Una revisión autocítica sobre Iraq

Ayer, con motivo del 3er. aniversario de la invasión de Iraq recuperé lo que escribí en mi viejo blog. Fue entre diciembre de 2004 y enero de 2005. Y eran unos artículos bastante pesimistas sobre el rumbo de la guerra en Iraq para los EE.UU. Llegaron las elecciones y tuve la impresión de que me había equivocado. No toqué desde entonces el tema. Habían demasiado “ruido” en los canales de comunicación. Demasiadas informaciones contradictorias.

Hoy tengo la sensación de que ahora tienen tanta vigencia como en aquel entonces. Aunque haya cosas que se hayan revelado poco importantes. O determinados procesos me parecieron que irían más rápido.

En aquel entonces creí que la oposición a la guerra en EE.UU. crecería mucho más rápido. Para mí era clave el elevado peso en las operaciones militares en Iraq de unidades reservistas. Unidades formadas por “soldados de fin de semana”, y cuyas misiones sobre el papel son de retaguardia, se encuentran en primera línea en Iraq. El número de bajas estadounidenese en noviembre de 2004 y enero de 2005 fueron las más altas desde la invasión. Sin embargo aquellos dos meses no marcaron una tendencia.

estadística bajas en iraq

En paralelo pensaba que la oposición a la presencia de EE.UU. en Iraq en el propio país crecería por las actuaciones de los propios soldados. Las emboscadas con explosivos son responsables de buena parte de las bajas estadounidenses en lo que son ataques de un enemigo sin rostro. Cuando no hay un enemigo al que devolverle el golpe y cuando en cada cruce de carreteras puede esperar una trampa “disparar y luego preguntar” no parece poco razonable. ¿Cuántos civiles iraquíes han muerto? No se sabe a ciencia cierta. ¿Qué grado de colaboración tiene la población civil con la insurgencia? Tampoco podría decirlo.

Otro punto erróneo fue la idea de que los apoyos recibidos por la insurgencia desde Siria o Irán llevarán a un conflicto del tipo que fuera con esos países. En el caso de Irán las acusaciones de George Bush tienen que entenderse en el contexto de la crisis de las armas nucleares.

Discutible es que los EE.UU. hayan terminado por un encarnizamiento en sus tácticas contra-insurgencia. En su momento, y con polémica, nombré las especulaciones que se hacían en Washington sobre el uso de una “estrategia a la salvadoreña”. Aunque ahora sepamos que han estado operando “escuadrones de la muerte” iraquíes.

Parecen, son, muchos errores. ¿Pero me equivocaba cuando decía el 31 de enero de 2005 que EE.UU. estaba perdiendo la guerra? La idea principal de mi comparación con la guerra de Vietnam era que es irrelevante el número de insurgentes muertos o batallas parciales ganadas. Lo que cuenta en un conflicto así es la percepción de la opinión pública en casa. Los muertos se convierten en un goteo hasta alcanzar un cierto punto que produce un vuelco en la opinión pública que considera inútil la guerra y los sacrificios que exige. Cuando la opinión pública llega al punto que cree que la guerra no puede ser ganada. ¿Realmente tiene EE.UU. una estrategia contra insurgencia ganadora? Desde luego no parece con asaltos aéreos que no conducen a nada, y que ceden el terreno al enemigo cuando todo acaba.

Es fácil dar lecciones a posteriori. Pero realmente no quisiera estar en la piel de quien tenga que diseñar una estrategia para Iraq.

A los que le preocupe la extensión de la libertad y la democracia en el mundo, que miren a Bielorrusia. Pueden empezar leyendo a Arnau.

Iraq, las palabras quedan

El pasado día 16 las fuerzas estadounidenses en Iraq lanzaron una ofensiva bajo la denominación “Operación Enjambre” (una traducción aproximada de “Operation Swarmer”). Los medios la catalogaron como la “mayor ofensiva aérea sobre Iraq desde la invasión de 2003” (una traducción errónea, se trataba de un “asalto aéreo”). A los pocos días en los medios empezó a cundir la impresión de que se trataba de una operación más mediática que efectiva. Nada que ver con Arquilla y Ronfeldt. Una sensación familiar que me lleva a las primeras cosas que escribí en mi blog sobre Iraq: Arde Faluya.

A las 03:30, hora peninsular española, del 20 de marzo de 2003 comenzó la invasión de Iraq. Hoy se cumplen tres años. Es curioso que en este tiempo le haya dedicado tan poca atención a lo que pasa allí, teniendo en cuenta la temática de mi blog. Creo que se debe a que hubo un tiempo en que creí que me había equivocado en mi análisis sobre el rumbo que estaba tomando la guerra allí. Además habían demasiados blogs escribiendo sobre lo mismo.

Hoy he recuperado para este blog lo que escribí entre finales de 2004 y comienzos de 2005 en mi viejo blog. Y la impresión ahora, francamente, es completamente diferente… Luego hago un repaso.

