1ª a la 4ª) y cuenta como en medio de la Primera Guerra Mundial fue el alto mando alemán el que comprendió primero que las nuevas tecnologías requerían nuevos esquemas mentales, nuevas formas de hacer la guerra y nuevas formas de organización. Por ejemplo, la aparición de tropas de asalto (sturmtruppen) que usaban el sigilo, la sorpresa y la velocidad.

Tras la guerra los alemanes emprendieron una profunda autocrítica sacando la conclusión de que una de las claves de su derrota había sido la incapacidad del alto mando de comprender el cambio tecnológico y llevar la necesidad de un cambio de la cultura militar hasta sus últimas consecuencias. De eso hablaremos otro día. Pero hubo al menos un lugar donde los alemanes apoyando a sus aliados austríacos consigueron romper el frente aliado: Caporetto (o Karfreit, en alemán), un pueblecito al pie de los Alpes Julianos que hoy forma parte de Eslovenia. Allí, a la actual Kobarid, me llevó Nastja el pasado miércoles 20, para visitar el museo de guerra.

Por aquellas montañas un joven oberleutnant al mando de la 2ª compañía del Königliche Gebirgsbatallion Wüttemberg (Real Batallón de Montaña “Wuttemberg”) entre los días 25 y 26 de octubre de 1917, en 22 horas, capturó 9.000 soldados italianos. El oficial en cuestión había aprendido la importancia de la improvisación, la velocidad y la iniciativa libre. Había llegado a la conclusión de que sobre el campo de batalla los oficiales de menor rango tienen que tener libertad de decisión porque son los más cercanos a la acción. Lo puso en práctica varias veces. Para enfado suyo fue un oficial superior el que se llevó el mérito por sus hazañas en lo que se conoció como la 12ª batalla de Isonzo (Soča, en esloveno). Pero cuando el empuje austro-alemán llegó a territorio italiano volvió a protagonizar hazañas parecidas y consiguió la condecoración “Pour le Mérite” que consideraba le había sido arrebatada. Para desazón suya, años más tarde, Edwin Rommel se encontró con los poco combativos italianos no de enemigos sino de aliados. Pero por aquel entonces se le conocía como el “Zorro del Desierto”, pero esa es otra historia…

18 thoughts on “Lecciones sobre guerra y tecnología (souvenir de Eslovenia)

  1. El mejor souvenir, nunca mejor dicho, son tus recuerdos. Ayer moló escuchar tus historias del viaje.

    Seguro que ya estás pensando en tu siguiente expedición… 😉

  2. La Primera Guerra mundial, las tácticas eran muy obsoletas, desde el punto de vista que se perdieron demasiadas vidas humanas, al enviar tropas a campo abierto, alli las ametralladoras hacian y desacian todo.

    Miguel

  3. a mi me gusta bastante el tema,tengo libros en casa:una pregunta que me hago es:¿habria ocurrido la 2º guerra mundial si la 1º nunca hubiese estallado?,yo creo que no.la humanidad podria haberse evitado los infiernos de verdun,el somme;y los posteriores como auschwitz o stalingrado.son preguntas que jamas tendran respuesta…por lo menos para mi

  4. esta guerra mundial fue muy fuerte, las tàcticas que tenian eran muy especiales, però no se protegian muy bien porquè en la trinxera nose escondian muy bien y podian matar a todos.

  5. Esta página es una mierda.

    toos valen pico maricones culiados ke inventan weas de la primera puta guerra mundia todos son una mierda maricones hijos de su gran madre ke los pario

    [Nota del Lobo Estepario: He dado por imposible corregir las falta de ortografía cometidas por Gagha]

  6. Hola..me parece interesante en mi caso personal me encanta el tema de la guerra, les propongo ver el film italiano

    El Alamein (pertenece a la segunda guerra mundial pero es bueno)

    Y si van a Gorizia en Italia en el limite con eslovenia pueden visitar el museo de la grande guerra (o sea la 1º guerra mundial)

    es alucinante ese museo tiene de todo…hasta se simula q entras a una trinchera y sienten los rumores de ametraladoras , gritos y explosiones…inolvidable

    saludos y sigue adelante

  7. yo digo que era terible la guerra sobretodo cruel com muchos niños, personas.etc. tambien una niña muy importante en la historia de la primera guerra mundial: Ana Frank, una niña judia muy sencible.

  8. Soy argentina y tengo 69 años. Mi abuelo dejó en Buenos Aires a mi abuela y sus tres hijos (uno era mi padre) en 1914 y marchó a la Primer Guerra Mundial, como hacían muchos emigrantes italianos, respondiendo al llamado de la patria en armas. Estuvo en el frente de Caporetto y al terminar la guerra se casó nuevamente en Italia y tuvo cuatro hijos. Quisiera saber más sobre la batalla de Caporetto para así poder comprender a mi abuelo. Gracias.

    Amalia

  9. pero una vez que ha pasado todo: ¿Que lecciones tiene que tomar el mundo tras la primera guerra mundial?

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