La crisis siria convierte a Israel y Turquía en aliados necesarios

Cuando me tocó analizar las repercusiones políticas en la región del abordaje israelí a la flotilla rumbo a Gaza me llamó enseguida la atención que mientras el lenguaje diplomático intercambiado por Turquía e Israel era áspero, el ministro de defensa turco informó de que un importante contrato por aviones sin piloto seguiría adelante. Una vez más, se demostró que no sólo hay que seguir los titulares de la actualidad para entender lo que estaba pasando. La historia de fondo se comprendía leyendo las noticias que no salen en la prensa especializada.

Las relaciones entre Turquía e Israel finalmente se enfriaron. Pero la crisis siria ha colocado a ambos países en una situación de aliados necesarios que tienen mucho que ganar colaborando en otros campos. A ninguno le interesa la implosión descontrolada del estado sirio que la convirtiera en un nuevo Líbano de primero de los años 80. Así que cuando han caído proyectiles dentro de la frontera turca o israelí lo primero que pensé es que se trataban de actos fortuitos o acciones descontroladas. Lo último que necesita para su supervivencia el régimen de Assad es darle una excusa a Israel o Turquía, dos grandes potencias militares en la región, para intervenir en su contra. Es algo que conté en la entrevista que me hizo Jorge Rozemblum, director de Radio Sefarad, el pasado mes de octubre.

Una noticia sobre cómo la firma de electrónica militar Elta ha vuelto a producir componentes claves para los aviones turcos de alerta temprana es la prueba de que las cosas se están moviendo

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Una lección sobre Estados Unidos por el ministro de exteriores turco

Ahmet Davutoğlu fue académico y diplomático antes de llegar a ministro de asuntos exteriores turcos. En 2001 se publicó su libro Profundidad Estratégica: La posición internacional de Turquía en la que proponía que Turquía debía buscar un espacio propio en la arena internacional, algo que el país ha hecho con su influencia diplomática y sus empresas abriéndose camino desde Libia a Kazajistán en los territorios del antiguo Imperio Otomano y en países con lenguas emparentadas con el turco. Algo que cuento en mi artículo para la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad de este mes.

Andrew Exum, autor del blog Abu Muqawama entre otras cosas, tuvo oportunidad de escuchar una conferencia de Ahmet Davutoğlu organizada por el Institut Françeis des Relations Internationales. Exum cuenta que el ministro turco transmitía una confianza que en estos días no se ve en los políticos europeos y dio a entender que hoy Europa necesita a Turquía más que lo que Turquía necesita Europa. Alguien del público se mostró escéptico sobre la aportación de Turquía a Europa y la comparó con el medio oeste estadounidense: “nacionalista y religiosa”. La respuesta de Davutoğlu fue contundente.

He began by remarking, “I don’t know if there are any Americans in the room, but your question is a little Euro-centric.”

He then bluntly stated that the American identity is more inclusive than French identity or German identity. He referenced the fact that the American president is the son of a Kenyan man and that the very name “United States of America” references a geographical location whereas the names of European states often reference a specific people or culture. He concluded by saying that when the Germans elect a man or woman of Turkish descent as its president then Europe could begin lecturing Turkey on matters of inclusivity.

I am not doing justice to how epic a smack-down this was. He must have spoken for five minutes, at least, about the virtues of American identity and inclusivity, and it warmed my heart.

Hay algo en la integración de los inmigrantes en Estados Unidos que en Europa falla o es inexistente y que todavía no se ha resuelto para la población de origen magrebí.

El modelo turco como futuro del mundo árabe

Ya lo dijimos. Turquía es un país importante. Porque era una referencia en el mundo musulmán con su modelo de democracia parlamentaria y voz propia internacional. Porque habiéndole Europa cerrado una y otra vez la puerta en las narices Turquía ha buscado su propio espacio en el área de países turcomanos y Asia Central.

Nos contaban en el número 53 de Resiliencia! cómo el presidente del parlamento tayiko solicitaba más ayuda a Turquía y como esta se la va a ofrecer a Kirguistán.

Ahora, quizás demasiado tarde, descubren la importancia de Turquía, tal como cuento en mi última colaboración en Sesión de Control: El modelo turco como futuro del mundo árabe.

La importancia de Turquía

Algún día sería divertido preguntarse cómo una organización política defensora de la lucha armada en lugares como Iraq y que en su nombre figura el de una guerrillera castrista de primera hora consiguió que sus miembros aparecieran en las noticias españolas como “activistas por la paz pertenecientes a una O.N.G.”. Quizás sea la señal de que Google aún no ha llegado a ciertas redacciones. Los resultados de “googlear” nombres y apellidos en casos como este suelen ser llamativos. Pero si hay algo importante en la crisis del asalto al buque Mavi Marmara que navegaba hasta la Franja de Gaza es la posición de Turquía.

Turquía es país de población mayoritariamente musulmana que mantenía unas discretas buenas relaciones con Israel. Si Turquía permitía que la fuerza aérea israelí se entrenase en su espacio aéreo dada las limitaciones geográficas de Israel la industria militar israelí es un proveedor de las fuerzas armadas turcas. Y digo “es” porque tras el incidente el ministro de defensa turco se encargó de dejar claro que el programa de adquisición de UAVs israelíes seguía su curso. Semanas después el presidente y el ministro de asuntos exteriores trataban de minimizar la impresión de una ruptura en su política exterior tras una crisis que hacía pensar que “habíamos perdido a Turquía”.

Turquía es un país al que la Unión Europea debería haber prestado una atención especial. No porque estuviera en sus umbrales llamando a la puerta. No porque haya una importante población diaspórica residiendo en países de Europa occidental. Turquía es importante porque es un enorme laboratorio de la democracia en el mundo islámico donde una emergente clase empresarial, los “tigres anatolios”, están poniendo en marcha el equivalente musulmán de “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” dotado de su propio pensamiento.

Turquía es importante porque fue la cabeza de un antiguo imperio que llegaba hasta Argelia, incluyendo los Balcanes y prácticamente todo Oriente Próximo. Aunque sea difícil imaginar que el mundo árabe aceptase el liderazgo de un país culturalemente ajeno el impacto de su influencia cultural es notorio hoy en día. Turquía, hay que recordar a los despistados, es un país musulman pero no árabe, por lo que su ámbito cultural es otro. El actual pueblo turco tiene sus raíces en la Asia profunda. De allí emigraron dejando una estela de pueblos turcófonos por toda Asia Central que ha recuperado su conciencia de ser tal porque Turquía se ha convertido en un referente para ellos. Si la Unión Europea sigue despreciando a Turquía mirará hacia esas otras áreas donde su peso seguirá creciendo [y] para cuando occidente descubra que necesita la alianza con Turquía, el precio de sus favores ya habrá subido.