Sobre el apoyo ruso a Siria

Tal como planteé en la séptima entrega del Observatorio de la Nueva Guerra Fría, llegó la hora de escribir para profundizar en distintos aspectos del tema. Desarrollé las líneas de trabajo en  “Reconsiderando la Nueva Guerra Fría”. Desde esa perspectiva escribí sobre los intereses geopolíticos de Rusia en el Mediterráneo Oriental, sus vínculos con el régimen sirio de Bashar al-Assad y los tanteos rusos con Grecia y Chipre. El artículo lo envié a la Revista General de Marina de la Armada Española y estoy a la espera de respuesta.

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Lanzadera de misiles “Kornet” capturada por fuerzas israelíes en la Guerra del Líbano de 2006.

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Caja de misiles “Kornet” rusos destinados a Siria capturada por fuerzas israelíes en la Guerra del Líbano de 2006.

Uno de los aspectos de las relaciones de Rusia con Siria son los intereses comerciales en la venta de armas. He profundizado en el tema en mi artículo “Armas rusas para al-Assad” que me ha publicado la revista ElMedio.

Por qué Occidente no derrota al Estado Islámico de una vez

Hace poco alguien me preguntó por qué los países occidentales no derrotaban al Estados Islámico. Escribí en enero “La fórmula para derrotar al Estado Islámico ya se inventó”, tomando como ejemplo la campaña contra los talibán emprendida por un puñado de agentes de la CIA y equipos A del 5th Special Forces Group en el norte de Afganistán en octubre de 2001. Se trataría de desplegar a fuerzas especiales con equipos de comunicación y desginadores láser acompañando a las fuerzas locales para concentrar los ataques de la aviación aliada en los “centros de gravedad” del Estado Islámico. Sin embargo, se acumulan las misiones de bombardeo y el gasto de dinero en una campaña que no parece muy resolutiva, a excepción del avance kurdo en el norte de Siria. Creo que hay unas cuantas razones de por qué no se derrota al Estado Islámico.

1. Estados Unidos no se quieren implicar a fondo.

Después de Afganistán e Iraq, la opinión pública estadounidense no aceptaría otra invasión de “un país musulmán al que vamos a llevar la democracia y el desarrollo”.  Tras el ataque perpetrado por las fuerzas del régimen sirio con armas químicas en el barrio de Goutha en 2013, me llamó la atención las voces en la derecha estadounidense que se posicionaron en contra de una posible intervención. Con un presidente republicano quizás hubiera sido diferente, pero entre las voces críticas se incluían muchos veteranos de guerra. Se ha convertido en el nuevo sentido común. Nada de invasiones sin un plan claro de salida.

ByO7SDIIYAAmmKFHoy hay en Iraq tropas españolas formando otra vez al ejército iraquí, fuerzas especiales canadienses y aviones estadounidenses. Pero que Washington vuelva a enviar un número elevado de tropas allí sería reconocer que la retirada en 2011 fue precipitada, un error o inútil. El coste político sería enorme en Washington.

2. Falta un aliado local vendible a la opinión pública.

En el caso de Afganistán, Estados Unidos contó con la Alianza del Norte, una coalición de señores de la guerra que había liderado el carismático Shah Massud. En el caso de Iraq, tenemos por un lado a un ejército en descomposición  y por otro lado un montón de milicias chiíes financiadas y armadas por Irán.

Kata'ib_Hezbollah_in_IraqEl caso de Siria es aún más complicado. En el norte del país tenemos las milicias kurdas del YPG, aliadas del PKK. Recordemos que en las milicias del YPG se alistaron dos españoles del partido Reconstrucción Comunista. Y que el PKK forma parte de la lista de grupos terroristas que elabora el Departamento de Estado estadounidense y es considerado también un grupo terrorista por parte del Consejo de Europa.

En el resto del país tenemos a los rebeldes del Ejército Sirio Libre, una coalición de grupos militarmente cada vez menos importantes en el desarrollo de la guerra. Hartos de esperar un apoyo que nunca se materializó, la mayoría de grupos se pasó a las filas islamistas que sí reciben dinero y armamento de las petromonarquías árabes.

CKcwaKRUwAA6ilwSólo recientemente Estados Unidos decidió instruir directamente a fuerzas sirias. Lanzó un programa con un presupuesto de 500 millones de dólares. El propósito era encontrar sirios sin simpatías y vínculos con grupos yihadistas. El primer año, tras gastar 36 millones de dólares y entrevistar a 7.000 sirios, formaron a 60.

3. Derrotar al Estado Islámico es sólo poner fin a una de las muchas guerras en curso en Siria.

En Siria hay ahora mismo varias guerras civiles en curso. El régimen de Assad lucha por su supervivencia contra todos, pero ha establecido en ocasiones pactos de no agresión con el Estado Islámico y en ocasiones ha sido informado por Estados Unidos de operaciones de bombardeo contra el Estado Islámico. Los kurdos del norte del país se mantuvieron al margen de la guerra civil hasta que el Estado Islámico llegó a sus dominios. Existen tres grandes coaliciones de grupos rebeldes: Jahbat Al Nusra (afiliada a Al Qaeda), Frente Islámico (financiado por Arabia Saudita) y Ejército Sirio Libre. En ocasiones han luchado entre sí, en ocasiones se han unido para luchar coordinadamente contra las fuerzas de Assad o el Estado Islámico. Y por el último el Estado Islámico, que lucha contra todos, aspira a consolidar el Califato. Su poder creció en torno a Aleppo apuñalando por la espalda a otros grupos que luchaban contra Assad.

Mañana mismo podría colapsar el Califato en Siria o el régimen de Assad, pero el vacío dejado sería ocupado por radicales islamistas aliados de Al Qaeda o de inspiración wahabí que lucharían por el poder. Por tanto, intervenir militarmente en Siria sería sólo la fase I de una campaña que nos obligaría a decidir sobre el futuro del país. ¿Aceptamos la supervivencia del régimen con tal de derrotar al Estado Islámico? ¿Fracturamos el país según las líneas de frente para asegurar a kurdos, alawitas, drusos y sunníes la hegemonía en los cuatro países nacientes?

Observatorio de la Nueva Guerra Fría #6

Comienzo esta entrega del Observatorio de la Nueva Guera Fría con varios artículos que hablan del concepto, prueba de que ya empieza a circular abiertamente.

Mariano Aguirre se pregunta “¿Hacia una nueva Guerra Fría?” en el diario El Mundo.

Sohrab Ahmari trata en el Wall Street Journal uno de esos temas geopolíticos que nunca he tocado por una decisión personal de no agotarme tratando de abarcarlo todo: “The New Cold War’s Artic Front”.

