Metiendo miedo

No ganamos para sustos. Primero, el titular “Ensurt per una caravana de vehicles de l’Exèrcit que entra per la Diagonal”. Madre mía. Una caravana de vehículos militares entrando por Barcelona. ¿Rajoy toma medidas ante la consulta del 9 de noviembre? No, iban rumbo al Acuartelamiento “El Bruch”. Leemos en la Wikipedia en español:

El Cuartel del Bruch es un cuartel de la IV Región Militar situado en la Calle González Tablas de Barcelona, España. Está situado cerca de la Avenida Diagonal y de la Zona Universitaria, en el barrio de Pedralbes.

Así que si está “cerca de la Avenida Diagonal” debe ser habitual que pasen vehículos militares por allí. Y por cierto, la noticia identifica erróneamente a los vehículos como IVECO LMV, conocido como “Lince” en el Ejército. En la foto de la noticia aparece una columna de Urovesa Rebeco, conocidos en el Ejército como VAMTAC (Vehículo de Alta Movilidad Táctica).

Luego, veo que alguien comparte en Facebook un vídeo publicado por una tal Montse. Tiene por foto de perfil la frase “Jo voto el 9N”. En el vídeo vemos un convoy militar. Ella comenta:

Uns 25 tancs en camions, direcció Barna avui a la A-2. Ho ha gravat un familiar

Lo que se ve en el vídeo no son “tanques”. Son vehículos de combate de infantería “Pizarro”. Y no iban rumbo a Barcelona. Iban desde Madrid rumbo al Centro Nacional de Adiestramiento (CENAD) de San Gregorio (Zaragoza), que es el campo de maniobras para unidades acorazadas más importante de España. Lo sabemos porque informa del desplazamiento el boletín “Tierra” del Ejército en su página web.

captura-de-pantalla-2014-11-05-a-les-17.18.38-92041Da igual las explicaciones porque alguien mezcla todo y sale el titular: “Intimidació de combois militars a les carreteres catalanes”. El autor da a entender que vehículos trasladados desde Madrid a Zaragoza terminaron en las carreteras catalanas y lo mezcla con la información de unas maniobras que la Brigada de La Legión realizó en el CENAD el mes pasado. Informa defensa.com sobre el escenario desarrollado:

Finalmente, han desarrollado un tema táctico en un país ficticio sumido en una grave crisis interna. En este escenario, han tenido que neutralizar la amenaza que suponía el avance de fuerzas hostiles de tipo convencional, apoyadas por grupos insurgentes, debiendo rechazar su avance y establecer las condiciones de seguridad que permitieron proteger y evacuar a los supuestos residentes nacionales desplazados a ese país; para posteriormente colaborar con el Gobierno local para establecer las condiciones de seguridad y estabilidad que le permitan salir de tal crisis.

Evidentemente, como dice la noticia se trata de un “ejercicio de combate convencional contra una amenaza híbrida”. La guerra híbrida es el tema de moda por la crisis ucraniana (Dos artículos al respecto recientemente en la página web del Instituto Español de Estudios Estratégicos). Ya en junio la Armada española ensayó en el ejercicio Marflex 41 una intervención en el Báltico inspirada en la crisis ucraniana. Pero el autor del titular sobre la intimidación de convoyes militares en las carreteras catalanas resaltó que en el ejercicio se desarrolló “un tema táctico en un país ficticio sumido en una grave crisis interna”. Cualquiera diría que tras el fin de la Guerra Fría es una novedad que las fuerzas armadas españolas se preparen para intervenir en países en crisis donde el conflicto tiene naturaleza interna.

Pero aún hay más. A la fiesta de los despropósito se apuntó el diario digital Público que publicó la no noticia con un titular glorioso: “Sospechas en las redes sociales por las 15 vehículos militares que han entrado en Barcelona“. Pero por si eso no fuera poco, nos cuenta “El Ejército se prepara para actuar en revueltas ciudadanas“. Se trata de que efectivos del Regimiento de Caballería Ligero Acorazado Nº8 “Lusitania” recibieron formación en tareas antidisturbios. En la propia noticia leemos que, al igual que la instalación de controles de carreteras, es una clase de actividad de la que los militares españoles reciben formación desde hace ya bastante tiempo de cara a su despliegue en misiones internacionales.

