“Breve introducción al conflicto palestino-israelí” de Ferrán Izquierdo Brichs

Llevo aproximadamente un año saltando de un tema a otro, con un montón de artículos pendientes de terminar. Para complicarlo todo aún más, me he metido con el conflicto palestino-israelí. El Conflicto. Así que escribiendo y tomando notas como loco, he hecho una pausa para ver qué se escribe en español sobre el tema. Quienes hayan seguido este blog y mi reseña de libros editados en España ya sabrán cómo me gotea el colmillo cuando abordo un libro de algún autor español sobre Oriente Medio. En Estados Unidos tienen a Jeffrey Goldberg, que fue invitado a La Habana por Fidel Castro para charlar sobre la amenaza nuclear iraní. O tienen a Steve Coll, el autor de la monumental Ghost Wars. En España… Bueno, ustedes me entienden.

367breveintroducci—nalconflictoBreve introducción al conflicto palestino-israelí de Ferrán Izquierdo Brichs es un libro de 134 páginas de texto y una sola de bibliografía que pretende dar el contexto histórico del conflicto. El autor es profesor de Relaciones Internacionales en la Universitat Autònoma de Barcelona. Para emprender la singular tarea de leer el libro me he proveído de Historia de Palestina. Desde la conquista otomana hasta la fundación del Estado de Israel de Gudrun Krämer, profesora en la Universidad Libre de Berlín. El suyo es el libro más extenso y exhaustivo publicado en español que he podido encontrar sobre el tema. Recurrí a él como contraste ante la falta de fuentes y referencias en el libro del profesor Izquierdo. El contrate ha resultado interesante

Para empezar, la premisa fundamental de la Breve introducción es que se trata de un “un conflicto colonial”. Tal perspectiva es descartada de entrada por la profesora Krämer que la considera errónea y limitada. En el relato del profesor Izquierdo los inmigrantes judíos llegaron al territorio del actual Estado de Israel y se dedicaron a comprar tierras, lo que terminó empobreciendo a la población árabe (pág. 30). La relación entre ambos fenómenos no queda clara. Aunque curiosamente el profesor Izquierdo señala que los inmigrantes judíos se dedicaron a ofrecer trabajo a los árabes como jornaleros temporales, con lo que los explotaron de forma capitalista, mientras que organizaciones y líderes judíos defendieron que no se contratara mano de obra árabe. Así el profesor Izquierdo acusa a los judíos de una cosa y su opuesta: Los explotaron laboralmente en un contexto de relaciones capitalistas y los excluyeron del mercado laboral. Lo interesante es que el profesor Izquierdo señala (págs. 13-14) cómo los impuestos catastrales turcos, la fragmentación de las tierra entre los herederos y el registro de tierras comunales por parte de terratenientes árabes están en el origen del empobrecimiento del campesinado árabe.

Creo que no está de más insistir en el papel de las élites árabes en el devenir de sus propios pueblos. El desinterés por la situación de los campesinos pobres se entiende al leer sobre la vida y valores de las élites comerciales y empresariales árabes, occidentalizadas y cosmopolitas, como la de Edward Said (críado en Egipto, donde nació Yassser Arafat). Muchos de aquellos terratenientes rentistas no tuvieron reparos en vender sus tierras a los recién llegados judíos porque vivían en Damasco o El Cairo. Al contrario de los relatos de una virginal y próspera tierra cuyo desarrollo fue cortado de raíz por la llegada de la población judía, más allá de la falta de estadísticas otomanas fiables, se trataba según la profesora Krüger de un territorio que había entrado en decadencia demográfica y económica desde el siglo XVI. Asi, la llegada de la inmigración judía dinamizó la economía local y propició paradójicamente la inmigración árabe. Curiosamente a pesar de la perspectiva post/neo marxista del profesor Izquierdo, pasa por alto los conflictos sociales que enfrentaron a empresarios judíos con trabajadores tanto judíos y palestinos. Frente al relato de una comunidad judía dedicada a prosperar sobre la espalda de la población árabe en el que el profesor Izquierdo señala el propósito de los empresarios judíos y los sindicatos judíos de excluir a los árabes del mercado laboral, la profesora Krüger nos relata los conflictos de clase dentro de la comunidad judía y cómo los sindicalistas judíos apoyan a los árabes, llegando a existir un sindicato del ferrocarril mixto.

