La guerra sucia contra Macron

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales enfrenta a dos candidatos que representan la divisoria ideológica de la Nueva Guerra Fría, como bien tienen claro en Rusia. Por un lado, Emmanuelle Macron es un social-liberal (“de centro”) que trabajó para el gobierno del socialista  Hollande y al banco de inversión Rothschild & Cie. Macron se presenta con una plataforma electoral personalista creada recientemente (En Marche!).  En frente tiene a la nacional-populista Marine Le Pen, autora del giro ideológico del partido de ultraderecha que heredó de su padre. Su programa en materias económica y de política exterior le acercan más al partido de Jean-Luc Mélenchon, cuyas bases han optado por el voto en blanco o nulo en la segunda vuelta. Y es que dejando a un lado el tema de la inmigración y la cuestión identitaria, el nacional-populismo de Marine Le Pen comparte postulados en materia de nacionalismo económico o política exterior con el programa de Syriza antes de llegar al poder y a los que defendía Pablo Iglesias antes de ser líder de Podemos.

Ilustración del canal ruso Russia Today.

El Front National de Le Pen ha formado parte del bloque pardo-rojo que en el Parlamento Europeo ha votado siempre junto en todo aquello que afecta a los intereses de la Rusia de Putin, como el tratado de asociación de Ucrania con la Unión Europea o la condena de las violaciones de los derechos de la minoría tártara en la Crimea ocupada. Las coincidencias programáticas entre la ultraderecha de Le Pen y la ultraizquierda europea darían sin duda para un análisis detallado. Y es algo que precede con mucho este ciclo electoral francés. Basta recordar que el diario madrileño ABC titulaba en noviembre de 2014: “Luna de miel entre el Frente Nacional y la extrema izquierda en Francia”. Y contaba entonces que “Marine Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, líder del Frente de Izquierdas, multiplican los guiños desde los medios. Mientras, crece el desencanto del electorado con la política tradicional”.

Foto: Mijail Klimentyev / AFP vía El Mundo.

El Front National de Marine Le Pen no sólo ha formado parte del bloque rojo-pardo en el Parlamento Europeo que vota a favor de los intereses de Putin, sino que su partido ha tenido una relación cercana con el Kremlin. Cuando el partido de Le Pen no encontró un bancos francés dispuesto a concederle un préstamo, apareció un pequeño banco ruso dispuesto a ofrecerle 9 millones de euros. Le Pen fue recibida por Putin poco antes de las elecciones y el ministro Lavrov dio de ella una definición elocuente de ella: la llamó “antiglobalista”. Precisamente, Marine Le Pen prometió en un discurso durante la campaña de las elecciones al Parlamento Europeo de 2014 “devolver a Francia la soberanía perdida hace 30 años y protegerla de la globalización neoliberal”. Lo contaba el diario madrileño El País en una noticia titulada “Le Pen, más cerca de Putin que de la UE”. Ese acercamiento entre el Front National y el Kremlin no es gratuito. A Rusia le interesa promover los partidos antieuropeístas y en el caso del Front National ha contado con su labor de zapa para promover el levantamiento de las sanciones europeas a Rusia.

En marzo de este año, Richard Burr, presidente del Comité de Inteligencia del Senado, afirmó durante una sesión de la comisión que investiga la influencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales estadounidenses que “los rusos están activamente implicados en las elecciones francesas”. Lo que hemos visto hasta la fecha ha sido el posicionamiento claro de los medios rusos contra Macron respaldada por bots para dar mayor difusión a esas noticias y una operación de robo de datos que los expertos atribuyen a autores rusos.

Jermey Cliffe escribió para The Economist en abril sobre las campañas dirigidas por los medios rusos al público francés y alemán, contando con el apoyo de redes de bots en Twitter. Mencionaba entonces los rumores sobre Macron que la agencia rusa Sputnik había difundido. Se refería probablemente al artículo “Ex-French Economy Minister Macron Could Be ‘US Agent’ Lobbying Banks’ Interests”, publicado en febrero y en donde se recogen toda clase de rumores sobre Macron: desde que es secretamente homosexual a que empleó dinero público para lanzar En Marche!.