En la noticia del diario Público se da a entender que la formación en técnicas antidisturbios es una novedad preocupante porque se imparte “a unidades que no tienen planeado llevar a cabo misiones internacionales”. ¿Tan preocupante es que los soldados practiquen técnicas requeridas en despliegues internacionales aunque en el corto plazo no tengran previsto salir a una misión? Y ni siquiera creo que sea una novedad. Vean la siguiente portada de revista que muestra a un miembro de la Agrupación de Madrid (AGRUMAD) de la Infantería de Marina. Se trata de la unidad que proporciona seguridad a instalaciones y personalidades de la Armada en Madrid, siendo de hecho la Policía Militar dentro de la Armada.

FAM_110-portada-500Una búsqueda rápida en Internet nos permite encontrar ejemplos de incidentes en que fuerzas internacionales han tenido que intervenir como antidisturbios. No lleva mucho tiempo encontrar en Internet fotos de soldados de varias nacionalidades integrados en la KFOR haciendo prácticas como antidisturbios en Kosovo. Por ejemplo, estadounidensesturcos o rumanos. Y no es por matar el tiempo, como vemos en las siguientes fotos, que muestran intervenciones reales de soldados griegos y húngaros en Kosovo.

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 El artículo del diario Público cita “fuentes militares” que hablan de Kosovo pero consideran ahora este tipo de formación innecesaria.

Fuentes militares aseguran que este tipo de instrucción con material antidisturbios, “heredada de la Guerra de Kosovo, donde sí podía darse una situación en la que hubiera que controlar una manifestación o una revuelta civil, no tiene ningún sentido en las zonas de operaciones actuales del Ejército español (Líbano y República Centroafricana)”.

No merece la pena extenderse sobre el despliegue República Centroafricana, donde ya hubo disturbios y además las tropas españolas entraron en combate. Pero es de sentido común, que en cualquier misión internacional todo va bien hasta que va mal. Me parece aventurado que alguien se dedique a vaticinar en que misiones hará falta y en cuales no emplear material antidisturbios, cuando las fuerzas españolas los han sufrido desde Haití a Afganistán.

Por último, el artículo del diario Público muestra su preocupación porque la Policía Militar haya sido reforzada en los dos últimos años cuando “sus funciones son casi totalmente ocupadas por la Guardia Civil” y que tras el fin de la mili habían sido “reducidas sus funciones a ámbitos muy residuales dentro del Ejército”. De nuevo, una rápida búsqueda en Internet me lleva al número 870 de octubre de 2013 de la revista Ejército que dedica varios artículos a la Policía Militar. Allí averiguamos que, efectivamente como dice Público, tras el fin del Servicio Militar Obligatorio dentro del Ejército la Policía Militar quedó con atribuciones y fuerzas limitadas. Pero antes de la crisis, en 2006, se firmaron planes de reforma y modernización que estamos ahora viendo llevar a cabo. Una de las ideas es la Policía Militar vaya asumiendo las funciones que en los despliegues internacionales dentro del Ejército cumple la Guardia Civil. Como nota curiosa, varias de las fotos que ilustran los artículos sobre la Policía Militar muestran a sus miembros instruyéndose en técnicas antidisturbios.

Resumiendo, la ignorancia en asuntos militares mezclada con bastante mala idea lleva a titulares engañosos y alarmistas nada inocentes.

La defensa de una España sin Cataluña

En el año 2006 comenté en este blog el revuelo causado por un documento apócrifo donde se estudiaba cómo serían las fuerzas armadas de una hipotética Cataluña independiente. En un contexto muy diferente, el asunto fue tratado por el Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya el pasado año en su documento “La Futura Força de Defensa de Catalunya”. El debate esta vez es real. Y, como a Escocia, el problema que se le plantea a una hipotética Cataluña independiente es el de las economías de escala. Sistemas de armas avanzados, como aviones de combate y fragatas, serían prohibitivos para una Cataluña independiente. Así que, como en el caso de Escocia, se debate la opción de una defensa mancomunada. Tenemos el precedente de las tres repúblicas bálticas, que comparten academia militar (Baltic Defense College) y red de vigilancia del espacio aéreo (BALTNET).

