Na Cesti

Los eslovenos parecen haber inventado las abreviaturas de los mensajes SMS antes de que existiera la telefonía móvil. El sábado según nos acercábamos al escaso litoral adriático esloveno los carteles bilingües señalaban el camino a “Trst” (Trieste). La costa eslovena es una pequeña cuña entre Italia y Croacia, con cada país al otro lado de la bahía. Todo el presupuesto en infraestructuras viarias del país parece gastado en la costa. El resto del país con carreteras lamentables, y aquí un túnel de lo más moderno de dos kilómetros y un viaducto de un kilómetro (el más largo de Europa, según Nastja).

Y es que Eslovenia es el camino inevitable de los centroeuropeos en camino al Adriático. En el monumental atasco que nos encontramos al llegar al mar abundanban las matrículas alemanas y austríacas. Identificarlas se convirtió en un juego: Las amarillas con caracteres negros de Holanda. Las blancas con caracteres rojos de Bélgica. En el atasco nos acompanaban suecos, checos, italianos y croatas, con los coches cargados hasta los topes y un gran número de caravanas y roulottes. Pero la espera mereció la pena. El día era perfecto en Piren, un pueblecito costero de huella italiana. Gasté casi un rollo de película bajo una luz casi perfecta. Al regresar al coche, la sorpresa. Se lo había llevado la grúa con todas nuestras cosas dentro. El depósito de coches, cómo no!, en el quinto pino al otro lado de la bahía. Más de una hora de camino fatigoso bajo el sol. El chapuzón en el mar, en Portorož, después de aquello se hizo aún más deseable.

Al caer la noche nos acercamos a Koper, donde se celebraba una gran noche de conciertos simultáneos. La prensa de hoy habla de la increíble cifra, para lo que es normal en Eslovenia, de 100.000 personas. En la plaza principal, la plaza Tito, me tocó sufrir el concierto de una estrella pop local. Un tal Jan Plestenjak, perpetrador de inolvidables melodías como “Lolita” o “El calor del verano”. Esta última con ese simpático estribillo en español: “Esta noche bailmos una playa” (sic). Al parecer media Eslovenia estaba allí. Y Nastja y Nataša no parararon de saludar a amigos que trataban de chapurrear en inglés, alemán y español con tal de hablar conmigo, llegado de la lejana y exótica España.

A las tres de la mañana, autopista y a Ljubljana. Nastja tenía la llave del piso de lujo en el mismísmo centro de la ciudad de unos amigos de su padre, destinados actualmente en la embajada eslovena en Beijing. Caímos a plomo en las camas, y nada más levantarnos otra vez carretera. Esta vez al norte. Y otra vez atasco, pero este con los europeos de retorno. Más alemanes, austríacos, holandeses (siempre en tríos, curiosamente), belgas y daneses con la casa a cuesta. Paramos a comer borek, la comida rápida local de origen macedonio, y más carretera hasta el lago Bled. Es ese lago con una islita en el centro, al pie de los Alpes Julianos, que sale en todos los folletos turísticos de Eslovenia. Después de un café y unas fotos, chapuzón y al agua.

Terminamos el día en el parque nacional de Triglav, después de atrevesar paisajes alpinos que me hicieron tararear la sintonía de los dibujos animados de Heidi. Por una carretera de montaña, entre bosques de coníferas, terminamos en la ladera de una colina contemplando los Alpes Julianos. Creo que allí terminó la primera parte agitada de este viaje. Ahora sólo quedan días tranquilos, aquí en Ajdovščina. El miércoles iremos a Ljubljana.

4 respuestas a “Na Cesti

  1. Che xiquet. Aparte del bagaje cultural y el llenado de la alacena de recuerdos, vas a conseguir una forma física envidiable 😀

  2. Ya te digo, entre subir y bajar montañas, espeleología, subir y bajar escaleras en búnkeres abandonados y la natación, la barriga esta que me había salido por tantas horas de tesina delante del ordenador está desapareciendo.

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