Jornada en Casa África

El pasado viernes 5 de junio hice un viaje relámpago a Gran Canaria para asistir como público a la jornada #ÁfricaEsNoticia: Conflictos en África. Presencia española y nuevos retos para la seguridad del continente que coorganizaban Casa África y el Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE). Hablé ya aquí del evento porque es un reflejo que a día de hoy está totalmente asumida la relevancia de África para España.

Intervención de general de brigada Ballesteros, director del IEEE.

Intervención de general de brigada Ballesteros, director del IEEE. A la izquierda, Arianne Fernández, secretaria general de Casa África.

Arrancó la mañana con el general de brigada Ballesteros, director del IEEE, que habló de Canarias desde un visto de vista geopolítico en una línea muy parecida a la charla que impartió aquí en Tenerife en 2013 y que en su momento me sorprendió favorablemente por emplear un punto de vista geoeconómico. Lejos de mensajes alarmistas ante la situación en África Occidental, según el general Ballesteros, la posición de Canarias proporciona más oportunidades que amenazas.

Los contenidos de aquella charla quedaron reflejados en un artículo publicado por el IEEE. En la segunda parte abordó las amenazas para España y el conjunto Magreb/Sahel. Cerró con una idea que evidentemente me hizo sonreír. Según el general Ballesteros, la “frontera de seguridad” de España ya no es el Magreb sino el Sahel. Es decir, la idea del Flanco Sur Profundo ha sido plenamente asumida.

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Joan Tusell, Ignacio Cembrero, el teniente coronel Jesús Díez Alcalde y Óscar Mateos.

A continuación tuvo lugar una mesa presentada por Joan Tusell, jefe de prensa de Casa África. Arrancó el profesor Óscar Mateos hablando sobre la naturaleza de los conflictos armados en África. Se refirió a la importancia de los actores no estatales, el carácter transnacional de los conflictos y cómo se insertan en la dinámica de la globalización. Es decir, habló de la esencia Guerras Posmodernas. Hizo, cómo no, una crítica al modelo de “paz liberal”, que es una constante de los africanistas españoles. Y terminó repasando las limitaciones de la Arquitectura de Paz y Seguridad Africana, base de las famosas “soluciones africanas para los problemas africanos”. Por el camino, habló de la emergencia en África tras la Primavera Árabe de una nueva generación de activistas políticos formados por jóvenes urbanos que identificó con los “nuevos movimientos sociales en red” de Manuel Castells. La suya fue una intervención muy densa en contenido y cada tema hubiera dado por una charla en sí misma. Es un autor al que seguirle la pista.

El siguiente en intervenir fue el periodista Ignacio Cembrero, que fue corresponsal del El País en Marruecos y luego trabajó para El Mundo. Es el autor de Vecinos Alejados, una de los pocas crónicas periodísticas de la realidad marroquí que conozco y que en su momento alcanzó notoriedad por desvelar el papel de Francia en la crisis del islote de Perejil. Con ese bagaje, su intervención se centró en el Magreb. Hizo un recorrido desde la fallida “primavera argelina” de 1992, que identifica como el origen de los actuales problemas de la región, al actual caos en Libia. Segun Ignacio Cembrero, a lo que estamos asistiendo es a una fase de inestabilidad en la región que durará décadas.

Por último, en esta mesa habló el teniente coronel Jesús Díez Alcalde, investigador del IEEE. Habló del papel de las fuerzas armadas españolas en África, aportando datos como que actualmente  más de la mitad de las misiones exteriores españoles se ubican en África y que España ha estado presente en todas las misiones europeas en África. Allí hay hoy más de 800 militares españoles, lo que convierte al país en el segundo contribuyente de misiones europeas de la actualidad. El teniente coronel Díez Alcalde remarcó que esta reciente vocación africanista no es temporal. “España está en África para quedarse”, dijo. Y que allí se juega la seguridad española.

Joan Tusell presenta a Pepe Naranjo y a Jesús Núñez Villaverde

Joan Tusell presenta a Pepe Naranjo y a Jesús Núñez Villaverde

La segunda mesa abordó la cuestión de Boko Haram en Nigeria. Habló primero el profesor Jesús Núñez Villaverde, que acaba de sacar libro sobre el tema: Boko Haram. El delirio del califato en África occidental. Presentó la idea de que la aparición del grupo es la respuesta a una serie de problemas estructurales del país (subdesarrollo, corrupción y desigualdad interregional, etc.) de los que se nutre el yihadismo en el noreste del país. Contó además cómo el grupo logró apoyos populares en su comienzo en la espiral de acción-reacción que la respuesta de violencia indiscriminada de las fuerzas de seguridad. El profesor Núñez no dejó a un lado la necesidad de medidas de fuerza contra Boko Haram, pero señaló que la solución definitiva no será militar.

La segunda intervención en la mesa fue la de Pepe Naranjo, periodista canario radicado en África Occidental que actualmente ejerce de corresponsal para El País. Vivió la Operación Serval en Mali y antes de eso fue un pionero en el periodismo canario cubriendo la llegada de inmigrantes a nuestras costas. La suya fue una mirada a ras de suelo, tras haber visitado el noreste de Nigeria. Encontró un enorme contraste entre el norte y el sur del país, donde se ubica la riqueza petrolífera. Y que la falta de servicios del Estado empuja a los residentes en las zona fronterizas del norte a buscar asistencia sanitaria en la vecina y paupérrima Níger. Describió los horrores sufridos por la población a manos de Boko Haram, tras haber recabado testimonios.

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Joan Tusell, Gemma Parellada y Lola Huete Machado

La última mesa del día fue dedicada al periodismo y la información sobre África. Arrancó con Gema Parellada, que esta vez nos contó su experiencia en la guerra civil de Costa de Marfil. El suyo fue un testimonio cargado de emoción tras haber vivido allí experiencias bastante intensas con muertes muy cercanas. Quizás para dejar buen sabor de boca, la siguiente y última intervención del día tuvo un registro totalmente diferente.

Lola Huete Machado habló de la presencia de África en los medios y los problemas que se encuetran los periodistas para colocar sus reportajes en redacciones donde sólo interesa África si hay algo tremebundo. Así nació “África no es un país” en El País, para mostrar esas noticias que no tienen cabida normalmente en las páginas del periódico. Contó el esfuerzo para incluir más voces africanas en el periodismo sobre África. Y también nos habló de “Planeta Futuro”, que se dedica, dentro de El País también, a hablar de derechos humanos, medio ambiente, desarrollo, etc. y todas las iniciativas innovadoras y emprendedoras en países no desarrollados que pasan desapercibidas para la prensa general.