Por su parte, la versión on-line de la revista argentina DEF reproduce la pieza de Sputnik News (la antigua RIA Novosti) “¿Nueva Guerra Fría?”. Es interesante los signos de interrogación porque anteriormente Sputnik News ha publicado artículos de autores rusos asumiendo la existencia de la Nueva Guerra Fría:

“La nueva Guerra Fría entre Rusia y EEUU va para largo” (24 abril 2014)
“La resolución antirrusa de EEUU formaliza la nueva Guerra Fría, opina un diputado ruso” (5 diciembre 2014)
“Expertos califican de declaración de Guerra Fría la resolución del Congreso de EEUU” (5 diciembre 2014)
“El frente cultural de la nueva Guerra Fría por Pável Rodkin (17 mayo 2015).
“La UE ha sido utilizada por Washington en su nueva guerra fría contra Rusia” (27 mayo 2015)

Gary Kasparov acudió el pasado mes de mayo a un foro de disidentes rusos en Noruega. El próximo mes de octubre saldrá un libro suyo con el título Winter is coming en el que habla de una «especie de nueva era de guerra fría».

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Hace tiempo declaré que renunciaba a seguir la geopolítica de Asia-Pacífico, uno de los grandes tableros mundiales. No tiene que ver con la Nueva Guerra Fría pero es interesante leer “La nueva ‘guerra fría’ que se gesta en Asia” por Javier Espinosa en El Mundo. Destaca: “Filipinas, Japón y EEUU refuerzan una alianza militar de facto para oponerse a China”

Despliegue militar de EE.UU. en Europa.
Si hay algo que la gente relaciona inmediatamente con el concepto de Guerra Fría es la carrera de armamento y la tensión provocada por el despliegue de fuerzas militares. Así que los recientes despliegues militares estadounidenses en Europa han generado titulares y reflexiones sobre la rivalidad con Rusia.

Maniobras de la OTAN

4 ejercicios militares de la OTAN en Europa. Fuente: The Aviationist

El País tituló recientemente “EE UU planea un despliegue militar en el este europeo inédito desde 1989”. Tras su “Pivot to Asia”, Estados Unidos reitiró las fuerzas pesadas de Europa, Ahora, el presidente Obama se ha visto obligado a enviar de nuevo fuerzas pesadas a Europa. Además, se habla del despliegue de cazabombarderos de 5ª generación F-22.

Ucrania
Simon Ostrovsky, reportero de VICE News y autor de la sensacional serie “Russian Roulette: The Invasion of Ukraine” ha realizado un reportaje siguiendo la pista de los soldados rusos en Ucrania

Durante la guerra en Ucrania hemos visto a grupos de ultraderecha con estética neonazi en ambos bandos. El Congreso de Estados Unidos ha prohíbido que se proporcione entrenamiento y armas al Batallón Azov ucraniano. Sobre la extensa presencia de ultraderechistas neonazis rusos en las filas prorrusas en Ucrania Oriental véase “Nazis are the core of Russia’s Hybrid Army in Ukraine”

Grecia
Mientras siguen en el aire la salida de Grecia del euro, el gobierno griego firma con Moscú un acuerdo para prolongar el gasoducto desde Turquía. El primer ministro Tsipras viajó esta semana a Moscú. Declaró: “Estoy en Rusia porque Europa ya no es el centro del mundo, hay nuevas fuerzas”. A los pocos días de las elecciones griegas escribí “¿Se posicionará Grecia en la Nueva Guerra Fría?

Siria
La guerra en Siria es junto con Ucrania uno de los tableros geopolíticos de la Nueva Guerra Fría. Véase al respecto mi artículo “Lo que está en juego en Siria”.

Recientemente Putin reafirmó su apoyo al régimen de Assad. Mientras que Hanin Ghaddar ha escrito “Why Iran’s Plan B in Syria Will Not Work”.

No olvidemos a estas alturas los horrores de los que el régimen de Bashar Al Assad es responsable.

Iberoamérica
La edición en español de Foreign Affairs publicó en mayo una entrevista al embajador ruso en México.

“[N]uestro interés hacia América Latina es elemental porque se está convirtiendo en uno de los centros del mundo multipolar”.

“No creo que sea correcto hablar del regreso a la Guerra Fría, porque ante todo la Guerra Fría tenía como su principal característica las discrepancias ideológicas. Ahora no tenemos este tipo de contradicciones”

Me parece comprensible que niegue las discrepancias ideológicas porque eso implicaría reconocer que la naturaleza del régimen ruso, de “democracia gestionada”, es diferente a la de las democracias occidentales.

El programa En Portada de RTVE emitió recientemente el reportaje “Nisman” sobre la muerte del fiscal argentino que investigaba los acuerdos entre el gobierno kirchnerista y el gobierno iraní. Con tal de avanzar en las relaciones comerciales,  el gobierno kirchnerista habrái estado dispuesto a no investigar la pista iraní en el atentado contra la AMIA. Véase mi entrada “La muerte del fiscal Nisman en el contexto de la Nueva Guerra Fría”.

Geopolítica rusa
La editorial española Hipérbola Janus ha publicado La Geopolítica de Rusia: De la Revolución Rusa a Putin de Alexander Dugin, un autor de escasa bibliografía en español.

La revista complutense Geopolítica(s) ha publicado el artículoEl nacionalismo ruso y sus visiones geopolíticas de Eurasia” de Carles Jovaní Gil.

Propaganda rusa
Hace poco alguien llamó la atención que la agencia rusa TASS todavía mantiene en su página web una noticia con fecha del 17 de julio de 2014 que informa de que “la milicia de la República Popular de Donetsk derriba otro An-26 ucraniano”. Se trataba del vuelo MH17 de Malaysia Airlines. Recordemos que aquel día varios medios rusos se hicieron eco del derribo de un avión en la zona anunciado por los grupos prorrusos. Cuando se descubrió la identidad del avión, comenzó el cambio de narrativa ruso.

El año pasado varios medios de propaganda prorrusa en Occidente repitieron que un avión Su-24 ruso se había acercado al destructor USS Donald Cook en el Mar Negro provocando el pánico en la tripulación. Por ejemplo, Voltairenet publicó al respecto:

[L]a tripulación del destructor estadounidense había quedado desmoralizada tras su encuentro con el avión de guerra ruso. Varios medios incluso aseguran que 27 marineros estadounidenses solicitaron la baja del servicio. ¿Qué fue lo que tanto asustó a la tripulación del destructor?

Al aproximarse al destructor, el sistema Jibiny del Su-24 puso fuera de servicio los radares, circuitos de control, sistemas de transmisión de información, etc. En otras palabras, todo el sistema Aegis quedó inutilizado, como cuando se apaga un televisor con un mando a distancia. Después de esto, el Su-24 simuló un ataque con misiles contra el USS Donald Cook, que había quedado totalmente ciego y sordo. Y repitió esa acción un total de 12 veces.

Recientemente circulaba este foto del supuesto interior de un Su-24 ruso repostando de un Il-78 Midas.

