H. R. McMaster, otro valor sólido para Trump

El candidato Donald J. Trump anunció que formaría su gobierno con la “mejor gente”. El desfile de nombres procedentes del mundo empresarial sospecho que dará bastante titulares en el futuro en temas como la educación o el medioambiente. Pero en medio de ese panorama, sobresalió el nombramiento del teniente general James Mattis (USMC, ret.) como Secretario de Defensa. Hablé de él en Demos gracias por el secretario de defensa Mattis“. En este tiempo ha confirmado ser un tipo sensato y alguien ya dijo que hubiera encajado perfectamente en un gobierno demócrata. En el reverso de la confirmación de las buenas sensaciones generadas por Mattis, un tipo culto y un líder inspirador, ha estado la corta trayectoria del también teniente general Michael Flynn (U.S. Army, ret.) como Consejero de Seguridad Nacional, un puesto ocupado en el pasado por personajes como Henry Kissinger, Zbigniew Brzezinski, Colin Powell y Condoleezza Rice.

En sus tiempos de militar, Flynn se hizo célebre por saltarse el conducto reglamentario y aparecer como coautor de un documento sobre los fallos de inteligencia en Afganistán en 2010 y que fue publicado por el Center for a New American Security, el laboratorio de ideas en materia de defensa cercano al gobierno de Obama. La osadía no sólo no le costó su carrera, sino que probablemente sirvió para catapultarla hasta el puesto de director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, institución poco valorada y que abandonó por la puerta de atrás.

Flynn en una cena de gala en Rusia al lado de Putin. Foto vía Daily Kos.
Flynn en una cena de gala en Rusia al lado de Putin. Foto vía Daily Kos.

Yo mismo me interesé por aquel documento firmado por Flynn y celebré su valentía, además de valorar las ideas allí expuestas. De ahí mi chasco al verle durante la campaña electoral convertido en un fan de Trump y dando la impresión de ser un tipo algo chalado. Resultó algo peor. Flynn tenía conexiones con Rusia y eso al final le ha costado el cargo. No duró ni un mes.

H. R. McMaster
H. R. McMaster

Así llegamos al recambio de Flynn, el teniente general en activo Herbert Raymond McMaster, más conocido por H. R. McMaster. Al igual que Mattis y Flynn se trata de un viejo conocido para cualquiera que haya estado atento a los asuntos de defensa estadounidense. McMaster se hizo célebre durante la Guerra del Golfo de 1991. En aquel entonces mandaba como capitán la Tropa “E” del 2º Escuadrón del 2º Regimiento de Caballería Acorazada. Esto es, mandaba la primera compañía del segundo batallón de lo que en realidad era una brigada acorazada reforzada.

Al comenzar las operaciones terrestres de la Operación “Tormenta del Desierto” al 2º de Caballería le tocó cumplir la misión de elemento de reconocimiento avanzado del VIIº Cuerpo Acorazado, el encargado de avanzar hacia el norte desde Arabia Saudita  y pasando de largo de Kuwait para luego girar noventa grados y avanzar en dirección este para chocar con la reserva estratégica del ejército iraquí, formado por las unidades de la Guardia Republicana desplegadas al norte de Kuwait.  La Tropa “E” del entonces capitán McMaster y otras dos del 2º Escuadrón, con el refuerzo de elementos de una cuarta, constituyeron la punta de lanza del VIIª Cuerpo, formado por cinco divisiones acorazadas.

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Su misión era avanzar rumbo hacia lo desconocido y localizar al enemigo para transmitir la información a la fuerza que venía detrás suyo. Pero McMaster y el resto chocaron el 26 de febrero de 1991 con dos brigadas de la División Tawalkana de la Guardia Republicana iraquí al cruzar la línea de referencia geográfica “73 Easting”, que dio nombre a la batalla. Los M-1 Abrams y M-3 Bradley no pararon de localizar y destruir blindados iraquíes a pesar de la  sorpresa y estar totalmente superados en número. Las direcciones de tiro computerizadas y los sistemas de visión termográfico dieron una ventaja colosal frente a los T-55, T-62 y T-72 soviéticos en manos iraquíes. La Tropa “E” de McMaster destruyó decenas de blindados iraquíes y McMaster recibió la Estrella de Plata, la tercera má alta condecoración estadounidense, por sus acciones en la Batalla de 73 Easting.

