Lecciones de la antigua Yugoslavia para España (y Cataluña)

Allá por los años noventa las guerras en la antigua Yugoslavia pusieron de moda el “nacionalismo” como tema. Se organizaban conferencias, congresos y charlas que trataban el nacionalismo como “amenaza” y “problema”. Hablar de nacionalismo en España ha sido siempre, claro está, hablar de los nacionalismos vasco y catalán. El nacionalismo español, como todo el mundo sabe, no existe. Es como el acento madrileño, que resulta evidente para todo el mundo menos para los madrileños.

Estaba estos días releyendo cierto capítulo de La Trampa Balcánica del inefable profesor Veiga y me topé con este párrafo:

Lo paradójico del caso es que los eslovenos se presentaron como yugoslavistas -en su defensa de los mineros albaneses se llegó a decir: “Yugoslavia se defiende en Trepča“- mientras que los serbios fueron retratados como los dinamiteros de la federación. Lo evidente era que a esas alturas, la postura de los eslovenos era claramente secesionista: alegaban que no deseaban continuar en una hipotética Serbioeslavia controlada por Milošević.

Hablé de esa misma idea hace ya muchos años en una entrada similar a esta, en mayo de 2005. Volví a insistir el año pasado. La narrativa del nacionalismo español sobre cómo Yugoslavia saltó por los aires es incomplenta y engañosa. No se trató sólo de las aspiraciones eslovenas, atraídas por los cantos de sirena de la Unión Europea, sino de cómo el nacionalismo serbio hizo inviable una Yugoslavia plural. A ello contribuyeron no sólo los líderes serbios, sino el ambiente creado por medios de comunicación e intelectuales. En términos españoles, el secesionismo esloveno fue alimentado por los federicosjimenezlosantos, alfonsomerlos e intereconomías de Serbia que actuaron de bomberos pirómanos. Y en España, desgraciadamente, no faltan de esos, que sueñan con los Leopard avanzando por la Diagonal.

Ya sabemos cómo terminó la historia en Yugoslavia. Pero tiene un colorario interesante. Hoy Eslovenia está en crisis, como España. Carlos González Villa hace balance en uno y dos artículos publicados por Eurasian Hub:

Aunque Eslovenia ocupaba una posición central en la estructura económica yugoslava y siguió actuando como uno de los principales actores económicos en la región tras la disolución del país, su posición en relación a la economía europea era la de periferia sujeta a los términos comerciales de los países más poderosos.

En la misma línea se expresa Jože Mencinger en una cita que recoge en la segunda parte:

En Yugoslavia éramos relativamente fuertes, pero no en Europa. Económicamente, está claro que perdimos todos los atributos que hacen de un país una entidad económica: no tenemos dinero, casi no tenemos política fiscal, no tenemos nuestro propio sistema económico y tampoco tenemos fronteras.

Aquí en España se debate y contradebate sobre si una Cataluña independiente quedaría dentro o fuera de la Unión Europea en función de no sé qué artículo o acuerdo. Tonterías. Lo que importará será lo que diga Berlín y París. Y tengo la sospecha de que a Alemania le resultará más fácil imponer sus intereses en una Unión Europea de países con poco peso demográfico.

Robert D. Kaplan sobre Siria

Abu Saif al-Andalusi, autor del blog El Baluarte de la Hispanidad, me hacía saber hace poco que había releído el espacio que dedica Robert D. Kaplan a Siria en Rumbo a  Tartaria. Pueden leer aquí las líneas que llamaron la atención a Abu Saif al-Andalusi.

Por su parte, Demócrito de Abdera me avisó de la entrevista que a Robert D. Kaplan le han hecho en el ABC con motivo de la edición en España de La venganza de la geografía. Se muestra muy pesimista sobre el futuro de Siria:

Siria no es un país, es una expresión geográfica. Describe vagamente el área entre las montañas de Turquía y los desiertos de Arabia Saudí. Incluye los países de Siria, Líbano, Israel y Jordania. Siria tiene diferentes grupos étnicos localizados regionalmente: drusos en el sur, kurdos en el noreste, suníes en el centro, chiíes-alauíes en el noroeste. Esos grupos no son leales a Siria, sino a sus referentes regionales y étnicos. Esencialmente, no hay país que salvar. […] Va a ser muy difícil que Siria se mantenga unida. […] Me resulta difícil ver que Siria permanezca como un único país controlado desde el centro.

A día de hoy, tristemente, me parece que la única salida política a la guerra civil es un partición del país.

Bibliografía sobre la yihad afgana

Una de las preguntas que me asaltó durante mucho tiempo fue cómo terminaron los Estados Unidos apoyando a radicales islamistas en la guerra de Afganistán durante los años 80. La respuesta corta y rápida es que en aquel momento se hizo como una medida cortoplacista en el que “todo valía” para perjudicar a la Unión Soviética. Pero eso no explica por qué se apoyó a los islamistas radicales en concreto. Así que con esa pregunta en mi cabeza leí bastantes cosas. Hice un resumen de lo que aprendí hace ya bastante tiempo aquí mismo, en este blog. Lo escribí en 2007 bajo los efectos de leer la estúpida entrada de la Wikipedia en español sobre Osama Bin Laden (recordemos que en el 90% de los casos, la versión en inglés es “enciclopédicamente” mejor).