El balance para mí fue positivo. Vi caras conocidas, se acercó un lector del blog, tuve tiempo de hablar con algunos de los ponentes y me lo pasé estupendamente. Recuerdo cuando me quejaba que en Casa África no se tratasen esos temas. Supongo que el Jesús Manuel que fui en 2005 alucinaría al escuchar al director del IEEE hablar del Flanco Sur Profundo con otras palabras. Diez años ha tardado desde aquellas dos entradas de blog (en marzo de 2005 y en noviembre de 2005) donde acuñé y expliqué el concepto respectivamente. Fue en 2007 cuando hablé del Sahel, palabra en boca de todo el mundo hoy, rematando con un “el que avisa no es traidor”. Y en 2009 llamé la atención acerca de cómo en un número monográfico de la revista Atenea sobre África no había una sola mención a la importancia de África Occidental para España, quedándose en AFRICOM y la presencia española en el Congo. Así que lo que en aquel entonces era locura, hoy es sentido común.


Lola Huete Machado ha hecho también una crónica de las jornadas: La seguridad de África es la nuestra”.

Observatorio de la Nueva Guerra Fría #5

En Semana Santa me tomé unas vacaciones blogueras y luego con tanto lío me dio pereza retomar el blog. Así que la última entrega del Observatorio de la Nueva Guerra Fría la publiqué el 30 de marzo. En este tiempo han pasado un montón de cosas y sería imposible ponerme al día en una sola entrega. Es más, esta entrega tenía que haber salido en el fin de semana del 30 y 31 de mayo. Durante este tiempo han pasado bastantes cosas interesantes Algunas las trataré en entradas del blog por separado

Me quedó pendiente reseña el primer libro que apareció sobre la Nueva Guerra Fría: The New Cold War. Revolutions, Rigged Elections, and Pipeline Politics in the Former Soviet Union de Mark MacKinnon, reportero canadiense que cubrió in situ la Revolución Naranja ucraniana. Fue publicado en 2007. El libro me parece la crónica definitiva de las Revoluciones de Colores que de pronto eché en falta cuando leí De la Ley Sinde a la #spanishrevolution de Arnau Fuentes.

Haré una reseña pronto, pero cabe destacar que el libro fecha el comienzo de la Nueva Guerra Fría en 2006. En mayo de ese año Dick Cheney participó en un encuentro en Vilna, la capital de Lituania. Su discurso crítico de Rusia fue tildado por la prensa rusa como equivalente al que dio Wiston Churchill en Fulton (Missouri) empleando por primera vez el término Telón de Acero. En el relato de los acontecimientos hecho por el libro tiene un papel relevante George Soros, que advirtió recientemente que el mundo está en “el umbral de una III Guerra Mundial”. Curiosamente al buscar la noticia no la encuentro más que en medios como InfoWars.com, ZeroHedge.com, la edición inglesa de Pravda y la edición inglesa de Sputnik. Por su parte, el pasado mes de abril se publicaba una entrevista a Noam Chosmky con el titular: “Noam Chomsky: We’re facing a new Cold War”. Lo interesante es que mientras en Occidente pocos hablan de la Nueva Guerra Fría y unos cuantos critican la “demonización de Putin” o “las tensiones con Rusia creadas artificialmente”, medios y autores rusos o críticos con Occidente asumen plenamente la naturaleza de las cosas.

Guerra en Ucrania.

En la mesa redonda sobre Ucrania organizada por Passim.eu anticipé que o bien Rusia aplicaría una política de hechos consumado para no devolver el territorio conquistado o bien Minsk II sólo era una “pausa estratégica”. La semana pasado volvieron los combates a Ucrania oriental. Durante los últimos meses se sucedieron las noticias de la llegada a la zona de convoyes rusos y material militar. La vuelta a la actualidad del conflicto ucraniano ha servido para conocer que desde el alto el fuego las fuerzas rusas han ocupado poco a poco nuevas localidades ucranianas en lo que podríamos llamar “estrategia del salami”.

Bellingcat, el grupo de analistas de Inteligencia de Fuentes Abiertas (OSINT) coordinado por Eliot Higgins, ha publicado un montón de artículos identificando material de guerra y soldados ruso en Ucrania oriental. Bellingcat se ha convertido en un referente sobre el tema, congregando alrededor suyo a expertos y voluntarios que se suman a sus esfuerzos. Véase como ejemplo, entre otros muchos, una investigación hecha en Rusia usando redes sociales sobre la historia de un soldado ruso “muerto por la Patria” y que desvela finalmente la historia de tres soldados rusos de una unidad Spetnaz, identificados con nombres y apellidos, que murieron en mayo de 2015 en Ucrania.

El Atlantic Council ha publicado un informe sobre la participación rusa en la guerra de Ucrania titulado “Hiding in Plain Sight: Putin’s War in Ukraine”.

Mar Báltico

El próximo 13 de junio dos bombarderos B-52 participarán en un ejercicio militar en las costas suecas donde se simularán un intento de desembarco por parte de una fuerza hostil.

Las tres repúblicas bálticas pedirán a la OTAN el despliegue permanente de tropas en su suelo como disuasión ante Rusia. Un deseo que ya expresó Polonia anteriormente.

El martes 28 de abril la armada finlandesa disparó cargas de profundidad contra un contacto submarino no identificado cerca de Helsinki.

Afinidades ideológicas en la Nueva Guerra Fría

Conté aquí cómo el viernes 29 de mayo el PCE dio difusión y estuvo representado por su ex-secretario general en un acto de apoyo a Bashar Al Assad. Mientras que el sábado 30 de mayo Izquierda Unida organizaba unas jornadas sobre la defensa nacional española con una perspectiva crítica del eje euro-atlántico. Ambos asuntos tienen evidente relación. El rechazo a la OTAN no es el resultado de una postura ética, por mucho que se aluda a la defensa de la soberanía nacional española. Es por un posicionamiento ideológico en el contexto de la Nueva Guerra Fría. Piensen en la hipocresía de quienes justifican la invasión rusa de Ucrania y protestan por la existencia de una fuerza de contingencia de los marines en Morón.

Si visitamos la página web de los organizadores del acto de apoyo a Assad, la Plataforma Global Contra las Guerras, encontramos (¡vaya sorpresa!) un artículo de opinión de Rostislav Ishchenko. Sostiene que lo que está en juego en Ucrania oriental no es la ambición imperialista de Putin sino “el futuro del planeta”.

El asunto anterior trajo en Twitter de cabeza a más de uno al que no le cabía en la cabeza que personas de izquierda apoyaran a un dictador como Bashar Al Assad. Pero como ya he explicado aquí varias veces en el terreno de la Nueva Guerra Fría hay que dejar de trazar perfiles ideológicos en función del eje izquierda-derecha para hacerlo en función del posicionamiento de amigo o enemigo de Occidente y la democracia liberal.