El profesor Izquierdo apunta que “la propiedad judía de de la tierra en Palestina no llegaba al 7 por ciento en el momento de la fundación del Estado de Israel en 1948″ (pág. 15) y que en el plan de partición de la ONU “el reparto fuera muy injusto para los palestinos” (pág 44). Aunque ese dato nos puede ayudar a juzgar la teoría del profesor Izquierdo de la relación entre inmigración judía y empobrecimiento del campesinado árabe. Sobra decir, que la profesora Krämer presenta un panorama diferente. Los judíos consiguieron comprar, fundamentalmente, tierras yermas y en desuso. Las explotaciones agrícolas judías no fueron muy exitosas y se produjo una emigración de judíos hartos de pelearse con secarrales improductivos. Y es que frente al mito nacional israelí que presenta al pionero sionista labrando la tierra, la profesora Krämer echa manos de las estadísticas para señalar que la mayor parte de la población judía inmigrante se asentó en poblaciones urbanas en la franja costera que va de Haifa a Tel Aviv, si dejamos aparte los asentamientos en Galilea y Ber Sheva.

La siguiente pieza del relato del profesor Izquierdo es que una vez se produjo la inmigración judía, hay que considerar el papel del Reino Unido como potencia administradora tras la Primera Guerra Mundial (recordemos a Lawrence). Para el profesor Izquierdo hay una connivencia entre la administración británica y la población judía, ya que el Imperio Británico simpatizaba en su visión colonial plenamente con el proyecto sionista: “Los nacionalistas judíos formaban parte del colonialismo europeo y del proyecto de dominación británica de la región” (pág. 34) Aquí hay un elemento clave que parece escapársele al profesor Izquierdo. La profesora Krämer, como vimos, señalaba el carácter urbano de la población judía. Esa población urbana no se parecía al estereotipo idealizado del “sionista de piernas fuertes y camisa remangada” pero no se puede decir que emprendieran un proyecto menos épico. La población urbana judía (comerciantes, profesionales liberales, artesanos, obreros industriales…) se lanzaron a construir una sociedad plenamente moderna, con sus instituciones educativas, organizaciones sindicales, periódicos, teatros… La brecha entre judíos y árabes musulmanes en cuanto años de escolarización media y alfabetización no paró de crecer. Eso supuso que la comunidad judía resultó estar más formada, organizada y unida a la hora de luchar por sus derechos. La profesora Krämer cita la descripción de viajeros a su paso por la zona en el período de entre guerras que cuentan como los judíos resultaban un incordio para la administración británica, que no necesariamente simpatizaba con ellos, porque peleaban de forma incansable por sus intereses. La profesora Krämer no pasa por alto que para los funcionarios británicos era más fácil identificarse con los judíos urbanitas y occidentalizados, que además tenían más facilidades para lidiar con la administración británica porque en sus filas había personas que hablaban inglés (recordemos que las élites árabes que estudiaban en Siria y Líbano lo hacían en francés).

Hay un detalle pequeño pero importante sobre la convergencia de intereses británicos y judíos que el profesor Izquierdo olvida o pasa por alto en su relato de que la prueba definitiva del apoyo británico a la causa sionista es que durante las las revueltas árabes de 1936-1939 se encuadró y armó a judíos en unidades militares. Resulta que las autoridades británicas decidieron tras el fin de las revueltas en 1939 (seis años después de la llegada de Hitler al poder) cerrar la puerta a la inmigración judía. Pero el pequeño detalle que falta en el relato es la Segunda Guerra Mundial. Con la amenaza de las fuerzas de la Francia de Vichy al norte y el avance del Afrikan Korps nazi por el desierto del Norte de África, los líderes judíos ofrecieron el alistamiento de judíos en las fuerzas británicas por la cuenta que les traía.

En esto llegamos a la proclamación del Estado de Israel y el relato a partir de aquí no aporta ninguna sorpresa. En la guerra de independencia israelí o la Nakba (“la conquista y limpieza étnica sionista de 1948” pág. 35), ustedes eligen, se nos presentan dos bandos con poder militar desigual. A los israelíes se les representa como armados hasta los dientes y altamente preparados gracias a los británicos (pág. 46), frente a los pobremente formados y peor pertrechados árabes. Una imagen que no tiene nada que ver con lo que por ejemplo cuenta Kenneth M. Pollack en el ya clásico Arabs at War: Military Effectiveness, 1948-1991. Pero ya sabemos que no debemos esperar que un profesor universitario español esté al corriente de historia militar cuando trata la historia de un guerra.