Antes de escribir aquella entrada y desde entonces nunca paré de encontrar comentarios por ahí que a “Bin Laden lo entrenó la CIA”, en un sobresimplificación de lo que fue la yihad afgana. Estos días he visto el mismo fenómeno, referido a Siria, donde alguno mete en el mismo saco al ISIS, el Frente Al-Nusra, el Ejército Sirio Libre y los Comités de Coordinación Local para afirmar cosas como que “EE.UU. es aliada de Al Qaeda en Siria”. Pero de Siria, supongo, tendremos que seguir hablando.

Hablaba de todo esto hace poco con Demócrito de Abdera y prometí confeccionar una bibliografía sobre la yihad afgana, listando los libros que me ayudaron a comprender cómo EE.UU. terminó apoyando a islamistas radicales y cómo de entre los árabes-afganos surgió lo que algún día llegó a ser Al Qaeda.

Ghost Wars: The Secret History of the CIA, Afghanistan and Bin Laden de Steve Coll. Una obra monumental que abarca de 1979 al 9 10 de septiembre de 2001. El libro es condenadamente exhaustivo y detallado. Leer sus cientos y cientos de páginas menudas se siente como ascender el Tourmalet. En sus páginas leemos sobre los enrevesados recovecos de los pasillos de Washington y los azarosos giros inesperados de la Historia. El mundo pudo haber seguido otro camino de haber tomado ciertas personas otras decisiones en otros momentos, de haber existido otra correlación de fuerzas en pugnas internas, de haberse considerado ciertos factores despreciados, etc. Pero la Historia transcurrió por el camino que siguió, porque aquellas personas contaban con la información disponible en aquel momento. Y resulta ahora fácil señalar los errores porque ya sabemos cómo terminó todo. Así que, cuando terminas el libro literalmente te entran ganas de darle con un bate de béisbol en la cara al primero que te suelta un cliché progre sobre EE.UU., la guerra de Afganistán, Bin Laden y Al Qaeda.

La torre elevada: Al-Qaeda y los orígenes del 11-S de Lawrence Right. Otro libro ganador del Pulitzer. Si Steve Coll trataba de seguir el hilo entre la yihad afgana y el 11-S, Lawrence Right se remonta a Qutb y los Hermanos Musulmanes en Egipto en los años 50, tal como hacía “The Power of Nightmares”. Es un libro entretenido y ameno, cuyos capítulos finales, el FBI yendo un paso detrás de Al Qaeda tras el atentado contra el USS Cole, se leen como un thriller no menos apasionante porque sepamos cómo concluye.

Soldados de Dios de  Robert D. Kaplan. Uno de sus primeros libros. Juraría que el propio Kaplan lo señalaba como una “obra de juventud”. Para lo que nos interesa, se trata de un libro donde entre otras cosas se describe el ambiente de la retaguardia de la yihad afgana. Kaplan visita esa “corte de los milagros” que era Peshawar, con sus guerrilleros, intrigantes, periodistas, activistas, cooperantes, espías y buscavidas. Kaplan apunta a los intereses de Pakistán en apoyar a unos rebeldes y a otros no, junto a las circunstancias particulares de cada grupo que moldearon la decisión. Tras su lectura la idea de unos muyahidines organizados de forma jerárquica y totalmente controlados por la CIA resulta risible.

La guerra eterna de Dexter Filkins. Un libro de memorias periodísticas de un reportero de guerra que vivió la yihad afgana, Afganistán bajo los talibán y hasta estuvo metido en el meollo de la batalla de Fallujah. El espacio que dedica al final de la yihad afgana es breve. Pero es significativo por el encontronazo que tiene con los árabes-afganos, en una onda totalmente diferente a la de los muyahidines, hospitalarios y agradecidos por la cobertura extranjera.

“Un Estado y medio: Israel y el conflicto perfecto” de Jordi Pérez Colomé

En 2010 tuve la oportunidad de hacer un viaje a Israel en 2010. Alli tuve la rara suerte de poder hablar con políticos, diplomáticos, académicos, abogados, activistas, periodistas, religiosos y empresarios israelíes judíos de todo signo político junto con políticos, activistas y periodistas árabes palestinos e israelíes. Aquello supuso en ocasiones estar escuchando una charla ya a las ocho de la mañana y terminar el día a las once y media de la noche tras hablar en la sobremesa de la cena. Fue la única forma de poder tener una visión tan amplia en un tiempo tan corto. En el grupo de periodistas europeos con el que viajé convertimos en una muletilla dos frases que no paramos de escuchar “It’s not a black and white situation” y “It’s complicated”. Que los implicados en primera persona de ambos “bandos” nos dijeran que el conflicto no podía reducirse a una historia en blanco y negro da cuenta de los infinitos matices del asunto. Los isralíes a los que contamos nuestra sensación de ser superados por la realidad nos respondían con una sonrisa “si vuelves a casa con la sensación de entender menos que antes de venir, ¡bienvenido a Oriente Medio!”.