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Pueden apreciar el avanzadísimo sistema de geoposicionamiento por satélite en su soporte de plástico y sujeto por una banda elástica.

Aliados y tontos útiles al servicio de Putin.
La publicación on-line española El Espía Digital se ha convertido en un megáfono de propaganda rusa. Por ejemplo, véase el artículo “Cómo EEUU busca desestabilizar Rusia” que aparece sin fecha ni firma.

Recordemos que el PCE de Madrid convocó a un acto de solidaridad con el régimen de Bashar Al Assad el 29 de mayo en Madrid. Y al día siguiente Izquierda Unida organizó una jornada de debate sobre la defensa nacional española con una línea crítica con la OTAN y el eje euroatlántico. Organizó y moderó esas jornadas el eurodiputado Javier Couso, que el 8 de junio tuiteó:

Gran artículo de @angelferrero sobre el nuevo macarthismo informativo que se prepara desde EEUUropa contra Rusia http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=8046

Queda, por tanto, bastante clare el posicionamiento hostil hacia la Unión Europa, Estados Unidos y la OTAN por un lado y por otro lado de simpatía hacia Rusia y el régimen sirio. En el caso concreto del eurodiputado Javier Couso puede leerse su intervención durante el debate sobre la “Situación militar estratégica en la cuenca del mar Negro tras la anexión ilegal de Crimea por Rusia”

María Díez Valderrama ha publicado “Rusia financia a Le Pen y a otros partidos de ultraderecha” en la publicación on-line ctxt. El asunto ha llegado al Europarlamento, donde se votó una “Resolución sobre el estado de las relaciones entre la UE y Rusia”.

En su punto 13 dice:

 Expresa su profunda preocupación por los contactos y la cooperación, cada vez más intensos y tolerados por las autoridades rusas, entre partidos populistas, fascistas y de extrema derecha europeos, por una parte, y grupos nacionalistas en Rusia, por otra; reconoce que esa situación representa un peligro para los valores democráticos y el Estado de Derecho en la UE; pide, a este respecto, a las instituciones de la UE y a los Estados miembros que adopten medidas contra la amenaza de aparición de una «Internacional Nacionalista»

En su punto 21 dice:

Pide a la Comisión que presente propuestas legislativas para prohibir la financiación de partidos políticos en la UE por partes interesadas políticas o económicas de fuera de la UE.

 Los eurodiputados de Podemos votaron en contra. Véase al respecto el texto presentado por escrito por Pablo Iglesias y Miguel Urbán.

“¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941” de Javier Lion Bustillo

A la primera persona que le escuché hablar del concepto Guerras Híbridas fue a Jorge Aspizua. Reviso su blog y encuentro que la primera mención es de julio de 2006 (echen cuentas) a propósito de Hezbolá y la guerra aquel verano en el Líbano. Ahora el tema está de moda y en el establishment español de defensa no paran de sacar artículos. Hasta un sarao vi organizado con expertos traídos de fuera, cómo no. Pero en aquel entonces Jorge predicaba en el desierto. Y aunque ahora todos se han apuntado a rescatar lecciones sobre guerra híbrida de aquella guerra en el Líbano en 2006 y a hablar de Rusia, Jorge ya hablaba de otros casos históricos. Es el caso de la campaña británica en Iraq en 1941.

Me encontré de casualidad con ¿Aliados o enemigos? La SGM en el Próximo Oriente, 1941 de Javier Lion Bustillo, un libro que trata de las campaña británicas en Iraq y Siria durante la Segunda Guerra Mundial. Son dos episodios bastantes desconocidos de aquella guerra, pero que me interesaban por cuestiones que resulta que al final no aparecen en el libro. Ya es mala pata. En primer lugar tenemos la Campaña de Iraq de mayo de 1941. Iraq era un país soberano entonces, surgido del desmantelamiento del Imperio Otomano a manos de los británicos y franceses tras el fin de la Primera Guerra Mundial. Como herencia colonial, albergaba una fuerza militar británica. En marzo de 1941 un golpe de estado llevó al poder a un nuevo gobierno que trató de realinear el país hacia una alianza con las potencias del Eje. El gobierno británico decidió entonces actuar y controlar el país antes de que un nuevo frente hiciera más comprometida su posición en Oriente Medio. Recordemos que en 1941 se había constituido el Afrika Korps. Las fuerzas británicas usaron como cabeza de puente la base aérea de Habbaniya, que las fuerzas iraquíes no supieron o pudieron capturar al comienzo de la campaña. Y por otro lado, tropas indias desembarcaron en Basora, desde donde avanzaron hasta Bagdad para coincidir con las fuerzas británicas que habían partido de la actual Jordania. El apoyo de las potencias del Eje fue tibio y tardío, cuando ya no pudo ser decisivo.

Hay un par de detalles relevantes que contar de aquella campaña. Lo primero es la curiosidad que suscita encontrarse en un relato de guerra topónimos del Triángulo Sunní iraquí, donde más 60 años después los estadounidenses libraron sus combates más cruentos con la insurgencia iraquí. Por ejemplo, Habbaniya se encuentra entre Faluya y Ramadi. Otro detalle relevante es que en Bagdad estalló un progromo contra la población judía local. Recuérdese que hablamos del año 1941, antes de la proclamación de Israel. Y que la población judía local llevaba generación tras generación viviendo allí. Valga añadir un detalle. Haj Amin al-Husseini, mufti de Jerusalén y famoso posteriormente por su apoyo a las potencias del Eje, se encontraba en Iraq.

Me interesaba esta campaña por el uso combinado de lado iraquí de fuerzas regulares e irregulares contra los británicos, concepto que cabría interpretarse como un precedente de “guerra híbrida” Pero como ya comenté, no se menciono el asunto con demasiado interés en el libro.

La segunda campaña que trata el libro es la campaña de Siria-Líbano en junio-julio de 1941. Se trata de una acción “preventiva” llevaba a cabo por el gobierno británico. Siria y Líbano eran dos territorios cuya administración había obtenido Francia tras la Primera Guerra Mundial y que estaban en manos de la Francia de Vichy, supuestamente neutral. Durante la campaña iraquí los aviones de guerra enviados por Alemania e Italia al gobierno surgido en Iraq tras el golpe de estado hicieron escala en Siria. Así que en Londres cundió la preocupación de que Siria y Líbano sirvieran para abrir un segundo frente mientras transcurría la guerra en el norte de África. Las expectativas es que se produjeran deserciones masivas de las fuerzas francesas de Vichy cuando se encontraran en el frente con fuerzas de la Francia Libre. No fue el caso.

