Blackwater pisará las calles nuevamente

Decíamos el lunes:

Se trata de un pulso del gobierno iraquí con la Adminsitración Bush. Y cuesta imaginar que lo gane un ministro cuyo poder real llega poco más allá del pasillo que conduce a su despacho.

No hay que recordar que las fuerzas de seguridad iraquíes reproducen las fracturas sectarias del país y son en la práctica el brazo armado de del partido o facción de turno. Cuando no, se dedican al pillaje, la extorsión y el robo.

Así que pensar que la cabeza del ministerio iraquí podía permtirse desafiar a las fuerzas de ocupación estadounidense era ilusorio. La crisis se ha saldado con un informe sobre la corrupción y desmanes en el seno del ministerio del interior iraquí sobre la mesa del primer ministro Al Maliki… Y con las grabaciones de las cámaras que llevan abordo los vehículos de Blackwater.

Algunos daban por hecho que el personal de Blackwater, mientras viajaba en un convoy escoltando un VIP, se había dedicado a pegar tiros sin razón. La cosa no tenía sentido. Pero ya saben es lo que tiene ser “la guardia pretoriana de Bush” y ser “pistoleros a sueldo”, Y es que como también decíamos ayer:

Los empleados de las PMC que allí operan, ya han sido juzgados de forma sumaria por el tribunal de la prensa… y condenados.

Hoy el cuerpo diplomático estadounidense en Iraq ha vuelto a salir a la calle y protegidos, como siempre, por Blackwater. Fin de la crisis.

Puntualizaciones a El País sobre Blackwater

Ayer Yolanda Monge firmaba un artículo en El País titulado “Bagdad revisará los permisos de todas las empresas de seguridad”.

Mi colega Loopster, que es la persona que más sabe en España sobre Blackwater, le da la réplica en un foro.

Las citas son del artículo de Yolanda Monge. En cursiva las puntualizaciones de Loopster.

después de que la mayor de estas firmas, la estadounidense Blackwater

Con menos de 1.000 hombres en Iraq, Blackwater es una de las PMCs con menos hombres en Iraq. La mayor en número de empleados es Aegis, seguida por ArmorGroup.

La Asociación Internacional de Contratistas eleva el número hasta los 50.000 hombres

¿Y esos de dónde salen? No existe ninguna “Asociación Internacional de Contratistas”. El dato que recoge PSCAI sobre el número lo sitúa actualmente en 30.000, casi la mitad.

salarios que llegan a los 1.000 euros diarios.

Veo que el bulo sigue dando vueltas. 1.000 euros diarios equivalen a 1.397 dólares, más del doble de lo que cobran los contratistas mejor pagados de Iraq.

Una regulación conocida como Orden 17, dictada durante el Gobierno provisional de ocupación bajo la dirección de Paul Bremer, garantiza a esas compañías inmunidad ante los tribunales iraquíes. Esa orden está todavía en vigor.

El Memorandum 17 se anuló hace unos meses, sustituidos por licencias y autorizaciones de trabajo del Project Management Office, el MultiNational Force-Iraq, el Department of State, Department of Defense, USAID, etc.

Loopster sigue en un tono poco benevolente hacia la periodista de El País pero a mí lo que me ha llamado la atención ha sido dos frases:

“fuego cruzado entre agentes de la empresa y supuestos hombres armados tras explosionar una bomba al paso de una caravana de funcionarios”.

Cualquiera diría que los únicos con derecho a presunción de inocencia en Iraq son los miembros de la insurgencia. Los empleados de las PMC que allí operan, ya han sido juzgados de forma sumaria por el tribunal de la prensa… y condenados.

Los métodos de los pistoleros a sueldo son considerados a veces excesivamente violentos

He consultado el diccionario de la RAE.

pistolero.

1. m. Hombre que utiliza de ordinario la pistola para atracar, asaltar, o, mercenariamente, realizar atentados personales.

Pues no conozco yo, hasta la fecha, de atracos a bancos, asaltos de camino o atentados personales cometidos por personal de PMC en Iraq.

Mitos y sombras de las empresas militares privadas en Iraq

Clérigos fanáticos que quisieran convertir el que fue el país más secularizado de Oriente Medio en una teocracia, terroristas de ideologías apocalípticas que han masacrado a miles de personas en mercados o autobuses escolares, militares occidentales sumisos al poder político que venden buenas noticias ilusorias… En la poliédrica guerra civil de Iraq hay muchos actores de perfil nefasto. Pero los empleados de las empresas militares privadas (PMC por sus siglas en inglés) parecen ser esos personajes a los que todo el mundo le gusta odiar.

