Hay dos actitudes con las que voy al cine: La del Lobo Estepario que espera que le hagan pensar o le conmuevan para bien o para mal, o la del friki dispuesto a pasar un buen rato viendo como se reparten galletas a base de disparos láser o estocadas de buen acero.
Me he metido en una sala de cine, de esas que parece una grada de estadio de fútbol, con dos amigos frikis a ver «El Reino de los Cielos», la última película de Ridley Scott
La película nos presenta como un herrero francés termina de pura chiripa convertido en el defensor de Jerusalem frente al mismísimo Saladino. De paso, en plenas Cruzadas, inventa los conceptos de nación, ciudadanía, el ecumenismo y el multiculturalismo, a la par que demuestra unas dotes de estratega, logista y gobernador dignos de un auténtico viciado al Age of Empires. Que el herrero en cuestión además siendo un simple villano tenga dotes de espadachín tampoco queda muy claro. Pero parece que estamos ante la enésima reedición del concepto del super-mega-elegido-chachi-guay. El herrero, por cierto, es Orlando Bloom que despliega unas dotes interpretativas dignas del mismísimo Stevan Segal. Se pasa toda la película con la misma cara de pasmado. La réplica se la da Eva Green, a la que vimos por primera vez en aquela nube de humo que fue «Los Soñadores» de Bertolucci, y que aquí es la esposa del malo malísimo. Cuando creemos que vamos a tener una tormentosa tensión sexual a lo largo dela película resulta ser una falsa alarma. En la segunda ocasión que aparece en la película termina en la cama con Orlando Bloom, que supuestamente había ido a Tierra Santa afligido por la muerte de su mujer. ¡Eso sí que es llegar y besar el santo!. Hay, además, unos malos que son muy malos pero sin que sepamos muy bien por qué, más allá del fanatismo religioso. Y unos secundarios que rápidamente te caen simpáticos y piensas que darán mucho juego en la película. Pues tampoco. Mueren a las primeras de cambio.
Cuando leí que estaba en rodaje una película sobre las Cruzadas me temí lo peor. Cosas del 11-S. Pero aquí se nos presenta una Tierra Santa bajo dominio cristiano pero con un buen rollito multicultural, roto sólo por los malvados templarios sedientos de sangre. Aunque no se explique muy bien a cuenta de qué tanta sed de sangre y provocar una guerra cuando saben que los sarracenos les van a dar para el pelo. El discurso ecuménico y multicutural es de lo más simplocillo. Con lo poco que les hubiera costado saber por dónde iban los tiros en aquella época.
Descartado como punto fuerte de la película ese elemento secundario que es el guión nos queda el factor reparto-de-galletas. Y sin embargo algo falla. El cuerpo a cuerpo y las arengas de Leornado Bloom no llegan ni de lejos a las de Braveheart. Tras «El Señor de los Anillos» aquí los asedios medievales y las cargas de caballería les falta fuerza épica. El listón quedó demasiado alto. Y el intento de aportar algo nuevo se limita al modo en que los cristianos se deshacen de las torres de asalto sarracenas.
Llegado aquí debería tirarme el rollo cinéfilo. ¡Quién te ha visto Ridley Scott y quién te ve! Pero eso significa a estas alturas seguir dándole crédito porque en 1977 rodara «Los Duelistas», en 1979 «Alien» y en 1982 «Blade Runner». ¿Por cuánto tiempo más van a seguir los críticos diciendo eso de «parece mentira que alguien que dirigiera tan buenas películas firme bodrios como este»?

Comments
Respuestas a7El reino de los cielos cinematográficos
Apoyo completamente tu crítica a la película. ¿Cómo puede ser ESE Ridley Scott el mismo que nos hizo deleitarnos con «Blade Runner» y «Alien» (no he visto «Los Duelistas»)? Ni idea. ¿Se ha dado cuenta de que no hace falta hacer películas buenas para llenar salas? Desde luego, con «Gladiator» le salió la papeleta estupendamente. Y como con esa no hizo suficiente destrozo a la memoria histórica, ha tenido que entrar a tocar la moral en el tema de las Cruzadas. Total… mientras siga vendiendo entradas todo es lícito ¿no?. Yo siempre digo que a la Historia deberían ponerle un copyleft. Me ha gustado tu blog.
En el comentario en mi blog me centré en la habilidad con la espada del protagonista… para ser un jodido herrero es tremendamente bueno… incluso capaz de repeler una carga a caballo… estando a pie.
Otro temita… frikismo en estado puro, las cotas de anillas que llevan todos.. ehms… costaban una pasta en aquella epoca, tando que sólo los grandes (grandisimos) señoress medievales podian hacerse con una. Y aqui las llevan hasta el ultimo hombre de armas.
Boh, no tienes ni idea de cine, lobo, en realidad Orlando Bloom es un seguidor de las sutiles tecnicas de interpretacion de uno de mis idolos, Donovan , el bueno-buenisimo de la serie de culto «V «( si, la de los lagartos),para que os hagais una idea es el que salva a la tierra con su adusto y viril gesto, tambien conocido por la vibrante interpretacion de un personaje tan poliedrico como el protagonista de «el se;or de las bestias»
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salud
la pelicula no la he visto, pero a nivel informativo los buenos herreros tambien solian ser buenos espadachines, porque no se puede hacer una buena espada si no sabes como utilizarlas (y además estaban cachas, cachas, que el hierro pesa mucho).
La distinción entre realidad y ficción: el gran problema español. Todavía no era USA el Imperio. Parece que muchos lo olvidan. En aquel tiempo, los guays eran los árabes.
Es divertido ir a ver la pelicula sabiendo que el Rey de España, juancarlos I, es el actual REY DE JERUSALEN..y hacer comparaciones!!
Como ha cambiado el rey de Jerusalen… de ser un leproso a ser el suegro de la Letizia.
Pero la pregunta es: ¿como llevara nuestro rey el hecho de ser Rey de Jerusalen?
Me parece muy acertada la critica más no concuerdo con respecto a la capacidad del dominio de la espada y en esto estoy de acuerdo con Mii del comentario IV. Es muy cierto que un buen herrero tine un excelñente dominio de la espada. No hace buenas paginas web quien no navega mucho en internet, no escribe bien quin no lee mucho y serian muchos los ejemplos. En lo demas muy de acuerdo.
Sebastian – Argentina