Irán, ¿misión imposible?

Llevo más de diez años escribiendo en este blog de asuntos de seguridad y defensa. A veces sucede que busco en Internet información de un tema y me aparece en el buscador una entrada del blog que escribí hace años de la que no recordaba absolutamente nada. Yo mismo me suelo sorprender del hallazgo. Otras veces me sucede al contrario. Estoy absolutamente convencido de haber escrito un tema y cuando voy a buscar la entrada del blog no aparece. Me sucedió hace poco, tras leer en el ElMed.io  un artículo de Daniel Pipes donde repasa las opciones de Israel para destruir el programa nuclear iraní: “Cómo puede Israel destruir el programa nuclear iraní”.

La primera opción que menciona Daniel Pipes es:

Operaciones aéreas. Aviones que crucen varias fronteras internacionales y arrojen bombas, como en 1981 en Irak y en 2007 en Siria. Esta parece la opción por defecto. Hay estudios que muestran que sería difícil pero realizable.

Mi opinión es que no sería difícil, sería muy difícil. Y estaba totalmente seguro de haberlo explicado. Busqué y no apareció la entrada del blog donde analizaba el asunto.  Lo más parecido que encontré fue la séptima entrega de mi serie sobre el programa nuclear de Irán: “La opción militar”.

Tenemos dos precedentes. La Operación “Ópera” contra el programa nuclear iraquí en 1981 y la Operación “Huerto” contra el programa nuclear sirio en 2007. La primera es bastante conocida. Un puñado de F-16 voló desde Israel hasta Iraq siguiendo la frontera jordano-saudí, soltó un montón de bombas “tontas” sobre un reactor nuclear en construcción a las afueras de Bagdad y regresó sin novedad.  La segunda es menos conocida porque nadie ha reclamado la autoría y porque el régimen de Bashar Al Assad ha querido correr un tupido velo sobre que un puñado de aviones atravesara sus defensas aéreas y entrara “hasta la cocina”, un reactor nuclear de tecnología norcoreana en construcción en el desierto sirio oriental.

En ambos casos, el programa nuclear iraquí y sirio, pretendía dotarse de un arma nuclear elaborada a partir del plutonio-239 que se genera en una reacción nuclear a partir de la combustión de uranio en una única central nuclear. Destruida la cara y compleja central nuclear construida con tecnología extranjera, el programa nuclear quedó cortado en seco. El caso iraní es diferente. El programa nuclear iraní ha buscado la autonomía tecnológica y ha seguido varias rutas tecnológicas, aunque el esfuerzo principal (conocido) se puso en desarrollar la capacidad de enriquecer uranio mediante tecnología comprada a una red clandestina dirigida por el padre de la bomba atómica pakistaní. Hablé de todo ello aquí en 2006. Véase: “Uranio como combustible nuclear”, “Las instalaciones de tratamiento de uranio” y “El enriquecimiento de uranio”. El reciente acuerdo nuclear con Irán, del que todo el mundo habla y nadie ha leído, establece un máximo al que Irán puede enriquecer uranio, limita la infraestructura que Irán puede hacer funcionar y establece un régimen de inspecciones. El acuerdo, que ha sido tan celebrado en España, gira en torno a la buena voluntad de Irán, pero es un tema del que hablar otro día.

Obas en la planta de Natanz en septiembre de 2002

Obas en la planta de Natanz en septiembre de 2002

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Mismas instalaciones en febrero de 2004 camufladas bajo tierra

Irán cuenta con una planta de enriquecimiento de uranio en Natanz. Fotos de satélites civiles mostraron durante la pasada década obras de construcción que dejaron instalaciones bajo tierra. Esas instalaciones ya fueron el objetivo de Stuxnet, un ciberarma desarrollada por Israel y Estados Unidos. Así que podemos dar por hecho que sería un objetivo prioritario en un hipotético ataque aéreo contra el programa nuclear iraní.

Supongamos entonces que Israel quisiera lanzar un ataque aéreo resolutivo contra el programa nuclear iraní. Por simplificar, imaginemos que la información que dispone Israel sobre la planta es correcta y que un ataque contra la planta de Natanz sería fulminante para el programa nuclear iraní. aunque pensemos por un momento lo complicado que sería en el mundo real estar seguros de que Irán no alberga otras instalaciones secretas igual de estratégicas y obtener los datos técnicos de la construcción que permitan hacer los cálculos oportunos para su destrucción.

