La construcción de narrativas sobre el Estado Islámico

El otro día caí en la cuenta que ya tenemos en las universidades a estudiantes que no habían nacido cuando ocurrió el 11-S. La vida pasa volando y un día te encuentras a ti mismo hablándole a unos veinteañeros sobre acontecimientos, personajes o referentes culturales que marcaron profundamente tu vida para sólo encontrar caras de extrañeza. Y entonces descubres que te has convertido como adulto en el equivalente de aquellos profesores que te hacían gracia porque se les veía totalmente perdidos con las tendencias del momento y hablaban en cambio de cosas trasnochadas.

Cuando debato en redes sociales me tengo que recordar a mí mismo que detrás de esos perfiles anónimos posiblemente hayan estudiantes universitarios que todavía estaban aprendiendo a caminar o leer cuando sucedieron los acontecimientos sobre los que discutimos. Y es que me pasa que, si bien tengo una memoria desastrosa para gran cantidad de cosas, recuerdo con intensidad experiencias y acontecimientos. Y recuerdo perfectamente muchos artículos o debates en Internet, que me hacen preguntar dónde estarán las personas implicadas ahora.

Recuerdo hace años que alguien, de forma muy vehemente, me insistía en que no había despliegue militar iraní en Siria cuando yo había visto las esquelas de iraníes, caídos “en defensa de la mezquita de Sayyida Ruqayya“. Supongo que aquel acto de fe tenía que ver con que, en su cabeza, Irán no podía ser de ninguna manera un país expansionista e intervencionista. Y por tanto era imposible que Irán tuviera fuerzas militares desplegadas en Siria. También recuerdo, por cierto, al experto que dijo que Rusia no era una país intervencionista, no tenía intereses vitales en juego en la guerra civil de Siria y era descartable que interviniera militarmente allí. Pero de eso, hablamos otro día.

La agencia de noticias iraní IRNA incluye entre los logros del general Soleimani “extender la profundidad estratégica de las fronteras de Irán”.

Hoy, podemos encontrar en la Wikipedia una lista de los generales iraníes muertos en acto de servicio en Siria, asunto del que ya se sabía allá por 2015. Y me hace gracia pensar por dónde andará aquel furibundo defensor de la idea del no intervencionismo iraní. Imagino que loando con el mismo entusiasmo al fallecido general Soleimani y sus hazañas de guerra en Siria.

Rescato todos esos recuerdos porque las teorías conspirativas sobre el Estado Islámico son un tema recurrente en Internet y yo sólo puedo recordar los lejanos tiempos del auge y transformación de Al Qaeda en Iraq en Estado Islámico, cuando estas cosas sólo nos interesaban a cuatro gatos en Internet. Eran los tiempos en que Siria se había convertido en una retaguardia del Estado Islámico, después de que su gobierno hubiera permitido que el país fuera la puerta de entrada a Iraq de todos los chiflados yihadistas de la región que querían ir a Iraq a matar estadounidenses. Eran los tiempos en que habían activistas españoles que apoyaban abiertamente a la insurgencia iraquí.

Banner del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe.

Recuerdo que la situación en Siria se había vuelto tan seria que había neocóns recomendando invadir Siria para destruir la retaguardia del Estado Islámico allí. El caso es que la Special Activities Division de la CIA y la Delta Force estadounidenses [*] lanzaron una incursión militar dentro de territorio sirio para asaltar una base del Estado Islámico en la localidad de Abu Kamal el 27 de octubre de 2008. No es casualidad que Abu Kamal terminó siendo el último bastión del Estado Islámico en Siria antes de la caída del Califato.

Todo esto era público y notorio en aquel entonces. Con la salvedad de que, a pesar de la proclamación del Estado Islámico de Iraq en 2006, la prensa y todos nosotros seguíamos hablando de Al Qaeda en Iraq. La pregunta es por tanto, ¿qué pasó para que un día empezaran a circular narrativas sobre el Estado Islámico que situaban su nacimiento durante la guerra civil siria y lo señalaban como una creación estadounidense? Pasó la Nueva Guerra Fría.