Checkpoints que los carga el diablo

El otro día enlazaba a un artículo de Newsweek que hablaba de los puestos de control en Iraq. También enlazaba a una secuencia de fotos de un coche que había sido tiroteado una noche al no atender a las señales desde uno de ellos. En el interior viajaba un matrimonio, que resultó muerto, y sus seis hijos.

Los ataque suicidas a los puestos de control empezaron ya durante la invasión de Iraq. Lo que llevó a unas Rules Of Engagement libérrimas a la hora de disparar. La carretera que une Bagdad y su aeropuerto es uno de esos territorios comanches, donde se concentran las emboscadas y los tiroteos por el impacto mediático de cortar la comunicación de Bagdad con su principal puerta de entrada desde el extranjero y dar una imagen de país fuera de control. La embajada de EE.UU. ha prohibido a sus empleados que circulen por ella.

El tiroteo del coche de la periodista italiana precisamente en esa carretera no es casual. El problema es que con tal de criticar a la intervención estadounidense en Iraq inventarse historias de conspiraciones, en la que los secuestradores estaban preocupados por la integridad física de la periodista y en cambio los estadounidenses no querían que regresara viva a casa. Al final, Y todo se saldará como un triste accidente, y las 300 ó 400 balas que dijo Giuliana Sgrena que habían disparado al coche, resultaron ser una docena.

Ya dije una vez que abordar la realidad con una perspectiva crítica requiere hacerlo con el máximo rigor, porque hay maquinarias demasiado poderosas para machacar a quien meta la pata. No necesitamos verdades particulares, sino verdades a secas.

Enmascarando a los insurgentes

La blogosfera es así. Es sólo cuestión de tirar del hilo…

PRISM (Project for the Research of Islamist Movements), una organización israelí, ha publicado un informe sobre los yihadistas en Iraq, cuya mención en Rantingprofs recogió Barcepundit.

PRISM ha hecho un recuento a partir de las listas de yihadistas extranjeros muertos en Iraq recopiladas en páginas webs. Los yihadistas tienen la costumbre de publicar datos de los muertos, sin escatimar morbosas fotos de sus cadáveres. Es algo que había visto en Bosnia y Chechenia. Y han empezado a hacer con Iraq.

PRISM es el primero en reconocer que los datos le llegan indirectamente, y que siendo datos sólo de los muertos reconocidos y publicitados la lista “does not necessarily reflect the exact numbers and composition of all Arab volunteers in Iraq”. Pero al menos es útil es comprobar de forma aproximada el peso estadístico de las distintas nacionalidades. Y una de las cosas que PRISM ha encontrado es que los iraquíes sólo componen el 8,4%, concluyendo como hice yo mismo al ver los datos aislados por primera vez, que si los iraquíes tienen tan escasa presencia entre las células yihadistas entonces la insurgencia autóctona responde a otros motivaciones. PRISM habla de baazistas. Rod Nordland, Tom Masland y Christopher Dickey, de Nesweek, en su altamente recomendable artículo “Unmasking the Insurgents“, hablan de “a growing array of soldiers and security men from Saddam’s devastated military, members of his old Baathist regime, rebellious desert tribesmen, fierce nationalists, common thugs and a relatively few itinerant fanatics from around the Muslim world”.

Soldiers For The Truth recogía un informe del Center for Strategic and International Studies de finales de 2004 sobre la insurgencia iraquí. En unos términos muy familiares el informe, que he descubierto estos días vía Íñigo Sáez de Ugarte, cuenta cómo el referirse a los insurgentes como “terroristas” contribuyó a subestimar su amenaza y el alcance de su apoyo entre la población iraquí.

En su página 14 se dice: “The insurgency seems to remain largely Iraqi and Sunni dominated. Some 35 Sunni Arab groups have made some kind of public announcement or claimed responsibility for terrorist or insurgent attacks – although many may be little more than cells and some may be efforts to shift the blame for attacks or make the insurgent movement seem larger than

it is. An overwhelming majority of those captured or killed have been Iraqi Sunnis, as well as something like 90-95% of those detained”.

Y en la 15 además, en la misma línea que el trío de periodistas del Newsweek: “The Sunni insurgents are divided into a complex mix of Sunni nationalists, pro-Ba’ath/exregime, Sunni Iraqi Islamist, outside Islamic extremists, foreign volunteers with no clear alignment, and paid or politically motivated criminals”.

A estas alturas creo que ha quedado clara la naturaleza de la insurgencia iraquí, a la que le pronostico un futuro a la argelina. Los yihadistas en Iraq han cavado su propia tumba al rechazar la convocatoria de elecciones (que los iraquíes quieran regir su propio destino implica que rechacen a los estadounidenses pero no las elecciones). Las detenciones de miembros próximos a Al Zarqawi posiblemente sean un síntoma de que más iraquíes cada día estén dispuestos a librarse de tipos como Al Zarqawi.