Después de la guerra, McMaster obtuvo un doctorado en Historia. Su tesis hizo una revisión crítica del papel de los militares que asesoraron a Lyndon B. Johnson sobre Vietnam y que llevaron a una mayor implicación del país en la guerra. McMaster revisó todos las actas de reuniones e informes de la junta de jefes de Estado Mayor para seguir el proceso deliberativo y concluir que no sólo los políticos ignoraron los consejos de los militares, como establecía el canon historiográfico, sino que los propios militares se esforzaron en contarle a los políticos lo que querían oir y no lucharon por imponer su criterio profesional. La tesis fue publicada en 1997 como libro bajo el título Dereliction of Duty: Lyndon Johnson, Robert McNamara, The Joint Chiefs of Staff, and the Lies that Led to Vietnam.

La siguiente ocasión en que McMaster alcanzó notoriedad fue nuevamente en Iraq. Esta vez como comandante en jefe del 3er. Regimiento de Caballería Acorazado, desplegado en la ciudad de Tal Afar, entre Mosul y la frontera con Siria, a finales de 2005. Dos años después de la invasión del país, la insurgencia se había consolidado en el país. Precisamente a principios de 2005 escribí unas cuantas entradas de blog diciendo que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra, para cabreo de los neocón españoles. Hasta aquel momento, las tropas estadounidenses permanecían atrincheradas en grandes bases que abandonaban para patrullar, dejando caminos y barrios en manos de la insurgencia por la noche. La población local que colaboraba con las autoridades iraquíes sufrían represalias. El entonces coronel McMaster cambió la ecuación y desplegó permanentemente a sus soldados en el centro de Tal Afar para garantizar seguridad y ganarse la confianza de la población. La insurgencia fue derrotada en Tal Afar. En una época en que escaseaban buenas noticias desde Iraq, McMaster apareció en documentales y en 2006 en un artículo de The New Yorker.

Después de Iraq, McMaster pasó por el International Institute for Strategic Studies de Londres. Luego, formó parte del equipo que preparó el famoso manual de contrainsurgencia bajo el liderazgo del general Petraeus (véase mi reseña del libro The Insurgents de Fred Kaplan). Había ganado ya fama de pensador brillante y muchos de sus destinos habían implicado estar en el meollo de elaborar planes y estrategias. Así que cuando su nombre no estuvo entre los elegidos para ser general hubo cierto revuelo mediático con muchos preguntándose si su trayectoria de militar con ideas propias y capaz de decir lo que pensaba le había pasado factura. Hizo falta llevar a Petraeus desde Iraq a Estados Unidos para presidir el comité que elige los generales para que se valorara a los militares con experiencia de guerra, lo que nos da una idea de cómo se valoraba más los diplomas que la experiencia de guerra. Y cómo, con unas fuerzas armadas empantanadas en Afganistán e Iraq, el éxito o el fracaso en la misón encomendada tampoco era un criterio a tener en cuenta.

Ya como general, McMaster pasó por varios destinos en el mando de Adiestramiento y Doctrina (TRADOC), pasando por la sección de planes del Estado Mayor de la fuerza multinacional ISAF en Afganistán. Sus destinos en el TRADOC le han dado un papel protagonista en moldear el futuro del ejército de tierra de Estados Unidos. Sin alcanzar el culto a la personalidad de Mattis en los marines, McMaster es muy bien valorado como intelectual y pensador visionario. Esperemos que haga un buen equipo con el secretario Mattis.

Demos gracias por el secretario de defensa Mattis

El general Mattis alcanzó el status de figura legendaria dentro del cuerpo de infantería de marina de los Estados Unidos. Soltero y erudito, encarnó la figura del monje guerrero con su inmensa biblioteca y su espíritu agresivo. Internet está llena de frases legendarias y anécdotas de personas que sirvieron bajo su mando que rozan la leyenda urbana. Como esa que dice que una noche de Navidad alguien se encontró que el general Mattis cumplía la labor de oficial de guardia en un cuartel porque, siendo él soltero, se había ofrecido voluntario para que un oficial de mucha menor graduación pasara el día de fiesta con su familia.