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F-15I Ra’am

Así que lo primero que hay que tener en cuenta es que se requieren bombas antibúnker. Israel cuenta con la bomba GBU-28 de 5.000 libras (2.268 kilos). En teoría la fuerza aérea israelí sólo cuenta con un avión en su arsenal capaz de cargar con esa bomba: El F-15I Ra’am (Trueno), versión específica para Israel del F-15E Strike Eagle. Es el avión escogido para los ataques estratégicos a larga distancia. En caso de un ataque a las instalaciones subterráneas en Natanz los F-15I del 69º Escuadrón serían sin duda los escogidos para la misión.

La primera cuestión a considerar evidentemente es la distancia entre Israel e Irán. El 69º escuadrón tiene su base en Hatzerim, a las afueras de Be’er Sheva. Hay más de 1.600 kilómetros en línea recta hasta la planta de Natanz. Una ruta que cruza Jordania e Iraq. Podríamos imaginar que Jordania haría la vista gorda ante una operación israelí, pero no Iraq. Ahora mismo Iraq e Irán son aliados en la lucha contra el Estado Islámico. Además, desde la caída del régimen de Saddam Hussein, la administración y las fuerzas armadas iraquíes están penetradas por la inteligencia iraní. Podríamos imaginar que la fuerza aérea israelí decidiera sobrevolar territorio iraquí aprovechando la debilidad de las defensas antiaéreas iraquíes . Su fuerza aérea sólo contaba hasta hace poco con aviones ligeros y de transporte, cuando llegaron los primeros cazabombarderos en servicio desde 2003.

Ruta directa entra la base de Hatzerim y las instalaciones nucleares de Natanz

Ruta directa entra la base de Hatzerim y las instalaciones nucleares de Natanz

Considerando que los F-15I irían cargados con al menos una GBU-28 y volarían a baja cota sería necesario al menos un reabastecimiento en vuelo.  La fuerza aérea israelí cuenta con Boeing 707 modificados como aviones cisternas. La maniobra de repostaje en vuelo es lenta y delicada, exponiendo a los aviones durante su realización. Es difícil imaginar que tal maniobra se hiciera a bajo cota y en cielos hostiles. Una alternativa sería buscar una ruta diferente, por ejemplo atravesando el norte de Arabia Saudita. En los últimos años se han publicado noticias sobre un acuerdo secreto entre Israel y Arabia Saudita por el que el segundo país fingiría no ver en su radares a los aviones israelíes rumbo a Irán. Se ha hablado también de que los aviones israelíes podrían atacar Irán desde Azerbaiyán. En ambos casos es previsible represalias iraníes. Por no hablar del escándalo en el mundo árabe-musulmán de la ayuda saudí a los planes de Israel.

Cuando los aviones israelíes entraron en Siria en 2007 para destruir su programa nuclear algo curioso pasó. La red de defensa aérea siria resultó incapaz de detectar a los aviones israelíes. Se habla de avanzados sistemas de guerra electrónica, de un cíber-arma que apagó los radares, de sabotaje in situ e incluso de todo junto a la vez. El grupo de F-15I israelíes se encontrarían con la red de defensa antiáerea de Irán, país que lleva esperando un ataque así bastante tiempo.

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Sistemas SAM cerca de Natanz. Rojo = HQ-2 (copia china del S-75/SA-2). Naranja = HAWK. Verde brillante = 2K12 (SA-6). Verde apagado = TOR-M1E Fuente: Air Power Australia

Dependiendo del grado de sorpresa esperada y del nivel de hostilidad de los países cuyo espacio aéreo el grupo de F-15I tendría que atravesar, habría que añadir un grupo de escoltas (“sweepers”) encargados de barrer la ruta de aviones enemigos y aviones encargados de suprimir las defensas antiaéreas enemigas (SEAD). con misiles antiradar. Aquí llegamos a uno de los puntos peliagudos. Lo que tendría que ser una discreta misión de ataque estratégico a larga distancia con aviones volando bajo y a gran velocidad, podría convertirse en un circo aéreo de decenas y decenas de aviones realmente difícil de hacer pasar por un espacio aéreo hostil de forma discreta. Cada avión que se añada al paquete de ataque significa más combustible que deberán cargar los aviones cisternas hasta que quizás hagan falta más. Sería un caso típico de “mission creep”.