Dos de los aspectos más polémicos de sus presencia en Iraq son los contratos multimillonarios que pagan sus servicios y la fama de sus empleados de ser de gatillo fácil. Pero ambos tienen que ver más con el contexto de la ocupación estadounidense de Iraq que con la propia naturaleza de las PMC.

La ocupación de Iraq se ha convertido en un agujero negro de dinero. Se sabe del caso de remesas de millones de dólares en billetes que se transportaron por avión en pallets y cuyo rastro se perdió en Bagdad. (Igual sucedió con cargamentos de armas). Empresas proveedoras de combustible o comida para los soldados inflaron los precios y el Departamento de Defensa no tuvo problemas en pagar. Al tirar el hilo de la adjudicación de contratos aparecen empresas cuyos directivos tienen vínculos pero que muy cercanos a la administración Bush.

La decisión de contratar empresas privadas para dar seguridad a los diplomáticos y funcionarios estadounidenses en Iraq no fue arbitraria. En las previsiones de los planificadores de la invasión de Iraq no entró la posibilidad de que la seguridad en la posguerra se deteriorara. Si es que por lo que sabemos planificaron algo de la posguerra. Cuando la ruta que une Bagdad con su aeropuerto se terminó conociendo como “la autopista más peligrosa del mundo” se impuso la necesidad de que el personal civil estadounidense viajara en convoyes protegidos y escoltados. También hubo necesidad de vigilar y proteger edificios e infraestructuras.

Dedicar soldados a esas tareas habría obligado a las fuerzas armadas estadounidenses a un esfuerzo en recursos humanos inasumible. Las PMC tienen desplegadas en Iraq en torno a 30.000 empleados armados. Teniendo en cuenta que cada Brigade Combat Team del U.S Army comprende entre 2.500 y 4.200 soldados estaríamos hablando que entre 7 y 12 brigadas del ejército estadounidense han sido liberadas de estas tareas por el uso de las PMC. (A modo de comparación, el ejército español tiene ocho brigadas).

En cuanto a la fama de gatillo fácil y la impunidad que se achaca a los empleados de estas empresas no es tampoco algo inherente a ellas. Más bien parece que ha habido dejadez por parte de las autoridades estadounidenses de investigar las tropelías cometidas por sus fuerzas militares o privadas en Iraq. Y aunque al parecer hay un marco legal de operación de fuerzas privadas hay un cierto vacío legal.

En el caso concreto de las PMC su papel en Bagdad es escoltar personajes VIP en caravanas de vehículos. En España tenemos un ejemplo tristemente familiar de los peligros a los que se enfrenta: Siete agentes del CNI murieron en Iraq. Iban en dos todoterrenos cuando un vehículo se puso al lado del primero. Dispararon al conductor y el todoterreno con los agentes españoles terminó fuera de la carretera. El segundo vehículo español se paró para socorrer a los ocupantes del primero. El resto es historia. Desde entonces, en Iraq acercarse a una caravana de vehículos con escolta no es recomendable.

Cuando ves gente morir a tu lado, no hay un enemigo que dé la cara y sospechas de la complicidad de la población civil (que miran a otro lado cuando se plantan las bombas por miedo o simpatía con la insurgencia) se genera una frustación tal que terminan pagando inocentes. Hace dos años en este blog explicaba el mecanismo que genera esos excesos.

Hay muchas cosas que contar sobre las PMC. Pero pocas tienen que ver con la imagen que quieren presentar de sanguinarios cowboys psicópatas que campan por sus anchas en Iraq. Empresas como Blackwater no son “la guardia pretoriana de Bush” (por Dios, ¿quién inventó ese cliché vacío?). Y por cierto, cuentan fuentes solventes que en Iraq poco o nada ha cambiado respecto a Blackwater.

Referencias recomendadas:

-Sobre la posguerra iraquí me parece altamente recomenable: Fiasco de Thomas E Ricks.

-Sobre el día a día de las PMC en Iraq la revista española Fuerza Terrestre incluye tres reportajes con abundante material gráfico, inédito en las revistas de temática militar en España, en su último número (el 45) . Aunque con fecha de octubre ya está en los kioskos aquí en Madrid.

Anteriormente en Guerra Posmodernas:

Hablando en RNE sobre el incidente de Blackwater en Bagdad.

El negocio del siglo .

Hablando en RNE sobre el incidente de Blackwater en Bagdad

Esta mañana he tenido la oportunidad de intervenir en el programa “En días como hoy” presentado por Juan Ramón Lucas en Radio 1 de Radio Nacional de España para hablar de las empresas militares privadas. Ha sido mi primera intervención en directo en un medio de comunicación de ámbito nacional y los nervios me han durado toda la mañana, horas después incluso del programa.