General Mattis

Cuando en el Partido Republicano se pensaban que el candidato Trump iba a provocar una catástrofe electoral su nombre sonó como candidato de emergencia. Posibilidad que él desestimó. La tira cómica Terminal Lance trató el asunto dibujándolo como un ser celestial que bajaba de los cielos. Donald J. Trump lo eligió para el cargo de secretario de Defensa. Y una semana ha servido para calibrar su figura.

En su primer día en el cargo mandó al personal, militar y civil a su cargo, el siguiente mensaje:

It’s good to be back and I’m grateful to serve alongside you as Secretary of Defense.

Together with the Intelligence Community we are the sentinels and guardians of our nation. We need only look to you, the uniformed and civilian members of the Department and your families, to see the fundamental unity of our country. You represent an America committed to the common good; an America that is never complacent about defending its freedoms; and an America that remains a steady beacon of hope for all mankind.

Every action we take will be designed to ensure our military is ready to fight today and in the future. Recognizing that no nation is secure without friends, we will work with the State Department to strengthen our alliances. Further, we are devoted to gaining full value from every taxpayer dollar spent on defense, thereby earning the trust of Congress and the American people.

I am confident you will do your part. I pledge to you I’ll do my best as your Secretary.

Las referencias a la comunidad de inteligencia y los aliados internacionales no han pasado desapercibidos, considerando que el presidente Trump ha tenido sus roces con la primera y ha despreciado a los segundos. Que el secretario de Defensa haga alusión a la buena gestión del presupuesto, siendo famoso el Pentágono por el despilfarro y los proyectos que se salen del presupuesto en varias magnitudes, es otra señal a tener en cuenta.

El primer día en su nueva oficina, el secretario Mattis llamó al secretario general de la OTAN, organización a la que Trump llamó “obsoleta”. Desde su nombramiento, Mattis ha recalcado la necesidad que tiene Estados Unidos de aliados y llegó a decir que si la OTAN no existiera habría que inventarla y alertó de los intentos de Rusia de romper la alianza. Además, ya está fijado su primer viaje al exterior. Mattis visitará Corea del Sur y Japón en febrero. Se trata de dos países con acuerdos de defensa con Estados Unidos que durante la campaña presidencial Trump criticó, aunque luego se filtrara que era palabrería electoral.

La primera intervención pública de el nuevo secretario Mattis tuvo lugar en el acto celebrado en el Pentágono con motivo del día de Martin Luther King. Mattis hizo referencia a que las fuerzas armadas estadounidenses han sido siempre pioneras y ejemplo de la integración, siendo una comunidad donde gente diversa trabaja como iguales por una misma misión. E hizo referencia al viaje de los célebres exploradores Lewis y Clark, oficiales del ejército, que atravesaron Estados Unidos desde St. Louis a la costa del Pacífico acompañados de un esclavo negro y una mujer nativa. Mattis contó que cuando los exploradores tuvieron que tomar una decisión sobre dónde pasar el invierno, hicieron una votación en la que tomaron parte los cuatro “como iguales”. Se trata de una simple anécdota histórica, pero refuerza el mensaje de unidad en la diversidad que hubiera encajado perfectamente en un gobierno demócrata. La cuestión es cuánto tardarán Trump y Mattis en chocar si es que el presidente Trump decide no dejarse llevar por la voz de la sensatez que encarna Mattis.

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España y el dilema de vender corbetas a Arabia Saudita

Los reyes de España y Arabia Saudita. Foto: CasaReal.es
Los reyes de España y Arabia Saudita. Foto: CasaReal.es

El rey Felipe VI realizó un viaje a Arabia Saudita entre los días 14 y 16 de enero de este año. En la agenda del viaje estuvo la negociación del contrato por cinco corbetas, acondicionamiento de una base naval en la costa del Golfo Pérsico y servicios asociados de formación. Resulta que la armada de Arabia Saudita está inmersa en un programa ambicioso de modernización y quiere potenciar su flota del Golfo Pérsico, sustituyendo las corbetas clase Badr. La empresa pública Navantia tiene buenas posibilidades de ganar el contrato. Pero considerando la naturaleza del régimen político de Arabia Saudita y que el país está inmerso en la guerra de Yemen. Así que se presenta un dilema moral que trato en mi reciente colaboración con la revista EL MEDIO: Arabia Saudita y un dilema para España.