Curiosamente la mayoría de las fuerzas aliadas en esta campaña la formaron tropas indias, australianas y de la Francia Libre. Estas últimas incluían a unidades de la Legión Extranjera francesa y tropas coloniales del Magreb y África Occidental. Combatieron contra fuerzas francesas de Vichy que incluían a legionarios extranjeros y tropas coloniales. Así se dio la paradoja, tratada en el libro en un apéndice, que republicanos españoles llegaron a encontrarse frente a frente en ambos bandos. Pero lo que más me llevó a reflexionar es la imagen de senegaleses y tunecinos matándose entre ellos en una guerra que no era la suya, posiblemente por lealtad a sus comandantes y sus unidades.

La verdad es que el relato del avance aliado se me hizo tedioso. En esta otra campaña encontramos de nuevo una topografía familiar para el interesado en la historia militar. Por ejemplo, nos encontramos combates en los Altos del Golán, célebre campo de batalla en 1967 y 1973. O la localidad de Marjayún, ubicación de la base “Miguel de Cervantes” que ocupan cascos azules españoles desde 2006.

En esta parte del libro también se omite un asunto que generó mi interés por el libro. La campaña de Síria-Líbano arrancó con una serie de lo que hoy llamaríamos “operaciones especiales” en las que participó un tal Moshe Dayan. Allí perdió un ojo y desde entonces llevaría un parche. Otro personaje que sí aparece en el libro y apenas se menciona es al comandante de la 10ª División India, el general William Slim, que llegaría a ser famoso posteriormente por la campaña de Birmania. Con sus tropas alcanzaría Deir ez-Zor en Siria, otro topónimo de actualidad.

“ISIS: El retorno de la yihad” de Patrick Cockburn

ImprimirISIS: El retorno de la yihad es uno de esos libros urgentes que trata un tema de actualidad. Su autor, Patrick Cockburn, ha cubierto Iraq y por eso el tema central del libro es la expansión del Emirato Islámico en ese país. La tesis principal del autor es que los yihadistas capturaron importantes ciudades sunníes de Iraq por la existencia de un descontento de fondo de esa minoría frente al gobierno de la mayoría chií y por la enorme inoperancia del ejército iraquí, plagado por la corrupción. Entre las prácticas habitual que cuenta el libro está el de soldados que entregan parte de su sueldo a un superior para cobrarlo sin ir a trabajar o el típico desvío de las partidas para la alimentación de los soldados pero a gran escala. Así, llegado el momento de combatir contra los yihadistas, los soldados iraquíes se encontraron sin balas ni raciones en unidades mermadas de efectivos mientras sus oficiales se ponían a salvo lejos del frente. Las tácticas de bombardeos indiscriminados contra núcleos de población sunníes también ayudaron al socavamiento de la legitimidad del gobierno iraquí.

Patrick Cockburn llama la atención sobre lo desapercibido que resultó la caída de Faluya, una ciudad cercana a Bagdad, en mano del Estado Islámico en enero de 2014, junto con otras zonas relevantes de Iraq. Lo que le lleva al final del libro a reflexionar sobre el papel de los medios de comunicación y los reporteros de guerra en construir un relato sobre lo que pasa en el campo de batalla o en países que viven períodos de agitación. También dedica un capítulo a reflexionar sobre el papel de Arabia Saudita en el auge del radicalismo sunní, que ha incorporado elementos de la doctrina wahhabí que hasta hace poco le eran ajenos. Se menciona de paso el ambiguo papel del régimen de Assad frente a los yihadistas (recordemos cómo el país se convirtió en retaguardia de Al Qaeda en Iraq y la liberación de personajes como Mustafá  Setmarian al principio de la guerra civil). Este no es un libro sobre el conflicto de Siria, pero sería interesante leer uno igual de ágil y pegado a ras de suelo.

La fórmula para derrotar al Estado Islámico ya se inventó

Más allá de su absoluta brutalidad, que buenos resultados le da como arma psicológica, dudo que haya alguna característica del Estado Islámico que lo convierta en una fuerza invencible. La supervivencia del Estado Islámico tiene más que ver con la debilidad de las fuerzas armadas iraquíes (con una cúpula formada en tiempos de Al Maliki por una red clientelar de leales políticos) y los problemas de Occidente para encontrar una salida a la guerra siria. ¿Derrotar el Estado Islámico para dejar un vacío ocupable por el Frente Islámico y Jabhat al-Nusra? ¿Pactar con el régimen de Assad? ¿Esperar a que los pocos sirios “moderados” que aún sobrevivan estén dispuestos a confiar en Occidente?

Mientras el tiempo corre, será bueno recordar que la fórmula para derrotar al Estado Islámico ya está inventada. Se creó sobre la marcha para derrotar a los talibán. Un grupo de agentes de la CIA aterrizó en el norte de Afganistán a principios de octubre de 2001 cargados con cajas de billetes de 100 dólares y un equipo de comunicación satélite. Estableció los acuerdos necesarios con los comandantes de la Alianza del Norte y a continuación llegaron equipos A del 5º Grupo de Fuerzas Especiales del ejército estadounidense. Vistiendo ropas civiles, se repartieron entre las unidades de los comandantes afganos de confianza y llegaron a emplear caballos para desplazarse por las montañas de Afganistán. Una vez llegados a primera línea, utilizaron designadores láser y sistemas de comunicación para señalar los blancos a los aviones. Fue cuestión de semanas hasta que el frente colapsó. La entrada en Kabul se produjo en noviembre.

Conocemos de sobra la historia porque está perfectamente documentada. Gary C. Schroen, el jefe del primer equipo en pisar Afganistán contó su historia en First In. Fue sustituido en diciembre de 2001 por Gary Berntsen, que también contó su experiencia en Jawbreaker. La campaña militar de las fuerzas especiales fue relatada exhaustivamente por el periodista Doug Stanton en su libro Horse Soldiers (tiene edición en español) La invasión estadounidense de Afganistán tuvo un episodio peculiar. El entonces relativamente poco conocido Hamid Karzai cruzó la frontera desde Pakistán a bordo de una moto para recabar el apoyo de clanes pashtún contra el gobierno talibán. La historia de él y los soldados estadounidenses que le acompañaron la contó Eric Blehm en The only thing worth dying.

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La presencia de soldados occidentales para dirigir los objetivos de los bombardeos es importante porque sólo a ras de suelo se puede saber qué bastión y que colina son relevantes. Desde 10.000 metros de altura sólo se puede aspirar a destruir almacenes y vehículos blindados sin romper del todo la capacidad combativa del Estado Islámico.

La Nueva Guerra Fría

Russian servicemen, dressed in historical uniform, take part in a military parade rehearsal in Red Square in Moscow

El concepto “Guerra Fría” se convirtió en un cliché. Basta buscar en Internet la expresión “fantasmas de la Guerra Fría” para encontrar repetidamente su uso. “Rusia pide al G8 que “entierre los fantasmas de la guerra fría, “El conflicto sirio desempolva los fantasmas de la guerra fría, “Tensión en Ucrania despierta fantasmas de la Guerra Fría en Europa del Este”… Los “fantasmas de la Guerra Fría” despiertan viejos demonios. Siempre que se invoca la Guerra Fría se hace en el fondo con ánimo de reproche. Como si desconfianza, recelo o rivalidad con Rusia fuera una actitud reprochable, digna de una época felizmente superada. La Guerra Fría terminó para siempre. Y el mundo entró en una nueva era postmaterial y postheroica. Pero esa insistencia en considerarlo algo superado, ¿no sería contraproducente en caso de aparecer una nueva Guerra Fría? ¿Y si en vez de “fanstamas de la Guerra Fría” estuviéramos directamente ante una Nueva Guerra Fría?