Si la tesis del profesor Izquierdo es que la creación del Estado de Israel responde a un proyecto de corte colonialista, la historia del conflicto palestino-israelí se reduce a la de los designios imperialistas de los líderes israelíes. La existencia de un complejo militar-industrial israelí, interesado en la prolongación del conflicto, explicaría la negativa de los líderes israelíes a hacer la paz con los árabes. Estos por su parte, aparecen atrapados por la presión de sus opiniones públicas que los empujan insensatamete a la guerra contra Israel (págs. 69) después de que el conflicto con Israel se convirtiera en fuente de legitimidad política (pág.71). De la misma forma que la OLP, nos dice el profesor Izquierdo, no tuvo más remedio que apoyar a Saddam Hussein tras la invasión de Kuwait en 1990 por la presión del pueblo palestino (pág. 87). Más aún, en el caso de guerras que arrancaron claramente por una agresión árabe, como la del Líbano de 2006, el profesor Izquierdo se las arregla para presentarlas como agresiones israelíes, un giro que ya es un clásico en la historiografía española: “La impotencia árabe y la incapacidad de reaccionar ante las provocaciones de Tel Aviv marcaron la pauta que se mantiene hasta hoy, tal como se demostró en el verano de 2006″ (pág. 76) y “Hezbolá demostró que también tenía capacidades de respuesta al causar más de 100 bajas de militares israelíes, y bombardeó el norte de Israel matando a decenas de civiles” (pág. 77). Como ven, la guerra de 2006, se inició por una provocación israelí a la que siguió una respuesta de Hezbolá.

En todo este relato del conflicto, como han visto, los palestinos son los grandes ausentes y las nuevas dinámicas de los últimos veinte años son apenas tratadas. Fugazmente se menciona en una frase la corrupción de los dirigentes de la Autoridad Palestina para explicar el auge de Hamás (pág. 103) y la desconexión de Gaza (que el profesor Izquierdo fecha erróneamente en 2006) se menciona sólo para señalar lo difícil que sería realizar algo semejante en Cisjordania. El profesor Izquierdo llega a afirmar “los palestinos son objetos, no sujetos, en este conflicto” (pág. 129). Es decir, para el profesor Izquierdo los palestinos carecen de voluntad y conciencia en este conflicto, reducidos por tanto a menores sin responsabilidad jurídica o derechos políticos. Nunca nadie desde la izquierda académica europea lo había descrito mejor. Los palestinos carecen de responsabilidad alguna sobre sus acciones, debiendo ser tarea de los occidentales buenos salvarlos de su aciago destino.

Añadiré unos pocos apuntes más. Tratándose de un libro que pretende ofrecer el contexto histórico de un conflicto nos encontramos con breves incisos narrativos donde se nos habla de las penosas vivencias de algún palestino. Uno solo de esos incisos narrativos nos presenta los pensamientos de un israelí, que expresa su contrariedad por los negocios armamentísticos de Israel con países dictatoriales en los años setenta. ¿De dónde salen esos relatos? ¿Son un impromptu literario del autor o relatos personales tomados de alguna fuente periodística? No lo sabemos. Apuntaría que aquellas relaciones se enmarcaron en la lógica de la Guerra Fría y en cuestiones como el mercado que encontró Israel para su tecnología de modificación de la familia del avión Mirage III/5 en países como Sudáfrica, Chile y Argentina, que contaban con él en sus fuerzas aéreas. Lo que sí me llama la atención es la insistencia del profesor Izquierdo en usar términos como “campo de concentración” (pág. 97), “progromo” (pág. 108) o “apartheid” (pág. 121) para hablar de las políticas y acciones israelíes. O en su afirmación de que los vínculos comerciales y tecnológicos que estableció Israel con el Chile de Pinochet o la Sudáfrica del apartheid fueron el resultado natural de afinidades ideológicas. Pero llegados a estas alturas no voy a descubrir nada nuevo sobre las intenciones del autor con este libro.

Snowden en los paraísos de la privacidad

El culebrón Snowden tiene para mí tintes cómicos. En primer lugar despertamos un día conociendo que el gobierno de los Estados Unidos vigilaba servicios privativos de Internet en los que los usuarios ponen confianza ciega. No deja de ser incomprensible la sorpresa de la gente. Jose Alcántara, el autor de La Sociedad de Control, hizo la presentación de su libro hace ya más de cuatro años. Así que no dejo de tener la sensación de que es un tema viejuno en el que una sana desconfianza ha resultado correcta. Pero a partir de ahí la historia se vuelve esperpéntica.

Snowden huyó a Hong Kong, territorio autónomo de soberanía china. Oh, China. El país del Gran Firewall y la extendida censura de Internet. De allí partió a Rusia, otro gran país en el terreno de la privacidad en Internet que emplea Deep Packet Inspection en nombre de la defensa de la juventud rusa frente a las malas influencias de Internet (pornografía infantil, uso de drogas, promoción del suicidio, etc.) y en donde todos los proveedores de servicios de Internet deben permitir al gobierno instalar sistemas de escucha de su tráfico. Es decir, Snowden se refugió en un auténtico “paraíso” de la privacidad en Internet. Luego amagó con refugiarse en Venezuela, país que le ofreció “asilo humanitario”. El mismo país donde medios progubernamentales airean conversaciones telefónicas privadas de miembros de la oposición.