 

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La nueva post-verdad y las viejas mentiras

Las elecciones estadounidenses pusieron de moda un término: la post-verdad. Donald J. Trump pareció inmune a cualquier comprobación de la veracidad de las afirmaciones (fact checking) que lanzaba como candidato a la presidencia de los Estados Unidos. El asunto generó consternación porque Trump se equivocaba de cabo a rabo o mentía como un bellaco, pero eso no parecía afectar su popularidad ni su apoyo electoral. En el Reino Unido sucedió que tras el referéndum sobre la permanencia en la Unión Europea los defensores del BREXIT reconocieron que uno de los argumentos de su campaña no era verdad.

Facts don't matter
Joe Dator en The New Yorker.

El asunto ha generado una avalancha de reflexiones y análisis. Porque si la realidad queda al margen del debate político, el debate político queda en mano de demagogos y fanáticos. Y el asunto tiene lugar precisamente ahora que las redes sociales permiten la difusión instantánea de información. Frente a las imágenes románticas de Internet convirtiéndose en una fuente de información accesible para las masas, resulta que ahora asistimos a que la gente vive en burbujas informativas. Se acude a Internet no para formarse una opinión, sino reforzar la ya existente. La gente visita sitios de noticias, blogs y muros de Facebook para confirmar su punto de vista y reafirmarse en él comentando con afines (echo chamber).

En Buzzfeed descubrieron que los sitios de noticias partidarios habían obtenido más repercusión en las redes sociales durante las pasadas elecciones que los medios tradicionales. Y que esos medios habían difundido informaciones y noticias que resultaron ser falsas, equivocadas o bulos en una proporción apreciable. De hecho la creación de contenido partidiario falso y sensacionalista ha resultado ser un peculiar nicho de mercado explotado por un grupo de adolescentes macedonios, cuyos sitios de noticias falsas resultaron tener un éxito considerable. Esto es, aplicaron el “clickbait” al terreno político. El sesgo de confirmación y las redes sociales hicieron el resto.

Posiblemente la sorpresa provocada por el triunfo de Trump y el BREXIT ha generado todo este debate sobre la post-verdad y las noticias falsas difundidas en las redes sociales. Y los analistas políticos se han lanzado a escribir sobre el nuevo filón mediático. Pero hay algo de déjá vu en este debate. Cuando leí que el diccionario Oxford había elegido “post-verdad” como la palabra de 2016 recordé inmediatamente como la expresión “truthiness”, acuñada por Stephen Colbert, había sido elegida como la palabra del año en 2006 por el diccionario Merriam-Webster. Colbert la había lanzado en 2005 en su programa The Colbert Report, en el contexto de la presidencia de George W. Bush para dar a entender aquellas creencias que surgían de la convicción personal más que de los hechos y la racionalidad. El propio Colbert señaló hace un par de semanas como el debate sobre la post-verdad era un remedo del concepto que había lanzado en su momento.

Y en esto llegó la muerte de Fidel Castro y las redes sociales se llenaron de furibundos defensores del legado político del dictador. Defensores ubicados a miles de kilómetros de Cuba y con un supermercado bien surtido cerca, por supuesto. El repaso a las tonterías y lugares comunes dichos daría para una entrada de blog bien larga. Que si la dignidad del pueblo cubano, que si la educación, que si la sanidad… Conociendo cómo es la vida allí para el cubano corriente se puede calibrar las tonterías que se cuentan desde la distancia.

La gran ironía es que los argumentos usados para defender el castrismo resonaban a los que uno puede encontrar en la página de la Fundación Francisco Franco. (Personalmente no soy nada fan de dictadores de origen gallego que llegan al poder por las armas, gobiernan durante décadas, condenan el país al atraso y mueren en la cama sin pagar por su crímenes). Así que las mentiras como argumento político no es nada nuevo. Cuba es el perfecto ejemplo de cómo una causa política es defendida con una montaña de mentiras por personas que viven en su personal burbuja ideológica.