Aquí una manifestación de la ultraderecha en Francia hace pocos años. De izquierda a derecha: Draža Mihajlović, Aleksandr Lukashenko, Vladimir Putin, Bashar Al Assad y Hugo Chávez. Lo mejor de cada casa.

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Varias personas me llamaron la atención sobre la entrevista hecha al profesor Francisco Veiga en Jotdown. Veiga es conocido por sus libros de historia de los Balcanes y Turquía, además de ser el impulsor del grupo Eurasian Hub. Más de una vez le he visto decir bastantes tonterías al meterse en terrenos que no son los suyos. Véase las tonterías dichas sobre las fuerzas especiales francesas en Libia o el disparate de su relato sobre la Guerra del Líbano de 2006. Mantiene una visión del panorama internacional que raya lo conspiranoico junto con un línea opuesta siempre a Estados Unidos, la Unión Europea e Israel. En la entrevista niega que estemos en una Nueva Guerra Fría y sostienen que la crisis ucraniana está provocada por Estados Unidos para abrir una brecha entre la Unión Europea y Rusia. Un acercamiento que él considera ideal: “E imagínate si el acercamiento incluye a China. La UE se convertiría en un cohete, impulsado por materias primas baratas, un gigantesco mercado…” Como vemos una vez más, alguien que critica a Estados Unidos resulta ser otro simpatizante de una alianza con Rusia para crear la Europa de Lisboa a Vladivostok. Una propuesta ideológicamente nada neutra.

Propaganda rusa.

La agencia de noticias Sputnik publicó el 27 de mayo un artículo titulado “Estado Islámico: la criatura diabólica de turno de los globalizadores” que firma la periodista peruana Vicky Peláez. Es interesante el lenguaje. Los malos en esta Nueva Guerra Fría para el otro bando son los “globalizadores”. Pero más interesante es averiguar quién es Vicky Peláez. Detenida en Estados Unidos junto con su marido ruso por espiar para Rusia. Fue canjeada en un intercambio de espías.

The Telegraph entrevistó recientemente a una ciudadana rusa que trabajó en una “factoría de trolls”. No es la primera entrevista o artículo sobre el tema.

Paso a paso hacia las fuerzas desarmadas

CASA C-212 de Blackwater en Afganistán

El diario El País publicó hoy un artículo sobre la industria de defensa española. El artículo arranca con el reciente accidente de un avión de transporte A-400M en Sevilla durante un vuelo de prueba antes de su entrega a la fuerza aérea turca. El asunto es que España tenía una respetable empresa aeronáutica, CASA, que construía principalmente aviones de transporte tácticos. Sus aviones los usan fuerzas aéreas y fuerzas de seguridad de Estados Unidos a Corea del Sur. Y fueron empleados por Blackwater. Pero tras el fin de la Guerra Fría la industria de defensa y la industria aeronáutica vivieron una era de concentraciones empresariales. CASA corría el riesgo de quedarse sola siendo demasiado pequeña y terminó integrada en la rama militar del consorcio europeo Airbus. Conservó un tiempo su nombre como EADS-CASA para luego ser Airbus Military hasta finalmente diluirse en enero de 2014 dentro de Airbus Defence and Space.

Todo este tiempo he escuchado temores sobre que las intenciones de los directivos europeos era absorber el know-how tecnológico de CASA para tarde o temprano cerrar factorías en España. El baile de acusaciones sobre la responsabilidad del accidente irían en ese sentido. La factoría de CASA en Sevilla, donde han salido aviones fiables que vuelan en el Ártico o en los desiertos del África meridional, de pronto se habría convertido en el epítome de la chapuza española.

El dilema de perecer en solitario o ser fagocitado por un grupo empresarial dirigido desde Alemania o Francia se le plantea al resto de la industria de defensa española. No sólo se trata de tener músculo financiero para proyectos de I+D cada vez más complejos, sino de músculo diplomático para cerrar contratos. De ahí que las denostadas relaciones del rey Juan Carlos I con las monarquías árabes puede que hayan tenido que ver con que el CASA CN-235 esté en uso en las fuerzas aéreas de Jordania, Arabia Saudita, Omán y Emiratos Árabes Unidos.

Pero la cuestión que me llamó la atención del artículo es la mención de los problemas presupuestarios del Ministerio de Defensa. Creo que el español medio no tiene ni la más remota idea de los recortes brutales a los que han sido sometidas las Fuerzas Armadas en España. Sólo la Armada, ha perdido su único portaaviones, el 25% de los cazabombarderos Harrier y más de la mitad de submarinos. Si un día de estos la mierda golpeara el ventilador mejor no pensar lo que podría pasar.

En el artículo se menciona a Bernardo Navazo, «experto de la Fundación Alternativas, vinculada al PSOE», del que se dice «cree que las Fuerzas Armadas van camino de convertirse pronto en un “ejército bonsái”, con un enorme arsenal de tanques, helicópteros o fragatas inútiles». El centro de la crítica son los famosos “Programas Especiales de Armamento”. Se trata de programas estrellas del Ministerio de Defensa por caros y/o avanzados cuya financiación se ha tratado de mantener contra viento y marea, junto con triquiñuelas burocráticas para esconder las partidas.

Ejército de Tierra: Carro de combate Leopard 2E, 2ª fase del Vehículo de Combate de Infantería “Pizarro”, cañón de artillería remolcado de 155mm., misil anticarro “Spike”, helicóptero de ataque “Tigre” y helicóptero de transporte NH-90.

Ejército del Aire: Cazabombardero Eurofighter, avión de transporte estratégico Airbus A-400M, helicóptero NH-90, misil aire-aire IRIS-T y misil de crucero Taurus.

Armada: 1 fragata de la clase F100, el buque de proyección estratégica “Juan Carlos I”, buque de aprovisionamiento “Patiño”, 4 Buques de Acción Marítima y 4 submarinos de la clase S-80.

Unidad Militar de Emergencias: 4 helicópteros Cougar, 2 aviones CL-415 y red de comunicaciones.

Como ven, descontando los materiales de la UME, son todos sistemas de armas convencionales que confieren las capacidades mínimas que uno espera de unas fuerzas armadas. Es cierto que una auditoría de los programas de los helicópteros Tigre y NH-90 hubieran concluido en un país normal con varios fusilamientos. Así que da bastante risa leer una cita de Bernardo Navazo «Está instalada la retórica de que en su seno [del Ministerio de Defensa] la corrupción no existe». Debe ser que con sus estudios en Columbia y su doctorado en el King’s College lleva tiempo sin pisar España ni hablar con nadie que se mueva en este mundillo. Jamás he escuchado a alguien defender tal cosa. Navazo se queda en un diplomático «Defensa es la institución más opaca del país». Pero llegamos al meollo de la cuestión. Porque nuestro experto no ahonda en el funcionamiento del Ministerio como origen del despilfarro, sino señala la naturaleza de los 19 “Programas Especiales de Armamento”.