Lo curioso es encontrarse a gente pululando por la blogsfera española que saca la conclusión de que ese 10% de iraquíes entre las filas yihadistas es la prueba de que no hay una insurgencia iraquí como tal. Sólo hay terroristas extranjeros. Y que Iraq se haya convertido tras la invasión estadounidense en el reclamo de todos los chiflados de Medio Oriente que quieren ir al Paraíso es sólo la prueba palpable de que Iraq era un estado terrorista, y la invasión estaba justificada. Desde luego, hay gente pa’ to’.

Iraq, año II de la Pax Americana

Cualquiera que siguió las elecciones iraquíes por los medios de comunicación pudo sacar la conclusión de que sucedieron en un país diferente a aquel del que yo he estado hablando aquí. Tras el fiasco de las armas de destrucción masiva y el hundimiento del aparato estatal iraquí, algo parecía salirle por fin bien a la administración Bush en Iraq. Y pudimos leer a los neococos españoles exultantes en sus blogs durante unos días. La información de los medios de comunicación se llenó de ruido y fue difícil durante días saber qué estaba pasando realmente.

Ahora es momento de revisar y contrastar con la realidad lo dicho en la “triología iraquí: “Vietnam Redux“, “Aprendices de brujo en Mesopotamia” y “Vietnow, la guerra que EE.UU. está perdiendo“.

Hay quien no entendió (véase) lo que quería decir. Así que por si alguno todavía no lo ha pillado, la ESO ha causado estragos en la comprensión lectora, se lo explico brevemente:

* Las fuerzas armadas estadounidenses están empantanadas en Iraq. De las diez divisiones de primera línea del U.S. Army, allí estaban destinadas tres divisiones y una brigada. Teniendo en cuenta las unidades “descansando” tras servir en Iraq, las que se están preparando para ser enviadas, las destinadas en Afganistán y las permanentemente destinadas en Corea, la capacidad de afrontar nuevas e inesperadas amenazas es discutible.

* Si bien es cierto que en Iraq se cometen bastantes acciones terroristas, lo que está pasando allí es más que mero terrorismo. Se trata de una guerra no convencional y de desgaste.

* Enfrentados a unos insurgentes que no respetan las leyes de la guerra, los soldados se ven obligados a desconfiar de la población civil, y tienden a disparar primero y preguntar después.

* Cuanto más se prolonga la guerra y más bajas se acumulan, a pesar de que se ganen las batallas, más aumenta la probabilidad de que la opinión pública se harte y pida una retirada de las tropas.

* El uso de los países aledaños como santuario, y el apoyo que reciben los insurgentes de sus gobiernos, eleva el riesgo de extensión del conflicto más allá de las fronteras de Iraq.

A pesar de un análisis tan pesimista, en este tiempo transcurrido creo que hay pistas que podrían llevar por primera vez a ser optimistas desde la perspectiva del gobierno de los EE.UU. Las elecciones ha hecho que las mútliples ramas de la insurgencia pongan las cartas sobre la mesa. Si buena parte de la insurgencia iraquí tenía un carácter nacionalista el rechazo de Al Zarqawi a las elecciones y las matanzas de civiles iraquíes podrían desmarcar ante la sociedad iraquí a los yihadistas extranjeros como enemigos más odiosos que los estadounidenses, en lo que es uno de tantos errores de los insurgentes. En un futuro no muy lejano podríamos encontrarnos con unas no tan sorprendentes negociaciones a la argelina que aislaran a los yihadistas. La supuesta dependencia logística de estos respecto de los nacionalistas podría acelerar los acontecimientos en cascada.

Las demandas de una “estrategia de salida” comenzaron hace ya tiempo. Pero no se ha dado un vuelco porque las barbaridades que ocurren a diario en Iraq pasan desapercibidas. No es difícil encontrar en la red testiminios de soldados, unos revelando angustia y otros orgullo, de como en Iraq mataron a bastantes civiles. Como las Rules Of Engagement autorizan a disparar a quien no se detenga ante las señales de aviso, en los controles se producen a menudo situaciones bastante trágicas. Un ministro del gobierno provisional iraquí dimitió por el tratamiento recibido en un control de tropas de EE.UU. No es difícil imaginar el estado de ánimo de soldados ante concentraciones de gente, donde cualquiera podría ser un hombre bomba, y ante un enemigo que no duda en usar ambulancias como coches bomba. El público estadounidense se cansó pronto de las noticias sobre Abu Ghraib. Guantánamo sigue existiendo como un limbo judicial. Así que en esta guerra los márgenes morales de maniobra son mucho más amplios.

