“The Edge: Is the Military Dominance of the West Coming to an End?” de Mark Urban

Mark Urban es un periodista británico, especialista en Oriente Medio y autor de libros de historia militar. Anteriormente leí y reseñé aquí el altamente recomendable Task Force Black. En este libro cambia de tercio y aborda una cuestión que concierne a la Nueva Guerra Fría, el declive militar de Occidente.

El libro parte de la enorme reducción de las fuerzas armadas europeas desde el fin de la Guerra Fría, con el ejemplo británico por delante, pero se pregunta si no se ha llegado a un punto en el que se han perdido ya demasiadas capacidades. Y que la premisa de que siempre estará ahí Estados Unidos para acudir al rescate de Europa puede que haya dejado de ser válida. La historia que cuenta de las fuerzas armadas europeas es tristemente familiar para el lector español. (Pronto trataré aquí el caso particular de España).

Urban cuestiona el lema de “más con menos” con el que se han justificado los sucesivos recortes. La idea es que unas fuerzas armadas más pequeñas alcanzarían unas mayores capacidades gracias a la tecnología avanzada. Pero los recortes han llegado también al presupuesto de municiones y al presupuesto para mantener los barcos, aviones y carros de combate. Así que la disponibilidad de estos últimos ha resultado ser reducida cuando llegó la hora de repartir tortas (Afganistán, Libia…) y el stock de bombas y misiles resultó escaso.

Por otro lado, la premisa de unas fuerzas armadas más pequeñas pero más tecnológicas se ha encontrado con el problema del desmadre presupuestario que han supuesto los sistemas de armas de última generación. Urban pone como ejemplo el caza de 5ª Generación F-22 Raptor y el bombardero invisible al radar B-2 Spirit. Destinados a sustituir a cientos de aviones construidos durante la Guerra Fría, del primero entraron en servicio 187 y del segundo 21. Urban plantea que tarde o temprano los arsenales heredados de la Guerra Fría se retiraran de servicio y Occidente se va a encontrar con pocas armas y escasos presupuestos para mantenerlas en un panorama internacional que ha cambiado, donde muchos países periféricos tienen ya sistemas avanzados, muchos de ellos vendidos por Occidente. Urban lanza la pregunta de qué pasaría si Egipto o Arabia Saudita cayeran en manos de enemigos de Occidente.

Más allá de las capacidades militares, Urban reflexiona sobre la disposición de las sociedades occidentales de apoyar el uso de la fuerza. Si el fenómeno ya había sido planteado por Edward Luttwak cuando habló de “sociedades postheroicas” allá por los 90, las intervenciones en Afganistán, Iraq y Libia han dejado a las opiniones públicas occidentales contrarias a las intervenciones armadas. Lo que tuvo consecuencias en el debate en 2013 sobre intervenir en Siria. Urban pone como contraste el caso de Rusia y su opinión pública, donde las intervenciones exteriores han supuesto un aumento de la popularidad de Vladimir Putin. Lo que lleva a la reflexión central del libro, sobre el fin del orden unipolar y la condición de híper-potencia que Estados Unidos mantuvo desde el fin de la Guerra Fría.

Sea China o Rusia, Occidente se encuentra en relación con potencias con un discurso nacionalista con toques revanchistas que tienen una concepción del uso de la fuerza diferente. Digamos, que no han llegado a la fase post-heroica (sería interesante, añado yo, el impacto de las bajas de guerra en un país con tanto hijo único como China). Sin entrar en el discurso del “choque de civilizaciones”, Urban plantea los valores distintos a Occidente con los que se maneja el resto del mundo. “El paradigma occidental parece cada vez menos relevante”, afirma Urban (pág. 120). La impotencia occidental dejará espacios vacíos que serán aprovechados por otras potencias. La reflexión que me deja el libro es pensar hasta que punto la falta de voluntad para pelear y la falta de recursos para hacerlo irá transformando la política exterior de los países occidentales.

