Fabricando nacionalistas

Ayer leí el hilo que abrió en Twitter una chica de origen indio, que ahora no encuentro, explicando en inglés la cuestión catalana. Contó una anécdota sucedida hace tiempo. Caminando por Barcelona pasó a su lado una siniestra furgoneta de la policía española con cristales oscurecidos y policías con cara de odio. Sus amigos catalanes quedaron temblando de miedo y angustia, tal es el estado de terror que se vive en Cataluña. A partir de ahí explicó el origen franquista de la actual opresión española sobre Cataluña y explicó cómo España se convirtió en una democracia sólo de fachada tras la Transición. Su visión de las cosas que pasan en mi país me resultaron alucinógenas pero supongo que los españoles, como miembros del mundo desarrollado, estamos pagando la penitencia por haber ejercido de cuñados durante años explicando los asuntos de países lejanos. Es una sensación curiosa leer hilos de Twitter o artículos de opinión escritos por guiris ejerciendo de cuñados y contando de una forma torticera y maniquea la cuestión catalana en inglés a un público internacional Hasta ahora había visto a gente de los países más diversos quejarse del fenómeno, señalando la manía de los occidentales de explicar los problema de los países con brocha gruesa y malinterpretando la historia. Y efectivamente, deja de tener maldita gracia cuando se trata de tu país.

La anterior viñeta de Blower en el diario británico The Telegraph me parece el perfecto ejemplo de lo anterior y resulta de una ironía terrible. Blower representa a los independentistas catalanes con el miliciano republicano de la foto de Robert Capa. Un miliciano de la misma II República que aplastó militarmente en octubre de 1934 la proclamación del Estado Catalán. No vamos a esperar que los extranjeros que opinen sobre España estén familiarizado con la realidad y la historia española. Pero encontré en Twitter otro fenómeno. Aquellos extranjeros que trataban de explicar la cuestión catalana aportando contexto y perspectiva recibían la misma respuesta: da igual los matices, el contexto, la historia o el trasfondo. Ayer todo se reducía a una sola cosa. La policía española había golpeado a pacíficos ciudadanos y eso es lo único que alguien de Bélgica o Connecticut necesitaba saber.

El otro día escribí en “Leopards por la Diagonal” un párrafo que leído ahora resulta lamentablemente profético:

El independentismo necesita una confrontación que le permita vender al mundo el conflicto con el gobierno central encuadrado en una narrativa de la iniciativa democrática de todo un pueblo moderno y decidido enfrentado a la violencia represora del gobierno de un viejo país sin rumbo ni legitimidad. El independentismo necesita portadas de los diarios internacionales donde se vean caras ensangrentadas y desencajadas en lágrimas y dolor para que el ciudadano medio de cualquier país que no tenía opinión previa sobre el tema piense al ver las imágenes que la razón asiste al lado que es víctima de la violencia. Por eso las tácticas que debe emplear el gobierno son contraintuitivas: desescalar el conflicto para huir de situaciones que permita encuadrarlo en el marco narrativo de los independentistas

Como si fuera un mal chiste, el 1-O nos ha proporcionado precisamente eso que yo recomendaba el gobierno debía evitar. Ahora la pregunta es cómo se arregla esto, si es que tiene arreglo. En varias ocasiones traté aquí cómo la derecha nacionalista española ha ejercido tradicionalmente de bombero pirómano y ha fabricado independentistas:  “Lecciones yugoslavas para España” (4 mayo 2005), “Separatistas y separadores” (1 octubre 2012) y “Lecciones de la antigua Yugoslavia para España (y Cataluña)” (17 septiembre 2013).  Pero estos días hemos visto el fenómeno contrario. El pulso del gobierno catalán al gobierno español ha impulsado el sentimiento identitario español, con gente contando aquí y allá que le sorprendía ver por primera vez en su barrio la bandera española colgada de ventanas y balcones. Y aunque sean casos puntuales de conocidos, he visto por primera vez a gente reclamar un referéndum en toda España sobre la cuestión catalana para votar a favor de que Cataluña se marche de España. O directamente reclamar la independencia catalana. Pero no por solidaridad con la causa, sino por estar harto del nacionalismo catalán. Yo mismo me planteaba estos días si, olvidando por un rato el desastre que sería para Cataluña y el resto de España, la situación actual merece la pena ser sostenida por más tiempo.