Si en “Vietnow, la guerra que EE.UU. está perdiendo” mencionábamos como la insurgencia se financiaba mediante delitos, y más arriba mencionábamos el número escaso de tropas disponibles para operaciones en otros frentes, entenderemos que la guerra no haya desbordado las fronteras de Iraq. La TV iraquí mostró la confesión de un supuesto agente sirio y sacó en antena a un grupo de yihadistas de varios países. Oportunamente un ex-primer ministro libanés ha muerto en un atentado que ha galvanizado a la sociedad libanesa contra el puño sirio que atenaza el país. Hasta Arabia Saudita se ha expresado abiertamente pidiendo la retirada de las tropas sirias. La amenaza de una invasión de Irán ha quedado como el farol que realmente era. Pero es un aviso a navegantes, teniendo en cuenta que hubo quienes vieron la mano iraní en la revuelta shiita del pasado verano.

¿Qué pasará a continuación? Al igual que la guerra de Vietnam concluyó con una “vietnamización” de la guerra, y la de Afganistán con una “afganización”, EE.UU. intentará ir trasladando más responsabilidades a las fuerzas armadas locales. No importa que haya una victoria clara sobre la insurgencia. En la era mediática lo importante es que haya una apariencia de ello. Detrás, los iraquíes heredan un país con el conservadurismo islámico en alza, con unas fuerzas armadas donde existen divisiones étnicas-religiosas y donde los partidos que representan a los sunníes, la comunidad que sustenta la insurgencia, se autoexcluyeron de las elecciones y quedaron fuera del reparto de poder.

Decía hace poco Gustavo de Arístegui, uno de los pocos políticos del PP que resulta interesante escuchar y leer, que nos equivocábamos los que comparamos la situación de Iraq con la de Vietnam. Que en todo caso el símil más próximo sería comparar a Iraq con el Líbano. Triste consuelo para los iraquíes.

Vietnow: La guerrra que EE.UU. está perdiendo

Dicen que el primer paso para solucionar un problema es reconocer que se tiene. La retórica propagandística de demonizar al enemigo en Iraq, llamándolo “terrorista”, ha ocultado la naturaleza del conflicto. Parece que nadie se atreviera a decir en voz alta que Estados Unidos está inmerso en una guerra.

Se nos dijo que todo se solucionaría el día en que se detuviera a Saddam. Se nos dijo que todo se solucionaría el día en que la soberanía pasara a un gobierno provisional iraquí. Se nos dijo que todo se solucionará con las elecciones. Pero está por ver que la insurgencia sunnita, en sus vertientes nacionalista e islamista, sienta alguna de sus aspiraciones sastisfechas con un gobierno de hegemonía chiita.

La guerra sigue, y EE.UU. la está perdiendo. Mientras en las páginas de opinión, cartas al director y blogs unos y otros discuten si se debe usar el término “terroristas”, “resistentes”, “guerrilleros” o “fuerzas anti-iraquíes” (sic), la insurgencia iraquí crece y se hace más letal. Considerando que los avances en medicina y en protección de los soldados (por ejemplo los chalecos Interceptor con tecnología de nanotubos de carbono) han aumentado las posibilidades de supervivencia para los soldados heridos, alguien ha aplicado el ratio de soldados fallecidos sobre el total de heridos durante la guerra de Vietnam a las cifras de bajas actuales de EE.UU. en Iraq, y ha encontrado que la ferocidad de los combates equivale al de Vietnam en el año 1966.

El entusiasmo inicial por invadir un país con apenas 150.000 soldados (Rumsfeld quería usar sólo <a href=”http://www.stradigma.com/english/august2003/articles_09.html&#8221;), mientras en liberar Kuwait se habían empleado 500.000 , y la fascinación con la tecnología aplicada a la guerra convencional fue dando paso a la certeza de que nadie se había molestado en planificar el día después de la caída de Saddam Hussein. Habían repetido el guión de la Operación “Tormenta del Desierto” con nuevos juguetes electrónicos, como en un remake de Hollywood con nuevos efectos digitales, sin pensar qué vendría detrás. Que a su llegada a Bagdad el único edificio ministerial al que los estadounidenses proveyeran de protección fuera el Ministerio del Petróleo fue como uno de esos lapsus freudianos que revelan intensiones insospechadas. Cuando el emperador declaró en mayo de 2003 “Mission Acomplished” nadie se atrevió a advertirle que caminaba desnudo por las calles de Babilonia.

¿Tienen Estados Unidos una estrategia para ganar la guerra? Buscando en Google referencias sobre una estrategia para la victoria en Iraq se encuentran 176 resultados frente a las 9.050 referencias a una estrategia para salir de Iraq.