La primera Guerra Fría no fue un conflicto que surgió de un día para otro, como una guerra convencional que tiene una fecha de comienzo. Es más, existe un cierto debate académico sobre la fecha de comienzo de la Guerra Fría. Por ejemplo, en España se publicó en 1996 el libro La paz simulada. Una Historia de la Guerra Fría, 1941-1991 de Enrique U.Da Cal, Ángel Duarte y Francisco Veiga. Dos años más tarde Ronald E. Powaski publicó The Cold War: The United States and the Soviet Union, 1917-1991. Ambas obras coinciden en señalar 1991, año de la disolución de la Unión Soviética, pero discrepan en el año de comienzo. .

1c8ab9827af5b2226eeb1d5ae847e7fbLa idea es que la Guerra Fría fue un período histórico de discutible fecha de comienzo que sólo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, con el discurso de Churchill donde habló del “Telón de Acero” y el Telegrama Largo de Kennan, se tomó conciencia en Occidente de haber entrado en una fase muy diferente a la alianza temporal con la URSS para luchar contra Alemania y Japón. De hecho, fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando el término “Guerra Fría” para referirse a la nueva era de rivalidad geopolítica con la Unión Soviética fue puesto en circulación por varios autores, entre ellos George Orwell.

LA HIPERPOTENCIA CANSADA.
En el año 2011 cayeron los regímenes egipcios y tunecino además de empezar las guerras civiles de Libia y Siria. El 2 de mayo, una operación de fuerzas especiales acabó con la vida de Osama Bin Laden. En noviembre, durante la cumbre del Foro  de Cooperación Económica Asia-Pacífico celebrada en Hawái, el presidente Obama afirmó:

“Creo que pasamos una década en que, comprensiblemente, tras el 11-S, estuvimos muy enfocados en asuntos de seguridad, particularmente en la región de Oriente Medio. Y continúan siendo importantes. Pero hemos vuelto nuestra atención de vuelta a la región Asia-Pacífico”.

A ese giro del foco estratégico se le conoció como el “Pivot to Asia”. La idea nada disimulada era hacer frente al ascenso de China. Tras una década de operaciones contrainsurgencia en lugares como Afganistán e Iraq, se empezó a trabajar en una nueva doctrina de guerra aeronaval para una hipotética guerra convencional de alta tecnología en el Índico o Pacífico. Un mes después de la cumbre de Hawái, las últimas fuerzas estadounidenses abandonaron Iraq. 2011 fue el año en que empezó a hablarse de un mundo post-post-11S.

enhanced-buzz-wide-14770-1378904868-17Con operaciones especiales, drones y ciberguerra, el presidente Obama, premio Nobel de la Paz, quiso entrar en una era de intervenciones en el exterior discretas. Se implicó a regañadientes en la guerra civil libia, vista en Washington como un problema europeo, arrastrado por Reino Unido y Francia. Pero la evidencia de que el “momento unipolar” anunciado por Charles Krauthammer al término de la Guerra Fría concluía y que la “hiperpotencia” de la que el ministro francés Hubert Vedrine habló en 1999 estaba cansada tras más de una década de guerra, se presentó con el ataque con armas químicas llevado a cabo en agosto de 2013 por fuerzas del régimen sirio.

El presidente Obama dudó tras haber fijado previamente una “línea roja” con el uso de armas químicas. Y la situación fue aprovechada por Rusia, que acudió al rescate de su único aliado en el Mediterráneo Oriental mientras arreciaba la desinformación sobre la autoría del ataque. Se hizo patente los intereses compartidos por Rusia con el “Eje de la Resistencia” (Irán, Siria y aliados en Oriente Medio). Sus órganos de propaganda tuvieron bastante eco en Occidente gracias a los críticos del “imperialismo yanki”, dispuestos a difundir cualquier información contraria a las políticas de Washington en Oriente Medio aunque estuvieran cocinadas en Moscú, Damasco o Teherán.

El momento definitivo llegó en febrero de 2014 con la invasión rusa de Crimea y la posterior agitación desde Moscú de una insurgencia separatista en Ucrania oriental. Que Ucrania se colocara en el área de influencia occidental fue una alteración del status-quo geopolítico para Moscú, que había visto como la OTAN y la Unión Europea había ido incorporando antiguos países soviéticos y antiguos aliadosEn 1996 Samuel P. Huntington planteaba en su libro El Choque de Civilizaciones que la inclusión de Ucrania en el área de influencia rusa era vital para Moscú porque le permite crear un núcleo de países eslavos que le anclan a Europa. Mientras que Zbigniew Brzezinski afirmaba en 1998 en El Gran Tablero Mundial  cómo la exclusión de Ucrania del área de influencia rusa haría de Rusia “una entidad más asiática y más distante de Europa”.

Los intereses geopolíticos de Rusia en Ucrania en abstracto estaban acompañados de asuntos más mundanos. Ucrania se había convertido en los últimos años en vía de salida del tráfico de armas rusas del que se nutría una red de oligarcas con conexiones con el Kremlin mientras que la industria de defensa rusa mantenía fuertes lazos de dependencia con la industria de defensa ucrania, establecida principalmente en la parte oriental del país. Los misiles balísticos rusos emplean sistemas de control ucranianos y los helicópteros rusos vuelan con motores ucranianos.

La crisis de Ucrania marca el regreso de Rusia, lejos ya de la docilidad mostrada ante la intervención de la OTAN en Kosovo en 1999.  Ahora Moscú construye su propia comunidad económica dentro de los límites de la Unión Soviética y ha incremento el gasto de defensa para modernizar sus fuerzas armadas realmente por primera vez desde la disolución de la Unión Soviética.

PROXY WARS
La Guerra Fría evoca la idea de una constante elevada tensión entre las dos superpotencias. No en vano, el mundo estuvo al borde de la catástrofe en ocasiones como la Crisis de los Misiles en Cuba. Así que se instaló en la imaginación colectiva occidental el miedo a un apocalipsis nuclear. Pero la realidad es que el enfrentamiento directo y abierto entre Estados Unidos y la Unión Soviética fue puntual. Se cuentan las excepciones, como los combates aéreos en el “Mig Alley” sobre Corea del Norte y algunas misiones clandestinas de espionaje.