El juego político en España ha seguido un ciclo perpetuo en el que los nacionalistas periféricos airean reclamaciones identitarias que el gobierno español termina por aplacar con medidas presupuestarias y algunas políticas de tipo simbólico. Y así hasta el infinito más allá. El modelo causó impresión aquí en Canarias y surgieron partidos decididos a imitar el modus operandi pero olvidando que la parte de las reclamaciones identitarias necesita ser creíble. Y ahí está el problema. Da la sensación de que el gobierno español ha creído que el nacionalismo periférico en España se mueve en el fondo por dinero y el truco para manejarlo será siempre negociar presupuestos, pasando por alto que los nacionalistas catalanes sí se han tomado en serio la cuestión identitaria.

Recuerdo el escándalo que causó aquellas palabras del ministro Wert sobre “españolizar” a los niños catalanes, como si una de las funciones de la escuela no fuera crear ciudadanos. Denunciaba recientemente el hispanista John Eliott en un carta al diario The Times la manipulación de la Historia en Cataluña con intereses partidarios. Y estos días me contó alguien que participó hace un par de años como voluntario en una competición infantil de robótica aquí en Tenerife que le asignaron asistir a un equipo catalán formado por niños de entre 10 y 15 años cuyos padres debían hacer de traductores porque tenían dificultades en expresarse correctamente en español.  Si Cataluña termina siendo un país independiente leeremos en el futuro que todo cambió este 1 de octubre. En realidad, todo empezó hace mucho tiempo.

 

 

Cómo Rajoy compró a Trump y salvó la industria de defensa estadounidense

Tras el encuentro de Rajoy y Trump en la Casa Blanca, aparecieron en Twitter comentarios ridiculizando la supuesta compra de cazabombarderos de quinta generación F-35 Lightning II acordada a cambio del apoyo del gobierno estadounidense a la unidad de España. Los datos que se aportaban era muy específicos: se trataba de un contrato de 3.500 millones de euros por 24 aparatos. Los comentarios se repartían entre el tono jocoso, señalando los sabidos problemas de desarrollo del avión, y la indignación por el despilfarro en un país donde los niños pasan hambre y no hay dinero para pagar las pensiones. Tenemos un ejemplo en este tuit de David Arrabalí, analista político y miembro de Izquierda Unida:

Los detalles que se aportaban sobre el caso variaban entre que había sido una promesa hecha por Rajoy a Trump y que la ministra había firmado allí la compra. El usuario de  Twitter “Jaime” compartió varias capturas de tuits en los que la gente añadía detalles de cosecha propia como que eran los “más viejos de la flota”. Todo fue muy marciano, porque la verdad es que en España la toma de decisiones sobre la compra de sistemas de defensa suele ser bastante larga y por el camino se conocen los entresijos del proceso de selección, por muy amañados que estén los contratos: se crea una comisión técnica, aparecen artículos debatiendo las alternativas en las publicaciones del Ministerio de Defensa (Ejército, Revista General de Marina, Revista Española de Defensa, etc), se comparten en foros y redes sociales informaciones y diapositivas de conferencias sobre el tema, etc. Es decir, entre que se decide comprar un cacharro y se firma la compra pasa tiempo. Mientras tanto, los que estamos en este mundillo nos enteramos de lo que se cuece. Por ejemplo, sabemos que España está abocada a comprar F-35 sí o sí algún día. Además, las exportaciones de armamento de Estados Unidos se anuncian públicamente en la página web de la Defense Security Cooperation Agency mientras que las compras españolas de armamento aparecen en la página web del gobierno español, tras aprobarse en la reunión del Consejo de Ministros de los viernes. Para colmo, la noticia de la supuesta compra tampoco apareció en los portales defensa.com o infodefensa.com En definitiva, la noticia resultaba inexistente para los profesionales.

