La estética rusa militar en la Nueva Guerra Fría

La fascinación y las conexiones de los nacional-populistas con la Rusia de Putin es algo que ya he mencionado aquí, desde Cristina Fernández de Kirchner a Marine Le Pen, pasando por Matteo Salvini. Asunto aparte son las extrañas paradojas de la Nueva Guerra Fría. Vladimir Putin presume de buena relación con Benjamin Netanyahu y Donald Trump, mientras Russia Today publica contenido furibundamente antisemita y el ejército de Estados Unidos se refuerza en Europa para defenderse frente a Rusia.

Esas paradojas explican la aparición de teorías conspirativas como QAnon, que presentan a un Donald Trump enfrentado a oscuras fuerzas del establishment político estadounidense en una batalla que tiene lugar en las sombras y de la que el presidente va dando noticias mediante referencias veladas. Así, los seguidores más acérrimos lograr justificar las decepciones sufridas y los comportamientos más extraños de Trump. El presidente querría avanzar en su agenda nacional-populista, pero no puede. Y no es tonto. Sólo finge.

En las últimas semanas se han producido en Estados Unidos dos manifestaciones significativas a favor de la libre tenencia de armas, una en Richmond (Virginia) el 20 de enero y otra en Frankfort (Kentucky) el 31 de enero. En ambas ocasiones, los asistentes acudieron con sus armas y luciendo una estética paramilitar que inmediatamente me hizo recordar al fenómeno de las milicias surgidas en los años noventa en Estados Unidos.

Escribí durante la campaña electoral de 2016 sobre el fenómeno, que recuerdo me llamó mucho la atención en su momento por su asociación con las teorías conspirativas del Nuevo Orden Mundial. El término fue popularizado por el presidente George Bush padre en un discurso de enero de 1991, pero entre la ultraderecha estadounidense ganó popularidad por un libro del telepredicador Pat Robertson. Las teorías conspirativas hablaban de que el gobierno de Bill Clinton iba a ceder la soberanía estadounidense a un gobierno mundial, lo que se vería precedido de una confiscación masiva de armas y el confinamiento de los disidentes en campos de concentración. El gobierno de Clinton llevaría a cabo desplazamientos internos de población mediante el empleo de la agencia federal de emergencias FEMA y ejercería un poder dictatorial con la ayuda de tropas rusas, que estarían ya estacionadas en secreto en suelo estadounidense. Otro elemento típico del folklore de aquellas teorías eran los “helicópteros negros“.

El perfil sociodemográfico típico del asistente de ambos eventos (hombre blanco conservador con sobrepeso) encaja con el de los miembros de aquellas milicias de los años 90. Ya aquel entonces hubo quien enfocó el asunto desde el punto de vista de la crisis de la masculinidad tradicional. No se trataría solo de que hombres alejados de los cánones heteronormativos de belleza hagan un cosplay que les haga vivir sus fantasías de frustrada hombría, sino de participar en una actividad que genera vínculos y proporciona significado a sus vidas.

Foto vía 2A Organizer.

En el caso de la manifestación en Virginia me llamó la atención una pareja (ella es la única mujer armada que recuerdo) donde él llevaba una variante del uniforme ruso de montaña Gorka. En una era de copias chinas baratas del uniforme militar estadounidense ACU en diversidad de patrones de camuflaje, la elección de la ropa no me pareció casual. La segunda concentración de manifestantes armados nos brindó unas cuantas imágenes llamativas.

Que un montón de manifestantes armados se paseen por la sede del poder legislativo en Kentucky dice mucho del privilegio blanco. Pero lo relevante para lo que nos ocupa es la estética.

El camuflaje de la derecha es un diseño ruso llamado SS-leto. Las tres rayas blancas es, evidentemente, una copia del diseño de los chándal Adidas, tan populares en Rusia. Se trata de un chándal producido en Rusia por la empresa Mordor Tac. y denominado Gop Tac.

Chándal Gop Tac de Mordor Tac.

El nombre Gop Tac es un juego de palabras con gopnik, el término ruso que designa a la cultura juvenil de los barrios pobres de Rusia y otros países eslavos.

Fotomontaje que presenta a Putin con varios elementos estereotípicos de los gopnik: ropa negra, chándal Adidas y en posición de cuclillas con los talones apoyados.

La elección de la ropa no fue casual. Y la referencia a la cultura gopnik estuvo presente en el acto de prostesta en Kentucky.

Foto: Alton Strupp/Courier Journal.

Conociendo la predilección de la alt-right estadounidense de trolear a los medios de comunicación, el gesto podría tratarse de una broma para incitar a la prensa a titular de forma sensacionalista sobre hipotéticas conexiones con Rusia. Pero el uso de prendas militares de origen ruso es un fenómeno que he visto repetirse en Estados Unidos últimamente y tiene un significado político nada inocente.

Las milicias surgidas en los años 90 imitaban deliberadamente a las fuerzas armadas estadounidenses. Reservaban la hostilidad hacia el gobierno Clinton y las Naciones Unidas. Ahora en cambio la ultraderecha estadounidense imita la estética de las fuerzas especiales rusas, cuyos miembros de forma oficial o encubierta, mediante la apariencia de milicias o empresas militares privadas, han intervinieron primero en Crimea, Ucrania Oriental y luego en Siria y Libia. Esto ha supuesto que se les haya visto con una mezcla de prendas militares y de marcas comerciales, tanto por la libertad que tienen de elegir su material como porque pretendían esconder su afiliación. Así que los militares rusos han pasado de aparecer en las teorías conspirativas de los años 90 como los ejecutores de los malvados planes del presidente Clinton a ser una referencia estética para un sector de la derecha estadounidense.

Mientras tanto, arrancaron hace poco los ejercicios militares Combined Resolve XIII de la OTAN donde participan 17 países, incluyendo Georgia y Ucrania. El supuesto del ejercicio presenta la invasión de territorios de países de Europa Central y el Báltico por un país que emplea “los medios inherentes a los conflictos militares modernos, en particular movimientos separatistas, formaciones armadas ilegales, información e influencia psicológica, propaganda, etc.  Los militares que cumplen el papel del enemigo vestían de la siguiente guisa: