Iraq, año II de la Pax Americana

Cualquiera que siguió las elecciones iraquíes por los medios de comunicación pudo sacar la conclusión de que sucedieron en un país diferente a aquel del que yo he estado hablando aquí. Tras el fiasco de las armas de destrucción masiva y el hundimiento del aparato estatal iraquí, algo parecía salirle por fin bien a la administración Bush en Iraq. Y pudimos leer a los neococos españoles exultantes en sus blogs durante unos días. La información de los medios de comunicación se llenó de ruido y fue difícil durante días saber qué estaba pasando realmente.

Ahora es momento de revisar y contrastar con la realidad lo dicho en la “triología iraquí: “Vietnam Redux“, “Aprendices de brujo en Mesopotamia” y “Vietnow, la guerra que EE.UU. está perdiendo“.

Hay quien no entendió (véase) lo que quería decir. Así que por si alguno todavía no lo ha pillado, la ESO ha causado estragos en la comprensión lectora, se lo explico brevemente:

* Las fuerzas armadas estadounidenses están empantanadas en Iraq. De las diez divisiones de primera línea del U.S. Army, allí estaban destinadas tres divisiones y una brigada. Teniendo en cuenta las unidades “descansando” tras servir en Iraq, las que se están preparando para ser enviadas, las destinadas en Afganistán y las permanentemente destinadas en Corea, la capacidad de afrontar nuevas e inesperadas amenazas es discutible.

* Si bien es cierto que en Iraq se cometen bastantes acciones terroristas, lo que está pasando allí es más que mero terrorismo. Se trata de una guerra no convencional y de desgaste.

* Enfrentados a unos insurgentes que no respetan las leyes de la guerra, los soldados se ven obligados a desconfiar de la población civil, y tienden a disparar primero y preguntar después.

* Cuanto más se prolonga la guerra y más bajas se acumulan, a pesar de que se ganen las batallas, más aumenta la probabilidad de que la opinión pública se harte y pida una retirada de las tropas.

* El uso de los países aledaños como santuario, y el apoyo que reciben los insurgentes de sus gobiernos, eleva el riesgo de extensión del conflicto más allá de las fronteras de Iraq.

A pesar de un análisis tan pesimista, en este tiempo transcurrido creo que hay pistas que podrían llevar por primera vez a ser optimistas desde la perspectiva del gobierno de los EE.UU. Las elecciones ha hecho que las mútliples ramas de la insurgencia pongan las cartas sobre la mesa. Si buena parte de la insurgencia iraquí tenía un carácter nacionalista el rechazo de Al Zarqawi a las elecciones y las matanzas de civiles iraquíes podrían desmarcar ante la sociedad iraquí a los yihadistas extranjeros como enemigos más odiosos que los estadounidenses, en lo que es uno de tantos errores de los insurgentes. En un futuro no muy lejano podríamos encontrarnos con unas no tan sorprendentes negociaciones a la argelina que aislaran a los yihadistas. La supuesta dependencia logística de estos respecto de los nacionalistas podría acelerar los acontecimientos en cascada.

Las demandas de una “estrategia de salida” comenzaron hace ya tiempo. Pero no se ha dado un vuelco porque las barbaridades que ocurren a diario en Iraq pasan desapercibidas. No es difícil encontrar en la red testiminios de soldados, unos revelando angustia y otros orgullo, de como en Iraq mataron a bastantes civiles. Como las Rules Of Engagement autorizan a disparar a quien no se detenga ante las señales de aviso, en los controles se producen a menudo situaciones bastante trágicas. Un ministro del gobierno provisional iraquí dimitió por el tratamiento recibido en un control de tropas de EE.UU. No es difícil imaginar el estado de ánimo de soldados ante concentraciones de gente, donde cualquiera podría ser un hombre bomba, y ante un enemigo que no duda en usar ambulancias como coches bomba. El público estadounidense se cansó pronto de las noticias sobre Abu Ghraib. Guantánamo sigue existiendo como un limbo judicial. Así que en esta guerra los márgenes morales de maniobra son mucho más amplios.

Si en “Vietnow, la guerra que EE.UU. está perdiendo” mencionábamos como la insurgencia se financiaba mediante delitos, y más arriba mencionábamos el número escaso de tropas disponibles para operaciones en otros frentes, entenderemos que la guerra no haya desbordado las fronteras de Iraq. La TV iraquí mostró la confesión de un supuesto agente sirio y sacó en antena a un grupo de yihadistas de varios países. Oportunamente un ex-primer ministro libanés ha muerto en un atentado que ha galvanizado a la sociedad libanesa contra el puño sirio que atenaza el país. Hasta Arabia Saudita se ha expresado abiertamente pidiendo la retirada de las tropas sirias. La amenaza de una invasión de Irán ha quedado como el farol que realmente era. Pero es un aviso a navegantes, teniendo en cuenta que hubo quienes vieron la mano iraní en la revuelta shiita del pasado verano.

¿Qué pasará a continuación? Al igual que la guerra de Vietnam concluyó con una “vietnamización” de la guerra, y la de Afganistán con una “afganización”, EE.UU. intentará ir trasladando más responsabilidades a las fuerzas armadas locales. No importa que haya una victoria clara sobre la insurgencia. En la era mediática lo importante es que haya una apariencia de ello. Detrás, los iraquíes heredan un país con el conservadurismo islámico en alza, con unas fuerzas armadas donde existen divisiones étnicas-religiosas y donde los partidos que representan a los sunníes, la comunidad que sustenta la insurgencia, se autoexcluyeron de las elecciones y quedaron fuera del reparto de poder.

Decía hace poco Gustavo de Arístegui, uno de los pocos políticos del PP que resulta interesante escuchar y leer, que nos equivocábamos los que comparamos la situación de Iraq con la de Vietnam. Que en todo caso el símil más próximo sería comparar a Iraq con el Líbano. Triste consuelo para los iraquíes.

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