Drones en red

Tras la aplastante victoria aliada en la Guerra del Golfo (1991), John Arquilla y David Ronfeldt se dedicaron a teorizar en el seno de la RAND Corporation sobre el futuro de la guerra tecnológica tras la experiencia de lo que se denominó “The First Information War”. Arquilla y Ronfeldt plantearon que tecnologías como el GPS, sensores electrónicos y enlaces de datos permitirían a los combatientes del futuro organizase como una red compartiendo información sobre la ubicación de cada cual y la del enemigo. Bastaba que un nodo de la red detectara el enemigo para  transmitir esa información al resto y coordinar un ataque en enjambre (swarming). A eso modo de guerra lo llamaron guerra en red (netwar).

Mientras tanto, las especulaciones sobre las guerras del futuro de gurús como el matrimonio Toffler y el matrimonio Friedman anticipaban una visión de una nueva era de incontestada hegemonía militar estadounidense gracias a la tecnología que en plena burbuja .com fue asumida por el Pentágono bajo el concepto de Revolución en los Asuntos Militares. Después de la crisis del Estrecho de Taiwán (1996) y ante los programas de proliferación nuclear de “rogue states” como Corea del Norte e Irán, el Pentágono encontró los enemigos convencionales que le faltaban.

Sin embargo, Arquilla y Ronfeldt se alejaron cada vez más de la perspectiva estato-céntrica para indagar el uso de nuevas tecnologías por parte de redes de delincuentes, hackers, terroristas y desidentes políticos. Quiso la casualidad que su libro Networks & Netwars: The Future of Terror, Crime, and Militancy estuviera listo para imprenta en vísperas del 11-S. Justo entonces los medios de comunicación no pararon de hablar de la amenaza de las “redes terroristas”, como un tipo de organización novedosa que hacía difícilmente penetrable a Al Qaeda frente al tradicional modelo de organización piramidal clandestina (recordemos a ETA y su “aparato logístico”, “aparato de mugas”, “aparato de propaganda”, etc). Las fantasías tecnológicas quedaron aparcadas hasta la muerte de Osama Bin Laden y la retirada estadounidense de Iraq en 2011. Aquel año, el presidente Barack Obama anunció que quería cerrar capítulo, tras una década volcados en la amenaza terrorista y Oriente Medio, para girar su atención hacia Asia (pivot to Asia). Léase, la prioridad de Estados Unidos iba a ser China.

Foto: Todd P. Cichonowicz / U.S. Navy
Foto: Todd P. Cichonowicz / U.S. Navy

El Océano Pacífico presenta un campo de batalla parecido al desierto. Es el lugar idóneo para una guerra convencional tecnológica de alta intensidad, donde priman las fuerzas con mejores sensores y mejores armas inteligentes de largo alcance. Por consiguiente, el Pentágono volvió a teorizar sobre guerra en red pensando en China. Nació así el “Air-Sea Battle Concept”, que rescataba el concepto de guerra en red (véase mi artículo al respecto en el número de marzo de 2014 de la Revista General de Marina).

Los avances tecnológicos en sistemas autónomos permitió retomar el debate, pensando no ya en unidades de combate altamente interconectadas, sino en enjambres de drones. Paul Scharre lo planteaba en Drones in the Battlefield Part II: The Coming Swarm, un documento de octubre del 2014 del think-tank Center for a New American Security que reseñé aquí en mi blog. Scharre imaginaba enjambres de drones baratos con cabeza de guerra que una vez detectaran un objetivo se lanzaran a por él. Dos años después tuvo lugar una prueba del concepto.

El pasado día 8 de enero de 2017 el Departamento de Defensa reveló una prueba hecha en octubre de 2016 consistente en el lanzamiento de 103 microdrones Perdix desde tres F-18 en vuelo. Según el comunicado, los microdrones “mostraron comportamientos avanzados de enjambre” como “toma de decisiones colectiva” y “vuelo en formación adaptativo”. Se trata de unos aparatos que no están preprogramados, sino que “comparten un cerebro distribuido para la toma de decisiones y se adaptan los unos a los otros como enjambres en la naturaleza”. El vídeo hecho público muestra a los microdrones Perdix siendo lanzados desde contenedores subalares y desarrollar varias formaciones en vuelo para terminar orbitando sobre un punto establecido.

Los microdrones Perdix se tratan de un desarrollo de estudiantes del Massachusetts Institute of Technology. Son pequeños aparatos biplanos, alimentados con una batería de polímero de litio y fabricados con fibra de carbono y kevlar. El objetivo del Pentágono es encontrar empresas que fabrican series del Perdix a bajo coste como parte de un esfuerzo de generar  sistemas innovadores aprovechando los desarrollos de la tecnología civil. Los microdrones Perdix, por ejemplo, podrían se dotados con equipos de interferencia electrónica o servir de señuelos. En paralelo hay otros diseños de sistemas autónomos, como el barco autónomo Sea Hunter. Todos son prototipos de primeración generación que lucirán muy diferentes cuando lleguen al campo de batalla.

Anteriormente en GuerrasPosmodernas.com:

Breve historia de la teoría de la guerra red (3 mayo 2013).

Volver a la guerra en red (22 enero 2015).

El regreso del swarming (9 marzo 2015).

Repensar las Guerras Posmodernas (5 junio 2015).

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