Como prueba del despilfarro pone como ejemplo compras de armas innecesarias, “como un carro de combate de 63 toneladas que no puedes transportar en un avión porque el límite de carga es de 44 toneladas. Tenemos unas 300 unidades de ese modelo que nos sirven… ¡para defendernos de un ataque de Portugal y Francia!”, ironiza.

Suponiendo que España contara con un avión de transporte capaz de trasladar un carro de combate Leopard 2E me encantaría saber cómo se las apañaría para aterrizar en el Helipuerto de Ceuta. Para eso existen los regimientos de caballería acorazada “Montesa” y “Alcántara” en Ceuta y Melilla respectivamente. Y para las ocasiones en que la cosa se pone fea, precisamente uno de los dichosos PEA es el buque L-61 “Juan Carlos I”.

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Leopard 2A4 embarcando en una lancha de desembarco LCM-1E

Sospecho que en el fondo ha arraigado la idea de que, dado que las fuerzas armadas se dedican a mantener el orden en República Centroafricana o luchar contra la piratería en el Océano Índico, todo lo que en época de recortes no sirva para ese tipo de misiones sobra. Fragatas, fuera. Carros de combate, fuera. Cazabombarderos, fuera. Pero la realidad es que han sido tan profundos los recortes, que lo que muchos entienden por excesos y despilfarro en cualquier país se consideraría capacidades mínimas. Alguno dirá que le extraña que yo, que escribo sobre Guerras Posmodernas, defiende programas de armamento pensados para guerras convencionales. Pero es que por este camino las fuerzas armadas españolas van camino de traspasar un umbral mínimo de capacidades, quedando muy mermada su capacidad disuasiva. Y una vez instalada la percepción de debilidad, puede pasar cualquier cosa.

Repensar las Guerras Posmodernas

Hubo una época en que este blog me servía de cuaderno de apuntes para ir construyendo el modelo de las Guerras Posmodernas. En el verano de 2009 entregué mi libro y en 2010 fue publicado. Hoy ya no está disponible en librerías y he perdido la cuenta de la gente que me ha preguntado dónde conseguirlo. Durante un tiempo pensé en que debería trabajar en una segunda versión bastante corregida y bastante ampliada. Hoy las partes en la que hablo de ciberguerra y empresas militares privadas me dan bastante vergüenza, por ejemplo. Necesita más que un lavado de cara.

Por el camino se cruzaron dos proyectos. Uno fue el de guerra en red, que en un principio iba a ser mi segundo libro y que vendría a complementar al primero. Pero según me acerqué a la realidad, fui encontrando pocas redes realmente distribuidas. Por ejemplo, el discurso de Jason Burke sobre Al Qaeda resultó ser minoritario. La verdad es que la auténtica naturaleza del grupo no se sabrá a ciencia cierta hasta que los archivos relevantes incautados en Abottabad estén desclasificados. Pero todo apunto en que Al Qaeda había mucha más jerarquía y burocracia de la que creemos. El asunto de la guerra en red requirió volver a darle un par de vueltas y a eso me dediqué una temporada.

Además, en “Swarming en la selva” (8 marzo 2015) hice una reseña de un libro sobre la campaña birmana durante la Segunda Guerra Mundial. De paso habría que recordar “Swarming en el desierto” (3 enero 2011).

Sobre la guerra en red me queda escribir lo que he sacado en claro de Jean Baudrillard y Félix Guattari en Mil Mesetas por un lado y por otro lado de Antonio Negri y Michael Hardt en Multitud. Hay mucho de farfolla en la obra de los primeros, algo que ya sabíamos desde Imposturas Intelectuales. Mientras que los segundos sorprendentemente tienen unas cuantas cosas que aportar a la perspectiva de las Guerras Posmodernas. Por último tendré que hacer un comentario sobre el artículo “Los ejércitos como redes. El dilema entre jerarquía y descentralización” que un lector me ha señalado apareció en el número de mayo de 2015 de la revista Ejército. Como ven, el asunto está ahí fuera.

El segundo proyecto que me planteé fue sobre la Nueva Guerra Fría y me atasqué con el conflicto de Ucrania, que esta semana parece que eleva su temperatura. La cuestión es que hay ahora mismo está surgiendo tal avalancha de información sobre el aparato de propaganda y la implicación rusas que el esquema de trabajo pide a gritos una reorganización. Creo que ahora mismo la parte geopolítica del asunto es menos relevante que la ideológica y propagandística.

La guerra en Ucrania es una cuestión después de la cual no es posible seguir hablando de Guerras Posmodernas de la misma manera. En el libro quise insistir en la idea principal del fin del Estado como actor fundamental en los conflictos actuales aunque tuviera en cuenta la perspectiva de crecientes rivalidades en Asia Pacífico dentro de la lógica de las “guerras modernas”. Incluso me impuse la condición no mencionar ni una sola vez el 11-S para no tentar al lector de simplificar las Guerras Posmodernas y quedarse con la retórica de la Global War On Terror.

La invasión rusa de Ucrania nos lleva a plantear las formas no tradicionales en la que los Estados participan en conflictos armados. El empleo de tropas sin identificar, milicias, contratistas etc. ha puesto de moda el término Guerras Híbridas, que en la década pasada planteó Frank G. Hoffman e introdujo en España el desaparecido Jorge Aspizua. No es el único término empleado para describir las acciones encubiertas rusas. John R. Schindler propone el término “guerra especial” y sus ideas nos llevan a repasar lo planteado por Robert D. Kaplan en 1998 en “Special Intelligence”. Oportunamente el año pasado el general Valery Gerasimov puso en circulación el término “guerra no lineal”. Y el abuso hecho en Venezuela con términos y conceptos referidos a nuevas formas de conflicto no debería hacernos olvidar que sí hubo un intento serio de reconsiderar el concepto de Guerras de Cuarta Generación (4GW) para plantear dónde podría llevarnos el siguiente paso. Me refiero al libro The Handbook of Fifth-Generation Warfare (5GW) editado por Daniel H. Abbott (tdxap) y en el que entre otros participaron Mark Safranski (Zenpundit) y David Axe (War is Boring)

Es decir, tenemos debate y reflexión para rato. Porque aunque la atención se haya puesto en Rusia, tenemos que pensar que Estados Unidos lleva tiempo empleando la triada drones/ciberguerra/fuerzas especiales en guerras no declaradas contra Irán y en las zonas tribales de Pakistán. En estos caso la tentación es despreciar cualquier intento de implantar un neologismo por considerarlo una forma de esnobismo intelectual o bien caer en el adanismo de creer que cada uno de estos fenómenos por separado es absolutamente novedosos. En cualquier caso habrá que acotar términos, ver qué aportan y estudiar qué nuevas formas tienen los Estados de recurrir a la violencia o implicarse en conflictos.