Mientras los yihadistas del Estado Islámico de Iraq mataba soldados estadounidenses en el período 2006-2011, el asunto era de interés sólo para los cuatro gatos a los que nos interesaba la “yihadología” en España. Pero tan pronto Rusia e Irán tuvieron intereses en juego en la guerra civil siria sus maquinarias de propaganda se pusieron en marcha para presentar su intervención en la región bajo una luz positiva y cuestionar el papel de Estados Unidos en ella. Tan simple como eso.

Recuerdo la perplejidad de las fuentes sirias ante el avance del Estado Islámico desde el este del país a costa de los grupos rebeldes. Circularon teorías conspirativas que presentaban al Estado Islámico como un instrumento del régimen para cometer atrocidades de todo tipo y desmoralizar a la población civil asumiendo la apariencia de otro grupo yihadista más. Llegaron a circular noticias de que miembros del Estado Islámico capturados en Alepo habían resultado ser miembros del ejército sirio. Esto último me pareció entonces una fantasía para tratar de encontrarle sentido a lo que estaba pasando.

El 30 de septiembre de 2015 comenzó la intervención militar rusa en Siria. Estados Unidos llevaba desde enero de aquel año apoyando con su aviación la ofensiva kurda que había comenzado tras levantar el asedio de Kobane. Era la misma estrategia aplicada en octubre de 2001 en Afganistán: apoyar a las fuerzas locales sobre el terreno enviando a soldados de operaciones especiales para que señalaran blancos a la aviación estadounidense.

La intervención militar rusa en Siria se produjo después de que los grupos opositores al gobierno de Damasco tomaran la práctica totalidad de la provincia de Idlib, amenazando la franja costera del país, la región de mayoría alawita y hogar de la familia Al Asad. Para el gobierno de Damasco perder la costa hubiera supuesto además perder el flujo de material de guerra ruso que llevaba por vía marítima. Así que cuando comenzaron los bombardeos rusos en Siria su objetivo fueron los grupos rebeldes en el norte del país, no el Estado Islámico. Sin embargo, el relato oficial ruso fue que estaban machacando al Estado Islámico.

En las redes sociales, la consigna que circuló fue “Rusia ha conseguido frente al Estado Islámico en tres semanas más que Estados Unidos en un año”. Incluso muchos celebraron que por fin alguien actuaba contra el Estado Islámico, como si no existiera en marcha una operación militar estadounidense en Siria contra el Estado Islámico que estaba dando sus frutos con el avance de la ofensiva kurda desde Kobane al corazón del Estado Islámico en Ar Raqqa.

Que intentos de intoxicación informativa tan burdos de la cadena de televisión iraní HispanTV como el titular “Helicóptero Apache de EEUU escolta caravana de Toyotas de Daesh” calaran en el público responde en principio a la ignorancia del internauta común, que no sabe distinguir un AH-64 Apache de un Mil Mi-24, pero sobre todo de la visceralidad antiestadounidense en el mundo hispanohablante, que lleva a tragarse cualquier bulo pobremente fabricado sobre el Estado Islámico, como ese que dice que Hillary Clinton reconoció que el Estados Unidos había creado el Estado Islámico.