En primer lugar tengo que agredecer a David de Ugarte e Ícaro Moyano por ser los nodos que han enlazado la redacción conmigo. El programa puede escucharse aquí.

Las empresas militares privadas (PMC) son noticia porque el ministro de interior iraquí ha anunciado que le retira la autorización para operar en el país a la empresa Blackwater. Al parecer el el pasado domingo hubo un tiroteo donde murieron ocho iraquíes y once resultaron heridos. Además ha anunciado que los implicados en el tiroteo serán juzgados en Iraq bajo las leyes iraquíes.

Blackwater no es la PMC más grande pero puede que sí la más famosa. No ha rehuido la notoriedad pública, al contrario que otras cuyo trabajo pasa mucho más desapercibido. Y otras veces ha acaparado titulares a su pesar. Por ejemplo tras la muerte en la ciudad de Fallujah en marzo de 2004 de cuatro de sus empleados, cuyos cadáveres mutilados y quemados terminaron colgado de un puente. O por la polémica que causó su participación en labores de manteminiento del orden público en Louisiana tras el paso del huracán Katrina en el verano de 2005.

Empresas como Blackwater están en Iraq no bajo contrato del Departamento de Defensa de EE.UU. sino por el de Estado. La labor de los empleados de las PMC es proporcionar escolta al gran número de personal diplomático estadounidense en lugares como Iraq, Afganistán o Haití. No están bajo mando militar y no está muy claro bajo qué jurisdicción operan. Algunos militares estadounidenses se han quejado por la presencia de personal armado ajeno a la cadena de mando militar, en especial tras algún incidente con intercambio de disparos entre soldados y personal de seguridad.

Los diplomáticos estadounidenses y otros personajes VIP se mueven por Bagdad y otros lugares en caravanas de todoterrenos blindados donde por cada vehículo con una persona a proteger hay varios con personal de seguridad armado. En el caso de Blackwater, la empresa cuenta con una flota de helicópteros y vehículos blindados.

Al personal de seguridad privado se le ha acusado de ser “de gatillo fácil”. Moviéndose por un país inmerso en una guerra civil y con policías y soldados simpatizantes de distintas corrientes de la insurgencia no es difícil imaginar situaciones donde caravanas de vehículos se hayan comportado de forma agresiva cuando hayan tenido simplemente que abrirse paso a tiro limpio.

Está por ver que la retirada de la “autorización” del Ministerio del Interior iraquí surta efecto. Cuesta imaginarse la retirada inmediata de los 1.000 empleados de Blackwater trabajando en Iraq dado el vacío que se produciría. Difícilmente otras compañías podrían reclutar a otros 1.000 personas en poco tiempo, dado el nivel de cualificación y experiencia que se pide para el puesto. O que los implicados en el incidente del domingo sean juzgados bajo las leyes iraquíes. Se trata de un pulso del gobierno iraquí con la Adminsitración Bush. Y cuesta imaginar que lo gane un ministro cuyo poder real llega poco más allá del pasillo que conduce a su despacho.

El negocio del siglo

No sé cuántos sabrán de qué hablo si nombro a Executive Outcomes, Sandline International o MPRI. Paso tanto tiempo escribiendo sobre asuntos concretos que doy por sabidas cuestiones generales de la transformación de los conflictos armados de las que hay una abundante bibliografía en inglés no traducida al español. Quizás explique mejor mis teorías sobre las Guerras Posmodernas no dando algunos asuntos por sabidos. Al menos son cosas entretenidas de contar.

La historia de hoy arranca en Sudáfrica, al final de la Guerra Fría. Uno de los aspectos obviados sobre la lucha contra el apartheid es que el partido de Nelson Mandela, el Congreso Nacional Africano, al ser ilegalizado en 1960, formó junto con el Partido Comunista Sudafricano una organización armada. La Umkhonto we Sizwe (“Lanza de la Nación”) lanzó ataques guerrilleros desde países limítrofes y perpetró atentados terroristas. El régimen racista de Pretoria creó a su vez todo un entremado de unidades paramilitares y de servicios secretos para realizar acciones de guerra sucia contra la oposición al régimen. Además para sortear el embargo internacional contra Sudáfrica se crearon compañías tapaderas para la importación de tecnología militar.

Cuando en la Sudáfrica multirracial el CNA llegó al gobierno para una parte de las fuerzas armadas sudafricanas significó ver que el enemigo dirigía el país. El fin de los conflictos de Angola y Namibia por un lado y el desmantelamiento del aparato represor supuso la desmovilización de parte de las fuerzas militares y paramilitares sudafricanos.

