Carrera de armamento en el Mar de la China

Esta semana encontré dos noticias que publiqué en la página de Facebook de Guerras Posmodernas: Japón podría incorporarse a un consorcio de la OTAN para desarrollar un nuevo misil anti-buque y el avión anti-submarino japonés P-1 estará en un festival aéreo del Reino Unido para promocionar su compra por parte de la RAF.

Kawasaki P-1

Ya en enero conté cómo Japón rompía el tabú de la exportación de armas. Ofreció submarinos a Australia, vendió hidroaviones a la India, ofreció hidroaviones a Tailandia, vendió patrulleras a Filipinas y ahora ofrece el Kawasaki P-1 al Reino Unido, que carece de aviones antisubmarinos desde que dio de baja sus Nimrod MRA4 . Lo previsible es que el Reino Unido compre el Boeing P-8 Poseidón por sus lazos con Estados Unidos, pero es interesante ver que Japón pelee por mercados fuera de Asia y Oceanía.

Hay más noticias interesantes sobre Japón. El año pasado anunció que compraría convertiplanos MV-22 Osprey y potenciaría su infantería de marina, el Regimiento de Infantería del Oeste, encargado de proteger la soberanía de las islas japonesas desde su nueva base de Sasebo. Los MV-22 Osprey permitirían despliegues rápidos en las islas ante posibles escaladas de tensión con China. Y el mes pasado, la armada japonesa realizó unos ejercicios bilaterales con la armada Filipinas. A principio de año Japón vendió 10 patrulleras a Filipinas mediante un préstamo de bajo interés. Mientras tanto, Japón desarrolla su propio caza de quinta generación, el Mitsubishi ATD-X Shinshin. Y su armada ha incorporado el primero de sus dos buques más grandes desde el fin de la Segunda Guerra Mundial: los porta-aeronaves clase Izumo.

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DDH-183 Izumo

Ya que hablamos de Filipinas, habría que mencionar que su fuerza aérea volverá a tener aviones de combate: Los coreanos KAI FA-50 Golden Eagle. El contrato por una docena se firmó el año pasado y deberán estar entregados a mediados de 2017. El gobierno filipino aprobó el año pasado un paquete de modernización de sus fuerzas armadas por 671 millones de dólares. Su armada es la principal beneficiaria del aumento de gasto de defensa. Entre otras incorporaciones, ha encargado dos buques de asalto anfibio de Indonesia basados en la clase Makassar. Y a todas estas, es importante señalar el retorno a relaciones estrechas con Estados Unidos en materia de defensa, después de que el fin de la Guerra Fría supusiera el cierre de las bases estadounidenses en Filipinas.

Podemos seguir por Corea del Sur, que también está desarrollando su propio programa de caza de quinta generación, el KAI KF-X, con la ayuda de Lockheed Martin. Sus armada ha incorporado destructores AEGIS y los mayores buques de asalto anfibios de su historia. Y otro país que ha salido de compras es Vietnam, que acaba de recibir su cuarto submarino de la clase Kilo y ha ordenado y posiblemente ordene más corbetas a Rusia. A pesar de continuar con la tradición de compras en Moscú, el país ha ido diversificando sus proveedores militares. Sus fuerzas armadas han incorporado fusiles de asalto israelíes, aviones de patrulla marítima canadienses y fragatas holandesas. Paradójicamente para algunos, el gobierno de Vietnam busca un acercamiento estratégico a Estados Unidos. Pero las razones son las mismas que del resto de países: Preocupación ante el auge de China.

Militares vietnamitas con fusil de asalto GALIL y ametralladora ligera NEGEV de origen israelí
Militares vietnamitas con fusil de francotirador GALIL, ametralladoras ligeras NEGEV y fusiles de asalto TAVOR de origen israelí

China tuvo conflictos en sus fronteras terrestres durante el siglo XX: Invadió Tibet, ocupó territorio tibetano bajo administración bhutanesa, vivió tensiones fronterizas con la Unión Soviética en el río Ussuri, tuvo una guerra fronteriza con India, tuvo una guerra con Vietnam… Así que con sus fronteras establecidas y su desarrollo económico basado en la exportación de productos industriales, era natural que creciera y expandiera su poder naval. Así que ahora vivimos una carrera de armamento en la región de Asia-Pacífico, con todos los países pendientes de China y estrechando lazos con Estados Unidos. Es la región del planeta donde el panorama no tiene nada que ver con las Guerras Posmodernas. Es una carrera de armamentos digna de las rivalidades europeas del período 1871-1913 y propicia para los excesos del nacionalismo adolescente de las naciones emergentes.  El tema daría para un blog del estilo de Flanco Sur pero yo asumí hace tiempo que no puedo abarcarlo todo. Eso sí, me encantaría que algún día alguien asumiera en España la tarea de seguir la región.