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First we take Manhattan, then we take Berlin

En primero de carrera de Sociología me leí el primer tomo de La Era de la Información de Manuel Castells para la asignatura de Sociología del Trabajo y le comenté al profesor que había algo que no me quedaba claro en la visión del futuro que el libro planteaba. La sociedad de la información iba a vaciar el mercado de trabajo de los puestos de cualificación media mediante la automatización y la deslocalización. Íbamos hacia un mundo polarizado. Por un lado programadores o ingenieros bien pagados en Sillicon Valley. Por otro lado teleoperadores o limpiadoras precarizados con subcontratas y empresas de trabajo temporal. ¿Y en medio? Se suponía que la promesa del mundo tecnológico futuro traería prosperidad a todos en el largo plazo. Desde entonces, por el camino han quedado los “perdedores de la globalización”. Un concepto que ha aparecido en los análisis de los resultados del referéndum británico y las elecciones presidenciales estadounidenses.

Estados Unidos
Image: ABC.es

En “Trump presidente y los dos Estados Unidos” señalé que la clave en estas elecciones presidenciales, como en las anteriores, es el voto en los “swing states”, aquellos estados donde el voto mayoritario oscila de uno a otro partido. Los “swing states” son, principalmente, Florida y un corredor que va desde los Grandes Lagos al Océano Atlántico. Donald Trump ganó en Florida, Wisconsin, Ohio y Pensilvania, estados en los que Obama ganó en 2008 y 2012.

Estados Unidos
Imagen vía @elOrdenMundial

El corredor de “swing states” que va de los Grandes Lagos a la costa atlántica coincide, más o menos, con el “cinturón del óxido” (rustbelt), un antiguo cinturón industrial ahora en decadencia (como la Valonia belga). Es una región que en los años 90 asistió a la aparición de milicias armadas, como  el Michigan Militia Corps (Wolverines), nacido en 1994. Hablé del fenómeno el pasado mes de marzo en “Dejados atrás: de las milicias a Trump” para luego trazar un paralelismo entre el apoyo a Trump entre los blancos de clase obrera y  aquella ola de descontento que se nutrió de la misma base demográfica y social. Y es que antes de señalar a un repunte del racismo, xenofobia, machismo, etc. habría que fijarse, como hice entonces, en los puntos de vista sobre la globalización que tienen los simpatizantes de Trump de clase obrera. Algo que Gerald F. Seib planteaba en el Wall Street Journal ayer.

Quien mejor explicó cómo el voto a Trump iba a ser un voto de protesta de la clase obrera empobrecida fue Michael Moore en julio de este año. Su explicación circuló como texto (“5 reasons Trump is going to win”) y hasta el audio con la explicación en su propia voz terminó en un montaje con banda sonora como material de apoyo a Trump.

La cuestión de fondo aquí es la “promesa rota” de la globalización. Y cómo aquí en Europa la izquierda que forma parte del establishment político no ha sabido articular un discurso coherente sobre la caída de los ingresos, la precariedad laboral y los inmigrantes musulmanes que no tienen la más mínimo intención de aceptar los valores democráticos occidentales. El BREXIT y la victoria de Trump son dos hitos más de un fenómeno que va a sacudir Europa Occidental. Habrá que estar atentos a las próximas elecciones.

Véase:

“Presidente Trump” (2 marzo 2016)

“Dejados atrás: de las milicias a Trump” (14 marzo 2016)

“Dejados atrás: De las milicias a Trump” 2ª parte (2 abril 2016)

Trump presidente y los dos Estados Unidos (10 noviembre 2016)

Véase también de Andrés P. Mohorte:

El “rust belt”: la mitología decadente de la clase obrera que ha entregado la victoria a Trump

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Trump presidente y los dos Estados Unidos

Me curé en salud y no hice pronóstico alguno sobre el resultado de las elecciones estadounidenses. Aasí que no haré aquí una explicación postfacto sobre la victoria de Donald Trump. Ahora me interesa más qué pasó, porque he leído explicaciones y visto datos relacionados con asuntos que han desfilado por este blog.

En noviembre de 2013 mencioné en “Los muchos Estados Unidos” cómo el país puede dividirse en varias regiones en función de los valores de sus habitantes. Colin Woodard habla de “once culturas regionales”. Para simplificar al máximo podemos hablar de dos países. Uno lo forma el conjunto de la costa del Pacífico, la región de los Grandes Lagos y Nueva Inglaterra. Hablamos de lugares como California (donde están Hollywood y Sillicon Valley) y el estado de Washington (donde están los cuarteles generales de Boeing y Seattle). Es decir, hablamos de lugares volcados en la economía global, como lo están las  megaurbes de los Grandes Lagos y Nueva Inglaterra, como son Chicago, Nueva York y Boston.