El entusiasmo tras el fin de la operación “Furia Fantasma“, el asalto a Falluya, si bien estaba fundado porque privó a la insurgencia de un base e importantes arsenales, produjo la inquietante impresión de que Estados Unidos está repitiendo el error en centrarse en la cuenta de cadáveres y ocupación del terreno en una guerra donde es irrelevante. El teniente general John Sattler, el oficial de más alto rango del cuerpo de marines en Iraq, afirmó eufórico tras la batalla de Falluya: “We feel right now that we have […] broken the back of the insurgency”. A lo que William S. Lind, uno de los padres del concepto “Guerras de 4ª Generación“, respondió de forma palmaria: “Las insurgencias, como los pulpos, son invertebradas

La estrategia del desgaste tiene un fallo. No tiene en cuenta que el impacto de las bajas en cada bando es diferente, y se mide en términos relativos, no absolutos. Si Estados Unidos sufrió algo más de 58.000 muertos en la guerra de Vietnam, en el 25º aniversario del fin de la guerra el gobierno del actual Vietnam reconoció que la suma de los muertos del ejército regular de Vietnam del Norte y la guerrilla sudvientamita se elevó a 1,1 millones, esto es 18,9 veces más que las bajas de Estados Unidos. Y a pesar de tal descomunal diferencia en el número de combatientes muertos, para la sociedad estadounidenses aquellas docenas de miles de muertos resultaron demasiadas, hasta el punto de influir en el deseo de retirarse de la guerra. Un soldado estadounidense muerto es una piedrecita más en la balanza que decanta el apoyo o el rechazo a la guerra. Un yihadista muerto en Iraq es reclamo más para que otros vengan a ocupar su puesto, en esa fascinación necrofílica de los yihadistas. Algunos calculan que los insurgentes cuentan ya con más miembros que las fuerzas armadas estadounidenses, en Iraq. Y un detalle más. Las estadísticas no son claras en cuanto el número de civiles iraquíes muertos en la guerra. Hay que pararse a pensar en cuántas viviendas, comercios y vehículos de civiles han resultado destruidos y cuántos ciudadanos han muerto por cada insurgente iraquí. Falluya fue una victoria estadounidense. Pero sería interesante saber a quién votarán sus habitantes que lo han perdido casi todo.

Decíamos sobre la guerra de Vietnam:

En aquella guerra Estados Unidos se vio llevando el peso de la lucha contra una guerrilla en un lejano país asiático, ante la inoperancia de un gobierno que no controlaba efectivamente su territorio y un ejército poco combativo cuando no colaborador con el enemigo. Por aquel entonces el U.S. Army, orientado en doctrina y materiales a luchar en las planicies de Alemania contra las hordas rojas, era una fuerza de soldados conscriptos, ciudadanos arrancados de la vida civil, realizando operaciones contrainsurgencia en un país cuya cultura no entendían, cuyo idioma no hablaban y cuyo clima detestaban.

Casi podríamos aplicar punto por punto a Iraq. Aunquen habría primero que señalar que, evidentemente, el triángulo sunnita y la zona entre los ríos Tigris y Éufrates no son precisamente la frondosa selva de Vietnam. Ni hay un Vietnam del Norte que actúe también de refugio. Ni el actual ejército profesional de Estados Unidos tiene que ver con aquel formado por conscriptos, soldados haciendo la mili en un país lejano.

Pero unas cosas compensan otras. La guerrilla sudvientamita no contaba con los adelantos tecnológicos disponible al común de los mortales en Iraq. La telefonía móvil puede convertir a cada simpatizantes de la insurgencia que viva cerca de una base estadounidense o vía de comunicación en una rápida y eficiente red de informadores. Ni los comunistas vietnamitas contaban con <internet ni con Al Yazira para hacer llegar sus mensajes y sus “snuff movies” al corazón de Occidente y a todos aquellos que los jalean. La carencia del apoyo de potencias como China y la U.R.S.S lo suple la red yihadista mundial, los miembros del partido Baaz exiliados, y el sospechado apoyo de Siria. Es factible que las antiguas rutas de contrabando, que sorteaban el embargo de la O.N.U. sirvan ahora a la insurgencia, que además se finanza con secuestros y atracos, como el de un banco en Ramadi que les proporcionó con 13 millones y medio de dólares en dinares iraquíes.

La creación de unidades militares, paramilitares y policiales iraquíes fue en su primer año un rotundo fracaso. Sólo ahora empiezan a estar a la alturas de las circunstancias, en un batiburrillo de unidades cuyas funciones parecen solaparse. Pero el ritmo de creación y preparación está muy por debajo del calendario previsto. Para imaginar el alcance de la implosión organizativa que supuso la invasión basta saber que en un país que tuvo unas enormes fuerzas acorazadas han pasado casi dos años para que esté lista la que es la primera brigada mecanizada del nuevo ejército iraquí. Mientras tanto el peso de la lucha seguirá recayendo sobre las tropas estadounidenses.

Un reportero del Washington Post contaba el relato de un joven bagdadí al que en un registro de su casa los soldados estadounidenses le encontraron unas revistas con mujeres ligeras de ropa. A los soldados les pareció divertido colocarlas a la vista de su madre sobre la cama con un Corán en medio. El periodista contaba como la humillación pasada había llevado al joven a un fervor religioso y un odio a los estadounidenses profundos. La noticia la comentaba el blog Little Green Footballs que dudaba de la veracidad del relato y lo tacha de ridículo. Pero su burla a la supuesta vergüenza pasada por el joven iraquí, sea verídico el relato o no, refleja esa océano de distancia entre estadounidenses e iraquíes producto de la ignorancia de los primeros respecto a los segundos: Soldados cacheando a mujeres, paseándose sin descalzarse y llevando de la correa a perros en el interior de las mezquitas.