F-35. Foto: USAF vía Wikipedia.

Al día siguiente de encontrarme la noticia los 3.500 millones de euros que el gobierno español se comprometió a gastar para asegurar que el presidente Donald Trump hablara en contra del Procés habían subido a los 6.000 millones. Por ejemplo, apareció en un artículo en Menéame del usuario “anmarmor”: “Rajoy gastará más de 6.000 millones en F35 – el mayor fiasco de la aviación militar moderna”. El autor se centra en todos los problemas de desarrollo del F-35, pero comete errores que se hubiera ahorrado de haber leído un poco la Wikipedia. Curiosamente el artículo termina diciendo que los modelos equivalentes de Rusia y China están mucho más desarrollados, cuando la realidad es que el año pasado la fuerza aérea estadounidense incorporó su ejemplar nº100 del F-35 mientras que del J-31 chino sólo hay dos prototipos y el Su-57 ruso entrará en servicio el año próximo. Este último está en la categoría del F-22 Raptor, no del F-35, y su desarrollo ha sido también problemático. Supongo que son la clase de sesgos que incorporas cuando te pasas el día leyendo “información alternativa” en Russia Today.

Aviones de 5ª Generación en servicio y desarrollo. El T-50 ruso recibió el nombre definitivo Sujoi Su-57.

El siguiente paso fue la aparición de esta  no-noticia en El Salto Diario: “Rajoy ‘compra’ a Trump con un pedido de 6.000 millones en aviones”. El autor, Yago Álvarez (“Economista Cabreado” en Twitter), dice: “Desde el Gobierno se anunció que se comprarían entre 60 y 65 unidades”, con una partida de “unos 6.000 millones de euros” para sustituir a los F-18 del Ejército del Aire y los AV-8B Harrier II de la Armada. En realidad, son los datos de una noticia dada el 5 de junio de este año por el diario El País: “Ejército del Aire y Armada apuestan por comprar 60 cazas F-35 estadounidenses”.  En ella aparece la cifra de los 6.000 millones. Dos días más tarde el mismo diario titulaba: “Defensa se desmarca de la apuesta del ejército por el caza F-35 estadounidense”.  La primera hacía referencia a los deseos de los militares y la segunda la posición del Ministerio. Y es que como dije antes, desde que se plantea la necesidad hasta que se firma la compra van filtrándose informaciones.

Yago Álvarez hace un repaso rápido en su artículo a los problemas del F-35 fabricado por Lockheed Martin, a la que llama LockHeed. Según él, esos problemas han hecho que “la sostenibilidad de la empresa de armas más grande del mundo sea una duda constante” pero “el apretón de manos de Rajoy y Trump ayudará mucho a la subsistencia de esta empresa y de la industria militar americana”. Aquí pueden ver la evolución en bolsa de la empresa:

Datos: Google.

Como ven, el valor en bolsa de la empresa lleva aumentando desde 2013. En esta noticia de Reuters sobre el balance del segundo trimestre del año se dice que las perspectivas de la empresa son buenas desde la llegada de Donald Trump al poder, que el año pasado las exportaciones sólo supusieron el 27% de los negocios de la empresa y que recientemente el Departamento de Defensa estadounidense decidió añadir su pedido de F-35 a 2.456 aparatos. Como ven, ni la empresa está en apuros ni el pedido español sería el negocio del siglo para el complejo militar-industrial estadounidense.

Todo este asunto no es más que una anécdota más del Procés y sus fake news desde ambos “bandos”. Pero adivinen quién se lo ha tomado en serio.