Mitos sobre agresiones con cuchillo

El otro día un hombre de 29 años, casado, originario de Argel y residente legal en España entró en una comisaría de policía de Cornellá de Llobregat (provincia de Barcelona) y al parecer, armado con un cuchillo, se abalanzó hacia algunos de los policías que estaban dentro. Por lo visto gritó el takbir. Los policías hicieron uso de sus armas y murió tiroteado. Teniendo en cuenta su condición de musulmán todas las primeras hipótesis giraron en torno a que se trataba de otro ataque yihadista más, llevado a cabo por alguien en solitario. Véase al respecto mi entrada de blog “La yihad atomizada” (agosto 2015).

Como esto es España, el asunto generó polémicas desde todos los ángulos. Alguno se quejó de a cualquier musulmán que grite “Allāhu akbar” se le identifique como terrorista, siendo una frase que se exclama en las más distintas ocasiones. Parece que se olvidaron del matiz que no es lo mismo gritarlo con tu hijo primogénito recién nacido en brazos o el móvil en el que acabas de enterarte que te han concedido una prestigiosa beca en la mano que blandiendo un cuchillo dentro de una comisaría de policía o en la puerta de un centro cultural judío.

La segunda polémica, cómo no, tiene que ver con el uso de la fuerza. Resulta que a la gente que no ha leído nada del tema le parece extraño que alguien armado con una pistola se  tenga que defender a tiros de alguien que “simplemente” está armado con un cuchillo. La idea, muy peliculera, es que un policía debería ser capaz de meter una bala en el muslo al individuo armado y que esa bala debería ser suficiente para incapacitarlo. Demasiadas películas. El tiro con pistola en el mundo real no funciona así. Las balas en el mundo real no se comportan así. Y las agresiones con arma blanca en el mundo real no tienen lugar así.

Empecemos por el final. Yo no tengo información completa y veraz de qué pasó en esa comisaría. Por lo visto el fallecido se abalanzó hacia los policías porque se trató de un caso de “suicidio por policía“. Según la viuda, el fallecido le había contado que en realidad era homosexual y que eso le producía una profunda vergüenza siendo miembro de la comunidad musulmana. Por tanto, su acción tenía como objeto provocar el uso de la fuerza por parte de la policía y morir tiroteado. Es un fenómeno estudiado y documentado en Estados Unidos, donde los protocolos policiales son de “esa manera”. Podemos deducir, que el fallecido aspiraba alcanzar la muerte como varonil héroe yihadista a ojos de sus pares musulmanes, propósito posiblemente arruinado por la confesión de su mujer.

Asumiendo entonces que el fallecido se abalanzó cuchillo en mano hacia los policías tenemos que tener en cuenta que un recinto cerrado, como una oficina, una persona sólo necesita dar pocas zancadas para llegar a la altura de otra y clavarle un arma blanca. Una persona con un cuchillo de cierto tamaño y con cierta fuerza es sumamente peligrosa. Y los policías tuvieron muy poco tiempo para tomar una decisión ante una amenaza sin duda letal.

Otro idea equivocada con orígenes peliculeros es pensar que es posible con alta probabilidad de éxito emplear alguna técnica de artes marciales para desarmar a alguien que viene hacia ti con un cuchillo en la mano dispuesto a hacerte daño con él. La realidad es que muchas de esas técnicas que se emplean en exhibiciones, tutoriales y clases de artes marciales NO funcionan en condiciones reales. Es un clásico de las exhibiciones de artes marciales desarmar a alguien con una pistola o cuchillo pero en un cuerpo a cuerpo real el atacante no se va a mover de la manera lineal, lenta y guionizada que se emplean en las exhibiciones para que el maestro de turno se luzca.

Así que, entendiendo que ante un agresor con arma blanca estás corriendo un peligro mortal y debes usar tu arma para protegerte, lo siguiente es comprender que el tiro con pistola no tiene que ver con lo que se ve en la ficción. Para empezar es bastante complicado acertar un blanco móvil del ancho de un muslo en condiciones de alteración y con el entrenamiento de un policía medio. Y en el caso de impactar una bala en él, no hay garantía que eso provoque que el atacante caiga al suelo inmediatamente. Hay mil factores a tener en cuenta: el tipo de bala, el tipo de ropa de la persona a la que disparas, en qué tipo de tejido tropieza la bala (hueso, músculo, grasa, etc), la posterior trayectoria de la bala… Un tiro en el muslo puede impactar en la femoral y provocar la muerte en poco tiempo por una hemorragia masiva. Un agresor puede recibir varios impactos de bala en el cuerpo y tener fuerzas para acercarse a su víctima, clavarle un cuchillo y desplomarse poco tiempo después. Lo que sí es seguro es que cuando una persona recibe un solo disparo, no sale volando como en las películas. Tampoco es posible desenfundar un arma ante un agresor y con toda precisión dispararle en el dorso de la mano para que suelte el cuchillo. Lo sensato en el mundo real es apretar tantas veces el gatillo sea necesario hasta que el agresor cae desplomado. Y ese número de veces no es por lo general sólo dos (“double tap“).

Internet está lleno de artículos de policías, forenses, especialistas en armas de fuego, etc sobre todos estos temas. Hay un montón de vídeos de instructores de tiro y artes marciales rebatiendo mitos. Y también hay un montón de vídeos ahí fuera de casos reales donde se ve la mucha sangre que corre en muy poco tiempo cuando se usa un cuchillo para agredir a otra persona o se le dispara a alguien en la pierna con intenciones de detenerla.

En España tenemos el blog de Tiro Táctico para quien quiera profundizar en este tema, gracias a que se esfuerza en traducir estudios y análisis para tratar de estar lo más posible al día.