Ahora imaginemos un caso extremo. Supongamos que Cataluña y País Vasco se convirtieran en países independientes sin un acuerdo para compartir una defensa común. Para Cataluña y el País Vasco su defensa nacional no supondría ningún problema a pesar de que no pudieran adquirir y mantener sistemas de armas avanzados. Ubicadas entre Francia y España, su situación no sería muy distinta a la de Uruguay. Para la defensa nacional de España sería catastrófico. Según recoge la Wikipedia, la suma de Cataluña y País Vasco suponía en 2011 el 24,9% del Producto Interior Bruto español. Manteniendo un gasto equivalente, España no podría seguir pagando el mantenimiento de uno de cada cuatro aviones de combate, fragatas y vehículos blindados mientras sus obligaciones en el Estrecho de Gibraltar, Ceuta, Melilla y Canarias seguirían siendo las mismas.

Lecciones de la antigua Yugoslavia para España (y Cataluña)

Allá por los años noventa las guerras en la antigua Yugoslavia pusieron de moda el “nacionalismo” como tema. Se organizaban conferencias, congresos y charlas que trataban el nacionalismo como “amenaza” y “problema”. Hablar de nacionalismo en España ha sido siempre, claro está, hablar de los nacionalismos vasco y catalán. El nacionalismo español, como todo el mundo sabe, no existe. Es como el acento madrileño, que resulta evidente para todo el mundo menos para los madrileños.

Estaba estos días releyendo cierto capítulo de La Trampa Balcánica del inefable profesor Veiga y me topé con este párrafo:

Lo paradójico del caso es que los eslovenos se presentaron como yugoslavistas -en su defensa de los mineros albaneses se llegó a decir: “Yugoslavia se defiende en Trepča“- mientras que los serbios fueron retratados como los dinamiteros de la federación. Lo evidente era que a esas alturas, la postura de los eslovenos era claramente secesionista: alegaban que no deseaban continuar en una hipotética Serbioeslavia controlada por Milošević.

Hablé de esa misma idea hace ya muchos años en una entrada similar a esta, en mayo de 2005. Volví a insistir el año pasado. La narrativa del nacionalismo español sobre cómo Yugoslavia saltó por los aires es incomplenta y engañosa. No se trató sólo de las aspiraciones eslovenas, atraídas por los cantos de sirena de la Unión Europea, sino de cómo el nacionalismo serbio hizo inviable una Yugoslavia plural. A ello contribuyeron no sólo los líderes serbios, sino el ambiente creado por medios de comunicación e intelectuales. En términos españoles, el secesionismo esloveno fue alimentado por los federicosjimenezlosantos, alfonsomerlos e intereconomías de Serbia que actuaron de bomberos pirómanos. Y en España, desgraciadamente, no faltan de esos, que sueñan con los Leopard avanzando por la Diagonal.

Ya sabemos cómo terminó la historia en Yugoslavia. Pero tiene un colorario interesante. Hoy Eslovenia está en crisis, como España. Carlos González Villa hace balance en uno y dos artículos publicados por Eurasian Hub:

Aunque Eslovenia ocupaba una posición central en la estructura económica yugoslava y siguió actuando como uno de los principales actores económicos en la región tras la disolución del país, su posición en relación a la economía europea era la de periferia sujeta a los términos comerciales de los países más poderosos.

En la misma línea se expresa Jože Mencinger en una cita que recoge en la segunda parte:

En Yugoslavia éramos relativamente fuertes, pero no en Europa. Económicamente, está claro que perdimos todos los atributos que hacen de un país una entidad económica: no tenemos dinero, casi no tenemos política fiscal, no tenemos nuestro propio sistema económico y tampoco tenemos fronteras.