Tontos útiles al servicio de dictadores

El pasado sábado 30 de mayo tuvo lugar en Madrid las jornadas “Repensar la defensa”, organizadas por Izquierda Unida y su grupo en el Parlamento Europeo. No pudo asistir pero en el vídeo promocional queda claro que el punto de partida del debate es que la defensa nacional española está sometida a los intereses de Estados Unidos y las multinacionales de la industria militar. Tesis muy parecidas a las planteadas por Juan Torres López en “¿Para qué sirve el Ejército español?” y que critiqué aquí en “El virus populista”. Fue una lástima no poder haber estado allí, porque la alternativa lógica sería plantear una neutralidad a la Suiza con una potente industria militar nacional. Quizás encuentre una reseñe o un vídeo del acto.

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Hoy me encontré con esta otra convocatoria. Era del día 29 de mayo, un día antes de las jornadas sobre la defensa nacional española. “Acto en solidaridad con el pueblo sirio y su gobierno” organizado por la Plataforma Global Contra las Guerras y en el que participaba un ex secretario General del Partido Comunista de España y una profesora de la Universidad Complutense. Véase aquí el anuncio en la página web de la agrupación madrileña del PCE.

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No creo que sorprenda a los que hayan seguido mi disección ideológica de la Nueva Guerra Fría, pero queda claro a estas alturas que las críticas con cierta retórica a Estados Unidos es una declaración de simpatía hacia dictadores de cierta calaña.

Y hay un detalle vergonzante en ese cartel. La ilustración está basada en una foto de la Primavera Árabe en Egipto. Una imagen tan icónica que la guardé en mi disco duro y la reconocí al instante. No hace falta recordar que la guerra civil siria arrancó cuando el régimen reprimió duramente a la gente que salió a la calle a manifestarse.

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Manifestación de apoyo a Bashar Al Assad y jornada de debate sobre la defensa nacional española con una perspectiva crítica de la pertenencia de España a la OTAN. Podrían parecer dos actos separados de temáticas diferentes. Pero en tiempos de la Nueva Guerra Fría forman parte de la misma agenda.

 

¿Hay un “estilo africano” de hacer la guerra?

Jack Murphy es un veterano de guerra que sirvió en los Rangers y las fuezas especiales de Estados Unidos. Tras su servicio se diplomó en Ciencia Política en Columbia, ha escrito varias novelas y actualmente es editor jefe de SOFREP.com. Después de que saltara la noticia de que había contratistas sudafricanos en Nigeria, Jack logró una exclusiva mundial entrevistando para SOFREP.com. al director de la empresa, el mismísmo Eeben Barlow.

Conservo en mi biblioteca el número 10 de la revista Soldiers, publicado en de julio de 1996, donde apareció un artículo de Jim Hooper sobre la presencia en Sierra Leona de la primera empresa que fundó Eeben Barlow, Executive Outcomes. En enero de 1999 me volvería a encontrar con un artículo de la revista Soldier of Fortune con las actividades de esa empresa pero esta vez en Angola.

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Miembros de Executive Outcomes

El asunto me impactó tanto que, diez años después de haber conocido el tema por primera vez, cuando presenté mi primera comunicación en un congreso académico lo hice sobre el papel de Executive Outcomes en la guerra civil de Sierra Leona. El texto, por cierto, terminó apareciendo como capítulo en el libro Los desafíos de las Fuerzas Armadas en el Siglo XXI coordinador por Carlos de Cueto.

Más tarde encontré el libro War Dog. Fighting Other People’s War. The Modern Mercenary in Combat de A. J. Venter, el autor del artículo que descubrí en Soldier of Fortune. Resultó que es una referencia mundial en torno a las guerras del África Meridional del último medio siglo. Aquel artículo abrió una pequeña ventana a un mundo que había dejado de ser secreto. Leí por último las memorias escritas por Eeben Barlow, Against all Odds, donde aportaba su punto de vista sobre el origen y trayectoria de la empresa. Pronto la colección Africa@War sacará un monográfico sobre Executive Outcomes. El tema ya forma parte de los libros de historia.

Columna de vehículos REVA de la 72 Mobile Strike Force nigeriana en operaciones contra Boko Haram

Columna de vehículos REVA de la 72 Mobile Strike Force nigeriana en operaciones contra Boko Haram

Barlow tiene un blog donde cuenta su visión de la conducción de la guerra y en un meses saldrá su libro Composite Warfare: The Conduct of Successful Ground Forces Operations in Africa. La entrevista que le hizo Jack Murphy apareció en varias partes. Barlow contó que trabajaba ahora para STTEP International y que había sido contratado para organizar una unidad con la intención específica de combatir a Boko Haram. Barlow no la nombra pero se supone que es la 72 Mobile Strike Force.

En la tercera parte de la entrevista se aborda las tácticas empleadas contra Boko Haram. Barlow habla de “persecución incansable”.  Ahí se me encendió la bombilla. ¿Persecución de los insurgentes en vehículos a pruebas de mina, combinadas con operaciones helitransportadas y empleando rastreadores? Estábamos sin duda ante la enésima evolución de las tácticas contra insurgencia aplicadas por Sudáfrica en la antigua África del Sudoeste (la actual Namibia).

Fui a la estantería y rescaté el primer tomo de la enciclopedia Comando y el fascículo nº47 “Guerra en el chaparral” de la enciclopedia Armas de Guerra, obras editoriales de finales de los ochenta y principios de los noventa. Y ahí leí de nuevo sobre las operaciones aerotransportadas “Fire Force” antes de saltar a Internet para buscar sobre la Rhodesian Light Infantry, los Selous Scouts, las pseudo operaciones, etc.

Soldados rodesianos antes de embarcar en un Dakota

Soldados rodesianos antes de embarcar en un Dakota

Así quedaba enlazada la cadena histórica. Rodesia fue el crisol donde se aplicaron las experiencias de Malasia, Kenia y Angola para crear algo nuevo. Ese conocimiento pasó a Sudáfrica y fue aplicada entonces en la actual Namibia. Tras el fin de la Guerra Fría, el personal sudafricano terminó en guerras como la de Sierra Leona y ahora en Nigeria.

