La niebla de la guerra

“Fog of war” es un término inglés para definir la confusión, incertidumbre y caos que se da en el campo de batalla. Una explicación del origen de la expresión podría ser las humaredas que se producía en la era de las armas de pólvora negra. Cuando dos ejércitos empezaban a intercambiar disparos en el campo de batalla llegaba un momento que un general en lo alto de una colina era incapaz de distintiguir entre el humo sus tropas de las del enemigo y le resultaba imposible saber qué pasaba para tomar decisiones.

La revista Foreign Affairs en su edición en inglés ha publicado hace poco el extracto de un informe sobre la invasión de Iraq vista desde el punto de vista iraquí. Se trata en realidad de la versión cara al público de un trabajo de recopilación de documentos capturados y entrevistas a miembros importantes del régimen bajo custodia estadounidense. Y las conclusiones no pueden ser más llamativas.

Saddam Hussein estuvo convencido de que EE.UU. no invadiría el país, y que en caso de hacerlo sólo ocuparía el sur. Que bastarían unas pocos bajas al estilo de Blackhawk Down para poner la opinión pública en contra de la guerra. Al igual que el Japón de la Segunda Guerra Mundial, haciendo de la necesidad virtud, estaba convencido que el espíritu combativo de sus tropas se impondría sobre la superioridad material de los estadounidenses. Pero lo más llamativo es cómo el régimen provocó el colapso del ejército como fuerza combatiente antes incluso de que se disparara el primer tiro. En el período de llamemoslo entreguerra (1991-2003) Saddam estuvo más preocupado por las amenazas internas al régimen que las externas, en especial las provenientes del propio ejército. Creó tal redundancia de servicios secretos que se vigilaban los unos a los otros y tantas capas de burocracia, que ningún general se atrevía a tener una iniciativa propia. Lo que fue peor para el ejército, los cargos de responsabilidad se dieron a los parientes del clan Al Tikriti o a los completamente incapaces pero leales.

Cuando empezó la guerra, tal como se hacía siempre, nadie se atrevió a informar de las malas noticias al escalón superior en la cadena de mando. Cuando los carros de combate estadounidenses se acercaban a Bagdad, el alto mando iraquí estaba convencido que la ofensiva estadounidense estaba siendo repelida. Lo que en Occidente resultaba burda y risible propaganda, para el régimen eran los informes con los que tomar decisiones. Suena ridículo, ¿verdad? Creerse sus propias mentiras. Pues supongo que alguno anda preguntándose donde andan las armas de destrucción masiva. Espero que algún día nos den una respuesta.Tengo paciencia. Sigo esperando.

One thought on “La niebla de la guerra

  1. Pues hombre no creo que los USA mintieran; más bien parece que sus “infalibles” servicios de inteligencia la pifiaron. Y eso si; los políticos prefierieron tomar por verdades absolutas lo que eran en el mejor de los casos indicios. De todas formas como bien dices el esfuerzo de Iraq fue en la inteligencia, y sobretodo en la contrainteligencia. Eso es algo que no deberiamos subestimar. Espiar a paises árabes no es tan fácil como lo pintan algunos. De sus enfrentamientos con Israel han aprendido mucho. Además juegan con varias ventajas en el campo de los servicios secretos: 1º los financian desproporcionademente a lo habitual en occidente. 2º no tienen escrúpulos, ni para matar, ni para torturar, ni para chantajear ni para nada. Por ejemplo el típico chantaje sexual de “te hemos pillado con un muchacho y tenemos pruebas así que colabora con nosotros” la CIA lo tiene prohibido, pero no los paises de esa zona.

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