Aquí en España se debate y contradebate sobre si una Cataluña independiente quedaría dentro o fuera de la Unión Europea en función de no sé qué artículo o acuerdo. Tonterías. Lo que importará será lo que diga Berlín y París. Y tengo la sospecha de que a Alemania le resultará más fácil imponer sus intereses en una Unión Europea de países con poco peso demográfico.

¿Una política de defensa nacional para Cataluña?

Antes de dejar el blog interrumpido por el último coletazo de las vacaciones hablé de un supuesto documento del gobierno tripartirto catalán (I y II) sobre las posibilidades de unas fuerzas armadas catalanas.

Supe del artículo por los comentarios jocosos en foros sobre defensa en Internet. Se reían algunos de la idea de unas fuerzas armadas catalanas. Y auguraban su total derrota frente a una hipotética invasión española. Como si la existencia de unas fuerzas armadas catalanas sólo pudiera explicarse para mantener su soberanía frente a España.

Me advertía un lector del carácter apócrifo del documento. Pero para mí el interés no está en especular sobre el grado de autonomía política al que aspira el gobierno de Cataluña o el resultado de un hipotético conflicto con España. Sino reflexionar sobre las políticas de defensa en un mundo donde las riesgos y amenazas no vienen de los estados-naciones fronterizos.

¿Cuáles serían los objetivos de la defensa nacional de una hipotética Cataluña independente? Esto es, de un país pequeño y desarrollado.

-Control de sus fronteras (terrestres, marítimas y áreas)

-Salvaguarda de sus recursos naturales (bosques, ríos, zonas pesqueras, etc.)

-Protección de sus infraestructuras civiles estratégicas ante ataques terroristas.

-Capacidad de intervención frente a ataques terroristas no convencionales.

-Capacidad de intervención frente a catástrofes naturales.

Luchar contra los incendios forestales, inspeccionar pesqueros o luchar contra el contrabando de tabaco desde Andorra no parecen tareas para las que se requieran un ejército. Por un lado bastaría con un cuerpo de voluntarios de protección civil que reforzaran a los bomberos de la Generalitat en hechos puntuales, como incendios y riadas. El coste económico de “llamar a filas” a ciudadanos que han de abandonar sus puestos de trabajo no es tal cuando ves pasar el sofá cama de tu vecino flotando por delante de tu casa. El resto de misiones podría llevarlas a cabo un cuerpo con funciones policiales en tiempo de paz y movilizable como fuerza militar en situación de crisis. Contaría con una fuerza marítima dotada de barcos patrulleros que de paso tendrían medios para luchar contra derrames en el mar. Contaría con helicópteros para realizar tareas de salvamento marítimo, vigilancia de carreteras y lucha contra incendios. Y además de blindados ligeros que plantar en lugares como la carretera a la torre de comunicaciones de Collserola cuando haya alguna alerta antiterrorista. Añadamos a nuestra lista una unidad para la guerra nuclear, bacteriológica y química. No sólo serviría para reaccionar ante hipotéticos ataques terroristas no convencionales, sino para intervenir en accidentes de industrias químicas, centrales nucleares o inspeccionar la seguridad de los equipos radiológicos en los hospitales.

Imaginar una unidad paramilitar con los medios y atribuciones que acabo de inventarme no cuesta mucho realmente. Porque ya existe. En España se llama Guardia Civil. Y existen cuerpos similares en países de nuestro entorno: La Gendarmería francesa o los Carabineros italianos.

Al cuadro que he compuesto le faltan detalles. Un país independiente del tamaño y economía de Cataluña posiblemente no podría permitirse disponer de cazas para vigilar su espacio aéreo. Pero tampco disponen de ellos las repúblicas bálticas, que han unido sus de radares de vigilancia en una red: BALTNET. Las tareas de policía aérea la realizan cazas de países aliados de la OTAN, que se van rotando en tal misión. Actualmente se encuentran en Lituania un destacamento español.

El contar con los recursos de los países de la OTAN no es algo propio de estados pequeños o desarmados. España carece de aviones de alerta temprana (AWACS) y los ha pedido “prestados” en ocasión de alguna gran cumbre internacional celebrada en Madrid o Barcelona. Y Alemania prestó baterías de misiles “Patriot” a Israel con motivo de la Guerra del Golfo en 1991.