Por supuesto, que la opinión pública española fuera objetivo de campañas de desinformación sobre los conflictos de Oriente Medio con el objetivo de desactivar cualquier corriente de opinión favorable a una intervención de la OTAN que afectara a los intereses de Rusia e Irán era un tema de preocupación para cuatro gatos. Tuvo que venir la crisis catalana de octubre 2017 y el rotundo fracaso del gobierno español en materia comunicativa para que los asuntos de comunicación estratégica empezaran a sonar de oídas en España. El gobierno español de la “derechita cobarde”, con conservadores que miraban con simpatía a Putin, sólo despertó cuando surgió la información de la presunta existencia de operaciones rusas de desinformación sobre Cataluña. Entonces sí. Cualquier cosa menos que les tocaran su Españita. En marzo de 2018 el gobierno nombró una embajadora en Misión Especial para las Amenazas Híbridas y la Ciberseguridad. Una vez más se actuaba en España con el típico furor del converso. A veces pienso qué diría de todo esto mi amigo Jorge Aspizua, la persona que introdujo el concepto de Guerra Híbrida en España y fue ninguneado en vida. Me gusta pensar que brindaríamos con música de fondo como hacíamos en su oficina y nos descojonaríamos de todos ellos.

[*] Ambas organizaciones tienen actualmente otro nombre. Desde 2016, la primera se llama Special Activities Center.

La postverdad era esto

“Post-verdad” fue elegida por el diccionario Oxford como la palabra de 2016 pero sufrió el destino de la expresión despectiva “cuñado”. Resultó que todos pensaron “todo el mundo es un cuñado menos yo, que sé de lo que hablo”. Así, los periodistas se dedicaron a contarnos que Donald Trump era un mentiroso y sus seguidores vivían aislados del mundo en una burbuja informativa de medios que confirmaban sus prejuicios, como si eso no fuera algo que ya estuviera pasando. Traté el asunto en “La nueva post-verdad y las viejas mentiras”. Mencionaba entonces cómo la muerte de Fidel Castro nos daba un buen ejemplo de la clase de burbujas mentales con las que la gente opera. Pero el ejemplo de la Cuba comunista bien podría ser cambiado por la España de Franco. La conclusión es que eso de la “post-verdad” no era muy diferente a vivir autoengañado con la propaganda política de toda la vida.

Pero “post-verdad” tiene una característica que ya adelantó Stephen Colbert en 2005 cuando acuñó el término  “truthiness”. Se trata de que las convicciones se sustentan en emociones y sentimientos, no datos y hechos. La gente cree lo que siente que es verdad. El mundo se ha llenado de bien pensantes reconfortados en su creencia de estar del lado de lo correcto. He visto casos de periodistas españoles que cuando se les señala los errores, inexactitudes y omisiones en sus crónica o su análisis sobre la cuestión palestina muestran absoluta indiferencia porque consideran que hay una verdad de fondo en su sesgo anti-israelí. Así que si una crónica está llena de errores o mentiras es irrelevante porque le transmite una verdad absoluta al lector: los israelíes son unos hijos de la gran puta. No importa la noticia, sino la buena intención con la que se escribe.

Hace poco publiqué Una bomba de relojería en el Mediterráneo. Conté cómo me dio por indagar qué estaba pasando con la llegada masiva de migrantes a Italia vía Libia. Uno de los asuntos claves era la labor de las ONGs que han fletado buques para rescatar refugiados en el Canal de Sicilia. Y terminé encontrando que se dedican al traslado a Italia de migrantes desde la costa libia, operando en una franja estrecha de costa y muy cerca de las aguas territoriales libias. Publiqué algunas novedades en mi perfil de Twitter y en la página de Facebook de Guerras Posmodernas.

Pueden jugar ustedes mismos a ver qué pasa en la costa libia con MarineTraffic.com y VesselFinder.com

Creo que no había tocado un tema que generara tantas “sensibilidades”. Da igual lo que hayan mostrado la BBC o Der Spiegel. Da igual los datos del GPS y los informes de FRONTEX. La gente siente que la narrativa de las ONGs es la verdad. Pero hay un problema en ese paradigma posmoderno de la construcción social de la realidad. Podemos elegir palabras no hirientes para designar a colectivos. Y así hacemos el mundo un poco mejor porque hay personas que dejen de sentirse heridas. Pero si decidimos esconder los problemas y construir una narrativa alternativa porque sentimos que es verdad, sólo estamos escondiendo los problemas. Por eso lo titulé Una bomba de relojería en el Mediterráneo“.