Gallardon, alcalde de Berlín

Visité Berlín por primera vez en verano de 1997. La ciudad estaba patas arriba. Los conductos de agua subterráneos pasaban por encima de las calles en unas enormes tuberías pintadas de rosa. Habia multitud de solares con futuros edificios gubernamentales en construccióon. Y había como una especie de energía vibrante en el aire. Wired habló de ella una y otra vez.

Hoy al otro lado de los canales, desde el Reichstag, se ven las nuevas sedes gubernamentales. Pero la puerta de Brandenburgo, viniendo desde Unter den Linden, estaba irreconocible tras la maquinaria de las obras de una nueva estación de metro. No me di cuenta que estaba en Alexanderplatz hasta que tras la vorágine de excavadoras reconocí el Weltzeituhr (parado y fuera de hora).

¿Quién dijo que las obras era solo cosa de Madrid?

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