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Boeing 707 de la fuerza aérea israelí modificado como cistena y tres F-15

Las fuerzas armadas iraníes cuentan con tecnología occidental de los años setenta modernizada localmente combinada con sistemas rusos y chinos más modernos. Es esperable que los equipos israelíes de guerra electrónica fueran capaces de incapacitar los sistemas más antiguos y parte de los equipos rusos actuales. Se habla de acuerdos de intercambio de información entre Rusia e Israel, por los que Israel habría ofrecido información a Rusia sobre los sistemas de defensa antiaérea georgianos de factura israelí a cambio de información sobre los sistemas de defensa antiaéreos rusos en manos de Siria. Sin embargo, las relaciones entre ambos países posiblemente ya no sean las mismas. De hecho, Rusia ha anunciado estar dispuesta a vender los avanzados sistemas de defensa antiaérea S-300 a Irán. El levantamiento de las sanciones internacionales a Irán supondrá importantes ingresos para el país cuyas autoridades ya han anunciado que dedicarán recursos a la modernización de las fuerzas armadas del país.

Hasta ahora, los israelíes han resuelto sus desafíos estratégicos con audacia e ingenio. Desde el rescate de rehenes en Entebbe al ataque del programa nuclear sirio. Así que la solución a los problemas aquí planteados podrían venir de formas inesperadas, como la ayuda de aliados desconocidos hasta el momento o soluciones técnicas como F-15 con sisternas de repostaje “buddy pack”. Pero quizás Natanz sea un objetivo demasiado complejo. Siempre creí que la solución militar era inviable. Ahora hay que estudiar el acuerdo nuclear con Irán.

Michael Knights escribió en 2007 “Hard Target: Rolling-Back Iranian Nuclear Programmes”.

Cómo Irán cerraría el Estrecho de Ormuz

rgm_261_1-pixgEn su número de julio de 2011 la Revista General de Marina, que edita la Armada Española desde 1877, publicó mi artículo “Irán y la guerra naval asimétrica” (disponible aquí aparte del resto de la revista). En él contaba cómo Irán desarrolló una doctrina de guerra naval asimétrica tras sus enfrentamientos con fuerzas estadounidenses en el Golfo Pérsico durante los años 80. La doctrina iraní compensa su debilidad frente a la más potente armada del mundo con, entre otras, tácticas de ataque en enjambre de embarcaciones ligeras y aprovecha las peculiares condiciones para la navegación marítima del Estrecho de Ormuz, el más importante “punto de estrangulamiento” para el comercio marítimo de hidrocarburos. La estadísticas de Academia.edu, la red social académica y repositorio de artículo donde subo mis textos, refleja bastantes lecturas. No en vano, es el único artículo dedicado al tema en español que conozco, si obviamos dos someros textos posteriores al mío y cuyos autores encontraron “inspiración” en un lugar fácilmente reconocible. Tratándose de oficiales de la Armada, consideremos que se trata de un halago…

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David Cenciotti, autor del imprescindible blog The Aviatonist, ha recogido una ilustración con presumible origen en Irán que traduce al farsi una ilustración del The Wall Street Journal.

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Cenciotti afirma que la cuenta de Twitter donde apareció la imagen pertenece a los pasdarán, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica. Aunque yo sospecharía de un perfil llamado @IRGCspy. En cualquier caso, se trata de que en Irán da por bueno el esquema dibujado en EE.UU. de cómo sería un ataque iraní contra un destructor estadounidense de la clase Areligh Burke. Considerando que en Irán han construido una réplica de un portaaviones estadounidense con el único propósito de hundirlo en unas maniobras, el asunto dará que hablar.

Y por fin, un acuerdo con Irán

Comencé a interesarme por Irán hace ya bastante tiempo. En 2006 publiqué aquí una serie de seis entradas sobre el tema porque ya entonces sonaban tambores de guerra ante la posibilidad de que Irán estuviera a punto de desarrollar el arma nuclear mientras se publicaban noticias tremebundas y alarmistas sobre una hipotética amenaza terrorista iraní.  Hablé entonces del enriquecimiento de Uranio, de las instalaciones relacionadas con el programa nuclear iraní y de lo que sabíamos sobre la tecnología de enriquecimiento iraníes. Lo que planteé entonces es que íbamos camino de una “Guerra Fría” con Irán, de la misma manera que Occidente convivió con una Unión Soviética nuclear. “¿Podríamos vivir con un Irán nuclear?” me pregunté en SesióndeControl, donde además hablé de las pocas probabilidades de éxito definitivo de un ataque militar estadounidense o israelí en “Teléfono Rojo, ¿volamos a Teherán?”. Habría que recordar que 2006 eran los tiempos en que alguno preguntaba cuál sería el siguiente país a invadir tras Afganistán e Iraq.