“Task Force Black” de Mark Urban

Miembros del SAS británico en Iraq
Miembros del SAS británico en Iraq

He leído unos cuantos libros que cuentan las experiencias del personal de inteligencia y fuerzas especiales en las guerras de Afganistán e Iraq. Hay un montón de ellos publicados en el mundo angloparlante que terminan por conseguirse de saldo en sus ediciones de bolsillo. Suelen dividirse en libros escritos por quienes vivieron los hechos y libros escritos por periodistas que recopilan experiencias de otros. Algún que otro libro contado en primera persona tiene frases del tipo “y entonces viendo que el teniente Flanagan balbuceaba en una esquina, agarré la ametralladora y cargué yo solo colina arriba contra los cincuenta talibán”. Luego sale el libro del teniente Flanagan dándole la vuelta a la historia y por último un periodista que estaba empotrado en la unidad desmiente a ambos contando que aquel día en realidad no pasó nada. Por su parte, el problema de los libros de periodistas que tratan de contar cosas del mundo de la inteligencia militar y las operaciones especiales es que se ven obligados a estirar anécdotas de segunda mando para rellenar capítulos. El resultado no suele estar a la altura de lo que prometen las frases dramáticas y superlativas que llenan la portada.

Task Force Black: The Explosive True Story of the Secret Special Forces War in Iraq de Mark Urban no se parece a ninguno de los libros del género que haya leído. Para empezar su autor es un periodista que en sus ratos libres ejerce de historiador militar, así que no es un paracaidista en el asunto. El propósito de su libro es contar el papel del Special Air Service británico en la ocupación de Iraq agregado a otras unidades de operaciones especiales estadounidenses dedicadas a la caza de “objetivos de alto valor” en el área de Bagdad. Pero el libro no es una colección de anécdotas y batallitas, nunca mejor dicho, sino que pone la evolución de las operaciones del SAS en el contexto de la guerra y el juego político del Reino Unido en sus relaciones con Estados Unidos. Para empezar, la sola presencia de fuerzas británicas en Bagdad tuvo un valor político, escenificando que se trataba de una alianza de iguales en la que el SAS jugaba en la misma liga que las unidades más secretas de Estados Unidos. Encontramos así que al SAS se le asigna la búsqueda de personalidades del régimen de Saddam Hussein en la creencia durante los primeros meses de la postguerra que eran aquellos quienes estaban urdiendo la resistencia contra las fuerzas de ocupación. Luego, el SAS se sumó a la caza de los yihadistas voluntarios llegados de ambos países. Mark Urban destaca la ceguera estadounidense sobre la naturaleza de la insurgencia, recordemos lo contado en The Insurgents por Fred Kaplan, pero sin justificarla trata de explicar cómo en aquellas circunstancias se carecía la perspectiva que ahora tenemos. Otro asunto interesante es cómo las noticias sobre tortura a prisioneros llevó a los británicos a no entregar los insurgentes capturados a las fuerzas estadounidenses. Eso les llevó a encargarse de misiones sin importancia hasta que las celdas de los centros de detención fueron mejoradas y otras medidas fueron tomadas para humanizar el trato a los prisioneros. Mark Urban destaca el papel de algunos comandantes del SAS sobre el terreno, los comandantes de la unidad y del Director de Fuerzas Especiales en imprimirle a sus soldados una visión y una dirección mientras que algunos otros dudaron del papel a jugar en Bagdad cuando las unidades regulares estaban desplegadas en la provincia de Basora.

La historia de fondo es las visiones contradictorias sobre el origen de la insurgencia iraquí. Hasta la aplicación de la doctrina de contrainsurgencia se pensaba que el origen de todo era el rechazo a la ocupación extranjera, por lo que alguno defendía que las fuerzas multinacionales debían limitar sus operaciones al mínimo y abandonar el país lo antes posible. Sin embargo, el país estaba sumido en los prolegómenos de una guerra civil, lo que llevó a las tribus suníes a traicionar a Al Qaeda y aliarse con Estados Unidos para no ser aplastadas por la mayoría chiita y la intransigencia de los insurgentes yihadistas extranjeros. Mark Urban describe someramente un panorama de sectarismo y corrupción bastante desolador. Hoy se discute si realmente las nuevas estrategias tuvieron éxito y la situación en la país cambió por sí misma favorablemente para las fuerzas estadounidenses. En cualquier caso, el libro permite reflexionar sobre lo especulativas que son todas las reflexiones sobre la naturaleza de la insurgencia en un país en guerra y lo difícil que es que la democracia en paz triunfe. Lo que me deja el libro es más interés por lo que pasó en la región de Basora donde estuvieron desplegadas las tropas británicas. Un asunto del que he ido anotando títulos de libros en los que se habla de fracaso. Sería interesante saber si alguien hará un recuento de la experiencia española en Afganistán.