La inteligencia de las pequeñas cosas

En algún momento caí en la cuenta que no era casual que ser friki (entendido como sinónimo de nerd y geek) implicaba siempre sentir interés por Japón. Parecía que venía en un pack. Posiblemente se debía a que la ciencia ficción y la fantasía eran géneros ampliamente tratados por el manga y el anime (Aquí hubo de esperar a la película de “El Señor de los Anillos” para dejar de considerar la fantasía cosa de adolescentes). También es verdad que hubo un tiempo en que Japón “era el país del futuro”. Desde la robótica al desarrollo urbano. En aquella época Michael Crichton publicó una novela bastante xenófoba sobre cómo los japoneses estaban comprando California (la primera película de “Die Hard” transcurre en la “Torre Nakatomi”) y George Friedman, fundador de Stratfor y tan acertado como siempre, escribió el libro The Coming War With Japan.

Un día, Japón se desinfló. Estalló su burbuja financiera e inmobiliaria. En 1999 me hice con una edición chilena de ¿Qué es Japón? de Taichi Sakaiya. Entre las cosas que explicaba el autor sobre el país, me llamó la atención su idea de que la cultura del país encajaba más en la sociedad industrial con un modo de producción taylorfordista que en la sociedad de la información. Es decir, la cultura, los valores y el sistema educativo era la óptima para generar una masa de trabajadores disciplinada que producían bienes de consumo en serie pero no fomentaba el pensamiento crítico y la innovación creativa. De Japón salía el hardware pero no el software.

Me he acordado de estos estos días. Primero leí en Jotdown una crónica de Donald Worst (¿un pseudónimo?) de su visita al restaurante con una estrella Michelín más barato del mundo que está en Hong Kong.

Un expatriado occidental residente en Hong Kong desde hace dieciséis años me explicaba recientemente lo que para él es el principal lastre de la creatividad en el arte chino, lastre que paradójicamente es un subproducto de su propia excelencia. Decía que una civilización que desde hace siglos está convencida de haber logrado la perfección en sus realizaciones materiales está condenada a seguir repitiendo las mismas pautas una y otra vez; llevan cientos de años haciendo las mismas cerámicas, las mismas pinturas, las mismas esculturas, y los artistas contemporáneos raramente se alejan de los patrones clásicos. Si lo hacen es muy excepcionalmente y a costa de autoexcluirse de la corriente principal y, por lo tanto, del consumo masivo. […]
[L]o que me estaba comiendo no era sino una versión exquisita, perfecta, excelentemente realizada, de los más clásicos dim sums. […] [C]omo si el mero pensamiento de apartarse del camino marcado por la sabiduría de los antepasados pudiera poner en peligro el equilibrio de las cosas.

Luego descubrí el original de una canción que había visto parodiada en algún vídeo sin entender la broma.

“Gangnam Style” del rapero coreano PSY hace referencia a un barrio pijo de Séul y parodia el estilo de los vídeos del K-Pop, cuya difusión por toda Asia conocí vía la revista Monocle. El vídeo original va ya por más de 359 millones de visualizaciones en Youtube (aquí está la versión con subtítulos en español). El autor decidió entregar al dominio público el vídeo para permitir que se hicieran parodias y versiones. PSY ha aparecido en programas de televisión de EE.UU., como “Saturday Night Live” y se ha convertido en el el primer artista coreano en llegar al número uno de ventas en iTunes.

Lo interesante es el análisis que hace Evan Osnos en The New Yorker. Compara el gran gigante asiático, China, con la pequeña Corea del Sur. Un producto cultural así transcendió las fronteras porque es una pieza de sátira y parodia que a pesar de reirse de la industria musical del propio país es disfrutable en todo el mundo. La sátira y la parodia son comunes en el humor surcoreano, algo que en China es inimaginable. Y plantea lo mismo que aparecía en el artículo de Jotdown. En China cuesta salirse de los márgenes. Y le da un nombre. El síndrome “Kung Fu Panda”. Una película que combinara con humor sobre dos joyas culturales de China sólo pudo hacerla un grupo de extranjeros. También hace referencia a esta tira cómica del dibujante chino Shimao. Se ven diferentes versiones de gente bailando: Nueva York Style, París Style, Tokio Style… La versión de Shanghái Style muestra a alguien encerrado en un manicomio por “bailar como loco”.

Por último encontré de casualidad un blog abandonado de alguien que se fue a estudiar a Japón sin quedar deslumbrado por el país. Más bien, todo lo contrario. Aquí y aquí explica el problema del sistema universitario japonés.

Y todo esto viene para recordar que para entender lo que pasa ahí fuera implica leer mucho y leer de todo. Los libros son los que te dan profundidad y contexto. Y luego hay que leer de todo. Porque son siempre los pequeños detalles inesperados que encuentras de casualidad en las secciones de sociedad, cultura y ocio los que te muestran los procesos de fondo.