Se trata además de una cuestión, como dijimos, de valores. En los Grandes Lagos tenemos estados como Minnesota, donde se establecieron inmigrantes escandinavos como los ancestros del personaje interpretado por Betty White en Las Chicas de Oro que hablaba de las tradiciones noruegas de su pueblito, St. Olaf. En Minnesota salió elegido como senador el humorista Al Franken por el Partido Demócrata-Agrario-Laborista, partido al que también pertenece Ilhan Omar, que en la jornada electoral de pasado martes día 8 salió elegida para la cámara de representantes de Minnesota. Omar nació en Somalia y es musulmana. Podemos decir, generalizand, que en la región de los Grandes Lagos y Nueva Inglaterra encontramos una población con valores más progresistas que el resto del país, con un mayor apoyo a los servicios públicos y políticas sociales.

En rojo: Jesusland. En azul: Estados Unidos de Canadá.
En rojo: Jesusland. En azul: Estados Unidos de Canadá.

El resto del país lo componen los estados del Sur y del interior del país, donde la población es más religiosa. De ahí que en circulara un meme en 2004 que redibujaba las fronteras de Canadá y Estados Unidos para crear dos países: Jesusland y los Estados Unidos de Canadá. Así, Canadá y los estados más progresistas de Estados Unidos quedaban unidos. Mientras que la zona más conservadora de Estados Unidos formaba país aparte. Ese concepto de un país dividido ha seguido en el discurso político estadounidense, con políticos republicanos hablando del “heartland”, el “Estados Unidos real”, para referirse a las regiones más conservadoras del interior.

Cuando escribí  “Los muchos Estados Unidos”  llamé la atención sobre otro fenómeno que hace que dividir el país en regiones homogéneas sea engañoso. En su viaje por Estados Unidos, que volcó en el libro An Empire Wilderness, el periodista Robert D. Kaplan encontró en las regiones rurales no sólo una desafección hacia las lejanos élites de Washington D.C., sino también hacia las élites urbanas locales de ciudades como Miamo o Chicago y/o el gobierno del estado local. De hecho, en bastantes condados rurales hay movimientos que abogan por cambiar las fronteras interiores del país para separarse de la regiones urbanas para formar un nuevo estado con otros condados rurales límitrofes o unirse a un estado vecino. Esa divisoria es importante a la hora de analizar el resultado de las elecciones. No es que haya un apoyo mayoritario y unánime a uno u otro candidato en cada estado del país, sino que hay también una divisoria dentro de cada estado entre los distritos electorales que incluyen áreas urbanas y rurales.

La divisoria regional ayuda a explicar en cierta forma las votaciones en Estados Unidos. El Partido Demócrata obtiene su apoyo en la costa oeste, los Grandes Lagos y Nueva Inglaterra. El Partido Repúblico obtiene su apoyo del Sur y el interior del país. Pero hay excepciones y esas excepciones son el asunto central de las elecciones estadounidenses. Resulta que hay una serie de estados que no cumplen la regla general que antes enuncié, pudiéndose decantar por uno u otro partido. Son los llamados “swing states”. Son estados como Florida y un corredor que abarca de los Grandes Lagos al Atlántico, del que forman parte estados como Pensilvania y Ohio. Los candidatos se gastan una cantidad enorme de tiempo y dinero en hacer campaña. Trump ganó en Florida y en varios estados de ese corredor. Fin de la partida.

[continuará]

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Fuente: ABC.es

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Cuñados, comunistas y conspiranoicos

IndiesHipstersyGafapastas_150ppp-450x701Uno de los libros españoles más interesantes de los últimos años es Indies, hipsters y gafapastas: Crónica de una dominación cultural de Víctor Lenore, publicado en 2014. El punto de partida del libro es que hay una generación en España que ha visto sus expectativas vitales frustradas y ha experimentado un proceso de precarización laboral que les ha colocado en un nivel de ingresos cercano a las  clases bajas. Así que, careciendo de un nivel de vida que marque la diferencia, el consumo cultural se ha convertido en una fuente de distinción, en los términos de Pierre Bordieau. Presumir de ver series estadounidenses que no han llegado a España y acudir a festivales alternativos para escuchar a grupos minoritarios es un forma de mostrar que a pesar de que vives con cuatro duros estás a un mundo de distancia de los canis y las chonis que ven reality-shows y escuchan flamenquito.