En Vietnam francotiradores disparaban desde una aldea con el propósito de que los soldados estadounidenses devolvieran el fuego y poner en contra a los aldeanos. Si un aldeano moría sus vecinos no culparían a los guerrilleros, sino a los estadounidenses. Los ataques suicidas, los combatientes indistinguibles de los civiles, el uso de uniformes de las nuevas unidades militares iraquíes, etc.

siembran la desconfianza contra toda la población civil. Ya en las primeros días de la guerra, tras los primeros ataques con coche bomba contra check points se aplicó la política de disparar contra todo aquel que se adentrara dentro de un radio determinado. Las historias de soldados de gatillo fácil (sólo hace falta buscar “trigger happy” e Iraq en la Red) se repiten una, otra y otra vez.

El importante peso de las fuerzas de la Reserva y la Guardia Nacional en esta guerra ha puesto en primera línea a mucha gente corriente. La Reserva y la Guardia Nacional son componentes de las fuerzas armadas estadounidenses en la que sus miembros sirven a tiempo parcial. Y se ha convertido en una forma de financiarse los estudios o de un obtener simplemente un sobresueldo. Muchas de sus unidades cumplen, en teoría, misiones de apoyo a las unidades que combaten en primera línea: Policía militar, depuración de aguas, servicios fúnebres… Pero en Iraq no hay distinción entre el frente y la retaguardia, tal como decíamos a propósito de Vietnam: “Estando repartidos los estadounidenses por todo el país en bases que requerían un importante apoyo logístico, su despliegue era una enorme y vulnerable retaguardia”.

Los dividendos de la paz, tras el fin de la Guerra Fría, llevó a recortar las dieciocho divisiones regulares del U.S. Army y dejarlas en diez. La necesidad de desplegar tropas en Iraq y Afganistán a la vez, el tiempo necesario para preparar cada despligue y para descansar a la vuelta, etc… están reduciendo el número de unidades disponibles para el despliegue. Se retrasa la licencia de aquellos a punto de cumplir su periodo de servicio, se obliga a un segundo tour en Iraq… La situación ha llegado a tal extremo, que Donald Rumsfeld ha mandado al general en jefe de la Reserva a realizar un informe en el que se llega a la conclusión de que la Reserva “is rapidly degenarating into a broken force”. Se piden más tropas y más dinero para el esfuerzo en Iraq.

La necesidad de proteger el tránsito por carretera desde Turquía y Kuwait ha obligado a dedicar esas unidades a proteger los convoyes y a poner en primerísima línea a gente corriente que cuando se alistó para financiarse la carrera universitaria no pensó que terminaría de fusilero en la carretera Basora-Bagdad. El escándalo de Abu Ghraib surgió a partir de que a una unidad reservista se le encomendara la vigilancia de un desbordada prisión, no habiendo recibido la instrucción para encargarse de tales tareas. Ya se dio el caso de una unidad reservista que se negó a realizar un misión de escolta por considerarlo suicida dado los medios. En las circustancias de Iraq ni siquiera fueron llevados ante un consejo de guerra, sino que recibieron un castigo administativo.

El fervor patriótico tras el 11-S que disparó los alistamientos ha sido cortado en seco por la pesrpectiva de ser enviado a Iraq. El alistamiento en la Reserva y la Guardia Nacional ha caído en picado. Y la escasez de tropas desplegables obliga a buscar soluciones repescar soldados ya retirados o el tabú de la conscripción, el draft. Por un tiempo se habló de que EE.UU. pretendía una mayor implicación de la OTAN en Iraq. En el Reino Unido, el país después de EE.UU., con más tropas sobre el terreno la aparición de fotos que mostraban actos de tortura a manos de soldados británicos ha conseguido que el apoyo a la guerra disminuya

Cuando hasta los conservadores estadounidenses piden una retirada de Iraq es señal de que algo va mal. Y el peligro en un conflicto mediático como el de Iraq es que lo importante no es ganar o perder, sino la percepción que se ofrece a la opinión pública de las cosas. Como por ejemplo dar una imagen de estabilidad o democracia, en vezo de construir una democracia. ¿Está dispuesto realmente Estados Unidos a jugar la carta de la democracia en Iraq? ¿Qué pasará si un gobierno iraquí decide revocar esos contratos inflados artificialmente por las ex-empresas de Donald Rumsfeld y Dick Cheney? ¿Y si un gobierno del democrático Iraq otorga contratos de explotación de sus recursos a empresas europeas, rusas, iraníes o chinas? ¿Y si Iraq empieza a operar en los mercados internacionales con euros y no dólares?