El viaje tuvo un efecto inesperado a la vuelta. Cada vez que leía en la prensa española un análisis o una crónica me decía a mí mismo “este no se ha enterado de lo que pasa allí”. No es difícil percibir que muchos periodistas viajan con la crónica ya escrita antes de salir de casa y el viaje al lugar sólo sirve para salpicar el texto de testimonios y descripciones de lugar. Desde entonces dejé de tener reparos en tratar un conflicto del que había evitado escribir aquí para hacer reseñas a degüello de libros de autores españoles. Y tras mi última reseña y bromear en Twitter sobre cómo convertirse en España en un experto sobre Oriente Medio, he leído Un Estado y medio: Israel y el conflicto perfecto de Jordi Pérez Colomé. Se trata de un libro electrónico que el autor ha elaborado tras un viaje a la zona para el que realizó un crowdfounding y que además de en su página web, está disponible en Amazon.es. Y ha resultado ser lo más interesante que he leído sobre el tema en español en mucho tiempo.

Un Estado y medio no se parece a nada que haya leído en español sobre el conflicto palestino-israelí porque te aporta perspectivas nuevas, te muestra la complejidad del asunto y el autor da la cara con sus opiniones personales sin las habituales ínfulas literarias vía narrador omnisciente. En Un Estado y medio se nota que Jordi Pérez Colomé se ha recorrido la zona arriba y abajo sin una agenda ideológica tratando de entrevistar a la mayor cantidad de gente posible de los sectores más diversos para mostrar todos los recovecos del asunto. De esa labor sale un relato lleno de matices, voces, intríngulis y problema que te deja tan saturado como nosotros nos sentimos en aquel viaje, con esa sensación de “¿y esto cómo se arregla?”.

El libro aparte de presta especial atención a uno de los nudos gordianos del conflicto: El asunto de las poblaciones israelíes levantadas más allá de la línea del armisticio de 1949 o como dice la prensa, “las fronteras de 1967”. El libro refleja el vacío legal en el que se inscribe el asunto, la pluralidad de los israelíes judíos que han deciddo establecerse en la zona y el tira y afloja con el gobierno. La conclusión que uno tiene leyendo el libro es que por parte israelí se juega a una política de hechos consumados a toda prisa antes de la siguiente negociación con los árabes. En el bando opuesto encontramos que se ha apostado por retrasar la solución al problema bajo la premisa que en largo plazo todo será peor para Israel. Uno de los árabes palestinos que el autor entrevista apunta a que fin de la hegemonía de Estados Unidos terminará afectando a Israel y otro que la pluralidad de la sociedad israelí terminará por provocar una ruptura interna en el país.

Garabatos de un israelí sobre un papel para explicarle la historia de Oriente Medio a Jordi Pérez Colomé. Luego le cayó un café encima. Quedó hecho una obra de Tàpies. Más fotos del autor aquí.

La cuestión es que en el bando palestino parecen no querer nada que parezca una normalización de la situación y queda en el aire la posibilidad de una tercera intifada de unos lideres que no entienden que perdieron todas las veces que optaron por el camino de la violencia. El propio autor llega a preguntarse si los palestinos no comprenden que la violencia como estrategia ha servido en el fondo para legitimar la causa israelí a los ojos del mundo. ¿Cómo de diferente hubiera sido el conflicto si los palestinos hubieran tenido un Ghandi y no un Arafat? Y en medio de ese panorama, Jordi Pérez Colomé encuentra espacios de convivencia, como escuelas mixtas y centros comerciales. ¿Son un espejismo o una ventana al futuro?

Un Estado y medio se promocionó primero en una preventa que permitía el acceso a entradas de blogs privadas a modo de adelanto y daba derecho a recibir el libro en papel. Yo lo compré como libro electrónico una vez lanzado. Pero estaré atento a próximas iniciativas del autor a lugares interesantes. Creo que abre una vía alternativa al periodismo tradicional. Me gustaría ver más iniciativas como esta de periodistas en español que hicieran un trabajo igual de interesante. Por mi parte, sólo me queda recomendarles la lectura del libro y seguir las aventuras de Jordi Pérez Colomé que anda ahora por Cuba.

“Breve introducción al conflicto palestino-israelí” de Ferrán Izquierdo Brichs

Llevo aproximadamente un año saltando de un tema a otro, con un montón de artículos pendientes de terminar. Para complicarlo todo aún más, me he metido con el conflicto palestino-israelí. El Conflicto. Así que escribiendo y tomando notas como loco, he hecho una pausa para ver qué se escribe en español sobre el tema. Quienes hayan seguido este blog y mi reseña de libros editados en España ya sabrán cómo me gotea el colmillo cuando abordo un libro de algún autor español sobre Oriente Medio. En Estados Unidos tienen a Jeffrey Goldberg, que fue invitado a La Habana por Fidel Castro para charlar sobre la amenaza nuclear iraní. O tienen a Steve Coll, el autor de la monumental Ghost Wars. En España… Bueno, ustedes me entienden.