Esa ayuda externa se consigue participando en organismos multinacionales de defensa y seguridad. Como la Agencia de Fronteras Europeas (FRONTEX). Y comprometiéndose en la acción común de la comunidad internacional. Así se explica la presencia de tantos contigentes de países pequeños en misiones multinacionales de paz (y guerra). Careciendo de ejército yc contando con un cuerpo policial paramilitar como la Guardia Civil es posible igualmente participar en ellas. La misión de la OTAN en Kosovo (KFOR) integra contigentes de gendarmes franceses y carabineros italianos. Entendiendo el sentido que tiene para un país pequeño quizás podamos entener entonces la presencia española en Afganistán y Líbano.

Lecciones yugoslavas para España

El tener que sufrir a los nacionalismos periféricos ha convertido al “nacionalismo” en el nuevo coco ideológico de la política española.

Explicaba el otro día el tema del trabajo de investigación que estoy preparando para el máster que hice el año pasado. Trato de comprender la aparente explosión de conflictos étnicos y religiosos en el mundo tras el fin de la Guerra Fría. En mi opinión las cuestiones identitarias son meramente un discurso retórico que esconde la mayoría de las veces intereses y dinámicas sociales de lo más prosaicos.

El primer estudio de caso que he emprendido es el de la antigua Yugoslavia, paradigmático donde los haya. Es frecuente encontrar explicaciones sobre “odios ancestrales”, “violencia atávica”, el “peso de la historia”… Y es frecuente encontrar aquí en España menciones a la antigua Yugoslavia como advertencia de lo que nos podría pasar si no les paramos los pies a tiempo a Ibarretxe y Carod Rovira. Todo empezó con la secesión unilateral de Eslovenia y Croacia. De aquellos polvos vinieron luego los lodazales.

Si el nacionalismo como ideología fue la variable independiente que explicó los conflictos en la antigua Yugoslavia o la ex-Unión Soviética, deberían haber estallado en aquellos lugares donde el sentimiento nacionalista estaba más arraigado, como las repúblicas bálticas. Pero no fue así. O deberían haber estallado donde las fronteras cambiaron arbitrariamente tras la Segunda Guerra Mundial como en Polonia o Hungría. Pero tampoco fue así. Y aún así se presentan las corrientes nacionalistas en Croacia o el trazado de las fronteras en Armenia y Azerbaiyán como causa de sus guerras.

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Arkan, un atracador buscado por la Interpol, se convirtió en líder de una milicia personal que realizaba el trabajo sucio a los serbios en Bosnia.

Un elemento que se pasa por alto es que los nacionalismos secesionistas de Eslovenia y Croacia se encontraron de frente al nacionalismo serbio. En un principio este último se mostró dispuesto a liquidar el estado federal en un especie de “café para todos” a la yugoslava. Pero pronto un elemento fundamental de su programa político fue la idea de que Serbia, la Gran Serbia, alcanzaba hasta allí donde hubieran serbios. Algo parecido a la consideración de la Alemania nazi sobre los volkdeutsche, los alemanes que habitaban fuera de las fronteras alemanas. En el caso serbio se trataba de anexionarse los territorios de la Krajina y Eslavonia Oriental que habían quedado en el interior de la fronteras croatas, y buena parte de la Bosnia habitada por serbios (la actual República Srpska).

Las distintas descentralizaciones políticas y económicas emprendidas en la Yugoslavia socialista desafíaban claramente la hegemonía serbia, así que se “compensó” a esta república con un mayor peso de los étnicamente serbios en el Ejército Popular Yugoslavo, garante según la constitución de 1974 de la unidad nacional.

Los elementos que llevaron a la guerra quedan entonces claros: Una fuerza nacionalista que controla los aparatos del Estado, incluyendo los medios de comunicación y las fuerzas armadas, se opone a la secesión de partes de ese Estado con el argumento de defender los derechos de los “suyos” en esos territorios separatistas.

Ahora hagamos el ejercicio de trasladar esa situación a España, y tratar de señalar las correspondencias entre los actores. Ustedes mismos.

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