Puertas a un mar de armas

Moisés Naím, director de la revista Foreign Policy, estará el miércoles en Madrid para presentar su libro “Ilícito” (Debate). Naím habla del auge del comercio ilícito de armas, drogas, personas, órganos humanos y objetos de lujo falsificados, lejos de las visiones edulcoradas de la globalización económica.

El tercer capítulo del libro está dedicado por entero al tráfico de armas. Desde el transporte de copias del Kalashnikov a cualquier punto del mundo donde pueda aterrizar un viejo Antonov a la red de venta de tecnología nuclear organizada por el profesor pakistaní Dr. A. Q. Jan. Dado el carácter ilegal y clandestino del tráfico de armas mostraba hace poco mi escepticismo sobre la campaña lanzada por Intermón Oxfam al respecto.

Francisco Polo nos contaba el viernes que la Asamblea General de Naciones Unidas ha aprobado empezar a trabajar en un tratado internacional sobre el comercio de armas. Por otro lado un lector, Julen Baztarrica se mostraba suspicaz ante mi pesimismo y desconfianza frente a este tipo de campañas. Así que creo debería añadir unas puntualizaciones.

He vivido el asunto de las campañas y los “días mundiales/internacionales de…” desde los dos lados: Como militante que forma parte de una organización o movimento con una causa y como ciudadano. Y sé que todos estos saraos los lanzan en muchas ocasiones quienes trabajan los 364 días del año restantes con la única esperanza de que al menos por una vez se hable del tema en los medios. Lo que me provoca escepticismo son las campañas con objetivos ambiciosamente amplios: “Acabar con la pobreza mundial”. ¿Qué poderes públicos han de sentirse conmovidos por una movilización mundial? Yo soy de objetivos más modestos. Empecemos por la cuestión de la deuda externa o la Política Agraria Común (“la PAC mata” dicen los Radicales). ¿Realmente será eficaz una legislación internacional? Teniendo compañías localizadas en paraísos fiscales que en aviones ucranianos matriculados en Chipre proveen de armas de Europa Oriental a milicias africanas es evidente la necesidad de una legislación internacional. Pero en este asunto del tráfico de armas, ¿qué podemos hacer los ciudadanos españoles?

En primer lugar pedirle trasnparencia a nuestro gobierno sobre las exportaciones españoles de armas. Véase al respecto el artículo de Albert Caramés en el nº94 (verano 2006) de la revista Papeles de Cuestiones Internacionales o los dos libros publicados por Viçenc Fisas en la editorial Icaria: Adiós a las armas ligeras y El lobby feroz.

En segundo lugar pedirle a la Unión Europea que ponga sobre la mesa de las negociación con Bulgaria y Serbia, por ejemplo, mayor transparencia y control de las exportaciones de armas de las factorías Arsenal y Zastava cuyas copias del fusil Kalashnikov aparecen, casualmente, en los conflictos más insospechados.

En tercer lugar incidir en los procesos de desarme tras el fin de conflictos, como se hace actualmente en Bosnia o se hizo en Macedonia (Operación “Essential Harvest”), porque una buena fuente de armas en los conflictos es el circuito de segunda mano. Alemania, por ejemplo, exigió a Estonia la destrucción supervisada de sus stocks de viejas pistolas Makarov que iban a ser sustituidas por modelos Heckler & Koch.