367breveintroducci—nalconflictoBreve introducción al conflicto palestino-israelí de Ferrán Izquierdo Brichs es un libro de 134 páginas de texto y una sola de bibliografía que pretende dar el contexto histórico del conflicto. El autor es profesor de Relaciones Internacionales en la Universitat Autònoma de Barcelona. Para emprender la singular tarea de leer el libro me he proveído de Historia de Palestina. Desde la conquista otomana hasta la fundación del Estado de Israel de Gudrun Krämer, profesora en la Universidad Libre de Berlín. El suyo es el libro más extenso y exhaustivo publicado en español que he podido encontrar sobre el tema. Recurrí a él como contraste ante la falta de fuentes y referencias en el libro del profesor Izquierdo. El contrate ha resultado interesante

Para empezar, la premisa fundamental de la Breve introducción es que se trata de un “un conflicto colonial”. Tal perspectiva es descartada de entrada por la profesora Krämer que la considera errónea y limitada. En el relato del profesor Izquierdo los inmigrantes judíos llegaron al territorio del actual Estado de Israel y se dedicaron a comprar tierras, lo que terminó empobreciendo a la población árabe (pág. 30). La relación entre ambos fenómenos no queda clara. Aunque curiosamente el profesor Izquierdo señala que los inmigrantes judíos se dedicaron a ofrecer trabajo a los árabes como jornaleros temporales, con lo que los explotaron de forma capitalista, mientras que organizaciones y líderes judíos defendieron que no se contratara mano de obra árabe. Así el profesor Izquierdo acusa a los judíos de una cosa y su opuesta: Los explotaron laboralmente en un contexto de relaciones capitalistas y los excluyeron del mercado laboral. Lo interesante es que el profesor Izquierdo señala (págs. 13-14) cómo los impuestos catastrales turcos, la fragmentación de las tierra entre los herederos y el registro de tierras comunales por parte de terratenientes árabes están en el origen del empobrecimiento del campesinado árabe.

Creo que no está de más insistir en el papel de las élites árabes en el devenir de sus propios pueblos. El desinterés por la situación de los campesinos pobres se entiende al leer sobre la vida y valores de las élites comerciales y empresariales árabes, occidentalizadas y cosmopolitas, como la de Edward Said (críado en Egipto, donde nació Yassser Arafat). Muchos de aquellos terratenientes rentistas no tuvieron reparos en vender sus tierras a los recién llegados judíos porque vivían en Damasco o El Cairo. Al contrario de los relatos de una virginal y próspera tierra cuyo desarrollo fue cortado de raíz por la llegada de la población judía, más allá de la falta de estadísticas otomanas fiables, se trataba según la profesora Krüger de un territorio que había entrado en decadencia demográfica y económica desde el siglo XVI. Asi, la llegada de la inmigración judía dinamizó la economía local y propició paradójicamente la inmigración árabe. Curiosamente a pesar de la perspectiva post/neo marxista del profesor Izquierdo, pasa por alto los conflictos sociales que enfrentaron a empresarios judíos con trabajadores tanto judíos y palestinos. Frente al relato de una comunidad judía dedicada a prosperar sobre la espalda de la población árabe en el que el profesor Izquierdo señala el propósito de los empresarios judíos y los sindicatos judíos de excluir a los árabes del mercado laboral, la profesora Krüger nos relata los conflictos de clase dentro de la comunidad judía y cómo los sindicalistas judíos apoyan a los árabes, llegando a existir un sindicato del ferrocarril mixto.

El profesor Izquierdo apunta que “la propiedad judía de de la tierra en Palestina no llegaba al 7 por ciento en el momento de la fundación del Estado de Israel en 1948” (pág. 15) y que en el plan de partición de la ONU “el reparto fuera muy injusto para los palestinos” (pág 44). Aunque ese dato nos puede ayudar a juzgar la teoría del profesor Izquierdo de la relación entre inmigración judía y empobrecimiento del campesinado árabe. Sobra decir, que la profesora Krämer presenta un panorama diferente. Los judíos consiguieron comprar, fundamentalmente, tierras yermas y en desuso. Las explotaciones agrícolas judías no fueron muy exitosas y se produjo una emigración de judíos hartos de pelearse con secarrales improductivos. Y es que frente al mito nacional israelí que presenta al pionero sionista labrando la tierra, la profesora Krämer echa manos de las estadísticas para señalar que la mayor parte de la población judía inmigrante se asentó en poblaciones urbanas en la franja costera que va de Haifa a Tel Aviv, si dejamos aparte los asentamientos en Galilea y Ber Sheva.

