El independentismo catalán falló el 21-D

El viernes 21 de diciembre se cumplió el primer aniversario de las elecciones autonómicas catalanas convocadas inmediatamente después de la aplicación del Artículo 155º de la Constitución Española. El gobierno del presidente socialista Pedro Sánchez decidió celebrar dicho día en Barcelona un Consejo de Ministros como un gesto hacia Cataluña que fue recibido como una provocación desde el movimiento independentista.

Banner de Asamblea Nacional Catalana (ANC).

Mi impresión personal fue que el presidente Pedro Sánchez iba a regalarle gratuitamente una victoria mediática a los independentistas, que amenazaron inmediatamente con poner patas arriba Cataluña en señal de repulsa. Mi temor era que la prensa internacional iba a mostrar una Cataluña exaltada y un gobierno español asediado en su reunión en Barcelona. Porque aunque los independentistas no son mayoría, eran suficientes para colapsar Cataluña y transmitir la idea de que toda Cataluña rechazaba la presencia del gobierno de Pedro Sánchez.

La primera propuesta concreta de movilización vino de La Forja, una organización juvenil hasta entonces poco conocida, que proponía bloquear 12 nodos de comunicación reuniendo en cada uno de ellos a 1.000 personas.  La convocatoria se inspiraba en el movimiento de los “Chalecos Amarillos” franceses y era un buen ejemplo de cómo con economía de medios se puede paralizar una región de varios millones de habitantes con tan solo 12.000 personas. Además, el impacto mediático de los turistas atrapados en los aeropuertos de Barcelona y Reus iba a ser alto.


El objetivo de la Forja era bloquear los puertos de Barcelona y Tarragona, los aeropuertos de Barcelona y Reus, las conexiones por autopista de Cataluña con Francia, Aragón y la Comunidad Valenciana, tres vías de Barcelona (Ronda de Dalt, Ronda Literal y el cruce de la Diagonal con el Paseo de Gracia), la autovía C-25 cerca de Manresa y la autopista AP-7 a su paso por Gerona. Considerando que en el área metropolitana de Barcelona vive más de la mitad de la población de Cataluña (y más del 10% de la población española), era previsible que fuera un objetivo prioritario ese día. Además, las acciones cerca de Manresa y Gerona partían el eje de comunicación que articula la Cataluña interior desde el límite con Aragón cerca de Lérida hasta La Junquera en la frontera con Francia y pasa por Manresa, Vich y Gerona.

Mapa del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña (icgc.cat).

Para preparar las acciones del 21-D se creó un canal de Telegram a modo de foro y 12 canales por cada uno de los nodos de comunicación a bloquear. Pronto, circularon en lugares como Foro Coches llamamientos a inundar el canal principal de miembros contrarios a la independencia. Sin embargo, medios de comunicación dieron por buenas las cifras de miembros como cifras de voluntarios dispuestos a acudir a cada uno de los 12 nodos el 21-D.

Los Comités de Defensa de la República (CDR), nombre escogido no por casualidad, propusieron por su parte bloquear las calles anexas a la Lonja de Barcelona, el edificio que acogería durante el viernes 21-D la celebración del Consejo de Ministros. La primera idea que me vino a la cabeza es que iba a ser una repetición del intento de bloqueo a la cumbre del Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional celebrada en Praga en septiembre de 2000. En aquella ocasión, el novedoso movimiento antiglobalización trató de bloquear la sede haciendo marchar tres columnas: rosa, blanca y negra, en función del grado de confrontación y violencia dispuesto a ejercer por parte de los participantes. La columna rosa era pacífica y no violenta. La columna blanca, formada por los Tute Bianche italianos, buscaba romper las líneas policiales pero sólo por el empuje de la masa. Para ello se cubrían de protecciones acolchadas. Por último, la columna negra estaba formada por aquellos dispuestos a chocar violentamente contra la policía, siguiendo las tácticas habituales del black bloc.

Puntos de reunión de las 3 columnas organizadas por los CDR en Barcelona el 21-D.

Casualmente los CDR catalanes convocaron también a formar tres columnas que avanzarían desde tres ejes diferentes sobre la Lonja de Barcelona. Una arrancaría desde cerca del final de las Ramblas para avanzar por el Paseo de Colón. Otra arrancaría desde la Plaza de Urquinaona para avanzar por la Via Laietana. Y la última arrancaría desde un extremo del Paseo de Companys para cruzar el Paseo de Picaso y girar por último hacia el Paseo del Marqués de la Argentera. Las tres columnas convergerían sobre la Lonja de Barcelona en el Paseo de Isabel II.

Según se acercó el 21-D, se informó que los simpatizantes de los CDR en Barcelona se unirían a los cortes de vía de comunicación en las entradas de Barcelona. Sin olvidar que la Asamblea Nacional Catalana (ANC) llamó a provocar atascos en Barcelona concentrando vehículos que condujeran despacio.

Otra novedad de las movilizaciones del 21-D fue la aparición de los llamados Grupos Autónomos de Acción Rápida, que el día 5 de diciembre lanzaron un un primer comunicado llamando a la “paralización de los grandes ejes de comunicación con los países vecinos (Francia y España)”. Además, se pedía el bloqueo de vías de comunicación (carreteras, tren, tranvía, metro, etc,) y las acciones de “boicot y sabotaje” contra “zonas industriales, fuerzas del orden y comunicaciones por cableado”. El comunicado decía que los GAAR actuarían como células aisladas e independientes sin jerarquía ni estructura, por lo que actuarían en el ámbito local de forma independiente y aislada de tal forma que la caída de una célula no impediría al resto seguir actuando.