Hay algo terriblemente ridículo en ver a gente aplaudir la acogida de regímenes poco democráticos, donde la privacidad de las comunicaciones es un chiste, a Edward Snowden. Más allá, claro, de la relevancia de lo que ha descubierto.

[Actualización: David ha encontrado una página web que ofrece un listado de servicios y aplicaciones alternativas a las que se sabe que ofrecía acceso al sistema de vigilancia PRISM]

Los libros de abril

Future Wars in Cities de Alice Hills.
Cities under siege de Stephen Graham.
Dos libros para mi pequeña colección sobre el futuro de las ciudades como campo de batalla en las era de las guerras posmodernas. La intención es escribir un artículo introductorio sobre el asunto y convertirlo en capítulo de libro.

Estados Unidos, el Islam y el Nuevo Orden Internacional de Antoni Segura.
Compré el libro esperando encontrarme un repaso a los intereses geopolíticos de Estados Unidos en el Gran Oriente Medio, pero me encontré por un lado con un recuento histórico muy light de los conflictos en el mundo musulmán y por otro un repaso del contexto y desarrollo de la Primavera Árabe que bien hubiera merecido ser un libro independiente sin la prescindible primera parte.

Los libros de marzo

Civil Wars in Africa de William Mark Habeeb.
Un libro que compré de segunda mano por unos peniques y resultó ser un libro divulgativo. No dejaré de intentarlo.

Crescent of Crisis de varios autores.
Otro libro más en mi pequeña colección de materiales sobre el Gran Oriente Medio.

Constructing Democracy in Africa: Mali in Transition de Susanna D. Wing.
Un libro imprescindible en la presente crisis maliense.

The Algerian Civil War de Luis Martínez (pseudónimo).
La tesis doctoral de un argelino sobre la guera civil vivida por el país tras el golpe de estado de 1992. El libro de referencia sobre el asunto.

The First Information War de varios autores.
No está en la foto. Otro libro que compré a precio de derribo. Se trata de una recopilación de artículos sobre el papel de los sistemas de comunicaciones, informáticos y de inteligencia durante la Guerra del Golfo de 1991. Uno de esos libros que ayuda a entender las fascinación por la guerra tecnológica en la posguerra fría.

El troyano islamista

Estoy estos días avanzando lentamente por las páginas densas de Sufismo de Halil Bárcena. He sentido interés por las manifestaciones culturales del sufismo desde hace ya muchos años y ese viaje que tengo pendiente por el interior de Turquía hará una parada inexcusable en Konya. El sufismo es la rama mística del Islam y como todo fenómeno espiritual, tenemos en Occidente versiones light aptas para el consumo de masas como producto New Age. Halil Bárcena remarca por ello en su libro que no puede haber sufismo sin Islam. Y por ello me resulta relevante para un tema que he tratado aquí varias veces. La insistencia de los islamófobos occidentales en que en el Islam no hay lugar para corrientes, escuelas e interpretaciones. Que el Islam es único, monolítico e inamovible. Por tanto, afirman, no hay lugar para un Islam moderado, moderno y humanista, capaz de existir en paz dentro de las democracias occidentales porque el Islam es una religión de una naturaleza intrínseca totalitaria y violenta. El libro de Halil Bárcena demuestra que otro Islam es posible y que el islamismo es un fenómeno contingente.

Mi lectura de Sufismo viene al caso porque hace unas pocos semanas leí en su formato electrónico el libro La Quinta Invasión. Islamismo 711-2011 de José Donís Català, lo que me recuerda que no estoy dejando constancia de mis lecturas fuera del papel. La Quinta Invasión está escrito en un tono grandilocuente y panfletario. Arranca con una anécdota contada por un taxista y entra en el repaso de la historia de Al Andalus contando cómo en el año 475 de nuestra era nación la “nación más antigua de Occidente”. Así que imagínense el resto, incluída una diatriba contra la izquierda caviar, a la que el autor identifica como bohemios burgueses (“bobos”), demostrando de paso que no ha leído a David Brooks. Es de primero de carrera saber que una colección de anécdotas no demuestra nada y como sociólogo espero en un libro así datos, cifras, investigaciones o encuestas de opinión. Información y análisis que demuestren qué pasa en las comunidades de inmigrantes musulmanas. Algo como lo que hizo un equipo de reporteros del Channel 4 británico en su reportaje “Undercover Mosque”. Y es que el autor, aunque no lo diga, me parece claro que trata de reproducir el tono y discurso del libro Londonistan de Melanie Philips.