Tras un tiempo de lecturas, de pronto, la semana pasada me entró el furor de escribí y en tres noches elaboré un artículo: “El legado africano de la contra insurgencia rodesiana”. Lo mandé esta madrugada a la revista Ejército, que este mes sacará (si no pasa nada) un artículo mío sobre la Operación Serval.

El asunto podía haber quedado aquí cuando José Alcántara me preguntó si se trataba del  primer capítulo de un libro. Bastantes proyectos de libro tengo aparcados a la espera de ser reorganizados como para complicarme más la vida. Pero una serie de artículos, ¿por qué no? Tras comentarme un colega en privado que las “columnas volantes” sudafricanas en Namibia habían sido estudiadas en un trabajo de investigación de los marines indagué un poco y empecé a buscar referencias. Al fin y al cabo hablar de los raids de las columnas de vehículos Ratel, Buffel, Casspir y Wolf Turbo tiene sentido considerando el viejo debate de las brigadas medias.

Ratel 90 en primer plano con varios Ratel 20 detrás

Ratel 90 en primer plano y Ratel 20 a la derecha

Así que tras escribir sobre la Operación Serval y la contra insurgencia en Rodesia, creo que merecería la pena escribir sobre la contrainsurgencia sudafricana en la actual Namibia durante los años 70 y 80. Mientras en inglés hay montañas de libros y decenas de páginas webs de asociaciones de veteranos, en español apenas se ha escrito sobre las guerras del África meridional. A excepción, claro del punto de vista cubano de la guerra de Angola. Pero allí hubo batallas bastante convencionales y quedan fuera de mi perspectiva.

¿Y que decir de otras guerras típicamente africanas, las “Toyota Wars” en Chad y Sudán? Abordé el asunto en “Swarming en el desierto”. Con el Sahel de moda, creo que el asunto también merecería un artículo. Así que tenemos dos casos de contra insurgencia en las sabanas del África meridional (en las actuales Zimbabue y Namibia) y dos modelos de operaciones móviles en el desierto (las “Toyota Wars” y la Operación Serval). No sé si encontraré tiempo y bibliografía suficiente para abordar los dos artículos que faltan. Ni siquiera sé si a la revista Ejército le interesará mi artículo hablando de la contra insurgencia rodesiana. Pero ha sido divertido tirar del hilo a partir de una entrevista hasta escribir un artículo. Y quien sabe. A lo mejor algún día encuentro a alguien interesado en publicar un libro sobre las guerras africanas.

El delirante pensamiento militar contemporáneo venezolano

El 1 de julio de 2004 el entonces comandante en jefe del Ejército venezolano, el general Raúl Baduel, en un discurso con motivo del 183º aniversario de la Batalla de Carabobo, llamó a “interpretar las nuevas estrategias y tecnologías de la posguerra fría y las amenazas que se ciernen sobre nuestro país”, señalando esas amenazas en cuatro tipos:

a) una Guerra de Cuarta Generación, para desestabilizar al país, como paso previo a operaciones destinadas a destruir el Estado Nación

b) un golpe de Estado con acciones promovidas por organizaciones transnacionales

c) un conflicto regional, como extensión del conflicto de países vecinos bajo pretexto de contrarrestar a factores generadores de violencia”

d) una intervención militar “al estilo de las coaliciones que han intervenido en otras partes del mundo bajo el mandato de la OEA o de la ONU.

Para enfrentar a esas amenazas consieró necesario “romper el paradigma de lo estrictamente convencional de la guerra, porque el nuestro obedece a doctrinas foráneas adaptadas a lo que derivó de la Segunda Guerra Mundial”.

Posteriormente, Hugo Chávez en su alocución a las fuerzas armadas venezolanas con motivo de la Navidad de 2005 aludió a la necesidad de un “nuevo pensamiento militar venezolano que debe partir de nuestras raíces”.

La discreta elegancia de la era chavista en el ejército venezolano

La discreta elegancia de la era chavista en el ejército venezolano

El contexto de fondo era la idea de que Venezuela, con la invasión de Iraq reciente, se iba a enfrentar tarde o temprano a una invasión por su desafío al status quo en la región. Recordemos que en aquel entonces hasta el presidente Lula dijo que la ruptura de las reglas internacionales por parte de Estados Unidos le llevaba a considerar el desarrollo de armas nucleares.

El profesor Jorge Verstrynge, tras la publicación de su libro La guerra periférica y el Islam revolucionario. Orígenes, reglas y ética de la guerra asimétrica (El Viejo Topo, 2005) fue invitado a Venezuela a impartir seminarios. El libro tuvo una edición venezolana. Pero pronto quedó claro que Estados Unidos estaba demasiado ocupado con el Gran Oriente Medio y que el discurso venezolano de la amenaza exterior no dejaba de ser la agitación de un fantasma de cara a la política interna.

El 26 de septiembre de 2005 fue publicada en la Gaceta Oficial la “Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional” (LOFAN). En el artículo noveno, “Composición de la Fuerza”, se nombran los elementos que forman la Fuerza Armada Nacional y aparecen mencionadas como novedad la Reserva Nacional y la Guardia Territorial. Ambas no aparecían en el artículo 328 de la Constitución de 1999, donde sólo se mencionaban como integrantes de la Fuerza Armada Nacional a “la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional”. La novedad tenía un sentido claro. Entre las funciones de la “Reserva Nacional” se mencionaba la cooperación para el mantenimiento del orden interno” y entre las funciones de la Guardia Territorial y “la preparación y mantenimiento del pueblo organizado para operaciones de resistencia local, ante cualquier agresión interna y/o externa”. Evidentemente, la amenaza externa había sido usada para crear una fuerza militar paralela a las fuerzas armadas regulares, con un marcado carácter ideológico que sirviera para tareas de orden interno.

Milicianos venezolanos con fusiles Mosin Nagant de la Segunda Guerra Mundial

Milicianos venezolanos con fusiles Mosin Nagant de la Segunda Guerra Mundial.

Curiosamente, a pesar de la llamada al desarrollo de un pensamiento militar propio, el discurso en Venezuela hacía referencia siempre a ideas estadounidenses. Fuera por un lado las Guerras de Cuarta Generación de William S. Lind o el swarming de John Arquilla y David Ronfeldt. Pero mi impresión, leyendo y escuchando a autores o personalidades venezolanas, es que allí nunca nadie se molestó en leer a estos autores. Parecería todo el momento en que hablaban de oídas.

