Teorías conspiranoicas

Una vez un programa de cámara oculta desveló que las supuestas apariciones de la Virgen en un pueblo perdido eran un montaje de lo más cutre: Una señora con una linterna y una sábana por encima, como un niño disfrazado de fantasma. Era cosa de chiste si no fuera porque había donaciones de dinero por medio.

Tras el programa de TV la afluencia a las supuestas apariciones cayó en picado. Pero tiempo después el mismo programa mostró que había quedado un grupo de irreductibles incondicionales convencidos de que el programa mentía.

Cuando los hechos se encargan de desmentir sus creencias, una persona puede reaccionar ante ese shock inicial evitando por todos los medios asumir que se ha dejado engañar o simplemente se ha equivocado. Entonces reconstruye la realidad dentro de su cabeza para así no tener que enfrentarse a la tarea aparentemente más fácil de cambiar sus ideas.

Leí rebelion.org el 11-M y fue una experiencia bastante reveladora. En los primeros momentos aparecieron mensajes de distintos grupos y autores de izquierda impresionados por una masacre que creían obra de ETA. El suceso era lo suficientemente grave como para que se sucedieran los mensajes de apego a la Constitución y de condena al terrorismo etarra.

Más tarde, cuando las informaciones sobre la autoría yihadista se fueron sucediendo, se pudo percibir el suspiro de alivio colectivo. Superado el mal trago de criticar públicamente a ETA, podían dedicarse con saña por fin a su malo favorito, el gobierno del PP. Al enfado ante lo que entendían como desinformación por parte del gobierno del PP se añadía una cierta irritación por haber tenido que manifestarse públicamente en contra de ETA y apoyar de paso en un momento así al gobierno de la nación.

No recuerdo bien en quién pensé como responsable del 11-S aquel mismo día. No sé si Al Qaeda fue el primer nombre que me vino a la mente o fue cosas de oírselo nombrar a los periodistas. Sí he contado aquí como meses antes había estado leyendo sobre Al Qaeda, los talibán y los intereses geoestratégicos en Asia Central. Con mi profesor de relaciones internacionales había hablado sobre la amenaza para Estados Unidos del terrorismo yihadista. Pero sí que recuerdo que delante la TV mientras veía las Torres Gemelas en llamas me dije «Jo-der. ¡Ya está pasando!». Pero tras los primeros días de commoción y horror que despertaron una ola de solidaridad hacia EE.UU. todo volvió a la normalidad.

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Para los listos, obra de la CIA y el Mossad.

En las siguientes semanas bastó que en las noticias mencionaran el papel de la CIA en la organización de la «Yihad» contra los soviéticos en Afganistán para que los radicales guays de izquierda me contaran que seguro que Bin Laden seguía trabajando para la CIA. En Internet alguien mencionó la supuesta noticia de un grupo de hombres que filmaban con sus cámaras el incendio de las Torres Gemelas entre muestras de alegría y alborozo. Ordenados a identificarse por la policía resultaron ser israelíes. Teníamos el elemento que faltaba en esta historia: El Mossad, ¡cómo no!. «¿Quién más beneficiado por el 11-S que Israel?», decían. Luego tuvimos a los «expertos» que analizando las fotos del 11-S concluyeron que uno de los Boeing 767 llevaba adherido al fuselaje una cosa extraña en el momento del impacto contra su objetivo. Tenemos además acerca de que las Torres Gemelas se derrumbaron por el efecto de una carga explosiva en su interior. Por no mencionar la archiconocida de que contra el Pentágono no se estrelló ningún avión.

Un sábado la Noche Temática de «La 2» abordó el tema de las teorías conspiranoicas del 11-S y la amplia difusión de libros con tales teorías. En el mismo reportaje hacían un repaso exhaustivo de las fuentes de uno de ellos, lo que bastaba para desmontarlo. El documental de Arte Televisión se planteó una pregunta interesante. ¿Por qué la popularidad de tales teorías? La respuesta que trataban de dar mencionaba la fascinación que produce el sentir que se es partícipe de una saber oculto, accesible sólo a los iniciados frente a los gobiernos y los grandes poderes secretos. El ciudadano medio mientras agita la cucharilla del café a primera hora de la mañana se siente así especial frente a la masa anónima que desconce los secretos del Área 51 que a él le han sido desvelados en un programa radiofónico de madrugada. Sólo que hay que hacer una consulta a la base de datos española del ISBN para encontrar que el listado de libros sobre el 11-S y 11-M tienen en común un autor que ha piublicado otros libros sobre OVNIs.

Tengo un par de amigas que estudian historia del arte y que echan pestes del Tocho Da Vinci. Las dos han coincidido al contarme la aparición súbita de expertos en iconografía medieval y renacentista dando la vara sobre las grandes conspiraciones de la historia. Ya en enero Tetsuo diseccionaba el tema. Puede sonar risa que haya gente que basándose en una novela de ficción pretenda discutirle a estudiantes de historia. Pero en foros de Internet poco aptos para demócratas hipertensos se puede encontrar toda clase de teorías sobre el 11-M.

Ahora gracias a Internet sabemos que ZP pactó con ETA el 11-M, usando a Carod Rovira de intermediario. Que se ha ocultado la implicación de ETA en particular y en general la verdad del 11-M porque buena parte de los cuadros policiales que han participado en la investigación desde puestos de responsabilidad estuvieron en su momento implicados en los GAL y han mantenido su lealtad hacia el PSOE. Que los marroquíes detenidos como autores de los atentados son en realidad unos cabezas de turco que ni siquiera pusieron las bombas.

Hay quien responde a la pregunta de cuándo aparecerán las armas de destrucción masiva en Iraq con la frase «el que ríe el último ríe mejor». Siguen esperando. Como yo esperaré el día que encuentren entre la montaña de papeles encontrados a los jefes de ETA un informe, un memorándum o una nota que haga referencia a la planificación del 11-M. O la constancia de una o varias llamadas telefónicas que vinculen a ETA y los yihadistas en España. Algo, una prueba. La clase de indicio que le permitiría a Grissom tirar del hilo. Tengo paciencia. Así que esperaré. Sentado.

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