Los licenciados universitarios de mi generación sobreviven con trabajos precarios o como freelances sin muchos ingresos, viven en casa de sus padres o pisos compartidos, viajan en low-cost, piratean películas y música en Internet… Los especialistas en marketing andan preocupados porque la generación que viene detrás, los milennials, no muestra interés por comprar casa y coche, dos antiguos rituales de paso a la vida adulta. Aunque no hay que darle muchas vueltas para plantearse, como hizo Daniel Seijo, si en realidad es que se trata de una generación que se ha resignado a que no se puede permitir ni casa en propiedad ni estrenar coche. Los hijos de la clase obrera y la clase media que fueron a la universidad en España asumen que ya no vivirán mejor que sus padres. Viven un proceso de reproletizarización. En España pasamos del mileurismo (término acuñado en 2005) al seiscientoseurismo en un mercado laboral que ya no volverá a ser el mismo tras la crisis.

El libro de Víctor Lenore trata de diseccionar ese elitismo cultural pedante de andar por casa (“Ay, por favor no me digas que ves las películas dobladas”, “bah, yo escuchaba ese grupo antes de que se volvieran comerciales, ahora son una mierda”, “¿las películas?, qué horror, las novelas son mucho mejor, yo las leí antes incluso que las publicaran en España”, etc) para ahondar en la construcción arbitraria de una alta y baja cultura popular, donde ciertas manifestaciones son despreciadas por barriobajeras, populacheras o propias de inmigrantes pero que hipsters y gafapastas consumen con gusto cuando han sido convenientemente recicladas por el artista blanco de turno, como en la parodia que hacían de Manu Chao en Muchachada Nui (“Veo lo que han hecho y lo que me gusta me lo quedo para mis discos. Eso se llama mestizaje”).

En este panorama, el primer síntoma del descontento que recuerdo fue la manifestación en Madrid “Por una vivienda digna” en mayo de 2005, a la que sólo acudieron entre 1.500 y 3.000 personas. Me pareció significativo entonces que lo que movió a la gente a salir de su casa no fue la falta de perspectivas vitales y la precariedad laboral, por no hablar de otras cuestiones que tienen un impacto enorme en la empleabilidad y las cualificaciones profesionales como la calidad de la educación en la universidad pública española. Pero ese tema ni siquiera ha sido relevante para el partido de izquierda de la Nueva Política™ que surge de ese mundo. Lo que movilizó entonces a la gente fue no poder cumplir su sueño de clase media, llamados a la acción bajo el lema “No vas a tener una casa en la puta vida”. Más tarde, de la convergencia del “No les votes” con los movimientos por la vivienda nacería el 15-M en 2011. La indefinición ideológica del 15-M reflejaba un mundo sin referentes ni utopías en una país con una baja afiliación a partidos políticos y sindicatos.

En su momento me causó mucha gracia que el 15-M pilló con el paso cambiado a muchos acomodados en su discurso de solitario resistente en una sociedad de borregos. Que la gente saliera en la calle les estropeaba su fantasía de que estamos viviendo en Matrix. Así que más de uno optó por buscar en el 15-M la oscura mano de una conspiración de las fuerzas globalistas y capitalistas. Aún peor fue la aparición de Podemos, que apareció en 2014 con propuestas que hacían un copia-pega del programa electoral de Izquierda Unida en las elecciones generales de 2011. La inquina de los viejos comunistas contra Podemos no era ideológica o programática. Era una mezcla de envidia, sorpresa e indignación porque un partido con ideas parecidas pero diferente presentación obtenía muchas más horas de televisión y más apoyo en las encuestas.