LondonistanEl término “Londonistan” hace referencia a cómo la ciudad se convirtió en un nodo global del yihadismo por la actitud del gobierno británico de no interferir en las actividades de grupos islamistas radicales mientras sus actividades violentas tuvieran lugar fuera de las fronteras del país. Pero este libro, ya bastante famoso, cuenta el resultado de las medidas adoptadas por el gobierno británico para contrarrestar el yihadismo. Asumiendo que el terrorismo islamista era una desviación del Islam combatible enseñando el “Islam verdadero”, el gobierno británico promovió y favoreció instituciones y grupos musulmanes sin molestarse en comprobar si lo que predicaban esos grupos era compatible con una sociedad moderna y democrática. En el fondo, lo que las autoridades británicas hicieron fue practicar el “indirect rule” de los tiempos coloniales bajo el nombre de multiculturalismo: Asumir a las comunidad musulmana como una masa compacta que manejar delegando la tarea en sus líderes. Lo que no queda claro es que los líderes religiosos fueran previamente mayoritarios y representativos, pero eso da igual porque el reconocimiento de las autoridades británicos los aupó a esa condición. El resultado fue la radicalización de comunidades inmigrantes donde islamistas radicales se conviertieron en hegemónicos mientras aquellas personas que aspiraban a una identidad secular se quedaron sin espacio social.

Otro flanco de la lucha contra el yihadismo en suelo británico fue asumir que el terrorismo islamista era el resultado de la opresión, discriminación y pobreza, no de una ideología, por lo que se decidió darle un tratamiento de víctimas a los miembros de una comunidad que estaba siendo un caldo de cultivo del odio y de valores antidemocráticos. Todo ello, sancionado en nombre del multiculturalismo (“son sus costumbres y hay que respetarlas”) y en nombre de la lucha contra la islamofobia. En la práctica consistió presionar a organizaciones cristianas porque su identidad iba en contra de la diversidad, proponer que se suspendieran actos en memoria del Holocausto “por ser un insulto a los musulmanes” o que abiertamente se pidiera que se aplicara un código civil diferente a la población musulmana. Todo ello ataques al sistema democrático, la libertad de expresión y otros fundamentos de las sociedades modernas y avanzadas. Las redes clientelares establecidas en las comunidades islámicas se convirtieron en un arma de doble filo, ya que el empoderamiento de los grupos islamistas los convirtió en una fuerza política notable.

El relato que hace Melanie Philips sobre el Reino Unido es bastante espeluznante. Aunque leyendo el libro no paré de dejar de pensar que muchas cosas que mencionaba eran imposibles de imaginar en España por la vigencia de la Ley de Partidos, la existencia del delito de “apología del terrorismo” y que el virus del posmodernismo no ha infectado tanto el mundo académico español. El problema está en el diagnóstico y las soluciones que presenta Melanie Philips. ¿Igualdad de la ley para todos? ¿Respeto de la liberta de expresión? ¿Defensa de la naturaleza secular de las sociedades occidentales? No, el problema para ella es la pérdida de los valores tradicionales y la disolución del orgullo nacional británico. La solución pasaría por volver a enseñar en las escuelas el orgullo por el Imperio Británico que llevó la Civilización a los pueblos primitivos, volver a ir a misa y educar a las chicas para que se comporten como señoritas, con lo que los islamistas no podrían aprovechar el vacío producido por la falta de valores. Y es que al final Melanie Philips no deja de ser conservadora cristiana bastante carca. Ahí la tienen escribiendo en el Daily Mail, que es ese periódico.

