Usé, como marco teórico, ideas y modelos sobre insurgencias en mis dos textos más importantes sobre la crisis catalana:  “El 1 de octubre en Cataluña y las Guerras de Cuarta Generación” (05/10/2017) sobre los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 a la luz de las ideas de William S. Lind y “El independentismo catalán falló el 21-D” (25/12/2018) sobre el intento de colapsar las redes de comunicaciones viarias de la región el 21 de diciembre de 2018 a la luz del modelo teorizado por John Robb en su blog Global Guerrillas en 2004 y desarrollado luego en su libro Brave New War. Así que me llamó mucho la atención encontrarme en el portal informativo catalán Vilaweb un informe del estado mayor del ejército británico sobre el despliegue y operaciones militares en Irlanda del Norte (1969-2007), la llamada Operación BANNER.

 

La actual situación de Cataluña, e incluso la del País Vasco en sus años más duros, no puede compararse con el conflicto de Irlanda del Norte por una larga lista de razones. Pero la lucha contrainsurgencia es un asunto que me llamó la atención desde los comienzos de este blog. Y un informe así es relevante por el ejercicio de evaluación autocrítica y transparencia que supone. Me gustaría leer un informe equivalente sobre el papel de España en lugares como Afganistán, Iraq, Mali, etc.

El informe aparece fechado en julio de 2006 y fue hecho público al año siguiente. Lo más interesante en él, obviamente, son las conclusiones del capítulo 8. Pero arranca haciendo una descripción del territorio y los actores implicados, lo que sirve de introducción para aquellos no familiarizados con las claves del conflicto.

La idea principal del informe es que el ejército británico careció de una estrategia coherente durante su despliegue en Irlanda del Norte. Su principal actividad fue allí fue mantener puestos de observación, establecer controles de carreteras (permanentes y temporales) y patrullar las calles. Las particularidades de estas operaciones, que son las que el imaginario colectivo asocia a Irlanda del Norte, son descritas con detalle. Pero todas estas actividades nunca fueron encuadradas en un gran plan que respondiera a objetivos estratégicos y operacionales. Según el informe, “hubo una falta de sentido de propósito a largo plazo, planeado y sistemático durante la mayor parte de la campaña” (párrafo 536) ya que “un plan de campaña debería integrar actividades estratégicas, operaciones y tácticas”, trasladando las intenciones del escalón de mando superior a “misiones coherentes para los subordinados en cada nivel” (párrafo 816). Además, se echó en falta una mejor coordinación con las fuerzas policiales y la existencia de un mando único, que no necesariamente hubo de ser militar. Curiosamente el texto usa un término en español: se echó en falta un “supremo” (párrafos 817 y 852).

La falta de un plan coherente en sus distintos niveles táctico, operacional y estratégico no se achaca a la falta de capacidad del mando, sino al contexto histórico. No se veía entonces la conexión entre las acciones y un plan coherente al nivel operacional (Párrafo 414). El informe recuerda que el concepto Preparación de Inteligencia del Campo de Batalla (Intelligence Preparation of the Battlefield) no apareció hasta los años 90 y que el concepto de Enfoque Integral (Comprehensive Approach) había aparecido poco antes de la redacción del informe). Al final, el resultado de la campaña respondió más que otra cosa al buen juicio y quehacer de los profesionales al mando en Irlanda del Norte [Párrafo 410). El informe señala también que muchas innovaciones tácticas en Irlanda del Norte, como por ejemplo el procedimiento de búsqueda de artefactos explosivos, fueron siempre idea de unos pocos jóvenes oficiales (párrafo 846).

Una de las ideas más interesantes del informe es cómo explica la naturaleza de las insurgencias. Según el informe “una insurgencia se alimenta de la insastisfacción y la insatisfacción se basa en la percepción”. A su vez, la percepción se enmarca en una cultura (párrafo 821). De ahí que una importante necesidad en una campaña de insurgencia es entender la cultura local y cómo se articulan los agravios percibidos, reales o no. Según el informe, la etapa fundamental que define el conflicto es su comienzo: la “violencia en las primeras etapas crea amargura, odio y visiones extremistas que pueden durar generaciones” (párrafo 802).