Empieza a hablarse de la salida de EE.UU. de Iraq, aumentando las responsabilidades del gobierno iraquí. Las experiencia de la vietnamización y afganización de los conflictos terminaron igual… de mal. Se dice que los medios exageran. Que la insurgencia sólo ataca en cuatro de las 18 provincias del país. Pero es un argumento al que se le puede dar la vuelta. ¿Una insurgencia que sólo actúa en 4 provincias de un país con 18, y aún así EE.UU. no puede acabar con ella? Entonces, ¿qué se puede esperar del gobierno de un estado débil y en proceso de reconstrucción? Los kurdos son autónomos. ¿Cuál es el siguiente plazo en caso de persistir la violencia? ¿La autonomía del sur del país? Quedaría entonces una Mesopotomia sunnita libanizada. Quizás la desaparición de escena de los EE.UU. aplaque a una parte de los insurgentes sunnitas. Pero mientras no quede la indudable certeza de que estamos ante una victoria estadounidense los yihadistas proclamarán que consiguieron derrotar y expulsar de sendos países musulmanes a dos imperios, primero la U.R.S.S. y luego Estados Unidos. Y a todas estas seguiría sin demostrarse que Estados Unidos tienen una estrategia para vencer esta guerra, llámase guerra insurgente, no convencional, de guerrillas, asimétrica, de la Cuarta Generación, etc.

¿Cómo enfrentrarse a un enemigo dispuesto a volar por los aires un autobús escolar o una cola que espera para depositar su voto en un colegio electoral? Empezaba este tríptico sobre Iraq (1ª parte y 2ª parte) hablando de la película Apocalypse Now. En uno de los diálogos finales el coronel Kurtz cuenta la experiencia que le marcó definitivamente.

I remember when I was with Special Forces. Seems a thousand centuries ago. We went into a camp to inoculate the children. We left the camp after we had inoculated the children for Polio, and this old man came running after us and he was crying. He couldn’t see. We went back there and they had come and hacked off every inoculated arm. There they were in a pile. A pile of little arms. And I remember… I… I… I cried. I wept like some grandmother. I wanted to tear my teeth out. I didn’t know what I wanted to do. And I want to remember it. I never want to forget it. I never want to forget. And then I realized… like I was shot… like I was shot with a diamond… a diamond bullet right through my forehead. And I thought: My God… the genius of that. The genius. The will to do that. Perfect, genuine, complete, crystalline, pure. And then I realized they were stronger than we. Because they could stand that these were not monsters. These were men… trained cadres. These men who fought with their hearts, who had families, who had children, who were filled with love… but they had the strength… the strength… to do that. If I had ten divisions of those men our troubles here would be over very quickly. You have to have men who are moral… and at the same time who are able to utilize their primordial instincts to kill without feeling… without passion… without judgment… without judgment. Because it’s judgment that defeats us.

Para derrotar a alguien sin escrúpulos morales hay que dejar la moral a un lado. Es la conclusión de Kurtz. Se ha hablado estos días de que en Washington han considerado resucitar un émulo iraquí de los escuadrones de la muerte salvadoreños, la “Opción Salvadoreña”. ¿Qué nos espera entonces?

El horror, el horror

Aprendices de brujo en Mesopotemia

El próximo 30 de enero se celebrarán elecciones en Iraq. Tal como sucedió con la captura de Saddam Hussein o la batalla de Falluya algunos han puesto sus esperanzas de que mágicamente la situación en Iraq se arregle. Cuando va faltando poco para que se cumplan dos años de la invasión de Iraq, la violencia y el desgobierno parecen haberse convertido en una rutina que ya no merece grandes titulares. En un ejemplo más de lo relativo del valor de la vida humana, sólo la muerte o secuestro de estadounidenses y europeos resulta ser una noticia de primera plana.

En Navidad pensaba que el emperador se pasea desnudo por Iraq. Un mes después no sólo han aumentado las razones para pensarlo, sino la urgencia de contarlo. La intervención de EE.UU. en Iraq ha sido, es un desastre. A algunas de las conclusiones aquí presentadas se ha llegado en la comodidad de un análisis post-facto. Pero no creo que ello le quite mérito teniendo en cuenta que el repaso diario a los medios y a las acciones de quiénes toman las decisiones hace pensar que pocos saben la magnitud de lo qué está pasando.

Hace poco explicábamos la guerra de Vietnam para entender luego los paralelismos que estableceremos. Pero antes de entrar definitivamente a tratrar lo que está pasando hoy en Iraq es preciso entender también su pasado.