Pasaron varios años y la noticia de un posible ataque a Iran volvió a estar en los titulares. Recuerdo que fue a la vuelta de mi viaje a Uruguay cuando me sentí obligado a explicar por qué creía que no iba a tener lugar un ataque militar. Usé términos tan claros como “Irán y la guerra que no viene”. Es divertido leer ahora el repaso que hizo Masha Gabriel a los vaticinios de los expertos que pusieron fecha al ataque a Irán. Pero recuerdo las caras del público en una mesa redonda sobre “La amenaza nuclear iraní” que tuvo como escenario la Sinagoga de Madrid cuando arranqué mi intervención diciendo que si algún día el régimen iraní desarrollara un arma nuclear no sería para usarla a continuación contra Israel. Una de las cuestiones que más me llamó la atención y más me interesó es el debate sobre si Irán es un actor racional en su política exterior. Más allá de la apariencia y los discursos interesados en Occidente, muchos afirmaban que sí y recomendaban un acercamiento del gobierno de Estados Unidos a Irán. Lo que me resultaba evidente es que para Estados Unidos no era viable políticamente la opción militar ni para Israel no era técnicamente posible realizar un ataque militar. Pero para Irán tampoco era posible parar un ataque estadounidense ni era posible mantener su economía y empresas bajo embargo y sanciones por tiempo indefenido. Un acuerdo negociado era la única salida posible para todos.

Cuando el director de la CIA, Leon Panetta, volvió de un viaje a Israel y anunció en febrero de 2012 que el ataque israelí a Irán podría tener lugar en primavera resultó evidente que los gobiernos de Washington y Jerusalén estaban jugando a “poli bueno, poli malo”. Resultó áun más evidente cuando se supieron detalles del virus Stuxnet, un arma cibernética que sólo pudo ser desarrollada e introducida en los sistemas iraníes con el trabajo conjunto de empresas estadounidenses y los servicios secretos israelíes. Quizás algún día sepamos cuántas de la declaraciones altisonantes de unos y otros en estos años correspondieronn a un guión preestablecido para preparar unas negociaciones cuyos contactos preeliminares parece que arrancaron en 2011 y en cuyo éxito tuvo un papel destacado el discreto y eficaz sultán de Omán. 131123225830-iran-agreement-01-horizontal-galleryJordi Pérez Colomé lo llama un “miniacuerdo”. Y Dina Esfandiary dice que es el mejor acuerdo para todos. Ahora sólo queda esperar el desarrollo de estos seis meses y ver si Irán cumple sus compromisos. Sería estupendo poder cerrar un tema del Gran Oriente Medio para poder volcarme en 2014 en Iberoamérica y el Flanco Sur.Sólo me queda añadir unas pocas cosas. Tenemos la costumbre de periodistas y expertos de escribir sesudos artículos explicándonos por qué lo que sucedió ayer es el gran fenómeno que es un tendencia imparable.

Después de la muerte de Bin Laden, Estados Unidos iba a resolver todos su problemas estratégicos con una operación relámpago. Después del asalto al centro comercial Westgate en Nairobi, África iba a ser el gran escenario de la yihad global en el siglo XXI. Y después de este acuerdo Lady Ashton es el “arma secreta” de la UE a pesar de que sus habilidades diplomáticas, su inteligencia y su peso político en la burocracia europea es la misma que hace un mes. Me ha producido hastío la avalancha de ruidosos análisis sobre el acuerdo con Irán proclamando el fin de los tiempos. ¡Peor que Munich en 1938! Otra vez más. Siempre fue así, pero me resultó llamativo el sesgo y la tendenciosidad de los análisis sobre Oriente Medio a ambos lados del Atlántico. Se ha convertido en un motivo más para querer desentenderme de Oriente Medio.

“La Ola Verde”

Témoris Grecko es un periodista mexicano que se encontraba de viaje atravesando Asia cuando su paso por Irán le pilló el estallido de la “Revolución Verde” tras las elecciones presidenciales de 2009. Armado con su visado de turista, un red de amigos y un aspecto físico que le permitía pasar hasta cierto punto desapercibido vivió a pie de calle las manifestaciones, corrió delante de los antidisturbios, tragó gas lacrimógeno y fue salvado in extremis por iraníes anónimos. El libro es una mezcla de diario de viaje, crónica periodística y análisis que se parece poco a los textos escritos por autores anglosajones, aunque el Irán que describe empieza a serme ya familiar.

Grecko describe el Irán ya conocido. Un país que vive la contradicción entre vida pública y la privada, entre las esperanzas de la gente joven urbana y los jerarcas del régimen. Desde la experiencia a ras de tierra, las elecciones de 2009 resultan un fraude. Musaví, un hombre producto del régimen, congregó un extenso apoyo sólo porque su candidatura fue convertida por la gente en un símbolo de cambio. En la hora definitiva, con el aparato de represión del régimen encarcelando, torturando y haciendo desaparecer gente, Musaví fue el gran ausente. La Revolución Verde perdió fuelle por falta de liderazgo, consumida por los rumores, la falta de comunicaciones libres y la falta de dirección estratégica.