El desarrollo de un pensamiento militar venezolano me pareció un asunto interesante del que acumulé notas y bibliografía pero dejé aparcado. Estos días volvió a llamar mi atención escuchando el “Reporte Semanal con el profesor Briceño”. Reproducía imágenes de televisión donde Ángel Riera Navarro (que se define en Twitter como “Médico Psiquiatra Chavista, Patriota, y Bolivariano. Humanista y Existencialista”) llamaba la atención sobre los memes que circulan en Internet. Según él constituyen parte de una “guerra memética de Sexta Generación”. Los memes sobre Maduro son un arma contra la Revolución Bolivariana, nada menos. Y mientras Lind tenía dudas sobre los autores que hablaban de Guerras de 5ª Generación, sin haber entendido pasan directamente a la 6ª Generación. Es tan ridículo que merece la pena retomar la idea de escribir sobre ello.

Con Hitler contra Stalin

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El general Vlasov dirigiéndose a soldados del Ejército Ruso de Liberación

He leído tres libros del prolífico historiador Carlos Caballero Jurado sobre varios de los contingentes de voluntarios que lucharon en el bando alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Dos de ellos son librillos porque se trata de ediciones en español hechas por RBA de libros de la editorial británica Osprey con apenas 48 páginas. El asunto me interesa por una cuestión muy concreta. La “memoria histórica” sobre esos contingentes es un campo de batalla y un arma arrojadiza en la Nueva Guerra Fría entre Rusia varios países ex-soviéticos.

rusos-contra-stalinEl primero de los tres, es el libro más extenso e interesante: Rusos contra Stalin. Una historia del Ejército Ruso de Liberación de la editorial Galland Books (88 páginas 2010). El libro cuenta la historia de los rusos que decidieron unirse a las filas alemanas en el Frente del Este frente a la Unión Soviética. El título hace referencia al Ejército Ruso de Liberación (POA en sus siglas en cirílico) del general Vlasov, pero en el libro recoge la participación en el bando alemán de rusos en diferentes circunstancias y momentos. Eso va desde la organización ROVS de “rusos blancos” exiliados tras la Guerra Civil Rusa a civiles armados que organizaron partidas antipartisanas, pasando por los rusos que realizaron tareas auxiliares en unidades alemanas que los incorporaron a espaldas de Berlín. Y es que el libro cumple un papel desmitificador de la Alemania nazi. Donde alguno imagina una implacable máquina militar organizada según criterios de máxima eficacia burocrática alemana se encuentra que el régimen nazi fue una suma de feudos de poder dirigidos por un poder irracional y fanático.

Carlos Caballero no deja de preguntarse que hubiera pasado si la Alemania nazi en vez de despreciar el ofrecimiento de rusos exiliados y prisioneros de luchar contra el régimen de Stalin hubiera organizado fuerzas rusas desde el primer día con la promesa de respetar una Rusia liberada. Pero evidentemente eso iba en contra de los designios de Hitler de convertir a Rusia en una colonia alemana y de su desprecio de los pueblos eslavos. Cuando el ejército alemán estaba en retirada cambió el criterio y se decidió finalmente organizar unidades rusas, pero una vez encuadradas e instruidas se decidió mantenerlas lejos del Frente Oriental y dispersarlas. Algunas terminaron en tareas antipartisanas en Yugoslavia y otras en el Muro del Atlántico. Algunas llegaron a combatir de forma destacada contra el ejército soviético y la esperanza de algunos de sus líderes de mantenerse cohesionados para ser útiles a los Aliados en una inminente guerra contra la URSS se vio evidentemente defraudada. Es más, los ciudadanos soviéticos en las filas alemanas hechos prisioneros por las tropas aliadas fueron entregados tras la guerra para terminar ejecutados o enterrados en vida en el Gulag.

Una historia personal recorre el libro como hilo conductor, la peripecia vital de Grigori vom Lamsdorf, al que Carlos Caballero Jurado conoció personalmente. Exiliado en París, combatió en la Guerra Civil española con otros voluntarios rusos del ROVS. De vuelta en Francia, fue llamado a filas y llegó a ser condecorado por el ejército francés. Tras la rendición francesa y la desmovilización, comenzó su aventura a partir de la invasión alemana de la Unión Soviética. Participó en distintas iniciativas de encuadrar rusos para combatir en el Frente Oriental hasta el final de la guerra. Finalmente consiguió huir hasta España y aquí se estableció.

imagesLa Legión Valona y otras unidades alemanas de voluntarios es la traducción al español de Foreign Volunters of the Wehrmacht 1941-45. El libro trata de las unidades extranjeras en el ejército regular alemán de la Alemania nazi (Wehrmacht), con lo que quedan fuera las unidades de voluntarios extranjeros en las Waffen SS. En sus 48 página el cuadernillo, más que libro, trata someramente los voluntarios de la Valonia belga, Francia, Holanda, Italia, Croacia, repúblicas bálticas, el Magreb, los distintos territorios de la Unión Soviética, India y países árabes de Oriente Medio que lucharon en las filas del ejército alemán. El tratamiento es por tanto somero, centrándose en la uniformidad de cada unidad y su organización.  Aunque la obra me atrajo por mencionar a las unidades ucranianas, que en el actual contexto me parecen de especial relevancia. Se trata de una obra publicada en el Reino Unido en 1983 donde se menciona la “macabra reputación” alcanzada por una unidad rusa que también aparece en el libro anterior. Cabe preguntarse por esa omisión.

Los-aliados-alem-paises-balticos

El último de los tres libros, Los aliados alemanes de los países bálticos, también es una traducción al español de una obra de Osprey y tiene como coautor a Nigel Thomas. Aquí se hace un recorrido por las unidades voluntarias o no encuadradas por los alemanas en Lituania, Letonia y Estonia. Al contrario de los dos libros anteriores aquí nos encontramos con el caso de movilizaciones forzosas que colocan a sus protagonistas en una categoría a parte a aquellos que por cuestiones ideológicas y nacionalistas se presentaron voluntarios a luchar. Con sus 48 páginas me lo leí como un registro notarial donde se da cuenta del nombre, uniforme y organización de las distintas unidades que en Lituania, Letonia y Estonia se organizaron para combatir en el bando alemán. El asunto más interesante del libro y que tiene que ver con mi motivación para leerlo es la reflexión final de los autores sobre la “Segunda Ocupación Soviética”. Recordemos que la Unión Soviética se anexó las tres repúblicas bálticas por la fuerza en 1940 tras hacer un reparto de esferas de influencia con la Alemania en el infame tratado Ribbentrop-Molotov.