La siguiente pieza del relato del profesor Izquierdo es que una vez se produjo la inmigración judía, hay que considerar el papel del Reino Unido como potencia administradora tras la Primera Guerra Mundial (recordemos a Lawrence). Para el profesor Izquierdo hay una connivencia entre la administración británica y la población judía, ya que el Imperio Británico simpatizaba en su visión colonial plenamente con el proyecto sionista: “Los nacionalistas judíos formaban parte del colonialismo europeo y del proyecto de dominación británica de la región” (pág. 34) Aquí hay un elemento clave que parece escapársele al profesor Izquierdo. La profesora Krämer, como vimos, señalaba el carácter urbano de la población judía. Esa población urbana no se parecía al estereotipo idealizado del “sionista de piernas fuertes y camisa remangada” pero no se puede decir que emprendieran un proyecto menos épico. La población urbana judía (comerciantes, profesionales liberales, artesanos, obreros industriales…) se lanzaron a construir una sociedad plenamente moderna, con sus instituciones educativas, organizaciones sindicales, periódicos, teatros… La brecha entre judíos y árabes musulmanes en cuanto años de escolarización media y alfabetización no paró de crecer. Eso supuso que la comunidad judía resultó estar más formada, organizada y unida a la hora de luchar por sus derechos. La profesora Krämer cita la descripción de viajeros a su paso por la zona en el período de entre guerras que cuentan como los judíos resultaban un incordio para la administración británica, que no necesariamente simpatizaba con ellos, porque peleaban de forma incansable por sus intereses. La profesora Krämer no pasa por alto que para los funcionarios británicos era más fácil identificarse con los judíos urbanitas y occidentalizados, que además tenían más facilidades para lidiar con la administración británica porque en sus filas había personas que hablaban inglés (recordemos que las élites árabes que estudiaban en Siria y Líbano lo hacían en francés).

Hay un detalle pequeño pero importante sobre la convergencia de intereses británicos y judíos que el profesor Izquierdo olvida o pasa por alto en su relato de que la prueba definitiva del apoyo británico a la causa sionista es que durante las las revueltas árabes de 1936-1939 se encuadró y armó a judíos en unidades militares. Resulta que las autoridades británicas decidieron tras el fin de las revueltas en 1939 (seis años después de la llegada de Hitler al poder) cerrar la puerta a la inmigración judía. Pero el pequeño detalle que falta en el relato es la Segunda Guerra Mundial. Con la amenaza de las fuerzas de la Francia de Vichy al norte y el avance del Afrikan Korps nazi por el desierto del Norte de África, los líderes judíos ofrecieron el alistamiento de judíos en las fuerzas británicas por la cuenta que les traía.

En esto llegamos a la proclamación del Estado de Israel y el relato a partir de aquí no aporta ninguna sorpresa. En la guerra de independencia israelí o la Nakba (“la conquista y limpieza étnica sionista de 1948” pág. 35), ustedes eligen, se nos presentan dos bandos con poder militar desigual. A los israelíes se les representa como armados hasta los dientes y altamente preparados gracias a los británicos (pág. 46), frente a los pobremente formados y peor pertrechados árabes. Una imagen que no tiene nada que ver con lo que por ejemplo cuenta Kenneth M. Pollack en el ya clásico Arabs at War: Military Effectiveness, 1948-1991. Pero ya sabemos que no debemos esperar que un profesor universitario español esté al corriente de historia militar cuando trata la historia de un guerra.

Si la tesis del profesor Izquierdo es que la creación del Estado de Israel responde a un proyecto de corte colonialista, la historia del conflicto palestino-israelí se reduce a la de los designios imperialistas de los líderes israelíes. La existencia de un complejo militar-industrial israelí, interesado en la prolongación del conflicto, explicaría la negativa de los líderes israelíes a hacer la paz con los árabes. Estos por su parte, aparecen atrapados por la presión de sus opiniones públicas que los empujan insensatamete a la guerra contra Israel (págs. 69) después de que el conflicto con Israel se convirtiera en fuente de legitimidad política (pág.71). De la misma forma que la OLP, nos dice el profesor Izquierdo, no tuvo más remedio que apoyar a Saddam Hussein tras la invasión de Kuwait en 1990 por la presión del pueblo palestino (pág. 87). Más aún, en el caso de guerras que arrancaron claramente por una agresión árabe, como la del Líbano de 2006, el profesor Izquierdo se las arregla para presentarlas como agresiones israelíes, un giro que ya es un clásico en la historiografía española: “La impotencia árabe y la incapacidad de reaccionar ante las provocaciones de Tel Aviv marcaron la pauta que se mantiene hasta hoy, tal como se demostró en el verano de 2006″ (pág. 76) y “Hezbolá demostró que también tenía capacidades de respuesta al causar más de 100 bajas de militares israelíes, y bombardeó el norte de Israel matando a decenas de civiles” (pág. 77). Como ven, la guerra de 2006, se inició por una provocación israelí a la que siguió una respuesta de Hezbolá.

En todo este relato del conflicto, como han visto, los palestinos son los grandes ausentes y las nuevas dinámicas de los últimos veinte años son apenas tratadas. Fugazmente se menciona en una frase la corrupción de los dirigentes de la Autoridad Palestina para explicar el auge de Hamás (pág. 103) y la desconexión de Gaza (que el profesor Izquierdo fecha erróneamente en 2006) se menciona sólo para señalar lo difícil que sería realizar algo semejante en Cisjordania. El profesor Izquierdo llega a afirmar “los palestinos son objetos, no sujetos, en este conflicto” (pág. 129). Es decir, para el profesor Izquierdo los palestinos carecen de voluntad y conciencia en este conflicto, reducidos por tanto a menores sin responsabilidad jurídica o derechos políticos. Nunca nadie desde la izquierda académica europea lo había descrito mejor. Los palestinos carecen de responsabilidad alguna sobre sus acciones, debiendo ser tarea de los occidentales buenos salvarlos de su aciago destino.