Confirmamos que en la elecciones de 2009 se produjo un “golpe interno” que aplastó los pequeños márgenes permitidos dentro de la República Islámica. Pero el relato de Grecko sirve sobre todo para comprender que la naturaleza del régimen de Irán tiene más que ver con los hombres y sus miserias que con Dios.

“La estrategia del perro loco” de Íñigo Sáenz de Ugarte

“La estrategia del perro loco. Israel, Irán y la bomba nuclear” es un librito en formato digital publicado recientemente por Íñigo Sáenz de Ugarte, periodista y autor del blog Guerra Eterna. Se trata de un producto publicado vía Amazon por el autor en un experimento de nuevas vías para el periodismo que conecta al autor con sus lectores de una forma más inmediata y fomentando la posibilidad de extenderse más allá de los límites de la página del periódico o la entrada del blog. Habrá que estar atentos al formato.

El libro parte de la premida de que con la actual crisis a cuenta de los planes nucleares de Irán “[p]uede originarse un conflicto bélico que definirá las relaciones internacionales de la próxima década“. La obra trata sobre el Irán nuclear con Israel de protagonista principal. El título hace referencia a una frase del general y luego ministro Moshe Dayan en el que se refería a que Israel debería ser percibida por sus enemigos como impredecible e inestable como una forma de disuación. Según Íñigo Sáenz de Ugarte esa intención explica la política israelí aunuqe “ese efecto no haya existido a lo largo de la historia”.

El texto recoge la construcción de la amenaza iraní, el impacto de las recientes sanciones contra Irán, las relaciones de Israel y Estados Unidos en torno a la carrera nuclear junto con el retorcido papel de Pakistán en el programa nuclear iraní a pesar de ser aliado de Estados Unidos. He echado en falta un análisis sobre el papel de Irán en Oriente Medio. Las ambiciones hegemónicas en la zona del régimen de Teherán son despachadas con un es “improbable que los wahabíes saudíes aceptaran recibir órdenes de la jerarquía religiosa iraní”. A mi modo de ver olvida el peso de los shiíes en Arabia Saudita, Bahrein e Iraq junto con los caminos de la diplomacia subterránea que pueda respaldar el arma atómica. Creo que está por escribirse un análisis de la situación que prescinda del papel de Israel. Las conclusiones podrían ser muy interesantes.

Tortilla iraní

Williy Pulido (alias Madison Republicano) se ha puesto las pilas y ha vuelto a hacer sus propios análisis sobre la crisis con Irán más allá de publicar contenido de otros como nos tenía acostumbrado.

Masha Gabriel hace un repaso para ReVista de Medio Oriente de las predicciones de los analistas y expertos sobre el ataque al programa nuclear iraní en la onda de “El ataque de los analistas pésimos”. Todos hablan con la misma seguridad que si se fueran de cañas y tapas con Netanyahu o tuvieran un primo en el Mossad. Masha ha encontrado analistas que cuentan que el programa nuclear iraní ya ha sido destruido en secreto por Israel y otros que aprovechan para cargar las tintas contra Israel por algo que todavía no ha pasado. En el caso de Medio Oriente, cuando llegues a casa critica a Israel. Ellos sabrán por qué.

Gonzalo Martín apuntaba en los comentarios a mi entrada sobre la publicación de correos internos de Stratfor en la edición digital del diario Público que todo esto reflejaba más el estado del periodismo que el de la inteligencia privada.

Los titulares de Público trataban de darle un carácter sórdido a la naturaleza del trabajo de Stratfor. David de Ugarte aclara sobre el asunto y apunta a la enorme contradicción entre la promesa de libertad y apertura de Wikileaks con su alianza con medios de comunicación que hagan de cuello de botella con sus “exclusivas”.

Por cierto, que yo fui subscriptor de Stratfor por dos años y sus noticias de las áreas que me resultan familiares me parecieron un tanto flojitas. Por no hablar de las enormes dosis de propaganda en ciertos análisis recientes sobre Irán que parecían un intento de generar profecías autocumplidas. John Robb también tiene algo que decir sobre el asunto.

Y termino con dos apuntes sobre Irán y la naturaleza de su régimen.

Is the Iranian Regime Rational? de Michael Singh y “Ahmadineyad: el presunto dictador pierde las elecciones” de Íñigo Sáenz de Ugarte.