Riot CityEn el extremo opuesto tenemos Riot City de Clive Bloom que escribe sobre los disturbios de 2011 en Inglaterra, tanto de las prostestas de estudiantes universitarias en Londres como los saqueos en varias ciudades inglesas. En el libro pone los disturbios en el contexto histórico de otras revueltas y protestas juveniles en el Reino Unido en los últimos dos siglos, para señalar que no hay nada sorprendente o nuevo. En la parte en la que el libro narra los disturbios de 2001 es una mera recopilación de noticias bastante aburrida porque resulta una enumeración de incidentes. Pero es en la parte del análisis donde el libro llama la atención. Hay que recordar que los disturbios de 2011 arrancan por la muerte de un joven negro caribeño por disparos de la policía. En las siguientes noches, jóvenes de esa comunidad se dedicaron a prender fuego y saquear tiendas, con varios muertos por palizas, disparos o atropellos. Lo que empezó siendo unos de una comunidad étnica se extendió por varias ciudades de Inglaterra, sumándose también jóvenes de toda condición étnica y social. A pesar de los datos, hechos y cifras el autor procura por todos los medios descartar el papel de la etnia y cultura en los disturbios. A pesar de ello, muestra su perplejidad porque fuera un fenómeno meramente inglés, quedando Gales y Escocia al margen. ¿Será, por ejemplo en Escocia, que los inmigrantes se encontraron con una identidad nacional fuerte y por tanto pudieron asumir el relato de una identidad colectiva? Ahí están esas noticia de cómo la comunidad musulmana tiene su propio diseño de tartán oficial. Quizás sea cuestión de un perfil social diferente. Mirando en Internet sobre la comunidad musulmana de Escocia uno encuentra noticias sobre todo de emprendedores y profesionales. Pero lo relevante en esta reflexión son las soluciones que propone el autor. Sus referencias al aburrimiento y las faltas de tanto autoestima como una figura pàterna parecen un diagnóstico sacado de un capítulo de Hermano Mayor. Pero ese tabú de abordar cuestiones tales como por qué en determinados grupos étnicos del Reino Unido ha arraigado cierta cultura de la delincuencia hacen que el análisis cojee.

Y así, leyendo a unos y a otros, no puedo dejar de tener la sensación de que los análisis de conservadores y progres tienen tales sesgos que ni ayudan a esclarecer el problema ni aportan soluciones completas. Porque al fin y al cabo, no se trata de un problema que nos sea lejano.

“El Sáhara, perspectiva de revisión” de José María Lizundia

El Sáhara, perspectiva de revisión de José María Lizundia. Alhulia, 2013.

Señalé El Sáhara como metarrelato de José María Lizundia como uno de los libros más interesantes de 2012. Se trataba de un ensayo que abordaba el nacionalismo saharaui con afán desmitificador en un panorama editorial lleno de obras sentimentales y partidistas. Pero no se trataba simplemente de una deconstrucción del relato nacionalista del Frente Polisario, sino un análisis de la singular recepción de su discurso en España por parte de militares veteranos del Sáhara y simpatizantes de la causa.

El Sáhara, perspectiva de revisión sigue la línea de trabajo desmitificadora comenzada en el anterior libro para abordar esta vez el conflicto del Sáhara y varios argumentos bien conocidos con los que estén familiarizados con la retórica de los prosaharauis en España: El abandono español de los saharauis y por tanto la “deuda histórica” con aquel pueblo traicionado o la ilegalidad de los Acuerdos Tripartitos de Madrid. El libro revisa la sentencia del Tribunal de la Haya sobre el Sáhara Occidental y la jurisprudencia internacional sobre el conflicto para desvelar sus ambigüedades, como en el asunto del inacabado censo de votantes para el reférendum de autodeterminación, que dejan siempre al lector con la sensación de que “nada es como no los han contado”.

El Sáhara como metarrelato era un libro que pisaba terreno virgen en el que se abría un horizonte de ejes temáticos que explorar y quizás por ello resultó menos ordenado en su exposición que El Sáhara, perspectiva de revisión. Por su parte, este libro sorprende menos por su carácter de culminación de una aproximación al tema. Personalmente echo en falta que en vez de ensayo ambos libros hubiera tenido un formato más académico. Pero como dije del primero, el conjunto formado por ambos libros es el referente a tener en cuenta a la hora de abordar el asunto en español. La duda que me queda es, ¿no sería de aplicación el mismo método de análisis a otros temas como la cuestión palestina?

El Sáhara, perspectiva de revisión será presentado el martes 9 de abril a las 20:30 horas en el Casino de Tenerife (Plaza de Candelaria). El acto contará con la presencia del autor y de Manuel Vidal Garrido, Premio Nacional de Periodismo y exdirector de la Gaceta de Canaria.

La quimera de las armas hechas en casa con una impresora 3D

Hace semanas leí sobre la segunda prueba publicada en vídeo de la gente que está tratando de fabricar armas en su casa con una impresora 3D. Esta vez el arma aguantó y el asunto generó toda clase de análisis sobre el futuro que se habría por delante en un mundo donde cada ciudadano podría fabricar armas de fuego en su propio garaje. La realidad es que todo es mucho menos impactante y espectacular de lo que se ha contado. Trataré de explicar por qué.

El fusil más popular en Estados Unidos es el Armalite AR-15, que fue adoptado como arma reglamentaria por las fuerzas armadas de EE.UU. en los tiempos de la Guerra de Vietnam y recibió la denominación M-16. Hoy en día, un montón de empresas diferentes en Estados Unidos fabrican su propia variantes y piezas del AR-15, de tal modo que las posibilidades de modificación por parte del usuario son casi infinitas.

