“Task Force Black” de Mark Urban

Miembros del SAS británico en Iraq
Miembros del SAS británico en Iraq

He leído unos cuantos libros que cuentan las experiencias del personal de inteligencia y fuerzas especiales en las guerras de Afganistán e Iraq. Hay un montón de ellos publicados en el mundo angloparlante que terminan por conseguirse de saldo en sus ediciones de bolsillo. Suelen dividirse en libros escritos por quienes vivieron los hechos y libros escritos por periodistas que recopilan experiencias de otros. Algún que otro libro contado en primera persona tiene frases del tipo “y entonces viendo que el teniente Flanagan balbuceaba en una esquina, agarré la ametralladora y cargué yo solo colina arriba contra los cincuenta talibán”. Luego sale el libro del teniente Flanagan dándole la vuelta a la historia y por último un periodista que estaba empotrado en la unidad desmiente a ambos contando que aquel día en realidad no pasó nada. Por su parte, el problema de los libros de periodistas que tratan de contar cosas del mundo de la inteligencia militar y las operaciones especiales es que se ven obligados a estirar anécdotas de segunda mando para rellenar capítulos. El resultado no suele estar a la altura de lo que prometen las frases dramáticas y superlativas que llenan la portada.

Task Force Black: The Explosive True Story of the Secret Special Forces War in Iraq de Mark Urban no se parece a ninguno de los libros del género que haya leído. Para empezar su autor es un periodista que en sus ratos libres ejerce de historiador militar, así que no es un paracaidista en el asunto. El propósito de su libro es contar el papel del Special Air Service británico en la ocupación de Iraq agregado a otras unidades de operaciones especiales estadounidenses dedicadas a la caza de “objetivos de alto valor” en el área de Bagdad. Pero el libro no es una colección de anécdotas y batallitas, nunca mejor dicho, sino que pone la evolución de las operaciones del SAS en el contexto de la guerra y el juego político del Reino Unido en sus relaciones con Estados Unidos. Para empezar, la sola presencia de fuerzas británicas en Bagdad tuvo un valor político, escenificando que se trataba de una alianza de iguales en la que el SAS jugaba en la misma liga que las unidades más secretas de Estados Unidos. Encontramos así que al SAS se le asigna la búsqueda de personalidades del régimen de Saddam Hussein en la creencia durante los primeros meses de la postguerra que eran aquellos quienes estaban urdiendo la resistencia contra las fuerzas de ocupación. Luego, el SAS se sumó a la caza de los yihadistas voluntarios llegados de ambos países. Mark Urban destaca la ceguera estadounidense sobre la naturaleza de la insurgencia, recordemos lo contado en The Insurgents por Fred Kaplan, pero sin justificarla trata de explicar cómo en aquellas circunstancias se carecía la perspectiva que ahora tenemos. Otro asunto interesante es cómo las noticias sobre tortura a prisioneros llevó a los británicos a no entregar los insurgentes capturados a las fuerzas estadounidenses. Eso les llevó a encargarse de misiones sin importancia hasta que las celdas de los centros de detención fueron mejoradas y otras medidas fueron tomadas para humanizar el trato a los prisioneros. Mark Urban destaca el papel de algunos comandantes del SAS sobre el terreno, los comandantes de la unidad y del Director de Fuerzas Especiales en imprimirle a sus soldados una visión y una dirección mientras que algunos otros dudaron del papel a jugar en Bagdad cuando las unidades regulares estaban desplegadas en la provincia de Basora.

La historia de fondo es las visiones contradictorias sobre el origen de la insurgencia iraquí. Hasta la aplicación de la doctrina de contrainsurgencia se pensaba que el origen de todo era el rechazo a la ocupación extranjera, por lo que alguno defendía que las fuerzas multinacionales debían limitar sus operaciones al mínimo y abandonar el país lo antes posible. Sin embargo, el país estaba sumido en los prolegómenos de una guerra civil, lo que llevó a las tribus suníes a traicionar a Al Qaeda y aliarse con Estados Unidos para no ser aplastadas por la mayoría chiita y la intransigencia de los insurgentes yihadistas extranjeros. Mark Urban describe someramente un panorama de sectarismo y corrupción bastante desolador. Hoy se discute si realmente las nuevas estrategias tuvieron éxito y la situación en la país cambió por sí misma favorablemente para las fuerzas estadounidenses. En cualquier caso, el libro permite reflexionar sobre lo especulativas que son todas las reflexiones sobre la naturaleza de la insurgencia en un país en guerra y lo difícil que es que la democracia en paz triunfe. Lo que me deja el libro es más interés por lo que pasó en la región de Basora donde estuvieron desplegadas las tropas británicas. Un asunto del que he ido anotando títulos de libros en los que se habla de fracaso. Sería interesante saber si alguien hará un recuento de la experiencia española en Afganistán.