Teléfono Rojo, volamos hacia Teherán

Por indicación en un comentario hecho por su autor, José Lozano Gallardo, he descubierto la serie “Good morning, Teherán” publicada (, y ) en el blog colectivo colectivo Passim. Reconforta encontrar un análisis sensato después de hartarme de tanto profeta del Apocalipsis.

En la primera parte se hace un repaso a la historia de las ambiciones nuclares iraníes y se especula con el panorama que crearía un Irán nuclear. Me ha llamado la atención una idea que he escuchado varias veces:

Desde el punto de vista de Washington, el componente religioso del sistema político iraní es un factor que no infunde tranquilidad a la hora de tener en cuenta que la decisión sobre pulsar el botón rojo recaerá sobre mullahs religiosos…

Personalmente creo que la percepción de Irán como una teocracia gobernada por “chiflados religiosos” que no se atienen a razones de este mundo es pura proganda. El régimen iraní ha demostrado sobradamente que orienta sus acciones con una lógica bastante terrenal con su balance racional de objetivos y medios o costes y beneficios. Incluso cuando esos medios son el terrorismo o aliarse con grupos sunníes o un régimen árabe socialista dirigido por alawitas.

En la segunda parte se evalúan las opciones que tiene Occidente para detener el propgrama nuclear iraní, desde la fuerza a la presión económica. Coincido aquí en que la opción militar es inviable, como ya conté en su momento, porque no asegura el cumplimiento del objetivo, por el contexto económico y por las represalias que podría llevar a cabo Irán.

Por último en la tercera parte plantea el juego geopolítico de Oriente Medio que esconde la crisis nuclear con Irán, repasando las invasiones de Afganistán e Iraq en relación a Irán para llegar a la conclusión de que Irán más que enemigo debería ser aliado natural de Estados Unidos en la zona si fueran capaces de entablar el diálogo. Una tesis interesante de contrastar con los argumentos en esa misma dirección de Robert Baer en su libro “The Devil We Know”.

Irán y la guerra que no viene

En las últimas semanas Irán es el tema del que más explicaciones he dado en conversaciones informales. “¿Pero no va a haber guerra con Irán?” me preguntan extrañados ante las señales que llegan de Washington y Jerusalén.

Después de Afganistán (2001), Iraq (2003) y Libia (2011) podría parecer que invadir otro país musulmán es la cosa más sencilla del mundo. Pero hay que recordar que:

-Afganistán era un país atrasado que había sufrido más de 20 años de guerra. A los pocos días de la invasión en 2001 la aviación estadounidense se quedó sin objetivos que bombardear. No había bases aéreas o radares. Las fuerzas talibán eran principalmente infantería ligera montada en Toyota Hilux con puñados de vehículos acorazados aquí y allá. Existía una oposición armada, la Alianza del Norte, que sirvió de punta de lanza a la invasión del país.

Iraq era un país con una tecnología militar cerca de la obsolescencia a finales de la Guerra Fría y cuyas instalaciones, infraestructuras y fuerzas armadas fueron machadas en la Operación “Tormenta del Desierto” en 1991. Tras más de veinte años de embargo internacional la situación de sus fuerzas armadas era aún peor. La invasión de Iraq en 2003 se llevó a cabo con menos tropas y en menos tiempo que la liberación de Kuwait en 1991. La ruta de invasión de Iraq, desde Kuwait a Bagdad, es un terreno desértico y llano con grandes autopistas donde los Estados Unidos pudieron llevar a cabo una blitzkrieg sin apenas oposición.

-Libia es un país con menos de 6 millones de habitantes donde más de tres cuartas partas de la población viven en ciudades al borde del Mediterráneo. Al igual que Iraq, el régimen había sido sometido a un embargo internacional que afectaba a la importación de armamento. Tras su levantamiento el régimen realizó varias negociaciones con Francia y Rusia sin que se lanzara a la esperada modernización multillonaria de sus fuerzas armadas. En vísperas de la guerra civil sus fuerzas armadas contaban principalmente con tecnología soviética de los años 70 y 80 de segunda fila. Cuando la población de la región de Cirenaica asaltó los cuarteles se encontraron con que las unidades fuera de Trípoli contaban con material militar en muy mal estado. Sólo las unidades de la Guardia Revolucionaria contaban con lo mejor de un armamento que ya era de por sí viejo.

Irán es un país montañoso de unos 75 millones de habitantes cuya invasión tendría poco que ver con la cabalgada por el desierto que fue la invasión de Iraq en 2003 (véase la serie “Generation Kill”). La pregunta es ¿qué sentido tendría invadir Irán? ¿Destruir su programa nuclear? ¿Cambiar el régimen? Ya hemos visto cómo han evolucionado los experimentos de Afganistán e Iraq y ahora mismo hay en Estados Unidos una fuerte resistencia a repetir la experiencia.

