Explorando el underground esloveno

El miércoles pasé media manana durmiendo y otra media escriendo en el blog. Es lo que tienen los blogs, si dedicas demasiado tiempo a contar tu vida no tienes tiempo para vivir. Así que esta vez seré breve. Nastja se ha tomado a pecho el organizarme las vacaciones. Y el miércoles por la tarde de la mano del novio de una amiga nos adentramos en las cuevas de Zelške Jame, cerca de Rakek, un grupo de cinco personas. Estuvimos gateando, escalando y deslizándonos por un red de galerías impresionantes. Al final del periplo Murphy no faltó a su cita y cuando llegamos a una laguna interior las pilas de mi cámara digital se agotaron. Salimos al cabo de dos horas con barro hasta las orejas (literalmente). Mis botas de agua parecían una cantimplora del agua que se había acumulado. Al menos a mí el agua helada en ciertos tramos me llegó sólo a las rodillas, pero a las chicas les llegaba a los muslos.

Pero si eso no era suficiente ayer viernes por la tarde aquí en Žiri, esta vez con un guía y con otro grupo, nos metimos en una red de bunkers del periodo de entreguerras. Las autoridades del Reino de Serbia, Croacia y Eslovenia se prepararon para una guerra estática como la Gran Guerra en lo que era la frontera en aquel entonces con Italia. Se preparaban en vano para la guerra que ya había terminado. La siguiente fue una guerra móvil. Y los bunkers (con galerías entre 20 y 30 metros de profundidad) resultaron inútiles.

Cada día, sobra decir, terminó regado con cerveza (“pivo”) Union y Laško. Eslovenia está todavía a medio camino entre el frenesí consumista de las economías en desarrollo y el desdén pseudopostmaterialista de los países del centro y norte de Europa. Aquí la gente te recibe con simpatía por ser español y no te escruta de arriba a abajo por no ir a la última moda alternativo-anarkoguay. Todavía no he pagado ni una sola ronda.