Desencantados con el rumbo del país y en paro un grupo de militares sudafricanos terminaron emigrando. Eran expertos en la lucha en el chaparral del África sudoccidental, en la guerra contra insurgencia y estaban acostumbrados a moverse en el mundo de las empresas tapaderas. Crearon una compañía de seguridad llamada Executive Outcomes, que en un principio se dedicó a investigar el robo de diamantes dentro de la empresa De Beers (los de “un diamante es para siempre” ). Pero el giro de la historia es irónico. Executive Outcomes terminaron contratados por el gobierno angoleño, al que habían combatido durante años, para proteger campos petrolíferos de los ataques de la guerrilla de UNITA, antiguo aliado sudafricano. EO aprovechó la liquidación de stocks en la Europa ex-comunista para dotarse de armamento relativamente avanzado y de personal sudafricano desmovilizado para contar con personal cualificado. Montó empresas paralelas de servicios logísticos que incluían una línea aérea propia (Ibis Air). Y cuando el gobierno angoleño no pudo hacer frente al pago de los servicios de EO lo hizo otorgando derechos de explotación de campos petrolíferos y minas de diamantes.

El éxito de Executives Outcomes en Angola llevó a la empresa a Sierra Leona, escenario de una de las guerras civiles más brutales de la Posguerra Fría. El país vivió un momentáneo período de estabilidad y paz cuando los mercenarios sudafricanos derrotaron a las fuerzas del Frente Revolucionario Unido. El RUF, por sus siglas en inglés, se hizo famoso por mutilar los brazos de sus víctimas a machetazos con el propósito de provocar un éxodo masivo de los habitantes de las regiones mineras.

La intervención de Executive Outcomes atrajo atención sobre el asunto de los mercenarios en África, que había sido tema de debate de Naciones Unidas en los años sesenta y setenta. El gobierno sudafricano se sentía incómodo con el papel de EO en los conflictos africanos y se promulgó una ley especial contra las compañías mercenarias. Para colmo al contrario que en Angola el bando gubernamental era extremadamente débil internamente. Hubo un golpe de estado y EO, con deudas millonarias por el impago de su contrato desapareció de la luz pública.

Antiguos miembros de EO aparecieron más tarde en Sandline International, una empresa fundada por Tim Spicer. Antiguo teniente coronel del ejército británico, Spicer trató de imitar el modelo de negocio de EO: Ofrecerse a gobiernos de países con recursos naturales valiosos pero con un ejército débil enfrentadas a una insurgencia armada. Sandline International se vio en mil líos en Sierra Leona y Papúa Nueva Guinea, que darían para largo. Algunos dicen que por las maneras chapuceras de Spicer. Investigadas las actividades de la empresa por la prensa británica Tom Spicer lanzó la pelota al tejado del gobierno británico diciendo que actúaba con su aprobación.

Sandline International siguió el camino de <a href="Executive Outcomes. Hubo de cesar sus actividades. Pero ambas habían iniciado una nueva era de empresas mercenarias adaptadas a la era de la globalización y las nuevas guerras: Página web con comunicados de prensa, armamento relativamente avanzado para las guerras en que se ven envueltas, tecnologías como comunicaciones por satélite, etc. En ese lavado de cara, lejos de los tiempos de Bod Denard y “Mad”Mike Hoare, se hacen llamar Compañías Privadas Militares (PMC en inglés). Con algunas excepciones, como el caso del intento de golpe de estado en Guinea Ecuatorial, lejos de trabajar de forma clandestina han adquirido un perfil más público. Sus actividades ahora se presentan dentro del sector de la seguridad privada. Spicer, por ejemplo, parece estar ahora relacionado con el Trident Group que entre sus servicios a navieras ofrece protección frente ataques piratas (de las que tendré que hablar otro día).

Pero el salto definitivo de las PMC ha sido el conflicto de Iraq. Frente a los ataques de las filas panárabes de yihadistas una constelación de empresas de seguridad que emplean a ex-miembros del SAS británico o gurjas nepalíes. En la era de la externalización de servicios, el Cuerpo de Ingenerios del U.S. Army trabaja baja la protección de una empresa privada. Pero el mundo de los contratos inflados y otorgados a dedo a amigos lo dejo como materia para otros. Esta semana Blackwater anunciaba orgullosa su inclusión en el “Top 50” de la revista Fast Company.

Lo dicho. Ahí les va otra pieza más en el puzzle de las Guerras Posmodernas.