Una invasión de Irán generaría tal inestabilidad en los mercados del petróleo y bursátiles que tendría consecuencia catastróficas en la presente crisis. Una escalada en los precios del petróleo podría ser la puntilla a la crisis europea porque tendría repercusiones en el transporte de pasajeros y mercancías, afectando al turismo y a los precios de los productos básicos (la carne y verdura no llegan mágicamente a los supermercados de Madrid, París y Berlín).

Cabría esperar una respuesta del régimen de Irán tan pronto comenzaran las operaciones militares. Irán tiene frontera con Afganistán, un país donde hay tropas occidentales. Precisamente las españolas están desplegadas en una región fronteriza con Irán. Sería relativamente fácil para Irán dotar de armamento, suministros y dinero a la insurgencia talibán para que intensificara sus ataques contra las fuerzas occidentales. Además, Irán podría tratar de cortar la navegación por el Estrecho de Ormuz y afectar el flujo marítimo de hidrocarburos procedentes de Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein y Qatar en el Golfo Pérsico. Basta recordar cómo Irán se ha preparado para esa contingencia desarrollando una estrategia naval de guerra asimétrica. Por último, contamos con los precedentes de los atentados terroristas en suelo argentino o los asesinatos de disidentes en suelo alemán detrás de los que estuvo el régimen iraní.

¿Es, por tanto Irán invulnerable? El régimen iraní y su programa nuclear se ha demostrado vulnerable a la ciberguerra, el sabotaje y las presiones económicas internacionales, entre otros terrenos. Ese es el campo de batalla donde se juega la actual Guerra Fría con Irán.

Irán, entre la contradicción y la paradoja

Irán es de esos temas de los que he acumulado libros y sólo había leído unos pocos. Ahora, ya con una publicación a mis espaldas, me he animado a profundizar en el tema Y he empezado por dos reportajes periodísticos hechos a ras de tierra en el país.

“Irán. Entre la amenaza nuclear y el sueño occidental”
Claire Tréan
Península, 2006.

Claire Tréan es una periodista francesa y realizó varios reportajes y entrevistas en Irán entre mayo y diciembre de 2005, justo al comienzo de la primera legislatura de Mahmud Ahmadineyad. Se nota que los distintos capítulos se escribieron en diferentes momentos, porque en algunos se mencionan a Ahmadineyad como el recién elegido presidente del gobierno y como una incógnita o una esperanza. Y en otros se menciona como un presidente que ya lleva tiempo en el cargo y ha dejado ver sus cartas en el juego de poder iraní. Siendo un libro de 2006 se nota ya en él el paso de los años. Al fin y al cabo, es un libro previo a la Revolución Verde de 2009.

La autora mezcla el análisis de la realidad política, económica y social de Irán con las perspectiva de los iraníes corrientes que encuentra y entrevista. Aunque sólo el testimonio de un iraní aparece en el libro en formato de entrevista (capítulo 7, pp. 104-115). Se trata de un basiyi, un partidario del régimen, que cuenta como las bases impusieron a los líderes el apoyo a Ahmadineyad en las elecciones de 2005. Un segundo iraní confirma en el testimonio del primero, por cierto.

 

“Puedes pisar mis ojos. Un retrato del Irán actual”.
Serge Michel y fotos de Paolo Woods.
Alianza Editorial, 2011.

Serge Michel es un periodista suizo francófono. Residió como corresponsal free-lance en el país durante un tiempo y se le ocurrió la idea de un reportaje sobre la “felicidad” en el país. Había llegado a la conclusión de que los iraníes, detrás del descontento con la política y la marcha de la econonomía del país, eran un pueblo que ha aprendido a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Así que decidió recorrer Irán acompañdo del fotógrafo Paolo Woods para entrevistar a iraníes de toda clase y condición. Desde un cirujano de éxito de Teherán a un proxeneta de provincias. En el libro el autor presenta el testimonio de los iraníes sin intercalar preguntas o comentarios. Sólo un hecho aparentemente fortuito se cruza en su camino y le mueve a tomar partido: La Revolución Verde.