El cajón de mecanismo (“receiver”) del AR-15 se puede descomponer en dos piezas. La superior, donde se engancha el cañón y la parte inferior, donde está el conjunto del gatillo (“lower receiver” o “lower”). Puedes cambiar la parte superior del cajón de mecanismo y/o el cañón para usar el conjunto del fusil con otro calibre o un largo de cañón diferente, que son de venta libre en EE.UU. Según las leyes de Estados Unidos, es la parte inferior del cajón de mecanismo lo que constituye el arma en sí misma porque es el elemento imprescindible para que fucione. En ella se estampa el número de serie y en las tiendas de armas puedes ver que los incluyen en la misma sección que las armas de fuego completas.

El revuelo que se está montando en Estados Unidos es porque alguien ha fabricado sus propios “lower receiver” con una impresora 3D. El resto de piezas (culata, “upper receiver”, cañón, miras, guadamanos, mecanismos internos del “lower receiver”, etc.) los han comprado aparte o tomado de otro fusil. El asunto no tiene nada ver con “están fabricándose sus propias armas en casa con una impresora de plástico inyectado” porque el cañón no puede ser de otro material que metal y se fabrica taladrando una pieza sólida que requiere maquinaria muy específica. Todo se reduce a que están fabricando en casa una pieza que según la ley constituye el arma en sí misma y luce así:

Ahora sólo queda fijarse en el famoso vídeo donde prueban el arma con un cargador de alta capacidad y se ve que sólo una parte pequeña del AR-15 ha sido fabricado en plástico blanco con una impresora. El resto son piezas comerciales:

Actualización: He encontado este reportaje sobre el asunto, que aclara bastante que para sus impulsores se trata de un desafío legal y no tecnológico.

“Brothers in Arms” de Camille Tawil

Brothers in Arms. The Story of al-Qa‘ida and the Arab Jihadists de Camille Tawil.
SAQI Books, Londres, 2010.

Fuera del mundo de los periodistas y expertos occidentales, que en muchos casos sólo acceden a fuentes secundarias, están por descubrir los acádemicos con dominio del árabe y autores árabes con una producción mucho más discreta mediáticamente pero profundamente interesante donde rescatan el testimonio de los protagonistas de la historia.

En Brothers in Arms, Camille Tawil traza la historia de los yihadistas que combatieron a sus gobiernos en Argelia, Libia y Egipto durante los años noventa. Es una historia que va de fracaso en fracaso frente a regímenes que reprimieron a la disidencia con mano dura. El resultado es que grupos como el GIA argelino y Al-Gama’a al-Islamiyya de Egipto terminaron por renunciar a la violencia. Las organizaciones supervivientes se refugiaron en el único país del mundo con un gobierno musulmán que ofrecía una retaguardia a los grupos yihadistas: La Afganistán de los talibán. Allí terminaron bajo la influencia de un millonario saudí que articuló sus fracasadas luchas locales en una yihad gloabal contra Occidente.

El retrato que hace Camille Tawil de los yihadistas norteafricanos no es muy edificante, con sus enfrentamientos por cuestiones ideológicas, teológicas y organizativas. Su desconexión con la realidad y con el sentir mayoritario de la población musulmana lo veríamos luego en Iraq donde la rama local de Al Qaeda liderada por Abu Musab Al Zarqawi puso a la población en su contra. El relato termina con un giro irónico. Los líderes y militantes yihadistas que encontraron refugio en Afganistán murieron en su mayor parte bajo las bombas y balas estadounidenses tras la invasión de Afganistán. Tuvieron mejor suerte los yihadistas argelinos que renunciaron entonces a ir a Afganistán para unirse a Bin Laden. El terrorismo yihadista nunco estuvo cerca de la victoria y la perspectiva del tiempo, con libros como este, nos permitirá ver lo excepcional del período 2001-2011.

Bibliografía sobre la yihad argelina

Estoy trabajando en la presente crisis de Mali. Y puestos a buscar los orígenes históricos de la actual situación en el Sahel se hace inevitable tirar de uno de los hilos hasta el origen de la yihad argelina en el contexto de la guerra civil que vivió el país en los años 90. Podría parecer que un asunto que convulsonió un país tan cercano y cuyas ramificaciones llegan hasta el 11-M habría sido bien cubierto desde el punto de vista editorial en español. Pero no. Lo que tenemos son fragmentos dispersos por varias obras sobre la crisis argelina de finales de los 80, el ascenso del Frente Islámico de Salvación, el abrupto cerrojazo a al apertura política y la posterior guerra civil.