Añadiré unos pocos apuntes más. Tratándose de un libro que pretende ofrecer el contexto histórico de un conflicto nos encontramos con breves incisos narrativos donde se nos habla de las penosas vivencias de algún palestino. Uno solo de esos incisos narrativos nos presenta los pensamientos de un israelí, que expresa su contrariedad por los negocios armamentísticos de Israel con países dictatoriales en los años setenta. ¿De dónde salen esos relatos? ¿Son un impromptu literario del autor o relatos personales tomados de alguna fuente periodística? No lo sabemos. Apuntaría que aquellas relaciones se enmarcaron en la lógica de la Guerra Fría y en cuestiones como el mercado que encontró Israel para su tecnología de modificación de la familia del avión Mirage III/5 en países como Sudáfrica, Chile y Argentina, que contaban con él en sus fuerzas aéreas. Lo que sí me llama la atención es la insistencia del profesor Izquierdo en usar términos como “campo de concentración” (pág. 97), “progromo” (pág. 108) o “apartheid” (pág. 121) para hablar de las políticas y acciones israelíes. O en su afirmación de que los vínculos comerciales y tecnológicos que estableció Israel con el Chile de Pinochet o la Sudáfrica del apartheid fueron el resultado natural de afinidades ideológicas. Pero llegados a estas alturas no voy a descubrir nada nuevo sobre las intenciones del autor con este libro.

Snowden en los paraísos de la privacidad

El culebrón Snowden tiene para mí tintes cómicos. En primer lugar despertamos un día conociendo que el gobierno de los Estados Unidos vigilaba servicios privativos de Internet en los que los usuarios ponen confianza ciega. No deja de ser incomprensible la sorpresa de la gente. Jose Alcántara, el autor de La Sociedad de Control, hizo la presentación de su libro hace ya más de cuatro años. Así que no dejo de tener la sensación de que es un tema viejuno en el que una sana desconfianza ha resultado correcta. Pero a partir de ahí la historia se vuelve esperpéntica.

Snowden huyó a Hong Kong, territorio autónomo de soberanía china. Oh, China. El país del Gran Firewall y la extendida censura de Internet. De allí partió a Rusia, otro gran país en el terreno de la privacidad en Internet que emplea Deep Packet Inspection en nombre de la defensa de la juventud rusa frente a las malas influencias de Internet (pornografía infantil, uso de drogas, promoción del suicidio, etc.) y en donde todos los proveedores de servicios de Internet deben permitir al gobierno instalar sistemas de escucha de su tráfico. Es decir, Snowden se refugió en un auténtico “paraíso” de la privacidad en Internet. Luego amagó con refugiarse en Venezuela, país que le ofreció “asilo humanitario”. El mismo país donde medios progubernamentales airean conversaciones telefónicas privadas de miembros de la oposición.

Hay algo terriblemente ridículo en ver a gente aplaudir la acogida de regímenes poco democráticos, donde la privacidad de las comunicaciones es un chiste, a Edward Snowden. Más allá, claro, de la relevancia de lo que ha descubierto.

[Actualización: David ha encontrado una página web que ofrece un listado de servicios y aplicaciones alternativas a las que se sabe que ofrecía acceso al sistema de vigilancia PRISM]

Los libros de abril

Future Wars in Cities de Alice Hills.
Cities under siege de Stephen Graham.
Dos libros para mi pequeña colección sobre el futuro de las ciudades como campo de batalla en las era de las guerras posmodernas. La intención es escribir un artículo introductorio sobre el asunto y convertirlo en capítulo de libro.

Estados Unidos, el Islam y el Nuevo Orden Internacional de Antoni Segura.
Compré el libro esperando encontrarme un repaso a los intereses geopolíticos de Estados Unidos en el Gran Oriente Medio, pero me encontré por un lado con un recuento histórico muy light de los conflictos en el mundo musulmán y por otro un repaso del contexto y desarrollo de la Primavera Árabe que bien hubiera merecido ser un libro independiente sin la prescindible primera parte.

Los libros de marzo

Civil Wars in Africa de William Mark Habeeb.
Un libro que compré de segunda mano por unos peniques y resultó ser un libro divulgativo. No dejaré de intentarlo.

Crescent of Crisis de varios autores.
Otro libro más en mi pequeña colección de materiales sobre el Gran Oriente Medio.

Constructing Democracy in Africa: Mali in Transition de Susanna D. Wing.
Un libro imprescindible en la presente crisis maliense.

The Algerian Civil War de Luis Martínez (pseudónimo).
La tesis doctoral de un argelino sobre la guera civil vivida por el país tras el golpe de estado de 1992. El libro de referencia sobre el asunto.

The First Information War de varios autores.
No está en la foto. Otro libro que compré a precio de derribo. Se trata de una recopilación de artículos sobre el papel de los sistemas de comunicaciones, informáticos y de inteligencia durante la Guerra del Golfo de 1991. Uno de esos libros que ayuda a entender las fascinación por la guerra tecnológica en la posguerra fría.