Foto: Chris Steele-Perkins / Magnum (vía The New Yorker)

En el caso de Irlanda del Norte, se señala que una estrategia efectiva hubiera sido atender las necesidades de la población local en materia de vivienda. Por ejemplo, proporcionar mejores viviendas a la población hacinada en viviendas sociales de la era victoriana. El informe llega a afirmar que hubiera sido más efectivo demoler el complejo Divis Flats y asignar una nueva vivienda a sus habitantes que emplear todos los recursos que se gastaron en patrullar y pacificar ese complejo de viviendas.

Si las percepciones articulan el conflictos, las operaciones de información se convierten en un arma fundamental. Así que otra conclusión principal de mi lectura del informe es que en una insurgencia, información e inteligencia resultan los asuntos cruciales. De hecho, a finales de los años setenta, uno de cada ocho militares regulares británicos sirviendo en Irlanda del Norte “estaba directamente implicado en inteligencia” (párrafo 503). Además se destaca el papel de los asesores científicos (SCIAD) que ayudaron enfrentar amenazas como la de artefactos explosivos caseros accionados a distancia (párrafos 707 a 711).

Es interesante que el informe no entra a debatir con profundidad si Irlanda del Norte fue una campaña victoriosa o no. Se trata de un informe para entender cómo el ejército realizó su misión y qué aspectos de ello fueron mejorables. El informe señala que las fuerzas de seguridad no pueden ganar a una insurgencia por sí mismas mediante campañas militares. Sólo pueden reducir el nivel de violencia a un nivel en el que la vida cotidiana puede desarrollarse sin intimidación y en el que las fuerzas opositoras asumen que no pueden ganar con una estrategia violenta (párrafo 809). Así, “la violencia fue reducida a un grado que le dejó claro al PIRA que no podría vencer mediante la violencia” (párrafo 855).

El informe me ha parecido bastante interesante. Y durante su lectura uno no puede dejar de hacer comparaciones con las misiones presentes de las fuerzas armadas españolas, donde encontramos una enorme rotación de personal y una brecha cultural con las poblaciones locales. El propio informe señala lo difícil que es trasladar lecciones de un conflicto a otro. Y cómo siempre se han de desarrollar soluciones adaptadas a las circunstancias locales. Es irónico pensar que la experiencia británica en Irlanda del Norte le proporcionó al ejército británico un elevado prestigio en materia de guerra irregular, a lo que había que sumar la experiencia de las small wars británicas previas (Malasia, Chipre, Omán,  etc), para concluir en Iraq y Afganistán con lo que los varios autores denominan como derrotas. Véase por ejemplo: Ministry of Defeat: The British War in Iraq 2003-2009 y Unwinnable: Britain’s War in Afghanistan, 2001–2014. Y que conste, dudo que un escrutinio a la experiencia española en ambos países resista el mínimo análisis. De ahí que sólo cabe aplaudir esta clase de ejercicios de autoevaluación.

4 respuestas a ““Op Banner: An Analysis of military operations in Northern Ireland” del estado mayor del ejército británico.

    1. Informes así en España solo se hacen con 100 años de separación temporal, más o menos.
      Por otra parte el modelo español en Vascongadas en realidad fue más exitoso. ETA realmente fue derrotada, mientras que el IRA más bien fue convencido de que no podía ganar. Lo que no se suele decir es que ese convencimiento lo lograron los paramilitares protestantes a base de matar católicos. Llegó un momento en el que morían más católicos que protestantes y el IRA era incapaz de proteger a su gente, así que decidieron negociar.
      Ojo no digo que esto fuera una política deliberada de GB, aunque los vínculos entre algunas unidades militares y policiales británicas y los paramilitares ahí están.
      Por cierto aunque además de las unidades militares en rotación en Irlanda del Norte se creó un regimiento específicamente dedicado a luchar contra el IRA y tenía unos 6.000 soldados.

      1. Precisamente, leyendo sobre la publicación del informe me encontré alguna crítica de políticos irlandeses que señalaban que no se hacía suficiente mención a la connivencia entre las fuerzas de seguridad británica y los grupos armados unionistas.

  1. Toda guerrilla acaba igual, cuando se dan cuenta de que no pueden vencer y que poco a poco van a menos, solo entonces se deciden a negociar de una u otra manera. La excepción moderna fue Sri Lanka en la que los tamiles fueron totalmente derrotados.

    Otra excepción son las guerrillas colombianas porque ya no les interesa la victoria sino dedicarse al narcotráfico.

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