Estos días he estado recopilando fragmentos de esa historia. He encontrado información en estos libros:

El gran Magreb: Desde la independencia hasta el año 2000 de Paul Balta (1995).
El estado árabe : crisis de legitimidad y contestacion islamista de Gema Martín Muñoz (1999).
La yihad: Expansión y declive del islamismo de Gilles Kepel (2001).
Guerras profanas: Afganistán, Estados Unidos y el terrorismo internacional de John K. Cooley (2002).

Encontré un cuarto, En el nombre de Dios de Sami Naïr (1995). Es el único dedicado específicamente a Argelia, pero en su brevedad y por la perspectiva del autor poco me aportó.

Sé de la existencia de dos más, dedicados a las atrocidades cometidas durante aquella la guerra civil. Precisamente las matanzas perpetradas por los yihadistas argelinos socavaron el apoyo de las masas y muchas fuentes acusan al estado argelino de realizar operaciones de bandera falsa:

La muerte en Bentalha. Guerra y manipulacion politica en Argelia de Nesroulah Yous (2001) y La Guerra sucia de Habib Souaidia (2002).

¿Algún lector podría recomendarme alguna otra obra en español con el que completar mi bibliografía? Sé que en inglés y especialmente en francés hay todo un universo de publicaciones. Precisamente esta semana me llegó The Algerian Civil War, 1990-98 de Luis Martinez (2000), la que puede que sea obra definitiva sobre el asunto. Se trata de una tesis doctoral dirigida por Gilles Kepel y es obra de un franco-argelino que publicó bajo pseudónimo.

Sobre la yihad en el Sahel encontramos dos libros diametralmente opuestos en español. Por un lado tenemos Terrorismo internacional en África del incombustible Jesús Núñez Villaverde junto con Balder Hageraats y Malgorzata Kotomska. Como conté en mi reseña, el libro desprecia la amenaza yihadista en el Sahel presentándola como una excusa inventada por Estados Unidos para intervenir a favor de sus intereses petroleros en el continente. Al menos queda el consuelo de saber que el profesor Núñez Villaverde habla ahora de “una amenaza que ya había sido identificada como tal al menos desde 2008″. (2008 es, por cierto, en el que acudí a Granada a presentar mi comunicación “Un Flanco Sur Profundo: El arco de inestabilidad de África Occidental”). Por otro lado, tenemos La yihad a nuestras puertas: La amenaza de Al Qaeda en el Magreb Islámico de David Alvarado. Y ese es el panorama editorial en español. La yihad no existe o es una amenaza tocando en nuestra puerta. Creo que hay hueco para un análisis sosegado sobre el tema.

Los libros de febrero

Special Forces in the Desert War 1941-1943 de los National Archives.
The Long Range Desert Group 1940-1945. Providence their guide de David Lloyd Owen.
Dos libros sobre el papel de las patrullas motorizadas británicas que actuaron detrás de las líneas enemigas en el norte de África durante la Segunda Guerra Mundial. Forma parte de mi propósito, tras leer a T. E. Lawrence, de ir ampliando mi biblioteca sobre guerra irregular el desierto.

A Line in the Sand: Britain, France and the Struggle That Shaped the Middle East de James Barr. Tras leerme Setting the desert in fire, donde Barr contaba el desarrollo de la Primera Guerra Mundial en Oriente Medio, me quedó la curiosidad de leer su versión del reparto franco-británico del Imperio Otomano. Creo que en el anterior libro la trama diplomática quedó magistralmente hilvanada con un estilo minucioso. Un libro para entender de “cómo aquellos polvos vienen estos lodos”.

Zones of Conflict: US Foreign Policy in the Balkans and the Greater Middle East de Vassilis K. Fouskas. Uno de esos libros con “perspectiva crítica” pero que emplea el concepto de “Gran Oriente Medio”, del que me quedé con ganas de trabajar desde el año pasado a partir de un artículo que escribí para la revista Fuerzas de Defensa y Seguridad.

La Guerra de las Arenas: Conflicto entre Marruecos y Argelia durante la Guerra Fría [1963] de Ana Torres García. Hace poco comentaba con alguien la inexistencia de información sobre esta guerra olvidada y aquí tengo la respuesta.

Herodote nº142 3er Trimestre 2011 y Limes nº5/2012.
Dos números de dos revistas (de formato libro) sobre geopolítica dedicada al Sáhara. La primera es francesa y la segunda italiana. ¿Alguien explica la falta de publicaciones similares en español?

Tráfico de Armas de Lora Lumpe (ed).
África And The War On Drugs de Neil C.M. Carrier y Gernot Klantschnig.
El primero es un libro académico y aséptico. El segundo es otro con “perspetiva crítica”.

Redes de indignación y esperanza de Manuel Castells. Vuelve El Sociólogo para tratar “los movimientos sociales en la era de Internet”.