El troyano islamista

Estoy estos días avanzando lentamente por las páginas densas de Sufismo de Halil Bárcena. He sentido interés por las manifestaciones culturales del sufismo desde hace ya muchos años y ese viaje que tengo pendiente por el interior de Turquía hará una parada inexcusable en Konya. El sufismo es la rama mística del Islam y como todo fenómeno espiritual, tenemos en Occidente versiones light aptas para el consumo de masas como producto New Age. Halil Bárcena remarca por ello en su libro que no puede haber sufismo sin Islam. Y por ello me resulta relevante para un tema que he tratado aquí varias veces. La insistencia de los islamófobos occidentales en que en el Islam no hay lugar para corrientes, escuelas e interpretaciones. Que el Islam es único, monolítico e inamovible. Por tanto, afirman, no hay lugar para un Islam moderado, moderno y humanista, capaz de existir en paz dentro de las democracias occidentales porque el Islam es una religión de una naturaleza intrínseca totalitaria y violenta. El libro de Halil Bárcena demuestra que otro Islam es posible y que el islamismo es un fenómeno contingente.

Mi lectura de Sufismo viene al caso porque hace unas pocos semanas leí en su formato electrónico el libro La Quinta Invasión. Islamismo 711-2011 de José Donís Català, lo que me recuerda que no estoy dejando constancia de mis lecturas fuera del papel. La Quinta Invasión está escrito en un tono grandilocuente y panfletario. Arranca con una anécdota contada por un taxista y entra en el repaso de la historia de Al Andalus contando cómo en el año 475 de nuestra era nación la “nación más antigua de Occidente”. Así que imagínense el resto, incluída una diatriba contra la izquierda caviar, a la que el autor identifica como bohemios burgueses (“bobos”), demostrando de paso que no ha leído a David Brooks. Es de primero de carrera saber que una colección de anécdotas no demuestra nada y como sociólogo espero en un libro así datos, cifras, investigaciones o encuestas de opinión. Información y análisis que demuestren qué pasa en las comunidades de inmigrantes musulmanas. Algo como lo que hizo un equipo de reporteros del Channel 4 británico en su reportaje “Undercover Mosque”. Y es que el autor, aunque no lo diga, me parece claro que trata de reproducir el tono y discurso del libro Londonistan de Melanie Philips.

LondonistanEl término “Londonistan” hace referencia a cómo la ciudad se convirtió en un nodo global del yihadismo por la actitud del gobierno británico de no interferir en las actividades de grupos islamistas radicales mientras sus actividades violentas tuvieran lugar fuera de las fronteras del país. Pero este libro, ya bastante famoso, cuenta el resultado de las medidas adoptadas por el gobierno británico para contrarrestar el yihadismo. Asumiendo que el terrorismo islamista era una desviación del Islam combatible enseñando el “Islam verdadero”, el gobierno británico promovió y favoreció instituciones y grupos musulmanes sin molestarse en comprobar si lo que predicaban esos grupos era compatible con una sociedad moderna y democrática. En el fondo, lo que las autoridades británicas hicieron fue practicar el “indirect rule” de los tiempos coloniales bajo el nombre de multiculturalismo: Asumir a las comunidad musulmana como una masa compacta que manejar delegando la tarea en sus líderes. Lo que no queda claro es que los líderes religiosos fueran previamente mayoritarios y representativos, pero eso da igual porque el reconocimiento de las autoridades británicos los aupó a esa condición. El resultado fue la radicalización de comunidades inmigrantes donde islamistas radicales se conviertieron en hegemónicos mientras aquellas personas que aspiraban a una identidad secular se quedaron sin espacio social.

Otro flanco de la lucha contra el yihadismo en suelo británico fue asumir que el terrorismo islamista era el resultado de la opresión, discriminación y pobreza, no de una ideología, por lo que se decidió darle un tratamiento de víctimas a los miembros de una comunidad que estaba siendo un caldo de cultivo del odio y de valores antidemocráticos. Todo ello, sancionado en nombre del multiculturalismo (“son sus costumbres y hay que respetarlas”) y en nombre de la lucha contra la islamofobia. En la práctica consistió presionar a organizaciones cristianas porque su identidad iba en contra de la diversidad, proponer que se suspendieran actos en memoria del Holocausto “por ser un insulto a los musulmanes” o que abiertamente se pidiera que se aplicara un código civil diferente a la población musulmana. Todo ello ataques al sistema democrático, la libertad de expresión y otros fundamentos de las sociedades modernas y avanzadas. Las redes clientelares establecidas en las comunidades islámicas se convirtieron en un arma de doble filo, ya que el empoderamiento de los grupos islamistas los convirtió en una fuerza política notable.

El relato que hace Melanie Philips sobre el Reino Unido es bastante espeluznante. Aunque leyendo el libro no paré de dejar de pensar que muchas cosas que mencionaba eran imposibles de imaginar en España por la vigencia de la Ley de Partidos, la existencia del delito de “apología del terrorismo” y que el virus del posmodernismo no ha infectado tanto el mundo académico español. El problema está en el diagnóstico y las soluciones que presenta Melanie Philips. ¿Igualdad de la ley para todos? ¿Respeto de la liberta de expresión? ¿Defensa de la naturaleza secular de las sociedades occidentales? No, el problema para ella es la pérdida de los valores tradicionales y la disolución del orgullo nacional británico. La solución pasaría por volver a enseñar en las escuelas el orgullo por el Imperio Británico que llevó la Civilización a los pueblos primitivos, volver a ir a misa y educar a las chicas para que se comporten como señoritas, con lo que los islamistas no podrían aprovechar el vacío producido por la falta de valores. Y es que al final Melanie Philips no deja de ser conservadora cristiana bastante carca. Ahí la tienen escribiendo en el Daily Mail, que es ese periódico.