La alarma generada por el primer comunicado llevó a los GAAR a rebajar el tono en su siguiente comunicado, donde afirmaron que sus acciones tenían un carácter no violento, pero en este contexto querían decir únicamente que con sus acciones no pretendían atentar contra personas. En posteriores comunicados, publicados en los días 12 y 17 de diciembre, se detallaban los objetivos y las acciones recomendadas, como sabotear semáforos y subestaciones eléctricas o bloquear salidas de centros logísticos. El día 17 de diciembre, además, lanzaron un mensaje a sus simpatizantes a que no esperaran una señal para actuar y que podían comenzar ya con sus acciones.

Y así quedó la jugada independentista más radical preparada para el 21-D. Todo el planteamiento de aquel día parecía sacado de un manual de guerra en red. En primer lugar tenemos comunicados y mensajes que marcan las directrices estratégicas con la idea de que sean captadas por los activistas de base, que no tienen por qué conocer al resto que va a participar de la acción. Y es que, aunque organizaciones ya conocidas como los CDR y ANC llamaron a sus simpatizantes a actuar el 21-D, se esperaba que actuara una multitud amorfa y sin jerarquía de militantes del independentismo conectada mediante las redes sociales. De ahí, las referencias al movimiento francés de los “Chalecos Amarillos”, que merecería un análisis propio.

La selección de 12 nodos de comunicaciones como objetivo el 21-D tenía el evidente objetivo de colapsar la red de comunicaciones catalana, un asunto que John Robb estudió allá por 2004 con entradas de su blog como “Infraestructure Meltdowns” y que recientemente reelaboró en “Systems Disruption 101“. La idea es que atacando unos pocos nodos vitales una fuerza insurgente puede lograr el colapso de un sistema entero. El trabajo de John Robb se extendió al estudio y teorización de la difusión por parte de fuerzas insurgentes de Tácticas, Técnicas y Procedimientos (TTP) con mentalidad de software de fuentes abiertas, además de la aparición de ecosistemas insurgentes que evolucionan por la supervivencia de los más aptos y la difusión de ideas. Todo aquello quedó volcado en 2008 en el muy recomendable libro Brave New War: The Next Stage of Terrorism and the End of Globalization

Por su parte, la aparición de los GAAR resulta interesante también porque ofrecían su “marca” a quien simpatizara con la causa. Los GAAR existirían allí donde una persona o grupo estuviera dispuesta a actuar en Cataluña, en un modelo muy parecido al “terrorismo franquiciado” y a la “yihad atomizada“. La referencia no es gratuita. El día 17 de diciembre el diario El Món ofrecía los testimonios de tres miembros de los GAAR. Quico Sallés, el periodista autor del artículo, destacaba al comienzo la cita “Que quede claro, somos más una estrategia que una organización”. Eso de promover una estrategia y no una organización es una idea que ya fue planteada por el teórico español de la yihad Mustafá Setmarian (alias Abu Musab Al Suri) en su monumental obra Llamada a la resistencia islámica global. Setmarian defendía la creación de un “sistema, no una organización(nizam la tanzim). John Robb, cómo no, también le dedicó una entrada de su blog.

Así que con estos precedentes, estaba todo listo para que el viernes 21 de diciembre Cataluña hubiera amanecido con enjambres de activistas acudiendo en masa a bloquear nodos de comunicaciones estratégicos mientras la actividad económica se veía paralizada por los cortes de carreteras y el bloqueo de centros logísticos y parques industriales. Se hubiera tratado de un imparable movimiento sin líderes visibles. Pero la realidad es que hubo cortes en más de una veintena de vías pero no se materializaron los bloqueos de los aeropuertos ni el puerto de Barcelona. Una vía de acceso al puerto de Tarragona fue bloqueada después de que unos manifestantes decidieran desplazarse allí. La policía autonómica catalana actuó para despejar autopistas y carreteras, llegando el caso a hacer detenciones o imponer multas. No hubo noticia alguna de acciones reivindicadas o atribuibles a los GAAR. Y en Barcelona, las columnas de manifestantes que pretendían llegar a la Lonja de Barcelona chocaron con el perímetro de seguridad de los Mossos. La columna que pretendía avanzar por el Paseo de Colón no pudo avanzar porque esa avenida entera quedaba dentro del perímetro de seguridad establecido por la policía. Al final, los miembros de esa columna terminaron chocando con la policía en la Avenida del Paralelo, bien lejos de su objetivo.

Las imágenes que se vieron una y otra vez en televisión corresponden a los choques de manifestantes y policías en la Avenida del Paralelo y la Vía Laietana. Además, el uso de la violencia resultó controvertido dentro de las propias filas del independentismo catalán. Sin embargo, para cierta prensa de Madrid aquellos enfrentamientos localizados se convirtieron en una Barcelona apocalíptica.

El sentimiento de fracaso fue patente en el canal de Telegram creado para coordinar las acciones de bloqueo de 12 nodos de comunicación estratégicos. A cierta prensa catalana tampoco se le escapó el balance negativo de la jornada. “El independentismo pierde el control de la calle“, tituló e-noticies. Aunque habría que matizar una afirmación tan drástica. La novedad de 21-D es que grupos pequeños o nuevos quisieron llevar la iniciativa ese día en la calle, mientras las organizaciones más consolidadas (ANC, CDR y Òmnium Cultural) plantearon tres convocatorias diferentes. La decisiva acción de la policía catalana podría responder a una estrategia del gobierno catalán para impedir que un caos excesivo el 21-D diera razones jurídicas a Pedro Sánchez para tomar su control desde Madrid. O bien porque al gobierno catalán actuó respondiendo al miedo del establishment independentista de ver grupos más radicales ganar protagonismo. Sin embargo sí se constata el desinfle del activismo callejero del movimiento independentista. Y es que no se puede mantener una eterna movilización para alcanzar la Tierra Prometida sin obtener resultados.