Cine de verano: La guerra de los Tom Cruises

Cuando lo leí en la prensa local no me pude resistir a ir al cine. ¡3,30! Por lo que en Madrid pago una entrada aquí pago la entrada y un montón de chucherías. Los dueños del multicine local (3 salas) no han descubierto que el negocio del cine en el siglo XXI es cobrar a precio de oro las chucherías que se venden a pie de sala, así que hasta eso el precio era razonable.

Eso sí, aquí todo va más despacio. Estuve espearando un rato largo a que alguien me atendiera en la taquilla. Un empleado charlaba tranquilamente en la cabina de proyección y otro con una señora en la puerta del cine. Y yo esperando en la taquilla. El primero pasó a mi lado, me dio las buenas tardes, entró en la taquilla y salió y siguió con su charla. El segundo pasó a mi lado, me saludó igualmente y se fue al baño. Con mucha pachorra, quie dirían mi madre. Al volver, ¡por fin tuve mi entrada!, y muy decidido pedí una entrada para la sala 3 para la sesión de las 8:20. No hacía falta. La entrada era un trocito de papel de pulpa, como cuando era pequeño, con el número de sala. Todo un viaje en el tiempo.

¡Ah, sí! Iba a hablar de la película. Spielberg ha cogido “La guerra de los mundos” como una simple excusa, como un mero armazón: Unos alienígenas llegan a la tierra para arrasar todo a su paso y al final son derrotados por… Bueno, no le voy a contar el final. Y eso es el contexto del viaje físico y personal de Tom Cruise, un desasastre de padre, con su dos hijos. Cruise hace ese personaje al que estamos acostumbrado: Joven guay encantado de conocerse y que va a su bola. Lo mismo pilotando un F-14 Tomcat, detrás de una barra de bar, al volante de un coche de carreras NASCAR, en un bufete de abogados o como manager deportivo. Siempre el mismo. Pero esta vez para demostrar sus dotes intrepretativas hace el papel de padre divorciado white trash que es un completo desastre con sus hijos. Pero los hijos no son mejores: Una niña histérica y chillona (la sala tenía un volumen demasiado alto y salí con dolor de cabeza) y un adolescente zumbado. Por el camino, en su huida, se encuentran con Tim Robbins del que creí interpretaba a un simpático pirado survivalista. Pues no, compone un personaje de chalado de lo más enervante. Durante la película eché de menos a Sole, de Siete Vidas. Lo que necesitaban todos ellos era que apareciera Sole y los despabilara a todos a collejas.

Al principio el hijo le pregunte a Tom Cruise si el responsable de los primeros ataques son terroristas y paredes con carteles preguntado por los familiares desaperecidos son las “sutiles” referencias de Spielberg al 11-S. EE.UU. ya no es invulnerable. ¿Ese es el mensaje de la película? Para tan corto viaje, no hacían tantas alforjas.

4 comentarios sobre “Cine de verano: La guerra de los Tom Cruises

  1. Que peliculon… con un final tan archirequetecontrahipermegaincreíblemente tarúpido!

    Un saludo 😉

  2. Lo peor de la pelicula es el patriotismo enfermizo que tiene el hijo. A mi me vienen los aliens y ni patria ni na! Salgo corriendo para el otro lado.

  3. Yo la vi en casa, en una edicion genuinamente comprada a una china ( chinito tuuu, chinita yooo) en un bar de Boadilla del Monte ( plena estepa madrileña, el correo lo trae en persona Miguel Strogoff una vez al año).

    Si la peli es mala en cine en chinese edition imaginate.

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