Riot CityEn el extremo opuesto tenemos Riot City de Clive Bloom que escribe sobre los disturbios de 2011 en Inglaterra, tanto de las prostestas de estudiantes universitarias en Londres como los saqueos en varias ciudades inglesas. En el libro pone los disturbios en el contexto histórico de otras revueltas y protestas juveniles en el Reino Unido en los últimos dos siglos, para señalar que no hay nada sorprendente o nuevo. En la parte en la que el libro narra los disturbios de 2001 es una mera recopilación de noticias bastante aburrida porque resulta una enumeración de incidentes. Pero es en la parte del análisis donde el libro llama la atención. Hay que recordar que los disturbios de 2011 arrancan por la muerte de un joven negro caribeño por disparos de la policía. En las siguientes noches, jóvenes de esa comunidad se dedicaron a prender fuego y saquear tiendas, con varios muertos por palizas, disparos o atropellos. Lo que empezó siendo unos de una comunidad étnica se extendió por varias ciudades de Inglaterra, sumándose también jóvenes de toda condición étnica y social. A pesar de los datos, hechos y cifras el autor procura por todos los medios descartar el papel de la etnia y cultura en los disturbios. A pesar de ello, muestra su perplejidad porque fuera un fenómeno meramente inglés, quedando Gales y Escocia al margen. ¿Será, por ejemplo en Escocia, que los inmigrantes se encontraron con una identidad nacional fuerte y por tanto pudieron asumir el relato de una identidad colectiva? Ahí están esas noticia de cómo la comunidad musulmana tiene su propio diseño de tartán oficial. Quizás sea cuestión de un perfil social diferente. Mirando en Internet sobre la comunidad musulmana de Escocia uno encuentra noticias sobre todo de emprendedores y profesionales. Pero lo relevante en esta reflexión son las soluciones que propone el autor. Sus referencias al aburrimiento y las faltas de tanto autoestima como una figura pàterna parecen un diagnóstico sacado de un capítulo de Hermano Mayor. Pero ese tabú de abordar cuestiones tales como por qué en determinados grupos étnicos del Reino Unido ha arraigado cierta cultura de la delincuencia hacen que el análisis cojee.

Y así, leyendo a unos y a otros, no puedo dejar de tener la sensación de que los análisis de conservadores y progres tienen tales sesgos que ni ayudan a esclarecer el problema ni aportan soluciones completas. Porque al fin y al cabo, no se trata de un problema que nos sea lejano.

“El Sáhara, perspectiva de revisión” de José María Lizundia

El Sáhara, perspectiva de revisión de José María Lizundia. Alhulia, 2013.

Señalé El Sáhara como metarrelato de José María Lizundia como uno de los libros más interesantes de 2012. Se trataba de un ensayo que abordaba el nacionalismo saharaui con afán desmitificador en un panorama editorial lleno de obras sentimentales y partidistas. Pero no se trataba simplemente de una deconstrucción del relato nacionalista del Frente Polisario, sino un análisis de la singular recepción de su discurso en España por parte de militares veteranos del Sáhara y simpatizantes de la causa.

El Sáhara, perspectiva de revisión sigue la línea de trabajo desmitificadora comenzada en el anterior libro para abordar esta vez el conflicto del Sáhara y varios argumentos bien conocidos con los que estén familiarizados con la retórica de los prosaharauis en España: El abandono español de los saharauis y por tanto la “deuda histórica” con aquel pueblo traicionado o la ilegalidad de los Acuerdos Tripartitos de Madrid. El libro revisa la sentencia del Tribunal de la Haya sobre el Sáhara Occidental y la jurisprudencia internacional sobre el conflicto para desvelar sus ambigüedades, como en el asunto del inacabado censo de votantes para el referéndum de autodeterminación, que dejan siempre al lector con la sensación de que “nada es como no los han contado”.

El Sáhara como metarrelato era un libro que pisaba terreno virgen en el que se abría un horizonte de ejes temáticos que explorar y quizás por ello resultó menos ordenado en su exposición que El Sáhara, perspectiva de revisión. Por su parte, este libro sorprende menos por su carácter de culminación de una aproximación al tema. Personalmente echo en falta que en vez de ensayo ambos libros hubiera tenido un formato más académico. Pero como dije del primero, el conjunto formado por ambos libros es el referente a tener en cuenta a la hora de abordar el asunto en español. La duda que me queda es, ¿no sería de aplicación el mismo método de análisis a otros temas como la cuestión palestina?

El Sáhara, perspectiva de revisión será presentado el martes 9 de abril a las 20:30 horas en el Casino de Tenerife (Plaza de Candelaria). El acto contará con la presencia del autor y de Manuel Vidal Garrido, Premio Nacional de Periodismo y exdirector de la Gaceta de Canaria.