Hoy la militancia política ha dado paso al activismo en las redes sociales. Pero cuando todo el mundo tuitea y comparte en su muro eslóganes, memes políticos y llamadas a la acción, el valor de significarse políticamente cae. Se habla de política como se habla de películas, series de televisión y grupos de música. Y siempre habrá alguien necesitado de diferenciarse de la masa, por lo que el único modo de sentirse parte de un elitista vanguardia política es lanzar un discurso aún más radical. El Comité Invisible ya había constatado el fenómeno, del que dejó constancia en A nuestros amigos:

Poco se tarda en comprender que no están ocupados en construir una fuerza revolucionaria real, sino en mantener una carrera hacia la radicalidad que se basta a sí misma — y que se libra indiferentemente sobre el terreno de la acción directa, del feminismo o de la ecología. El pequeño terror que reina en ellos y que también en ellos vuelve todo el mundo tan rígido, no es el del partido bolchevique. Es más bien el de la moda, ese terror que nadie ejerce en nadie, pero que se aplica a todos. En estos  medios, se teme ya no ser radical, como se teme en otras partes ya no ser tendencia, guay o de moda.

Con el nicho de mercado del desafío al bipartidismo por la izquierda en manos de Podemos, para llamar la atención en la España de 2016 hay que decir algo realmente llamativo. Ya no basta defender la Revolución Bolivariana chavista o el Proyecto Nacional-Popular kirchnerista, cuando un partido inspirado en ambas tiene decenas de diputados y su líder pide la excarcelación de los presos de ETA o un referéndum en Cataluña. La búsqueda de la radicalidad epatante ha hecho aparecer en las redes sociales a apologistas de la RDA, Corea del Norte y la Siria de Bashar Al Assad.

Podría parecer que a estas alturas defender el “socialismo real” requiere de estómago. Pero el método no es complicado. Por ejemplo, cuando al español medio se le pregunta por sus fuentes sobre Corea del Norte apenas podrá mencionar algún documental de televisión o alguna información aparecida en los periódicos. Sobre Corea del Norte se publican un montón de noticias estrambóticas, así que no es tan difícil presentar al país como víctima de la desinformacción occidental. Luego está el socorrido truco de lanzar cifras y estadísticas para demostrar lo bien se vivía en los países comunistas. Un tipo de argumento equivalente al que emplean los defensores del Franquismo cuando enumeran las Viviendas de Protección Oficial construidas en España. La mirada nostálgica de comunistas y franquistas sobre cómo cualquier tiempo pasado fue mejor tiene trampa, porque también es fácil encontrar en Europa Occidental a personajes que miran con nostalgia el pasado. Lo que mucha gente mayor echa de menos es una época donde la vida era más “sencilla”, donde en cualquier barrio los vecinos se conocían por el nombre y la autoridad de los adultos se respetaba.

Otro argumento infalible y simple es retorcer la historia y los hechos. En septiembre de 2015 hice un breve repaso histórico a la invasión soviética de Afganistán, que alguien la relataba en Twitter como un acción de Moscú en auxilio de un aliado y para salvar la Revolución de Saur.  En realidad la invasión soviética sirvió para deponer al gobierno afgano, cuya ortodoxia revolucionaria alarmaba en Moscú y cuyas reformas habían provocado una revuelta armada en el país. Si añadimos como argumento las teorías conspirativas, tenemos la combinación perfecta de comunistas defendiendo a Bashar Al Assad, conspiranoicos hablando de cómo la CIA creó el Estado Islámico y cuñados explicando que todo lo que pasa en Siria tiene como principal explicación el petróleo. Son la clase de argumentos facilones que se expanden por las redes sociales bajo el principio de “si el río suena agua lleva”. Los bulos circulan y perviven por la enorme cantidad de tiempo y energía que hay que dedicar a desmontarlos. Alguna vez he pensando que el volumen de tonterías que circulan ahí fuera sobre Ucrania, Siria y el Estado Islámico darían para llenar un blog. Yo mantengo una lista de asuntos que quiero tratar aquí. Haré lo que pueda.

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Otros textos míos para seguir leyendo sobre el tema:

“La guerra de Siria y la conspiranoia antiamericana”,sobre todo lo que sabemos de los chapuceros planes para armar rebeldes en Siria.

“La hipsterización del dolor”, sobre las reacciones ante los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París.

“Las teorías conspirativas como fenómeno cultural de la Nueva Guerra Fría”.