Iraq, como la mayoría de países de Oriente Medio fue un invento de algún funcionario del Foreign Office británico encargado de desmembrar el Imperio Otomano tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Cuando el emir Faisal fue expulsado de Siria por las autoridades coloniales francesas, los británicos lo colocaron en el trono de Iraq, la antigua Mesopotamia, y a su hermano Abdullah en el trono de la entonces llamada Transjordania. Ambos hermanos pertenecían a la dinastía hachemita, a la que le correspondía gobernar sobre las ciudades santas de Islam, pero una alianza entre la familia Saud y el gobierno británico les despojó de sus dominios sobre la Meca y Medina. En los tiempos del Imperio Británico, previos a la globalización, que los descendientes del Profeta fueron despojados de su reinado sobre los dos lugares más santos del Islam ysustituidos por unos usurpadores, que habían dado trato ventajoso a los intereses petroleros de Reino Unido, no provocó a ningún predecesor de Bin Laden llamar a una yihad. Las fronteras se hacían y se deshacían.

Lo que hoy llamamos Iraq comprendía tres provincias en los tiempos del Imperio Otomano. Una al norte con capital en Mosul habitada por los kurdos, musulmanes sunníes pero no árabes; otra con capital en Bagdad habitada por árabes musulmanes sunníes; y otra al sur con capital en Basora, habitada por árabes musulmanes, pero no sunníes, sino chiitas. Cosas de la naturaleza, el petróleo se encuentra al norte, en torno a Kirkuk, y en el sur, entorno a Basora.

Según las fuentes consultadas los números oscilan. Al régimen de Saddam no le interesaban los censos precisos para privar a cada comunidad conciencia de su tamaño. Pero podríamos decir que los chiitas suponen en torno el 60% de la población y las cifras varían para kurdos y sunníes. Algunos dicen que suman un 23% los primeros y 17% los últimos, aunque dejando fuera de este recuento a turcómanos y crisitanos. Saddam Hussein pertenecía a la minoría sunní y se encargó de repartir cargos y prebendas entre los miembros de su clan, Al Tikriti, y negociando con los líderes de otros clanes sunníes. Bagdad se llenó tanto de Al Tikritis que dejaron de usar la denominación del clan en el apellido.

Saddam mantuvo unido el puzzle iraquí a sangre y fuego. Mientras Occidente miraba para otro lado gaseó a los kurdos en los ochenta y masacró a los chiitas en 1991. El miedo a un éxodo masivo de kurdos hacia Turquía en aquel momentó llevó a una operación humanitaria multinacional en el norte del país. El paraguas aéreo decretado por la ONU privó a los iraquíes de usar su aviación y en las montañas los dos partidos kurdos (que dicho sea de paso no por ello dejaron de enfrentarse entre ellos) consiguieron imponer una situación de semiautonomía.

Cuando cayó el régimen se destruyó la urdimbre del país. Para los kurdos casi nada cambió dada su situación de semiautonomía. Pero para los chiíes con la promesa de una democracia representativa se abría la posibilidad de usar su peso demográfico para alcanzar la hegemonía política en el país. Ante la ausencia de partidos políticos el tejido social se articuló en torno a la religión y líderes como Al Sistani o Muqtada Al Sadr. Los árabes sunníes eran los que más tenían que perder con el cambio. De ahí que el mayor foco de resistencia sea lo que los medios de comunicación llaman el “triángulo sunní” en el centro del país.

Recordábamos en “Tocando las pelotas ajenas” que la llegada de la democracia en España tras la muerte de Franco fue producto de acuerdos entre los que estaban dentro y fuera del régimen. Así que para escándalo de unos y otros tenemos un rey, sin que nadie nos preguntaran si queríamos una monarquía, y Santiago Carrillo pudo volver a España sin tener que ponerse peluca. Académicos extranjeros alaban la Transición española maravillados por la demolición de un régimen “fascista” en poco más de tres años. Obvian las transformaciones económicas, políticas y sociales acaecidas a partir de finales de la década de los 50. En Europa incluso surgió una ciencia, la Sociología, para tratar de comprender los cambios que habían llevado durante el siglo XIX a las comunidades agrarias bajo el Antiguo Régimen a sociedades democráticas e industriales.

En “Pájaro de mal agüero” recordaba la definición de Estado de Max Weber, uno de los padres de la Sociología, que sintentizaba su esencia en el “monopolio de la violencia legítima“. Bastaría mirara Afganistán o la Autoridad (Nacional) Palestina para debatir si realmente pueden aspirar a ser Estados.

Y ahora pensemos en la invasión de Iraq por parte de Estados Unidos. La demonización del enemigo neceseraria como instrumento de propaganda convirtió en proscritos a los líderes del Baaz y el aparato gubernamental iraquí. No hubo así un general que firmara la rendición y ordenara a sus soldados entregar las armas e irse a casa, o simplemente mandarlos de vuelta a sus cuarteles. Se dinamitó el aparato estatal por las bravas y cada iraquí con un AK se convirtió en guerrillero insurgente y general de sí mismo. La retórica sobre la democracia, por muy bien intencionada que sea, choca y chocará con las complejas realidades de los países no desarrollados. Lo que asusta de los líderes, de los creadores de opinión y de políticas en Washington, es que han terminado por creerse su propia propaganda. Y ahora que anuncian tambores de guerra mirando a Irán sólo cabe temer a qué nuevos desastres nos pueden llevar.