Sostiene Noam Chomsky en Deterring Democracy que la Guerra Fría, aunque tuviera su escenficación más visible en Europa, fue en realidad una pugna geopolítica por el control de territorios en Hispanoamérica, África, y Asia. Cada bando de la Guerra Fría realizó intervenciones militares directas, como por ejemplo Estados Unidos en Vietnam, Reino Unido en Malasia, Francia en Chad, la Unión Soviética en Afganistán, China en la Península de Corea y Cuba en Angola. Pero principalmente financiaron, entrenaron y armaron a fuerzas armadas y grupos armados mientras se dedicaban al espionaje, subversión y propaganda.

13Rusia ha desplegado en Crimea y Ucrania oriental a miembros de unidades de operaciones especiales de las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia, a voluntarios a sueldo reclutados entre veteranos de guerra, milicianos cosacos, milicianos chechenos y últimamente a soldados regulares cuyo fallecimiento en combate se disimula como un accidente durante maniobras o permisos. Todo con tal de disimular la intervención rusa en el conflicto que ya pocos niegan. Estados Unidos, por su parte, ha entrenado a rebeldes del Ejército Sirio Libre en las instalaciones del King Abdullah Special Operations Training Center (KASOTC) a las afueras de Ammán mientras dudaba si proporcionarles armas, creando un vacío que propició el ascenso del Frente Islámico, el Frente Al Nusra y el actualmente llamado Estado Islámico.

Georgia en 2008, Siria desde 2011 y Ucrania desde febrero de este año son los puntos calientes de la rivalidad rusa con Occidente. Pero no sólo hemos de esperar conflictos armados con participación encubierta de Rusia y Occidente. La Nueva Guerra Fría se juega en otros ámbitos como Internet y los medios de comunicación, como anticipó la oleada de ciberataques rusos contra Estonia en 2007. Por aquellas fechas arrancaba la organización Wikileaks, que se presentó en sus comienzos como una plataforma para que ciudadanos de países sin democracia en lugares como África y Asia publicaran de forma anónima informaciones sobre corrupción y abusos. Tras obtener una gran cantidad de información secreta de las fuerzas armadas y la diplomacia estadounidenses, Julian Assange afirmó que “su próximo objetivo era Rusia”. De aquella promesa nunca más se supo. Julian Assange terminó presentando un programa de televisión en un canal ruso y un personaje tan cuestionable como el ruso Israel Shamir cobró relevancia en la organización. Cuando en junio de 2013 Edward Snowden huyó de Estados Unidos rumbo a Hong Kong con grandes cantidades de información secreta de organizaciones de inteligencia estadounidenses, Wikileaks fue quien le facilitó el contacto con el gobierno ruso y su traslado a Moscú.

EURASIA CONTRA OCCIDENTE
El último y definitivo elemento que definió la Guerra Fría fue la rivalidad ideológica. En principio, Occidente y Rusia comparten las formas democráticas y el sistema capitalista. Los millonarios rusos se encuentran cómodos en “Londongrado” y Putin esconde una inmensa fortuna vía testaferros que podría convertirlo en el hombre más rico de Europa. Pero el conflicto ideológico de Rusia con Occidente tiene otra dimensión.

190492_100360273307355_1265586_nEn el vacío ideológico provocado por el colapso de la Unión Soviética reapareció el Euroasianismo, una vieja corriente nacionalista surgida en el exilio que negaba el anclaje ruso en Occidente. Rusia sería entonces una entidad singular a caballo entre Occidente y Asia. Su figura más visible es Alexander Dugin. En su obra, rara de encontrar en español pero no en portugués, presenta el mundo como el gran escenario de una confrontación entre dos cosmovisiones. Por un lado, tenemos las democracias liberales occidentales con economías de mercado, donde el individuo es el sujeto de los derechos y libertades. Dugin considera que el Imperio Británico primero con su poder naval como gran sustentador primero y luego los Estados Unidos son los grandes representantes de esos valores, que asocia con la modernidad y la globalización, e identifica como potencias del mar (“talasocracia”). Por otro lado, tenemos los gobiernos autoritarios implantados en sociedades con valores tradicionales y colectivistas dentro de la gran masa continental euroasiática y que rechazan los valores occidentales y la globalización. Dugin considera que Rusia e Irán son los dos grandes representantes de eso valores y que él identifica como potencias de la tierra (“telurocracia”). Las conclusiones de Dugin son obvias. Rusia se tiene que enfrentar a Occidente, cerrándose a la globalización y aliándose con Irán.

Dugin propone una alianza de Rusia con fuerzas de izquierda que defiendan la “justicia social”, lo que justificaría la alianza con la Venezuela chavista, y con fuerzas de derecha que defiendan la “Tradición”. Las ideas de Dugin tienen resonancia en la Nouvelle Droite francesa y otras ultraderechas europeas que se renovaron renegado del nazismo. Todos comparten el sueño de una Europa que rompa lazos con Estados Unidos para formar un bloque desde “Dublin a Vladivostok”, en palabras del belga Jean-François Thiriart.

En España, el discurso antioccidental ruso ha tenido eco no sólo en la ultraderecha, Dugin fue invitado el año pasado a dar una charla en Madrid por el Movimiento Social Revolucionario, sino que encontramos a medios de izquierda en Internet reproduciendo el discurso ruso sobre los conflictos de Siria y Ucrania. La confusión ideológica es tal, que encontramos artículos de la Nouvelle Droite francesa en Tercera Información o que el diario “republicano y obrero” La República informa sobre el conflicto ucraniano reproduciendo el punto de vista de Moscú. Por no hablar de la páginas webs “antifascistas” españolas que ofrecen información para incorporarse a luchar en Ucrania con las milicias de Lugansk y Donetsk, nutridas de ultraderechistas rusos.

Es difícil, por tanto, encuadrar directamente el conflicto ideológico en el eje tradicional de izquierda-derecha si repasamos los aliados y amigos de Rusia: La teocracia revolucionaria de Irán, el socialismo árabe de Assad, el nacionalismo popular kirchnerista y el chavismo venezolano. Es más, el propio Dugin participó en los años 90 junto con otra figura peculiar del panorama ruso, Eduard Limonov, en la creación del Partido Nacional Bolchevique que proponía una síntesis del fascismo y el socialismo soviético.

26213A la confusión ideológica ha contribuido el gobierno de Putin, que ha puesto en marcha la trituradora histórica para rescatar símbolos, personajes y discursos del pasado ruso que incorporar a su discurso nacionalismo. Así, la región sudoriental de Ucrania es referida como “Nueva Rusia”, el mismo nombre que le dio el imperio zarista en el siglo XVIII. De aquella época data la Orden de San Jorge, una condecoración zarista reinventada por la URSS y reinstaurada por Putin en 2010 para convertirse de paso en un símbolo patriótico que emplean los milicianos secesionistas en Ucrania Oriental para identificarse. La reivindicación de las glorias zaristas y del stalinismo caben en el mismo discurso en Rusia. Pero el revisionismo histórico de Putin no es tanto nostalgia en Rusia por el pasado imperial soviético en Rusia, como la última manifestación de la continuidad histórica del imperialismo ruso que pasó de los zares a Stalin.