Los autores plantean que una prueba de la verdadera motivación de los voluntarios bálticos contra la URSS queda reflejada en que siguieran combatiendo tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Un asunto que trata Edward Lucas en Deception, porque el MI6 británico trató de infiltrar agentes en esas repúblicas con escaso éxito tras la Segunda Guerra Mundial. Carlos Caballero habla de la motivación ideológica en una entrevista:

En realidad dudo mucho que ninguno –salvo quizás una cifra anecdótica- fueran radicales nazis. Eran anticomunistas en su inmensa mayoría (si excluimos a los extraeuropeos) y donde más reclutaron fue en zonas de Europa como los Países Bálticos o Galitzia –la Ucrania occidental- que habían sufrido una invasión comunista soviética. Otros lo hacían movidos también por el afán de que sus países consiguieran la independencia. En no pocos casos ambos motivos se combinaban.

La polémica evidentemente está servida porque en la fórmula de “lucharon con Hitler contra Stalin” cada cual se ha quedado con la mitad que le interesa resaltar. En las repúblicas bálticas y Ucrania se conmemora a quienes tomaron las armas para enfrentarse a la Unión Soviética, más allá de que para ello se convirtieran en aliados de la Alemania nazi. Ante lo cual en Rusia  se condena esos gestos como filonazis. Véase el caso de Harald Nugiseks, veterano de las Waffen SS que recibió la Cruz de Caballero y falleció en 2014. Fue enterrado con honores militares.

Harald Nugiseks con uniforme estonio y la Cruz de Caballero al cuello

Harald Nugiseks con uniforme estonio y la Cruz de Caballero al cuello

En 2007 el gobierno estonio aprobó una ley sobre enterramientos militares con el propósito de retirar de Tallinn el monumento al “soldado soviético liberador”. La anexión de Estonia en 1940 fue acompañada por una campaña de represión que diezmó las élites del país. Para la Estonia actual la entrada de tropas soviéticas en Tallinn en 1944 no fue una liberación, sino otra fase histórica de tiranía impuesta que duró hasta 1991. La retirada del monumento se vio acompañada de disturbios en las calles de Tallinn y por una campaña de ciberataques.

Hablaba de “memoria histórica” para denotar el proceso de construcción social del pasado colectivo y reescritura de la historia. El concepto “fascismo” se ha convertido en Rusia en un término cajón de sastre con el que atacar a los enemigos del nacionalismo ruso, cuyas filas están llenas de fascistas y neonazis. La confusión ideológica en la Nueva Guerra Fría es total. En las filas separatistas prorrusas en Ucrania Oriental encontramos a voluntarios del ROVS, la organización creada por rusos blancos en el exilio que envió voluntarios a España a combatir y se unieron a las filas requetés por afinidad ideológica. Al fin y al cabo, unos tenían por lema “Dios, Zar y Patria” y los otros “Dios Patria y Rey”. Fueron homenajeados por la Fundación Francisco Franco no hace mucho. Y mientras, un puñado de españoles fueron a unirse a las filas prorrusas en Ucrania enarbolando la bandera de la II República.

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Guerras Posmodernas en África

10 Feb 1997 --- THE SITUATION IN ZAIRE --- Image by © GROSSMAN ROBERT/CORBIS SYGMA

Mercenario serbio al servicio del régimen de Mobutu en el Zaire Foto: GROSSMAN ROBERT/CORBIS SYGMA

Llevo una temporada intensa de lecturas de los más variopintas y temo convertir el blog en un monográfico de reseñas. Ahora toca África. Estoy con Boko Haram y hace poco leí dos libros de Tom Cooper sobre la Primera y Segunda Guerra del Congo, ambos de la colección Africa@War que coeditan Helion & Company30º South Publishers. Antes había leído de esa misma colección Congo Unravelled: Military Operations from Independence to the Mercenary Revolt 1960–68. Y por el camino se fue abriendo paso una idea. Es siempre tentador caer en el adanismo de pensar que África vive una nueva era de conflictos armados desde el fin de la Guerra Fría, altamente internacionalizados y caracterizados por el papel de entidades supraestatales y actores no estatales. Pero si uno se para a pensar encontrará que, por ejemplo, ya en los años 60 intervinieron en el Congo Belga los cascos azules de la ONU y los mercenarios europeos de “Mad Mike” Hoare. Durante la secesión de Biafra apareció el aristócrata sueco Carl Gustaf von Rosen, que organizó una “guerrilla aérea” con sus avionetas MiniCOIN. Y no hubo guerra más internacionalizada que la de Angola, con tropas cubanas y asesores soviéticos apoyando al bando gubernamental y tropas sudafricanas y dinero de la CIA apoyando a los rebeldes de UNITA.

Asesor soviético en Angola

Asesor soviético en Angola

Así que todo me llevó a preguntarme, ¿qué hay de nuevo en las “nuevas guerras” de África? Las respuestas que surgieron serán material para un texto en cuya fase de recopilación de bibliografía estoy trabajando y que se centrará en África Occidental, donde son batante significativos tres fenómenos que para mí marcan la diferencia: El yihadismo, las amenazas transnacionales y la cooperación regional. De paso caí en la cuenta que se cumplieron llevo diez años de que este blog tiene el dominio GuerrasPosmodernas y que después de que publicara el libro homónimo en 2010 he dedicado poco o ningún espacio a explicar qué entiendo yo por el concepto “Guerras Posmodernas.” Considerando que la Nueva Guerra Fría me obliga a reconsiderar el papel del Estado en los nuevos conflictos armados, espero que en los próximos meses este blog vuelva a su esencia inicial de mayor reflexión y menor espacio a tratar de contar la actualidad.

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Personal de Executive Outcomes en Sierra Leona. Foto Jim Hooper

Tanta lectura ha tenido sus frutos. He escrito en tres noches delante del ordenador un artículo sobre la contra insurgencia durante la guerra de Rodesia (1966-1980). Resulta que hace poco leí una entrevista a Eeben Barlow, fundador de la mítica Executive Outcomes. Dirige ahora una empresa que fue contratada por el gobierno de Nigeria para instruir una fuerza encargada de combatir a Boko Haram en el noreste del país. Barlow detallaba las tácticas empleadas y enseguida las conecté con las tácticas contra insurgencia de las fuerzas rodesianas y sudafricanas en las sabanas del África meridional. Al fin y al cabo existe un hilo histórico que arrancó en Rodesia, donde se sintetizaron lecciones de Malasia, Kenia y Angola, para luego pasar a Sudáfrica. El artículo lo mandaré a la revista Ejército tan pronto pula las erratas y corrija algunas cosas. Y creo que ya puedo anunciar que el número del próximo mes de junio de esa revista saldrá mi artículo: “Operación Serval: El estilo francés de hacer la guerra”. Es mi primera colaboración con esa publicación y espero que sea la primera de muchas.