Ambos libros se complementan y superponen en el tiempo. Con perspectivas y matices diferentes presentan un país tremendamente contradictorio y lleno de paradojas. Irán es una teocracia conservadora profundamente hostil a la cultura occidental donde sus ciudadanos tienen total libertad para entrar y salir al país, a la vez que mediante Internet y la televisión por satélite están totalmente conectados con el mundo. El país se compone así de dos caras opuestas: El Irán oficial y el real, el público y el privado, lo político y lo personal… Todos los años se celebra el Día de Jerusalén y uno de los lemas revolucionarios acuñado por el ayatolá Jomeini fue “la destrucción de Israel”. Sin embargo los iraníes se sienten ajenos a la causa palestina, un asunto árabe que implica a un pueblo que apoyó a Saddam Hussein en el conflicto de Kuwait (1990-1991). El pueblo iraní mira con simpatía a Estados Unidos, aunque sólo sea por llevar la contraria al régimen. Y aspiran a que su país tenga relaciones buenas y abiertas con Washington pero de tú a tú.

Ambos autores relatan una y otra vez cómo en Irán todo tiene dos caras: La estricta moral oficial y la revolución sexual encubierta de las nuevas generaciones; las discriminaciones legales hacia la mujer y su predominio entre el alumnado universitario; el rechazo al régimen y su profundo orgullo nacional… Ambos se recrean en esa continua dualidad que adquiere a veces tonos cómicos y que da título al libro de Claire Tréan en su versión original francesa: “La paradoxe iranien”. Y ambos componen un análisis de la situación política de Irán que nunca había visto antes y que me obligan a cambiar mi análisis sobre el país.

Irán es un país rico en hidrocarburos con una economía esclerotizada y corrupta donde se han enriquecido unos pocos sin que se vean beneficiado el grueso de la población. La Revolución Islámica sirvió para el ascenso de los mulás como una nueva clase social cuyo prestigio ha quedado en el camino totalmente erosionado. Ocho años de gobierno del moderado presidente Jatami (1997-2005) demostraron las limitaciones del régimen. El complejo sistema de equilibrios y contrapoderes le impidieron llevar a cabo su agenda política y dejó desencantada con el régimen a toda una generación de jóvenes que le apoyaron. Se perdió además una ventana de oportunidad que se cerró con la declaración de Irán como parte del “Eje del Mal” en 2002.

En las elecciones de 2005 los bastiones conservadores del poder estaban desconcertados, incapaces de seleccionar un candidato a la presidencia. Emergió entonces la fuerza de los basiyi, la milicia que forma la reserva para los Guardianes de la Revolución (pasdarán) y cumple funciones auxiliares de orden público. Impulsaron a Mahmud Ahmadineyad como candidato, convirtiéndolo en la segunda vuelta de las presidenciales en el “candidato del régimen”. Tréan presenta dos testimonios pero ambos autores coinciden en señalar a los pasdarán y basiyi como un bloque de poder dentro del régimen que forma el núcleo duro ideológico y forma un estado dentro del estado al contar con poder militar y económico. El discurso populista de Ahmadineyad sobre su intención de repartir la riqueza del país y luchar contra la corrupción caló entre las masas pero el tiempo demostró sus pocas intensiones de llevar a la práctica su propio programa político. Comenzó entonces su búsqueda de la confrontación exterior.

El mismo bloque emergente de poder impuso su fuerza en las elecciones de 2009. El líder de la Revolución, Alí Jamenei, abandonó su posición de árbitro entre los distintos poderes del país y ratificó la victoria fraudulenta de Ahmadineyad.

Las implicaciones de esto son profundas. El régimen es irreformable desde dentro. El sistema de equilibrios y contrapoderes se ha visto afectado por por el ascenso del bloque conservador laico formado por los Guardianes de la Revolución. Los intereses de ese bloque de poder no es sólo ideológico sino también empresarial en un país rico en hidrocarburos. Sólo cabe imaginar que nunca renunciará al poder por las buenas…

Boca a boca

Es fácil adivinar la hora de la marcha: sólo hay que contar treinta minutos después de que la red de telefonía móvil se quede sin cobertura. En cuanto al lugar, toda la ciudad lo sabe. No gracias a Tweeter (sic), Facebook ni otras tecnologías californianas cuyos fundadores presumen de ser capaces de provocar la caída de una dictadura, sino por el más antiguo y oriental de los métodos: el boca a boca. La historia lo juzgará, pero quizás al cortar las líneas telefónicas el régimen ha conseguido que sus enemigos se unan, obligando a los iraníes a hablarse, mientras que hasta entonces se habían refugiado en la búsqueda de la felicidad personal. En los taxis colectivos o en las tiendas de barrio, en la manifestación del día anterior o gritando esa noche de un tejado a otro, la población se pone de acuerdo, se anima y descubre la magnitud de su fuerza.

Serge Michel en “Puedes pisar mis ojos” pp. 67-68

Alianza Editorial, Madrid 2011.