CONCLUSIONES PROVISIONALES
La cuestión que queda por debatir no es si la rivalidad con Rusia puede considerarse o no una Nueva Guerra Fría, sino cuándo será una realidad asumida  en Occidente. No se trata evidentemente de una repetición de la Guerra Fría anterior, sino que tiene elementos más difusos. Las fronteras están abiertas, el euroasianismo es sólo instrumental para la oligarquía rusa y el posicionamiento de terceros, como Argentina, es ambivalente. El conflicto de Ucrania ya ha refortalecido ciertos vínculos trasatlánticos, mientras que la OTAN parece que ha despertado del sueño de la Postguerra Fría. Posiblemente junto con la irrupción del Estado Islámico, habrá que ir despertando en Occidente del letargo de la sociedad postmaterial y postheroica.

Hablar de una Nueva Guerra Fría no supone que de pronto los conflictos armados protagonizados por actores no estatales en la era de la globalización y la sociedad de la información (las Guerras Posmodernas) pasen a segundo plano. La violencia seguirá en lugares como México y el Sahel. Seguiremos viendo terroristas, piratas, contratistas privados y ciberactivistas. Lo que cambiará serán los escenarios y las dimensiones de la Nueva Guerra Fría. Habrá que hablar de Stuxnet como un arma diseñada conjuntamente por Estados Unidos e Israel, de empresas militares privadas rusas y de los bulos que circulan por Internet que dejan malparados a Estados Unidos o Israel con un origen trazable hasta Moscú. Las guerras híbridas, proxy wars, InfoOps, ciberguerra, etc. son las Guerras Posmodernas de los estados nación en el siglo XXI.

Para seguir leyendo:
No soy el primero que habla de Nueva Guerra Fría. Lo hizo primero Mark MacKinnon en un libro de 2007. Edward Lucas lo hizo al año siguiente en un libro que tuvo en el pasado mes de julio una nueva edición. Ambos están en mis estanterías a la espera de ser leídos. Mientras, les recomiendo Mafia State del antiguo corresponsal de The Guardian en Moscú y Putin’s Wars: The Rise of Russia’s New Imperialism, un libro que tuvo la genial ocurrencia de llegar a las librerías mientras las tropas rusas invadían Crimea. Hice una reseña  de estos dos últimos en “Trípico ruso“.

En el origen del Estado Islámico

Hace once años el grupo que ahora conocemos por Estado Islámico se dio a conocer al mundo con un gran atentado en Bagdad. En la tarde del 19 de agosto de 2003 un camión bomba se empotró contra el Hotel Canal, lugar de la sede en Iraq de Naciones Unidas. En el atentado murieron 22 personas y 100 resultaron heridas. Entre los fallecidos se encontraba, el brasileño Sérgio Vieira de Mello, representante especial del secretario general de Naciones Unidas para Iraq, y el español Manuel Martín-Oar, capitán de navío de la Armada Española.

1467156-3x2-940x627El grupo fue fundado en torno a 2000 por el jordano Abu Musab Al Zarqawi, que tras, una juventud como delincuente y alcohólico, se pasó al islamismo radical. En los años 90 estuvo en los campamentos yihadistas de Afganistán y coincidió allí con Bin Laden. Creó o se incorporó a otros grupos antes de fundar “Yama’at al-Tawhid wal-Yihad”, que en la prensa española fue conocido por Monoteísmo y Yihad”.

A Al Zarqawi se le relaciona con el fallido “Complot del Milenio”, una cadena de atentados terroristas que iba a tener lugar coincidiendo con el fin de año de 1999. Uno de los objetivos era el hotel Radisson SAS de Amán, la capital de su Jordania natal. En el año 2002, el grupo de Al Zarqawi mató en Amán a Laurence Foley, un diplomático estadounidense. La justicia jordana juzgó a Al Zarqawi en rebeldía y lo sentenció a pena de muerte.

En marzo de 2003 los Estados Unidos invadieron a Iraq y Abu Musab Al Zarqawi se trasladó al país para luchar contra las fuerzas de ocupación. El 7 de agosto su grupo realizó su primer gran atentado. Un coche bomba fue plantado por fuera de la embajada jordana en Bagdad. Los muros de seguridad protegieron el interior de la sede diplomática, donde sólo se produjeron varios heridos leves. En el exterior, murieron 17 personas. Todas eran iraquíes.

El siguiente objetivo fue la sede de Naciones Unidas en Iraq. Al contrario que la embajada de Jordania o la Zona Verde, la sede de las fuerzas de ocupación estadounidenses, los funcionarios y trabajadores de Naciones Unidas no estaban atrincherados en unas instalaciones con grandes medidas de seguridad. Un segundo atentado el 22 de septiembre de 2003 llevó a Naciones Unidas a retirar su personal del país.

Al parecer, Al Zarqawi tenía ambiciones de lograr con su grupo la misma notoriedad que Bin Laden había alcanzado con Al Qaeda y los atentados del 11-S. Pero en octubre de 2004 se hizo público un comunicado donde Al Zarqawi juraba lealtad a Bin Laden. Tras su incorporación a la órbita de Al Qaeda, Monoteísmo y Yihad sufrió el primero de varios cambios de nombres. Pasó a llamarse Al Qaeda en la Tierra de los Dos Ríos, en referencia a los ríos Éufrates y Tigris. Para la prensa occidental la organización se convirtió simplemente en Al Qaeda en Iraq.

Al Zarqawi no olvidó sus intenciones de organizar un gran atentado en Ammán, la capital de su país de origen. En la noche del 9 de noviembre de 2005 tres terroristas suicidas hicieron detonar bombas en tres hoteles con clientela internacional, entre ellos el Radisson SAS. Murieron un total de 60 personas. Pero los terroristas fallaron en provocar una masacre de ciudadanos estadounidenses e isralíes. El atentado generó rechazo en la sociedad jordana y la tribu de Al Zarqawi lo repudió públicamente.

zarqawi_a01A pesar de la incorporación a Al Qaeda, la organización de Al Zarqawi mostró características propias que hoy es posible hallar en el Estado Islámico. Su objetivo no sólo era echar a las fuerzas de Estados Unidos de Iraq, sino reislamizar los territorios “liberados” y buscar la confrontación con los chiítas iraquíes. Para lo primero le hizo la vida imposible a los iraquíes sunníes que ellos no consideraban verdaderos creyentes, con matanzas de civiles y ataques a locales comerciales como bares y barberías. Para lo segundo, lanzó una campaña de atentados en lugares concurridos de los barrios chiitas de Bagdad.