Significativamente a la campaña contra Macron se sumaron simpatizantes de Trump, miembros de la alt-right y trolls (lo que viene a ser lo mismo) organizados en el foro 4chan. Su principal dedicación ha sido lanzar memes y bulos en redes sociales además de proporcionar relevancia a los comentarios a favor de Le Pen en las páginas de Facebook de medios franceses. Para ello han contado con la colaboración de simpatizantes franceses de Le Pen que les han traducido frases y ayudado a elegir nombres de usuario creíbles. Fermín Grodira ha recogido una buena lista de bulos puestos en circulación para atacar a Macron.

Max de Haldevang ha recogido en Quartz algunos de los comentarios despectivos sobre Macron en la prensa rusa y dio cuenta en el mismo artículo de uno de los materiales que ha circulado en la campaña en las redes sociales contra Macron: documentación de una presunta cuenta secreta de Macron en paraísos fiscales.  La falsificación tiene algunos fallos. Como el nombre “Caribbean” mal escrito en un membrete o que aparezca el nombre de Macron, cuando las cuentas secretas se abren en paraísos fiscales con testaferros. En la página web búlgara Bivol analizaron los metadatos de los archivos y se encontraron que fueron generados con dos impresoras Canon de la gama profesional bastante caras. Evidentemente los metadatos se pueden falsificar, pero en caso de ser ciertos probaría que no son obra de un troll en su casa.

El bulo sobre la cuenta en el paraíso fiscal fue recogida en España por La Gaceta: “Filtran un documento que implicaría a Macron en un entramado societario en el Caribe”. Es una estrategia vieja y eficaz. Alguien lanza el bulo y luego los medios sólo tienen que comentar “por ahí se dice”, “se comenta”, “se rumorea”, etc. Nadie tiene que dar explicaciones si la noticia se demuestra falsa pero el meme se instala en la mente del votante. En La Gaceta, por cierto, leemos también defensas de Marine Le Pen, como el artículo “La lucha de civilizaciones o el ‘efecto Marine” de Fernando Paz. A Paz le conocemos de ser uno de los entrevistados para su libro por el presidente del ultraderechista Frente Europeo de Solidaridad con Sira. Libro del que hablé en “La conexión iraní”. Con lo que vemos, que en La Nueva Guerra Fría todo siempre queda en casa.

Pero sin duda el golpe de efecto más importante fue la difusión el viernes 5 de mayo en Internet de 9Gb. de correos robados de los servidores del partido En Marche!. El propio partido reconoció el viernes el robo de datos. Curiosamente, el día 25 de abril Trend Micro anunció haber detectado la actividad de hackers rusos contra los servidores del partido de Macron. Justo hasta ese día llegan los correos robados y difundidos en Internet. Las informaciones sobre actividades de hackers rusos en servidores franceses apareció en reportajes aquí y allá. Alguien decidió entonces poner en marcha la maquinaria de propaganda.

La primera persona que lanzó el hashtag #MacronLeaks ha sido identificado como Jack Posobiec, que encabeza la oficina de Washington de un medio de la alt-right. El Digital Forensic Research Lab del Atlantic Council analizó la difusión del hashtag. Nació en Estados Unidos, fue redifundido por bots y se expandió por Francia gracias a dos simpatizantes de Marine Le Pen que en anteriores ocasiones ayudaron a lanzar campañas en Twitter. El principal impulso lo ofreció su mención por parte de la cuenta de Wikileaks. Posobiec, por cierto, se identifica como un “orgulloso miembro de la #SlavRight”. Su novia rusa contó en redes sociales haber visto a Melania Trump en una fiesta del día de la jura presidencial.

Está por ver el impacto que tendrán todas estas campañas en la segunda vuelta presidencial. En The Intercept quitaban importancia a la información que se encontraba en los emails. Se trata de trivialidades. No ha estallado ningún escándalo, ciertamente. Pero vemos a estas alturas la existencia de un patrón que afecta a quienes se enfrentan al candidato político preferido por el Kremlin.