Modernismos posmodernos

El sábado visité visité en el TEA, el museo de arte contemporáneo de Santa Cruz de Tenerife, la exposición colectiva “Crisis? What crisis? Cap. 1. Modernismos posmodernos”. Aunque la premisa según los comisarios de la exposición es presentar a artistas que no hayan sucumbido a la posmodernidad, sino que “hayan asumido las contradicciones del modernismo”, como viene siendo habitual en este tipo de exposiciones uno encuentra piezas que son una verdadera tomadura de pelo, como esa pantalla Chroma sobre dos mancuernas o aquella escultura formada con varias mesas.

Foto: Canal Tenerife TV.

Los artistas seleccionados nacieron en Canarias después de la llegada de la democracia a España y “alcanzaron su madurez en el archipiélago de la crisis”, así que son casi de mi generación. Les ha tocado vivir un mundo donde se resquebraja la posición hegemónica de Estados Unidos como hiperpotencia global y donde Internet abre ventanas al mundo fuera de Occiente al margen de los medios de comunicación de masas. Así que me llamó la atención un par de obras.

Alejandro Gopar: Sin Título (Bandera de países en guerra contra el terrorismo), 2016.

Ahí tenemos esa instalación que es la superposición de las barras y estrellas con la Unión Jack. Podría haberse quedado en un mero ejercicio estético como su serie “Fake Flags” (una traducción errónea de “Falsa Bandera”, título en español de la carpeta de su página web). Pero tenemos ese comentario alusivo a la Global War On Terror que llega más de 15 años tarde. Supongo que igual que para los que vivieron el asesinato de JFK y la llegada del hombre a la Luna, el 11-S es esa clase de evento icónico que marcó a todos los que estuvimos pendiente de la televisión aquel día. Las posteriores movilizaciones del “No a la guerra” también marcaron el momento político en países como España. Pero francamente, que alguien el año pasado estuviera todavía dándole vueltas a la agenda política del dúo Bush & Blair me parece de una pereza intelectual tremenda.

Chami An: “Hit.story. As redundant as it sounds, another dystopia”, 2016.

Esta segunda instalación muestra en un televisor pares de fotos e imágenes de la historia de Estados Unidos de la mitad del siglo XX en adelante. No deja de ser paradójico que nuevas generaciones, que reniegan de la hegemonía estadounidense, sigan recreándose en los iconos estadounidenses de los años 60 y 70. Si repasan esas publicaciones españolas que se definen así mismas como “contemporary magazine” (así, en inglés) o si repasan imágenes de cabeceras en blogs o perfiles de redes sociales de culturetas y progres españoles se encontrarán con Gregory Peck, Audrey Hepburn, el Rat Pack, Mohammed Ali etc. Toda una iconografía prestada de una generación y un país ajeno al suyo. Algo así como una nostalgia de segunda mano por personajes de unos tiempos que nosotros nunca vivimos y que ni siquiera forma parte de un ejercicio de homenaje o recuperación porque siempre han estado omnipresentes en la cultura popular.

Me llamó la atención la inclusión de la famosa foto del general Nguyễn disparando a un prisionero maniatado del Việt Cộng en una calle de Saigón durante la Ofensiva del Tet. También me llamó la atención sucesivas fotos del maltrato de prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Graib. Una obra que que es el equivalente técnico de un simple carrusel de diapositivas con fotos icónicas del Estados Unidos de la segunda mitad del siglo XX es de una pobreza tremenda. Pero mostrar imágenes de la guerra de Vietnam y de la ocupación de Iraq en pleno 2017 es tratar de entablar un discurso crítico sobre la maldad del imperio yanki que aburre por lo desfasado en el tiempo. ¿Qué tal hablar en 2017 de la prisión siria de Sednaya? ¿Qué tal hablar de las 28.707 fotos estudiadas por Human Right Watch de 6.786 víctimas torturadas y/o ejecutadas en Siria y que alguien logró sacar de Siria en 2014? ¿Y qué tal tratar el Yemen hoy mismo? ¿Lago Chad? ¿Sudán del Sur?

Porque no sé si se capta la paradoja. La foto del general Nguyễn ejecutando un prisionero (asesino de mujeres y niños, pero esa parte de la historia nunca se cuenta) se convirtió en un icono de la guerra de Vietnam porque en Estados Unidos había una prensa libre y los periodistas haciendo su trabajo sobre el terreno. ¿Por qué no disponemos de imágenes icónicas de alguna atrocidad rusa cometida en la primera guerra de Chechenia? Sólo hay que ver cómo lucía Grozni en marzo de 1995 para imaginar que aquello fue lo más parecido al infierno en la tierra. Sin periodistas testigos ni prensa libre para difundir su trabajo no hay imágenes icónicas que remuevan conciencias.

Mientras, las imágenes de los abusos en la prisión de Abu Ghraib son bien conocidas porque fueron publicadas por los medios estadounidenses una vez se enteraron que había una investigación oficial en marcha. Sin embargo, no tenemos imágenes de lo que ocurre dentro de la prisión de Evin ni de otras cuyos nombres ni conocemos.

Celda de la prisión de Mile 2 en Gambia. Foto vía sbngambia.com

Conté aquí mis impresiones sobre unas jornadas sobre periodismo en la Universidad de La Laguna allá por 2013. Me encontré a una afamada periodista hablando sobre la desinformación y propaganda poniendo como ejemplo unas imágenes de televisión de la caída de Bagdad diez años antes. Como si no hubiera sucedido nada más informativamente hablando en la década transcurrida, más allá del “No a la guerra”. Y es que hay algo más. No sólo se trata de la abundancia de imágenes de los medios estadounidenses y una preferencia por consumir la producción mediática y cultural procedente de allí. Hay un discurso hegemónico en España que sostiene que ser crítico, audaz y librepensador consiste en cargar contra Occidente en general y Estados Unidos en particular. Y eso es una idea muy vieja. Que el arte de vanguardia que se hace en Canarias siga atascado en ella es el mejor indicador de dónde se encuentra.