El país entró en lo que fue prácticamente una guerra civil, con policías y soldados chiitas actuando por su cuenta como bandas paramilitares que realizaban asesinatos y secuestros de iraquíes sunníes. El punto de partida fue el atentado contra un santuario chiita en 2006, la mezquita de Al-Askari en Samarra, donde se venera a dos imanes. La mezquita volvería a ser atacada de nuevo en 2007.  Para el Estado Islámico la devoción a personalidades del Islam es politeísmo y darle carácter sagrado a monumentos religiosos es idolatría. Por eso en julio de 2014, destruyeron la Tumba de Jonás en Mosul.

Abu Musab Al Zarqawi se convirtió en el hombre más buscado en Iraq por Estados Unidos. Se ofreció una recompensa de diez millones de dólares. Tony Camerino, un interrogador de la fuerza aérea, fue escalando la red jerárquica y piramidal de Al Qaeda en Iraq hasta identificar a un mentor espiritual de Al Zarqawi. Como en el caso del interrogador que llevó a la captura de Saddam Hussein, Camerino no creía en la tortura como método de interrogación. Los dos usaron psicología, tretas y labia para obtener información. Ambos contaron su experiencias en sendos libros que reseñé conjuntamente aquí. Finalmente, la ubicación de Al Zarqawi fue descubierta y el 7 de junio de 2006 la casa donde se escondía al norte de la ciudad de Baquba fue bombardeada.

Aquel año, Al Qaeda en Iraq y otras organizaciones insurgentes sunnís encuadrados en una coalición conocida como el Consejo Consultivo de los Muyahidines de Iraq cambiaron el nombre a la organización para pasar a llamarse el Estado Islámico de Iraq. Su intención era reflejar que su luchar no era sólo por expulsar a los estadounidenses de Iraq sino también crear un gobierno islámico. A su frente se colocó Abu Omar al-Baghdadi. A la muerte de Al Zarqawi, el mando en Al Qaeda en Iraq lo asumió Abu Ayyub al-Masri.

Al Qaeda en Iraq estaba formada entonces principalmente por células yihadistas formadas por árabes que habían acudido a Iraq a luchar contra Estados Unidos. Su violencia contra sunníes poco practicantes y chiitas en general mereció una reprimenda por parte de Aymán al Zawahiri, el nº2 de Al Qaeda entonces. Pero sobre todo la brutalidad de su gobierno en las áreas “liberadas” y su disputa contra las estructuras tradicionales del poder tribal llevó a que líderes iraquíes sunníes establecieran una alianza con las fuerzas estadounidenses para expulsar a los miembros de Al Qaeda en Iraq. Antiguos insurgentes fueron armados y pagados por Estados Unidos para luchar contra los yihadistas bajo el nombre de “Hijos de Iraq”.

Una de las principales rutas de entrada a Iraq de los yihadistas árabes fue Siria, que fue empleada como retaguardia por Al Qaeda en Iraq. En octubre de 2008 fuerzas especiales de Estados Unidos lanzaron una operación en el interior de territorio sirio contra la red logística de Al Qaeda en Iraq. El gobierno sirio condenó el ataque “criminal y terrorista” a su soberanía pero luego se habló de que todo había sido una escenificación ya que el ataque habría contado con la complicidad siria.

En abril de 2010, Abu Omar al-Baghdadi y Abu Ayyub al-Masri murieron juntos en una operación militar estadounidense. La violencia había descendido en Iraq tras la aplicación por parte de las fuerzas estadounidenses de una nueva estrategia contrainsurgente. Los críticos lo atribuyeron al final de la violencia sectaria. Ya no quedaba nadie que matar del credo opuesto en los barrios de Bagdad que ahora eran homogéneos. Estados Unidos finalmente ser retiró de Iraq en diciembre de 2011. El mes anterior, el presidente Obama había anunciado en la cumbre de la APEC el “pivot to Asia” de su política exterior.

El Estado Islámico de Iraq se recuperaría de los golpes sufridos. El liderazgo recayó en Abu Bakr al-Baghdadi. Aprovechó la debilidad militar de Iraq tras la retirada de Estados Unidos y el caos surgido en Siria, donde dispuitó la hegemonía entre las fuerzas yihadistas a la franquicia local de Al Qaeda, el Frente Al Nusra. Cambió una vez más de nombre. De Estado Islámico de Iraq pasó a llamarse Estado Islámico de Iraq y el Levante (ISIS en inglés). Aymán Al Zawahiri, ahora líder de Al Qaeda, trató de mediar en el conflicto en 2013 sin éxito. Tras consolidar sus dominios en la Siria oriental y apoderarse de una buena parte del Iraq occidental, Abu Bakr al-Baghdadi se proclamó Califa con un último cambio de nombre a Estado Islámico (al-Dawla al-Islāmīya).

Mientras tanto, hay quienes van por ahí dejando comentarios en Facebook o Menéame sobre que el grupo fue creado y financiado por Estados Unidos para luchar contra el régimen de Assad. Sería curioso trazar las fuentes de tales “análisis”. Apostaría algo a que llegamos a Russia Today y Voltairenet.

Más en Sesión de Control:
“La sombra del Califato” (4 de julio de 2014)
“Así se hizo fuerte ISIS en Irak” (23 de junio de 2014)

Siria, tablero geopolítico regional

10341552_10152073862296689_2762793447197036193_nMi colaboración de esta semana para Sesión de Control se titula “Lo que está en juego en Siria”. En ella explico como la guerra civil que sufre el país se ha convertido en el terreno de juego de los poderes regionales. Mientras la atención occidental se ha centrado en los grupos yihadistas y sus voluntarios extranjeros, Irán ha intervenido decisivamente junto con Hezbolá y milicias chiitas iraquíes. Es la internacionalización extrema de un conflicto que ahora parece quedar olvidado.

¿El fin del acuerdo Sykes–Picot?

Estoy leyendo estos días A Line in the Sand: Britain, France and the Struggle That Shaped the Middle East de James Barr, autor de Setting the Desert on Fire: T.E. Lawrence and Britain’s Secret War in Arabia, 1916-18. El libro arranca con el acuerdo Sykes-Picot y la posterior pugna de Francia y Reino Unido por imponer sus intereses en Oriente Próximo no sólo durante la Primera Guerra Mundial sino en las décadas posteriores.

Íñigo Sáenz de Ugarte citaba no hace mucho un artículo de Patrick Cockburn en la Londo Review of Books titulado Is it the end of Sykes-Picot? . Si hacemos caso a Robert D. Kaplan, será difícil que las fronteras de Siria sobrevivan a la guerra civil y por lo tanto será efectivamente el fin de las fronteras trazadas por el acuerdo Sykes-Picot, el destino de Oriente Próximo trazado por caballeros europeos con una regla sobre un mapa. Jon Stewart y un über British John Oliver han hecho una parodia al respecto.

http://media.mtvnservices.com/mgid:cms:video:thedailyshow.com:428829